familia monoparental y adopción

Diversidad y escuela

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Una de las primeras cosas que aprendemos las familias que no respondemos al estándar de familia-heteroparental-con-(2)-hijos-bios-de-la-misma-raza-sin-discapacidad-de-ningún-tipo es que no encajamos.

Y la escuela no para de recordárnoslo.

Te dan los impresos, las agendas, con su línea de puntos, su lugar para el padre y para la madre; o llega un árbol genealógico con cuadraditos para rellenar, con rama paterna y materna, sin espacio para los padres y madres biológicos de los miembros de la familia; o te piden que dibujes a tu padre, o que le hagas un regalo en su día; o las líneas de vida con fotos desde el nacimiento, aunque ellos no tengan esas fotos; o datos como el peso al nacer o el día que empezaste a andar cuando nadie que conozcas puede darte estos datos.

Y si la escuela, o la maestra, es sensible, tal vez nos lo comente antes a las familias, tal vez nos pregunte cuál es la mejor manera de plantearlo, tal vez nos sugiera que  puede adaptar el trabajo, empezar la línea de la vida en un momento posterior al nacimiento, darle el trabajo del día del padre a un tío o abuelo, poner fotos de cuando era más pequeño donde se le piden fotos de recién nacido, inventarse el peso al nacer… o incluso no hacer el trabajo, o hacerlo y, a diferencia de los compañeros, no exponerlo en público.

Y quizás nuestros hijos acepten estas adaptaciones, o quizás intenten hacer el trabajo a pesar de las diferencias, precisamente para no sentirse diferentes. Quizás les incomode, les revuelva, les duela. Quizás les despierte preguntas que no saben responder. Quizás les haga sentir expuestos. Quizás no entreguen el regalo y se lleven una regañina y un punto negativo, o se sientan estratégicamente mal el día que toca presentarlo. Quizás lo hagan como si no pasara nada. Quizás nunca nos digan lo mal que se han sentido haciendo este trabajo. Quizás nos lo digan y no lo sepamos escuchar.

Pero de lo que no hay duda, es de que el mensaje que todos estos trabajos transmiten a nuestros hijos de que sus familias, ellos, no encajan. De que sus familias, sus biografías, sus colores de piel, sus capacidades, sus vivencias… no son las correctas.

La imagen puede contener: una o varias personas y personas sentadas

En las escuelas se llenan la boca hablando de diversidad… de que las familias, las vivencias, las personas… son todas distintas. De que la diversidad es buena y de que los niños y niñas no tienen que avergonzarse de exponer sus diferencias. Pero el mensaje que transmiten todo el tiempo es el contrario. Cuando en los impresos no cabe ninguna familia que no sea la integrada por madre / padre / no más de tres hermanos. Cuando los árboles genealógicos solo se adaptan a la familia biológica. Cuando llamamos color carne al color de las personas blancas. Cuando los libros de texto solamente muestran familias convencionales, parejas heterosexuales, personas sin discapacidades, gente blanca. Madres que cocinan y padres que conducen. Con corbata, el pelo corto, cara de pagar hipoteca todos los meses.

Nos hablan de la necesidad de visibilizar, pero, ¿cómo se visibiliza lo invisible?

Se podrían plantear los trabajos escolares alrededor de la familia de muchas otras maneras. Por ejemplo, bucear en el pasado sin exigir fotos, datos o etapas de la vida concretas. O buscar familias de ficción , que son de lo más variadas. O hacer un brainstorming entre las criaturas para establecer qué es una familia (a mí me gusta mucho la definición”grupo de personas que se organizan alrededor de una lavadora”). O investigar la manera en la que se abordan cosas distintas en distintas culturas. O buscar referentes de todo tipo, clase, condición, origen.

Trabajar la diversidad de las familias y las personas de la clase, sin parámetros establecidos y sin presuponer nada.

Porque, como decíamos ayer, el problema de la diversidad no es que no la respetemos, no la permitamos, la demonicemos o la discriminemos; el problema fundamental es que no la imaginemos,  no la pongamos encima de la mesa como posible.

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Nada que revelar

El problema de la diversidad no es que no la respetemos, no la permitamos; el problema fundamental es que no la imaginemos,  no la pongamos encima de la mesa como posible. Como cuenta en este texto Maria Adela Mondelli.

