familia monoparental y adopción

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Cómo enfrentarse al acoso escolar

Esto me lo ha pasado V., sacado del Facebook de Lucía Etxebarría. Me ha parecido tan interesante que he decidido compartirlo aquí… No tengo permiso expreso de la autora, pero al final del texto pone: “Si conoces a alguna madre con este problema , pásaselo”, y me parece que publicarlo aquí puede servir para este propósito. A mí me servirá para tenerlo presente. 

 Mi hija no tiene oreja, no oye por tanto bien y cecea mucho (resultado de que no oye bien… pero Marilyn Monroe también ceceaba, aunque creo que en su caso era intencionado). No deja de ser una niña normalísima e integrada, pero sí que ha sufrido bastante por los comentarios de los niños. Hubo un año en el que venía llorando muchas tardes. Por si a alguien le sirve en el caso de que tenga un niño gordo, un niño con gafas, un niño más sensible que el resto, un niño al que le gustan las Monster High – en la clase de mi hija hay uno, y le tienen machacado – un niño hiperactivo… En fin, cualquier niño al que los demás vean como diferente y como blanco de burlas, le puedo contar lo que hice yo:

1. Escribí un cuento para mi hija. ( “La fantástica niña pequeña y la cigüeña pedigüeña”, ediciones Destino) Tú también puedes escribir un cuento: le ayudará mucho, te lo aseguro, y aunque no te lo publique una editorial, siempre te lo pueden encuadernar en cualquier fotocopiadora. Te garantizo, por experiencia, que constituye una herramienta terapéutica excepcional. Cuenta la historia de tu hijo/a, la razón de su problema, y lo maravilloso o maravillosa que el niño/a es.

2. Todos los días, todos, como un sonsonete, le repetía que cada persona es diferente, que cada persona es válida y que cada niño es el mejor para su madre, pero que debe ser el mejor también para sí mismo, porque ” tú debes ser siempre tu mejor amiga”. Si lo haces todos los días, como un disco rayado, te aseguro que permea en la cabecita del niño/a y se lo aprende. Al principio te dirá que estás diciendo tonterías, que tú no estás en el patio del colegio y que no le entiendes. No importa, tú sigue repitiendo siempre lo mismo. Sin parar.

3. No incites a tu hijo(a) a pelear. Enséñale estrategias que pueden dejar al acosador sin palabras. Dile que requiere más esfuerzo no irritarse que salirte de tus casillas, así que es mucho más valiente quien no se enfada. Así que dile, que si actúa como si nada estuviera pasando, el acosador se cansará tarde o temprano de no obtener respuestas. Yo le enseñé a responder: ” La gente que critica a los demás no es buena persona, y yo sí lo soy”, muy dignamente.

4. Vete a hablar con su tutor/a ¡ya!. No te muestres en actitud belicosa o quejica. Ve en busca de un aliado y un cómplice. Explica el problema, di que te sientes mal, y que necesitas ayuda y colaboración. Jamás critiques a los niños (son niños, a veces no se enteran de las cosas, no son malas personas necesariamente, sino simplemente ignorantes) y nunca, de ninguna manera, a la profesora, incluso si crees que no ha mostrado la actitud correcta. En mi caso las profesoras me ayudaron mucho. Lo curioso es que hasta que yo no fui a quejarme ellas no eran conscientes de lo que pasaba. En general, las profesoras tienen clases de 35 niños y a veces están superadas de trabajo. Sin su ayuda no puedes hacer nada. Ellas pueden ayudarte y explicar en clase que hay niños diferentes y que hay que aprender a aceptar las diferencias.

5. Haz algo para que tu hijo(a) incremente su autoestima y su confianza en sí mismo(a). Puede ser, hacer algún deporte (de paso esto lo hará sentirse fuerte) o tomar una clase de algo que realmente disfrute, como música, pintura, o artes marciales.

Mi hija daba clases de pintura, cosa nada útil ( en teoría), pero para ella, y para su problema, mucho más útil que la informática ( que es el taller al que se apuntaban todos los niños) porque lo disfrutaba.

