Soy una ferviente partidaria de conservar el nombre que tienen nuestros hijos. Creo que el nombre es parte de nuestra identidad. No he logrado que me convenza ninguno de los muchos argumentos que esgrimen los partidarios de cambiar el nombre a los niños adoptados – ni siquiera de “conservar su nombre de origen y añadirle otro”. No siempre soy capaz de explicar por qué este convencimiento es tan visceral.
Por esto me ha encantado leer la opinión de una adulta adoptada al respecto, titulada “Renombrar como borrador cultural”. Publico aquí la excelente traducción pirateada del muy interesante blog Adoptando.
Gracias a Dios que mis padres tuvieron la cabeza en su sitio y no decidieron cambiar mi nombre por otro como “Pax” o “Zahara” o “Maddox” cuando me adoptaron, porque si lo hubieran hecho, estoy segura de que hoy en día no nos hablaríamos.
No voy a dar rodeos elocuentes: creo sinceramente que es una lástima que se vea como algo normal or natural que se cambien los nombres de los niños cuando son adoptados.
No les guardo rencor a mis padres por haber tomado esa decisión. Lo que quiero decir es que siento necesario defender profundamente la importancia y el peso cultural de los nombres originales de los niños dados en adopción.
Gracias a la recientemente ampliada familia Bennetton de Angelina Jolie, en la actualidad hay un debate abierto y lleno de cinismo sobre lo vergonzoso que es cambiarle el nombre a un niño que tiene ya 3 años de vida…
…mientras que el nombre de un bebé, por el contrario, parece algo insignificante debido al mito de que los bebés llegan a las familias adoptivas como un lienzo en blanco.
¡Eso es absurdo!
Los niños no son ponis ni muñecas de feria. Ningún nombre de ningún niño es un nombre desechable, da igual quién se lo pusiera.
Los niños adoptados con nombres puestos por sus padres biológicos se merecen poder conservar esa pieza de su patrimonio vital, ya que es una de las pocas partes de su vida pre-adoptiva que pueden reclamar como propia, real, auténtica y verdadera.
Los adoptados como yo, cuyos nombres les fueron adjudicados por trabajadores sociales, enfermeras o personal del orfanato donde vivieron, pueden darse cuenta de que aunque esos nombres no son parte de la historia de su nacimiento ni representan lazos sanguineos con sus familias biológicas, sí que representan una parte esencial de sus historias legítimas.
Por supuesto que puede haber adoptados que no estén de acuerdo, que tengan sentimientos ambivalentes o se sientan menos vinculados a sus identidades pre-adoptivas, tal y como yo me he sentido también en otras etapas de mi vida. Pero para mí, hoy, Ji In, aunque no sea el nombre que me dieron mis padres biológicos, es la parte más real de mi patrimonio cultural coreano que puedo aspirar a poseer.
Ese nombre me recuerda que soy quien soy hoy en día como consecuencia de las decisiones que otros han tomado por mí. Representa las injusticias sufridas por mi madre coreana y muchas, muchas otras como ella -a quien quitaron la libertad y la oportunidad de darme un nombre que me conectara con ella y con mis hermanas. El hecho de que mi nombre coreano sea tan diferente del de mis tres hermanas coreanas, cuyos nombres encajan juntos igual que una armonía en un coro, es una cicatriz que llevo en mis carnes con un profundo sentimiento de pérdida. Nuestros nombres no se corresponden, pero sabemos porqué.
Despreciar mi nombre coreano diciendo que es menos importante que un nombre de nacimiento o menos significativo que el nombre que me dieron mis padres adoptivos, sería lo mismo que admitir que es aceptable borrar una parte de la vida de una persona adoptada o de la mía misma.
Y eso es verdadera y genuinamente algo A-B-S-U-R-D-O.
Me tiene sin cuidado si el trabajador social que eligió mi nombre lo hizo consultando una carta astral, se estiró y lo arrancó del mismo cielo, se inspiró al ver los lunares que tengo en el hombro izquierdo, o cerró los ojos y puso su dedo sobre un nombre del listín telefónico. Alguien en Corea me dió ese nombre. Y lo perdí durante 30 años.
Mi nombre coreano es una parte muy real de lo que soy. Ya no lo rechazo ni lo oculto. Apreciaré toda la información que pueda conseguir sobre mi vida, porque una parte muy grande de ella ha sido borrada.
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JORNADAS DE PUERTAS ABIERTAS
Dia: sabado dia 11 de diciembre de 2010
Hora: 11:00-18:30h – Horario ampliado
Lugar: ATENEO de Madrid. C/ Prado, 21. 28014 Madrid
La Comisión de Trabajo de la Plataforma Afectados Clínicas de Toda España. Causa Niños Robados. Organiza lo Siguiente:
Una oficina abierta al público, para resolver directamente todas aquellas dudas que puedan tener las familias respecto al objeto de la misma, actividades que agrupa y dirección de proyecto.
Para las familias que se encuentran fuera de la Comunidad de Madrid, el Ateneo como Sociedad científica, literaria y artística, hará todo lo posible por acondicionarnos una sala tecnológica. Sobre este punto la Comisión informará la próxima semana.
Debido al aforo reducido, se deberá enviar confirmación de asistencia a los administradores de la Plataforma.
Todo ello está esponsorizado in situ por las Abuelas de la Plaza de Mayo y Paco Lobatón.
Comisión de Trabajo
Plataforma Afectados Clínicas de Toda España. Causa Niños Robados.
Totalmente de acuerdo. Cambiar el nombre es borrar parte de su identidad.
Dicen los esquimales que la identidad tiene tres partes: el cuerpo, el alma… y el nombre. Yo creo que mi nombre es parte de mi, y por supuesto, el de mi hijos es parte de su historia y de lo que son.
Pues mira, me gusta eso que dicen los esquimales. Cuerpo, alma y nombre … A veces no te ha pasado mirar a una persona e imaginártela con otro nombre, y no, no poder ser?? Tiene cara del nombre que tiene, es así.
Y si te cae mal alguien… le coges manía al nombre también, ¿no?
El nombre coreano consiste en un nombre de familia patron mico o apellido seguido por un nombre personal. En la mayor a de los casos el nombre de familia consiste en una sola s laba mientras el nombre personal consiste en dos. Al usar idiomas europeos algunos coreanos guardan el orden original y otros inverten los nombres para emparejar el orden occidental.
Gracias por ilustrarnos al respecto, lo desconocía.