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Nada que revelar.

El problema no esta en “salir del closet”, el problema esta en que te hayan metido.

La cuestión no es si tu hijo o tu hija “te dijo o no te dijo” que no es heterosexual. El problema es que vos des por sentado, por default, que lo es.

Los padres “transitando” la condición sexual de un hijo (¿?) a partír de que él la “REVELÓ”. ¿Qué ideología, qué marco referencial hay por detrás de estas afirmaciones? ¿Qué sentido de hijo/a, qué sentido de “ser padre/madre” hay detrás de ellas?.

“Un día nos hizo ir a su psicoanalista, que nos dio la noticia”, señala la madre. Como quien va al médico para buscar el resultado de la biopsia, “la noticia” de algo insabido, lo que ES, pero no entra en el repertorio de lo posible, hacemos como que no es. Y quién es el que sufre esto?: el hijo o la hija.

Forzamos que no salga, que no lo dejemos ser. Se fabrica el closet alrededor del hijo/a. A diario vemos la heterosexualidad supuesta puesta en los niños. Y cómo esto los obliga a REVELAR que no son… los que otros supusieron que eran. Porque eso es lo que revelan: revelan que no son lo que otros imaginaron que tenían que ser. Aún cuando tuvieran muestras más que suficientes de que no lo eran, la negativa de los padres es como guardar la ilusión de que acallarán lo inevitable.

Como padres, los adultos tenemos derecho a tener obstáculos para aceptar la condición sexual de nuestros hijos. Lo que no tenemos es derecho a que nuestra imposibilidad haga que a ellos las vida les sea más difícil. Y esto empieza no cuando “sospechamos”, esto empieza desde el primer día que criamos a nuestros hijos en la heteronormatividad, en la heterosexualidad supuesta.

 

Finalmente, Etiopía, uno de los países donde más casos de adopciones irregulares / corrupción / tráfico se han reportado ha cerrado la Adopción Internacional. Los adoptantes , incluso desde el desconocimiento y la buena fe (en algunos casos; en otros, desde la connivencia, el mirar hacia otro lado, el espíritu salvacionista), hemos contribuido a generar esta situación; somos a la vez víctimas y cómplices necesarios. Pero también es de justicia decir que hemos sido (algunos de) los adoptantes los que con denuncias, boca a boca, investigación, y no quedarnos con lo que nos querían vender, hemos contribuido a que esta situación termine. Espero que después de Etiopía suceda lo mismo en otros países donde suceden cosas parecidas (aunque mucha de la gente que ha adoptado allí prefiera no creerlo) y que la adopción se convierta en lo que siempre debió haber sido: buscar una segunda familia para niños y niñas que realmente la necesitan.

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(La imagen es del fotógrafo Eric Lafforge)

Hemos hablado varias veces en este blog de la relación entre adopción y migración. Desde el punto de vista de los adoptantes, desde el de los migrantes, desde el de los adoptantes que, además, han migrado.

Hoy quiero añadir a esta lista esta reflexión de una mujer nacida en China y adoptada en Estados Unidos.

“¿Quién eres?”

Una pregunta simple, ¿no? Para mí no lo es tanto. Soy china pero en realidad no me siento china. No crecí en una casa donde tuviera que andar sin zapatos ni experimenté llevar  almuerzos al colegio que otros consideraran raros y extranjeros.

No tuve estas experiencias porque me adoptó en China una familia blanca de Seattle.

Soy de algún modo bastante blanca. Me encanta la música folklórica americana. Escojo sentarme y tragarme entero un documental del Canal Historia. Y en otoño, adoro que todo sepa a calabaza.

Me identifico como una “Twinkie” más que con cualquier otra cosa – amarilla por fuera y bastante blanca por dentro. Mi experiencia, de todas formas, ha sido distinta a la de otras Twinkies que crecieron en casa asiático-americanas.

Aunque mis padres me han dado una cantidad interminable de apoyo y amor, nunca serán capaces de ver el mundo desde mi perspectiva como chino-americana. Y esto es muy duro. No hay ningún manual de instrucciones sobre qué significa ser China (lo he comprobado). Sin padres que te ayuden, descubrir tu identidad se convierte en una búsqueda confusa.