6. Recuerda que los acosadores en la escuela son niños, niñas o adolescentes que aparentan estar seguros de sí mismos , pero que en el fondo tienen problemas serios como depresión. Algunos con frecuencia han sido víctimas de abuso psicológico y físico y por eso disfrutan controlando y dominando a otros. Por lo general, quienes acosan a otros en la escuela tiene problemas para relacionarse y piensan que el insulto y el acoso les sitúa en un lugar privilegiado (la acosadora número 1 de mi hija era una niña que vivía un problema realmente gordo en casa, según me explicó más tarde la profesora). Las niñas que acosan a otras niñas lo hacen por lo general a través de la palabra (acoso psicológico). La violencia física en cambio, es más común en los niños. Intenta explicar esto a tu hijo o hija en palabras que pueda entender.

Serán novios

Ayer convencí a mis hijos para ver una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos: “Los Goonies”.

 

A B. le entusiasmó, aunque A. dice que sólo puede mirarla si está su hermano con él (los malos le dan miedo).

Cuando, bastante al principio de la película, el chico mayor se encuentra con la chica guapa (la que lleva el pelo largo y no tiene gafas), B. dijo:

“Serán novios”.

Y me dio por pensar en cuánto daño ha hecho Hollywood.

Porque la vida no es como las comedias románticas. En la vida no estamos predestinados. En la vida, a diferencia de lo que pasa en estas películas de Hollywood, el argumento no es siempre “Chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica”.

Pero vivimos como si fuera a ser así.

Esperando que algún día aparezca un príncipe azul, montado en una Harley Davidson, y empiecen a sonar violines.

O tambores, o lo que sea.

Convencidos de que algún día, más pronto o más tarde, llegará el amor de nuestras vidas para redimirnos de todos estos años malos, y todo será cómo tiene que ser.

Yo viví una vez un amor de película.

Encontré a A. cuando menos lo esperaba, dónde menos lo esperaba, cómo menos lo esperaba. Cuando estaba convencida de que nunca, jamás, volvería a enamorarme. De que quizás enamorarme no era tan importante.

Nos encontramos. Y nos reconocimos. Y durante varias semanas, la vida se hizo de nuestra medida, tomó nuestro paso, y fuimos felices como niños al salir de la escuela.

Y luego se terminó.

 Y yo me quedé esperando que alguien me explicara por qué, a diferencia de lo que sucede en las películas, no sucedía algo que lo arreglara todo.

Como decían en aquella novela: lo que pensaba que era el comienzo de la felicidad, resultó ser la felicidad.

Cuando conocí a A., como sucede siempre que te enamoras, todo cobró sentido de golpe. Recuerdo haber pensado que si moría entonces, no pasaría nada: vivir esto hacía que la vida fuera suficiente.

No fue suficiente, por supuesto.

Terminó, y fue muy duro, y luego empezó a pasar, y más tarde la vida volvió a ser hermosa, y se llenó de otras cosas, y no volvería atrás.

Pero me pone algo triste que después de A., nadie me haya vuelto a hacer sentir igual.

Criando tigres

Primer día de clase.

Me paro en la esquina a hablar con A., madre de un niño del colegio de mis hijos, adoptado en nacional a los pocos meses de nacer.

Hablamos de cómo nos ha ido el verano, de cómo nos ha ido con nuestros hijos.

Al despedirme le comento que algunas cosas que pasan en casa, sólo puedo hablarlas con personas como ella: que tienen en su casa situaciones parejas.

Me resulta muy difícil comunicarme con el resto del mundo, porque, incluso aunque sean sensibles, les falta el contexto.

Es como si ellos criaran vacas, y yo, nosotras, tigres.

Por esto, los consejos bienintencionados que te da la familia, las otras madres, los vecinos, incluso a veces los desconocidos… no funcionan: estamos criando una bestia distinta.

No en todos los casos: leí en una ocasión, en uno de los mejores libros sobre adopción que he leído, “Consejos de Supervivencia para padres adoptivos”, algo así como “si su hijo no necesita que le trate distinto a cualquier otro niño, no lo haga”. Pero añadía que, en algunos casos, para algunos niños adoptados, lo que funciona en el resto del mundo, lo que aprendimos en nuestras casas, lo que nos sale por intuición… no funciona. Y hay que buscar otras estrategias.

Por ejemplo: muchos niños adoptados, cuando se portan mal, parecen estar buscando el castigo, el grito, la bronca, el bofetón; que los padres perdamos el control. Sólo esto, el devolver violencia a su violencia, es coherente con el modelo de relación que tienen grabado en el cerebro. Y si caes, si les pegas un grito, o un bofetón, se tranquilizan de golpe… al menos hasta la siguiente vez. Pero la única forma de salir del bucle es hacer justo lo contrario: devolver amor, afecto, confianza, permanencia, incondicionalidad… esto que tan bien explica en esta entrevista Montserrat Juvanteny, creadora de varios centros de acogida.