La universidad ha intensificado mi deseo y mi necesidad de comprender quién soy, de ser capaz de responder a la pregunta “¿Quién eres?”. La Administración Trump me ha espoleado a reflexionar sobre qué significa ser china en una nación donde los sentimientos anti-inmigración son fuertes. El concepto de ser una “inmigrante” como adoptada es algo importante que necesito entender.

En primer día en un nuevo internado tuve que escribir una breve biografía para compartir con el resto de los compañeros.

No fue hasta después de compartirla con todo el mundo que me di cuenta de que había escrito “Nacida y crecida en Seattle…” Pero yo no había nacido en Seattle. Nací en la provincia de Anhui, en China, y me adoptaron y criaron dos personas increíbles en Seattle. Me sentí culpable y tuve una pequeña crisis de identidad cuando me di cuenta de que había negligido reconocer mis raíces chinas.

La gente a menudo me pregunta “¿De dónde eres?”. Es una pregunta simple pero remueve el conflicto interior. Si les digo que soy de Seattle, no me creerán y me preguntarán “de dónde soy realmente”. Si les digo que nací en China se hacen una imagen de mí que no es la real.

Los hijos de los inmigrantes han explorado algunos de los asuntos que conlleva el tema de la identidad, pero es diferente para los niños adoptados. Responder la verdad a la pregunta “¿De dónde eres?” no revela la verdad sobre mí.

Aún estoy en los primeros estadios del descubrimiento de quién soy y de qué significa esto. Pero cuando he hablado con otros que han compartido la misma experiencia, me he empezado a sentir cómoda en la confusión compartida y en la lucha por comprender quiénes somos.

Cuando Ashlee Meissner, una coreana adoptada, era más joven, les respondía a la gente que era alemana.

Meissner se reía al contármelo. No era una mentira para ella. Pensaba legítimamente que sus ojos marrones y su pelo negro eran “solo una fase” que y que al crecer sería más alta, tendría los ojos azules y el cabello rubio como sus hermanos.

No es un sentimiento fuera de lo común para adoptados en familias transraciales.

Alyse Campbell, una estudiante de la Universidad de Washington que es también adoptada en China, también se sentía más conectada con la herencia escocesa y alemana de sus padres que con sus propias raíces chinas.

Cuando crecemos en barrios y familias que no se parecen a nosotros, la asimilación es clave para los esfuerzos de los adoptados para encajar. Los padres de Campbell, como los míos, la animaron a tomar clases de chino y a aprender sobre su cultura. Pero Campbell estaba demasiado ocupada intentando encajar para abrazar esta parte de su identidad.

Yo ignoré durante mucho tiempo mi herencia china. Aceptaba la comida china y poco más. Abracé mi identidad americana. Me obsesioné con la historia y la política americanas, como si esto demostrara al mundo lo americana que era mientras le daba la espalda a China.

Las narrativas sobre inmigración ignoran prácticamente la historia de los adoptados internacionales como yo.

Amy Pak, la fundadora de Familias de Color en Seattle, es también una adoptada de Corea. Pak dice que la adopción internacional es, sobretodo, un subproducto de la occidentalización y el imperialismo. Los efectos del imperialismo y el militarismo provocan guerras, afectan a la economía, a la tierra y a los recursos.

“Cuando estos impactos golpean, las familias no pueden permitirse vivir y la adopción es un legado de todo esto”, dice Pak. Las mujeres y los niños son los más vulnerables, lo que muchas veces lleva a las familias a tener que abandonar a los niños.

Cuando me adoptaron, tuve que ser nacionalizada como cualquier otro inmigrante. Esto fue antes del cambio de legislación en el 2000, que permite que los adoptados adquieran automáticamente la ciudadanía si cumplen determinadas directrices. A pesar de tener que hacer el proceso de nacionalización, nunca me sentí realmente conectada a mi identidad “inmigrante”, como nunca me sentí realmente china.

Al inmigrar como bebé, no pude identificarme con ninguna de las historias de inmigración que había leído o visto. No fue hasta que me encontré de pie en el frío de enero protestando contra las políticas de Trump hacia los inmigrantes que sentí que podía – y quería – aceptar mi identidad como inmigrante.

La identidad es un asunto muy complejo para los adoptados. La capa adicional de ser una inmigrante lo puede hacer aún más complicado. Pak describe como ser arrancado de tus raíces es algo que los adoptados experimentamos. Es una experiencia extraña tener la necesidad de buscar la verdad sobre de dónde eres, cuando es casi imposible conseguirlo.

“Abrazarte a ti mismo y fundamentar tu identidad en ello, y luego poder empoderarte, es importante”, dijo Pak. “Como adoptados nuestras historias comienzan en otra tierra, comienzan con la inmigración.”

Nuestras historias pueden ser diferentes, nosotros podemos ser diferentes. Pero como inmigrantes compartimos la fuerza y la resiliencia que se necesitan para desarraigarnos incluso sin haberlo decidido y empezar una vida nueva en un país extranjeros. Es algo de lo que estar orgullosos.

¿Quién soy? Ahora mismo, soy china. Soy adoptada. Y son una inmigrante orgullosa.

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Sí, yo también he recibido este mensaje humorístico que pretende remedar un chat de madres de un colegio. Incluso he respondido jocosamente con un “que se mejore” o preguntando por el disfraz de pastorcillo.

Sí, yo también he leído decenas de artículos alertando sobre los peligros de los grupos de Whatsapp de madres del colegio.

Sobre lo pesadas que somos, lo maledicentes, lo manipuladoras, lo criticonas, lo necesitadas que estamos todas de consejos de supervivencia y normas de etiqueta.

Sí, yo también he escuchado los consejos paternalistas de la tutora de turno sobre lo nocivos que son los grupos de Whatsapp y sobre cómo nunca deben usarse para nada que pase de cháchara informal sobre el tiempo, y de que no dejamos crecer a los niños porque intercambiamos información sobre los deberes y  de que son una fuente de conflictos y de cómo deberían prohibirse.

Sí, he leído sobre la necesidad de regular los grupos de Whatsapp. Sobre cómo interfieren en la autoridad de los docentes.

Todo el mundo coincide en esto: los sindicatos de profesores, la policía, los opinólogos y los expertos en Educación.

“Los grupos de WhatsApp de madres los carga el diablo” “La pesadilla de los grupos de Whatsapp de madres” “Estos temibles grupos de Whatsapp” “Los grupos de Whatsapp de madres y padres son lo peor que ha ocurrido a los colegios en años”.

Y suma, y sigue.

Y me pregunto

¿Por qué hay tanta gente que asume que ser madres nos convierte en analfabetas digitales? ¿Por qué les da miedo que intercambiemos información, que  creemos redes, que nos organicemos? ¿Los que quieren prohibir los grupos de Whatsapp prohibirían también la charla instrascendente en la puerta del cole y los cafés después de clase? ¿No es una paradoja que nos consideren a la vez menores de edad, incapaces de regularnos en nuestras relaciones, y un peligro?

(Cómo me recuerda a esa vez que el Ilustre Crítico de Cine me dijo, para describir una película que le había parecido cursi, “es la clase de película que le gustaría a tu madre”. No, Señor Crítico: mi madre veía Antonioni y Bergman y Fassbinder en V.O. cuando usted llevaba pañales).

Quién más quién menos tiene grupos de Whatsapp más o menos invasivos. El del trabajo, que no te permite desconectarte; el de los amigos del instituto, con los que jamás habrías vuelto a hablar si no hubiera sido por el Facebook; el de la familia, con primos que están en las antípodas en lo ideológico; el de ese grupo de amigos del que no terminas de desconectarte aunque te manden chistes racistas o memes con el negro de Whatsapp.

Por no hablar de grupos criminales, como el de La Manada.

Y nadie piensa que no sepamos manejarnos en ellos, responder lo que sea pertinente, salir si no nos interesa.

Qué curioso que, de todos los grupos de Whatsapp que hay en el mundo, los más denostados y ridiculizados sean los de madres.

 

Blackface en Alcoi

Llevamos unos días con las redes bullendo a propósito del Blackface de Alcoi: los cientos de pajes negros que son, en realidad, blancos pintados y caricaturizados como negros de opereta. Caras teñidas con betún, labios rojos, la más viva imagen del “negrito colonial”.

I, madre de un niño nacido en Etiopía y mujer que piensa mucho, ha escrito esto:

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La vida a veces te hace regalos, como es tener cerca a la comunidad de personas afrodescendientes. Y es un regalo porque te airea la caspa mental. Os lo digo de verdad. Y desde las oportunidades de aprendizaje que me han brindado (porque lo hacen, son muy generosxs y están acostumbradxs a lidiar con nuestra ignorancia) quiero haceros llegar estas palabras.