Para que los tigres dejen de morder.

De padres, donantes y genealogías

Cuando hablo con madres (y padres) que lo han sido gracias a la donación de gametos, casi siempre descubro que relegan a los donantes a un papel meramente genético, instrumental, que no tiene nada que ver con la parentalidad o la genealogía.

Pero, ¿cómo se sienten los donantes respecto al fruto de sus donaciones? Hay muy poca, o muy escasa, literatura sobre el tema (aunque empieza a haber ficción: la última, la película “Starbuck”, que no he visto, pero de la conozco lo que contó Eva María en su blog).

La semana pasada me topé con una noticia con un titular muy vistoso: “Recién nacidos… de 40 años“. En ella se narra la historia de un estadounidense que hace 40 años decidió donar esperma porque ni él ni sus hermanos varones podían tener descendencia y no quería que su linaje se perdiera.

Finalmente, 40 años después, ha encontrado a una familia que ha decidido llevar adelante una gestación con el esperma donado por este señor. La noticia aclara que no tendrá ninguna relación con la criatura, aunque sí conoció a los padres (¿gestantes? ¿adoptivos?) para darles el visto bueno.

¿Qué idea de legado tiene este hombre? ¿Se basa sólo en la genética? ¿Se puede considerar descendiente alguien a quién no se cría, ni se educa, ni se le transmiten tus valores, con quién no se convive, a quién no se le profesa afecto?

¿Qué se considera este hombre del niño que ha sido generado a partir de sus espermatozoides?

Por qué los padres adoptivos blancos no deberían dominar el discurso sobre la adopción

Me hace llegar B. esta entrada en un blog que critica el hecho de que los padres adoptivos dominen el discurso sobre adopción.

Os ofrezco una traducción (propia y pedestre) porque me parece un texto digno de comentar y de reflexionar.

A veces desearía que los padres adoptivos dejaran de escribir sobre adopción. Particularmente, cuando el tema es la adopción transracial.

Soy consciente de que esto puede sonar algo duro. No es que los padres adoptivos no puedan tener un montón de cosas buenas y útiles que decir sobre la adopción. Pero hay tanto de esto ahí fuera. Y esta crítica de un nuevo documental sobre adolescentes chinas adoptadas transracialmente:

…las cuatro chicas son conscientes e imaginativas en el asunto de sus identidades divididas. Haley se piensa a si misma como “banana: amarilla por fuera y blanca por dentro”. Se describe como “atrapada entre dos países”. Fang lamenta estar siempre intentando compensar el hecho de haber sido abandonada por ser una niña.

Viendo las lágrimas caer por el rostro habitualmente alegre de Fang, me pregunté si estaría así de triste si no la enfocara una cámara. En el lado positivo, “Somewhere Between” está refrescantemente libre del  empalagoso dogma generalizado que a menudo aqueja la comunidad adoptiva (rompí con mi lista de adopción cuando me cansé de oír sobre “los agujeros en los corazones de todas nuestras hijas”).

Aún así, es inevitable que el film haga que las vidas de estas chicas parezcan dominadas por la preocupación sobre quién son y por si serán tullidas emocionales por lealtades en conflicto. Adoptados o no, pocos de nosotros desarrollamos nuestras identidades en abstracto – menos aún los adolescentes actuales, que ponen a prueba en las redes sus múltiples yos siempre cambiantes y son mucho más despreocupados hacia la diferencia racial, por no hablar de la adopción, de lo que las personas de nuestra generación seremos nunca.

Oh, sí, porque ser “despreocupado respecto la diferencia racial” sería el objetivo al que todos aspiramos. ¿Y por qué está Fang tan triste? . Es terrible que la periodista / madre adoptiva Emma Taylor no pueda soportar seguir en su lista de adopción porque hablan demasiado sobre las pérdidas y el duelo y todas estas cosas deprimentes.