Cuando crees que el racismo es algo moral, ocurre lo que pasa ahora. Nuestra moral cristiana, miedosa de los pecados, nos hace resistirnos. “¿Cómo vamos a ser racistas, nosotrxs, que  además somos izquierda y paradigmas de  ciudadanía comprometida?”. Menudo escándalo. Cuando escuchas, porque hace falta escuchar, y entiendes que no es algo moral sino CULTURAL/ESTRUCTURAL, empiezas a ver de una forma diferente.

Cuando te informas, lees, contrastas, ESCUCHAS,  te das cuenta que hay tradiciones, y la de la Cabalgata de Alcoi es una de ellas, que se asientan en REPRESENTACIONES SOCIALES basadas en el colonialismo y la repetición de estereotipos  sobre esos OTROS, la otredad, definida por nosotrxs, en función del color de la piel. Esto es el racismo, la construcción de nuestro pensamiento desde nuestra perspectiva blanca y sociedad occidental. Claro que ahora bebemos de las mismas fuentes y nos sentamos en los mismos autobuses, faltaría más. Pero nos creemos con el derecho a definir lo que es racismo y lo que no, cuando no lo vivimos, y ni por asomo sabemos de qué va.

Cuando se reprocha  el racismo, no se está diciendo que sea ésta la intención, ni siquiera se está cuestionando la moralidad particular de las personas implicadas. Lo que se está diciendo es que la Cabalgata,  esta práctica social y cultural centralizada en el personaje del paje con un marcado blackface, por más histórica que sea, o precisamente por ello, cae en el error de tener una esencia racista.

Seguís instaladxs en vuestro discurso, en vuestra atalaya, en vuestro privilegio blanco. No se trata de ver desde dentro o fuera, ni se trata de la moral  de las vecinas y vecinos de Alcoi (aunque os debería preocupar  la virulencia del racismo hasta ahora  latente que se está dejando ver en muchas respuestas). Se trata de reconocer los orígenes racistas  y el colonialismo que está en el germen y configuración actual de muchas de nuestras manifestaciones culturales, y cómo estas contribuyen y reproducen en nuestro imaginario social muchas opresiones. Lo sepamos o no, queramos o no.

Y esto no sólo pasa en Alcoi, si te paras a escuchar y te informas, verás como en otras ciudades españolas y europeas también ocurre. El problema viene de lejos.  Podemos buscar las justificaciones que queramos, premios de consolación para quienes no desean salir de su zona de confort. Pero, que lo tengamos claro, son los mismos perros con distintos collares.

Para saber esto necesitamos de la  visión general que la comunidad afrodescendiente tiene y a nosotrxs nos falta. Afortunadamente, ahí está  la comunidad negra y afrodescendiente, levantándose contra opresiones y ninguneos históricos.

Escribía una activista antirracista gitana hace poco que prefería el racismo tradicional, el supuestamente de derechas, el que se ve, sin disimulos, porque el de la izquierda, disfrazado de progresía, es más ciego aún, instalado en su privilegio de una supuesta mejor moral.

Desafortunadamente ahí está, no ya la derecha, que era de esperar, sino también la izquierda blanca, nada nuevo bajo el sol, por otro lado. Izquierda blanca, que en los momentos complicados muestra su verdadera cara. Una muestra de que  la supuesta renovación política que  dice promover, no  llega ni a las ramas.

Gente de Alcoi, leed, informaos, documentaros. Haced eso mismo que predicáis, pero no olvidéis que “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.”.

 

Después de descubrir la historia de Mata, busqué más información sobre el caso. Este texto profundiza en su caso y expone también el de otra niña, Violah, sacada sin permiso de su familia del mismo pueblo de Uganda, y que también retornó a su país. Sus hermanas, también adoptadas en Estados Unidos, no han vuelto.

Violah's mother embraces her daughter and Stacey Wells, the woman who adopted Violah and then returned the girl to her Ugandan village. "I'm very happy and very grateful," Violah's mother said.<br />

La niña de 7 años, vestida de color fucsia y sujetando uno de sus peluches favoritos, ve a su madre por primera vez en cerca de un año. Una sonrisa radiante ilumina la cara de Namata, puntuando su emoción.

Ella y su madre están hablando por Skype separadas por más de 7,400 millas. Namata, o Mata, como la llaman, habla desde la casa de sus padres adoptivos en Ohio. Su madre la observa a través de un ordenador portátil en Uganda, en un lugar tranquilo cerca de su pueblo.

“Hola”, dice Mata, “¿Cómo estás?”

Su madre se ríe. Está asombrada mientras mira a la hija que creyó que había perdido para siempre. La madre tiene en brazos un recién nacido, y Mata dice que quiere ver más de cerca a su hermana. Su madre se pone de pie y sujeta a la bebé, acunándola frente a la pantalla del ordenador.

Mata sonríe, como lo hace su madre adoptiva, Jessica Davis.

La conversación avanza, y Mata quiere respuestas. Quiere saber por qué su madre la abandonó.

Cuando la llamada termina, la sonrisa radiante de Mata se ha convertido en sollozos. “Engañaron a mi madre”, dice. “Engañaron a mi madre”.

Su madre le ha contado que nunca tuvo intención de renunciar a Mata – que la engañaron. Le dijeron que Mata tendría una gran oportunidad de educarse si viajaba al extranjero, pero que un día regresaría. Que mamá sería siempre una parte de la vida de su hija.

Una conversación de Skype lo ha cambiado todo para Namata, para su madre de nacimiento en Uganda y para su familia adoptiva en Ohio.

Para la madre adoptiva de Mata, la revelación fue como un terremoto. Devastadora. Traumática. Todas las emociones posibles convertidas en una sola.

También confirmó lo que le decían sus tripas: que algo faltaba en la historia que la agencia de adopción asentada en Ohio había contado a Jessica y su marido, Adam, sobre el pasado de Mata. La agencia, European Adoption Consultants, les contó que el padre de Mata había muerto y que madre la negligía y no podía permitirse alimentarla. La documentación decía que Mata nunca había pisado una escuela.

Pero en los meses posteriores a su llegada, a medida que el dominio de Mata del inglés mejoraba, ella habló brillantemente sobre su madre. Cómo cocinaban juntas, cómo iban juntas a la iglesia y cómo su madre la recogía del colegio.

La conversación de Skype, el 29 de agosto del 2016, confirmó las sospechas de Jessica. A medida que asumía la información, jessica se dio cuenta de que no había participado en una adopción sino que inconscientemente había “participado en sacar a una criatura de una familia amorosa”.

Y supo qué tenía que hacer: devolver a Mata a su madre.

Una investigación de la CNN sobre este presunto tráfico descubrió que las criaturas eran sacadas de sus hogares en Uganda bajo la promesa de mejor escolarización, colocadas en orfanatos a pesar de no ser huérfanas, y vendidas por cantidades como 5.000 dólares a familias americanas que no sospechaban nada. La investigación de la CNN descubrió que muchas familias fueron engañadas así.

Keren Riley, de Reunite, una organización de base que ayuda a retornar niños traficados a sus madres de nacimiento, dice que los facilitadores en el terreno se aprovechan de las madres vulnerables, a menudo viudas, con la promesa de oportunidades educativas para las criaturas.

Los traficantes, afirma, pueden incluir policía y abogados, maestros y líderes locales. Para complicar las cosas, no hay palabra para “adopción” en el lenguaje que muchos habitantes de Uganda hablan, así que las madres pueden ser fácilmente engañadas.

“Es fácil quitarse la venda de los ojos”, dice Riley, que organizó el encuentro en video entre Mata y su madre de nacimiento. Los traficantes “saben cuando alguien ha perdido un marido de forma trágica y es vulnerable y no lo puede afrontar – y les marcan”.

Esto es exactamente lo que pasó en el pueblo de Mata, dice Riley: un aldeano convertido en traficante hizo una llamada en la iglesia local y consiguió meter a 7 criaturas en el circuito de adopción, incluida Mata, que fue enviada a un lugar llamado God’s Mercy, a una cuatro horas de viaje. Ahí es donde los Davis la conocieron: “Estaba en un orfanato. Sin juguetes, con barrotes en la ventana”, dijo Jessica.