Fijaos cómo, en esta reseña sobre un documental hecho a partir de las voces de adolescentes adoptados transracialmente, Taylor no puede evitar centrarse en sus propios sentimientos y opiniones. No es que crea que todas las historias de adopción tengan que ser escritas por adoptados o padres biológicos. Conozco algunos padres adoptivos estupendos, y sus perspectivas también son importantes. Pero la narrativa tradicional sobre adopción está tan dominada por los padres adoptivos como grupo: SUS experiencias, SUS emociones, lo que ELLOS crees que es “la verdad” sobre las adopciones de sus hijos. Y esto es especialmente problemático cuando se trata de  blancos que claramente intentan coger el atajo fácil y no pensar demasiado sobre la raza. ¿No podría esa revista haber encontrado, qué sé yo, un adoptado chino adulto para escribir sobre este documental? Hay un montón ahí fuera. Seguro que tienen opiniones.

Emma Taylor, por su parte, ve la película – y las chicas que salen en ella – a través del filtro de su propio pensamiento mágico de madre adoptiva, y todo lo hace girar alrededor de si misma:

Mi hija adolescente china hizo el Bar Mitzvah el año pasado; celebra el Año Nuevo Judío, el Chino, y cualquier otro que se pueda celebrar. En Facebook, she define como “Judía”” “Asiática, así que apechuga con ello”, entre otras cosas. Habituada a un mundo políglota, se lo suele tomar con calma.

Tuvo su única crisis de adopción visible alrededor de los 8, después de que viéramos la excelente película “Stuart Little”, sobre un ratón adoptado en una familia cariñosa que a pesar de ello tenía un “espacio vacío” en su corazón. Un par de horas después, mi niña normalmente alegre, imperturbable, se hdeshizo en lágrimas y preguntó lastimosamente porque su madre la había abandonado.

Cogida con la guardia baja, opté por la honestidad y le dije que para mí no tenía ningún sentido, ¿quién no querría ser la madre de una niña estupenda como ella? Después de un instante, me pidió por sus colores y dibujó tres figuras femeninas con trajes chinos (“Tú, yo y mi otra madre”), y luego dijo firmemente: “De acuerdo, juguemos a otra cosa”.

En primer lugar, ¿por qué la cogió con la guardia baja que su hija sacara este tema? ¿Por qué no habían discutido esto antes? No puedo describir lo mucho que me molesta ver que Taylor se sienta tan obviamente aliviada e incluso triunfante del hecho de que su hija haya tenido una sola conversación sobre abandono en todos sus 13 años. ¿Una conversación? ¿UNA?  Oh,que bien!

A menudo, los niños adoptados hablan de ello solo si sienten a salvo cuando lo hacen. Generalmente, los niños adoptados aprenden de muy pequeños qué aspectos de la adopción son “seguros” en sus familias adoptivas y cuáles no. Depende de los padres crear un entorno en el que todo esté encima de la mesa. Los padres adoptivos no pueden encogerse y aturdirse o expresar empatía cero respecto a los padres adoptivos, o soltar perogrulladas sobre lo bien que ha ido nuestra adopción, así que no hay razones para no sentirse 100% positivos, cariño. Los niños adoptados necesitan más que esto. Porque, un día u otro, y probablemente a lo largo de su vida, sentirán más que esto. Los padres adoptivos, como el resto de padres, tienen que ser capaces de admitir cuando no son suficientes.  

Soy madre, y sé lo difícil que es afrontar el hecho de que no puedes resolver todas las necesidades de tu hijo en cada momento del día. Pero creo que es crucail mirarnos de frente en el espejo y mirar a nuestros hijos también, y ver las áreas en las que podemos estar mal equipados, o incluso indefensos del todo a la hora de resolver un problema, o contestar una cuestión, o satisfacer un anhelo profundo. Podemos intentarlo, pero quizás no sea suficiente. No podemos pretender serlo todo para ellos, la respuesta a todas sus preguntas, el cumplimiento de todas sus esperanzas, porque sus vidas no son sobre nosotros, o sobre llenar algún agujero en nuestras vidas. En algún momento, necesitarán algo que no podremos darle. Pueden necesitar buscarlo en otro lado, y esto no quiere decir que sus lazos con nosotros sean menos importantes o fuertes.

Tengo la sensación de que los padres adoptivos a menudo olvidan esto, sobre todo si han esperado mucho tiempo para ser padres. Desean tanto sentirse los “padres de verdad” y satisfacer todas las necesidades, pero hay cosas que los niños adoptados afrontan – como no saber nada de su historia familiar; o ser asiático pero sentirse / ser tratado como blanco – que los padres adoptivos no pueden resolver.