De acuerdo con una declaración jurada, la madre de Mata le dijo a un tribunal de familia ugandés que estaba desconsolada después de que su esposo muriera en un accidente automovilístico en marzo de 2014 y que la hablaron de la manera de dar a Mata una buena educación.

“No fui consciente de que había habido un proceso para quitarme mis derechos parentales”, dijo en testimonio jurado en septiembre del 2016. “Había siempre pensado y entendido que la niña iba a recibir una educación y regresar conmigo”.

Pero el formulario original que mandó a Mata al God’s MErcy pintaba una imagen distinta, diciendo que la madre estaba “indefensa” y “no podía ocuparse de las necesidades básicas para que su hija creciera”.

El formulario tiene fecha de octubre de 2014 – exactamente una semana después de que los Davis dijeran que recibieron una llamada de la agencia European Adoption Consultants diciéndoles que Mata era adoptable.

Cuando recibieron la llamada, creen ahora los Davis, Mata no era huérfana en absoluto, sino que vivía en su casa con una madre que la quería. Creen que fue arrancada de su casa y llevada al orfanato después de que la agencia encontrara una pareja americana – compradores, en definitiva – con dinero para adoptar una criatura.

El gobierno ugandés determinaría más tarde que la madre de Mata había sido engañada, y el tribunal ugandés descubriría que el formulario había sido falsificado y que de hecho no estaba firmado por la policía ugandesa.

Creyendo que la historia en el formulario era falsa, los Davis empezaron su propia investigación y contactaron el Departamento de Estado norteamericano para aclarar las discrepancias.

“Nos dijeron que el padre había muerto, que ella estaba siendo gravemente negligida en su casa y que su madre dejaba que la maltrataran, abandonándola durante días”, dice Jessica Davis. “Era un archivo bastante dramático”.

Una mujer llamada Debra Parris de European Adoption Consultants fue la primera persona en hablar a los Davis sobre Mata, diciéndoles que tenían que decidirse rápido sobre si querían proseguir con la adopción.

Adam Davis dice que nunca ha olvidado esta llamada porque, en medio del dolor de conocer el pasado de Mata, fue un momento de alegría. “Cuando dijo su nombre, fue tan hermoso”. Convirtió el proceso de adopción en real.

Poco imaginaba que era el principio de un viaje desgarrador.

La sede de European Adoption Consultants, o EAC, resta abandonada en el césped bien cuidado de un parque empresarial en Strongsville, Ohio, cerca de Cleveland. Un vistazo a través de la ventana descubre tarjetas de tiempo aún colgadas en la pared, y escobas tiradas en el suelo en medio de restos de muebles de oficina.

El logo de la compañía permanece colgado en u lateral del edificio, pero le falta una letra de us dirección en Alameda Drive.

“Alameda Dive”, dice.

European Adoption Consultants asignó a más de 2.000 niños de otros países en casas norteamericanas desde principios de los 90 antes de que el Departamento de estado inhabilitara la agencia en diciembre.

El edificio fue cerrado en diciembre después de que el Departamento de Estado inhabilitara la agencia para tres años – lo que significa que no pueden seguir asignando criaturas. El FBI desde entonces ha allanado el edificio, llevándose cajas llenas de material, y la oficina del fiscal general de Ohio presentó una demanda en junio para disolver por completo la agencia de adopción.

El Departamento de Estado dijo que EAC “fracasó al no supervisar adecuadamente a sus proveedores en países extranjeros para asegurarse” que no participaban en la “venta, secuestro, explotación o tráfico de menores”.

Dijo que EAC había mostrado “un patrón de un patrón de incumplimiento grave, voluntario o gravemente negligente ” de las normas para la adopción internacional y que fallaron los procedimientos de seguridad que evitan la” solicitud de sobornos “y el” consentimiento fraudulento de los padres biológicos “.

“EAC indujo a los padres de nacimiento a entregar a sus hijos en adopción” y no tomó las medidas adecuadas para asegurarse de que los padres de nacimiento daban su consentimiento a renunciar a sus derechos parentales de acuerdo con las leyes vigentes”, determinó el Departamento de Estado.

“Al no supervisar adecuadamente, se contribuyó a muchas de las violaciones descritas anteriormente”, dijo el Departamento.