Y en vez de afrontarlo y preguntar qué pueden hacer para acompañar a sus hijos, incluso si hay  cargas que no son capaces de llevar, prefieren negarlo.

Taylor termina su reseña expresando gratitud por el hecho de que su hija sea “lo bastante afortunada para vivir en un mundo híbrido”, y cree que, como las niñas de la película, sabrá  encontrar su sitio en algún lugar “a medio camino”. No importa lo que su hija pueda sentir en el futuro, cuando ya no tenga 8 ni 13. No importa si ella no encuentra que estar “a medio camino” sea algo bueno todo el tiempo. Tendrá que averiguarlo sola. Su madre lo considera un asunto cerrado.  

Laura Gutman

Hace algún tiempo cayó en mis manos un libro de Laura Gutman. Me pareció muy interesante, una de las cosas más interesantes que había leído en tiempo. Pero también desazonador.

Por lo que tiene de verdad.

Y porque, ¿cómo estar a la altura?

He vuelto a encontrar ese libro, y estas son algunas de las ideas que subrayé entonces:

–“Este es el momento en el que se divide la humanidad: entre quienes han recibido seguridad, contención, contacto corporal… y quienes no lo han recibido”.

– “Lo que nuestros padres – o quienes se han ocupado de criarnos- hayan dicho se ha constituido necesariamente en lo más sólido de nuestra identidad”

– “Para dar de mamar hay que estar dispuesta a perder toda autonomía, libertad y tiempo para una misma. Lactancia y libertad no son compatibles” .

–“No estamos diseñadas para criar solas a nuestros hijos”.

– “En otros vínculos hemos podido vencer al enemigo o nos hemos retirado de la escena. Pero con un niño en brazos estamos atrapadas, no podemos abandonar esta relación”.

– “El nombre muerte súbita está mal elegido. Tendríamos que llamarla muerte en la cuna. Ningún bebé sano muere súbitamente en brazos de una persona maternal”.

– “Los adolescentes puede decir lo que sienten y lo que piensan porque ya no nos tienen miedo. Saben que pueden sobrevivir quizás en mejores condiciones entre iguales que bajo la rigidez y la incomprensión de sus familias”.

– “El niño nos sumerge en un mar de tinieblas, nos arroja al destierro, lejos del mundo donde suceden las cosas interesantes, perdemos el tren de lo que habíamos asumido que era la verdadera vida. Desaparecen el mundo social, el tiempo, las conversaciones entre adultos, el dinero, la autonomía, la libertad, en fin, desaparecemos como individuos valorados por los demás”.

– “Damos por hecho que la maternidad no podría ser más compleja que cualquier desafío que ya hayamos asumido. Sin embargo, al final comprobamos que se trata de otro nivel de complejidad”.

La vida y los planes

Decía John Lennon que la vida es lo que nos sucede mientras hacemos planes…

Los sueños no tienen límite y la vida sí… y es difícil que lo que acaba siendo nuestra vida se ajuste realmente a lo que imaginamos que llegaría a ser.

Tengo una amiga que es una triunfadora a todos los efectos: vida familiar, dinero, un trabajo que la hace conocida y reconocida, influencia… y hace unos años (ella tendría 40 y tantos) me decía con tristeza (y cierta angustia): Ha llegado ese momento en el que mi vida es ya lo que va a ser. No habrá más.

Yo no estoy de acuerdo, creo que siempre tenemos tiempo a reinventarnos… Que nos hacemos viejos cuando dejamos de plantearnos retos nuevos, objetivos en la vida.

No podemos hacer todo lo que hemos imaginado… pero sí creo que debemos aferrarnos al menos a uno de nuestros sueños, el que sea, el más importante, el más fuerte… y luchar con todas nuestras fuerzas.

Me gusta mucho una escritora que se llama Anne Tyler. Sus historias suelen ser de personas mayores que pasan revista a su vida, recuerdan lo que imaginaron, y lo comparan con lo que ha sido… y acaban llegando a la conclusión de que no cambiarían lo que han vivido.

Yo aspiro a que me pase esto. Que a pesar de que mi vida haya sido más pequeña que muchos de mis sueños, acabe llegando a la conclusión de que ha sido plena. Y suficiente.

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