Cuatro meses después de que el Departamento de Estado tomara medidas contra EAD, el gobierno de Uganda cerró el orfanato God’s Mercy, donde Mata había sido enviada. El orfanato fue cerrado por “tráfico de niños”, “irrumpir ilegalmente en los hogares de los niños” y “procesar órdenes de tutela fraudulentamente”.

El gobierno también descubrió que todas las órdenes de tutela que se procesaron para los niños de God’s Mercy se hicieron a través de un bufete de abogados ugandés que trabajaba directamente con EAC.

El abogado que procesó las adopciones de EAC en God’s Mercy, Dorah Mirembe, negó toda mala praxis por parte del orfanato. Insistió en que los niños no eran traficados en Uganda a través de orfanatos y que ni ella ni EAC nunca traficaron con criaturas.

También dijo que la madre de nacimiento sabía que su hija iba a ser adoptada en Estados Unidos, a pesar de que el tribunal Ugandés falló que a la madre de Mata se la había engañado. Dijo lo mismo de otra mujer del mismo pueblo cuya hija también fue enviada al God’s mercy y adoptada por una pareja norteamericana a través de EAC.

De acuerdo con la demanda del fiscal general de Ohio, cerca de 300 familias habían pegado a EAC por adopciones internacionales que estaban en distintas fases cuando la agencia fue inhabilitada. El Departamento de Estado dijo que estos casos se habrían transferido a otros proveedores de adopción autorizados y que se estaba ayudando a numerosas familias en el proceso.

Las alegaciones del Departamento de Estado efectivamente lograron el cierro de una agencia que había colocado a más de 2.000 niños de otros países en hogares de todo Estados Unidos desde 1991 – un sueño que empezó después de que su fundadora, Margaret Cole, perdiera un hijo de muerte súbita. Cole dijo que ya tenía 4 hijos pero que después de la muerte de su quinta hija, puso en marcha la agencia de adopción y posteriormente viajó a Rusia a establecer contactos para empezar lo que ella dijo que era su nueva misión en la vida.

“La agencia es lo único bueno que me h pasado después de la muerte de mi hija”, dijo.

La agencia floreció. A medida que EAC crecía, tramitó adopciones en más de una docena de países, incluidos la República Democrática del Congo, Guatemala, Haití, Rusia y Uganda. Los registros de impuestos del 2000 al 2015 muestran que EAC EAC reportó más de 76.1 millones de dólares en ingresos y más de 76.3 millones de dólares en gastos durante ese período.

En 2004, se le preguntó a Cole cómo había evitado a los delincuentes en medio del oscuro negocio de las adopciones internacionales.

“Tengo un radar”, dijo.

¿Engañó EAC a las familias a propósito como parte de un esquema para traficar criaturas por dinero? ¿O fue simplemente negligente, inconsciente debido a la falta de verificación de antecedentes de que los niños que estaban recibiendo de Uganda estaban siendo traficados? ¿Pudo EAC haber sido también una víctima de esta supuesta trama de tráfico?  

En la misma época en la que los Davis se dieron cuenta de que su adopción era una farsa, una familia en Virginia Occidental hizo un descubrimiento parecido.

Stacey Wells y su marido, Shawn, habían adoptado en Uganda a una niña de 7 años llamada Violah a través deEAC.

Para los Wells, las preguntas empezaron a amontonarse en el año en el que VIolah vivió con ellos. Las cosas no encajaban. A medida que su inglés mejoraba, empezó a hablar de ir con su madre a la iglesia y cocinar con ella – no la historia de abandono que la agencia había contado a los Wells.

Violah habló del día en el que ella y su hermana fueron arrancadas de su madre, con las niñas gritando y llorando. “Sus vivencias en su casa simplemente no cuadraban con la documentación”, dijo Stacey Wells.

Entonces, una noche en Septiembre, Shawn Wells vio en el Facebook la página de Reunite. Había la historia de una mujer que decía que le habían quitado a sus hijas contra su voluntad. Shawn llamó a su esposa junto al computador. Estaban en shock.

“Es la madre de Violah”, dijo Stacey. “Es ella”.

Stacey Wells adoptó a Violah pensando que había sido abandonada por su madre. “Después de que el padre muriera, nos dijeron, no las alimentaba, las encontraron enfermas, muriendo, básicamente”.

No es inusual en Uganda que los padres adoptivos norteamericanos coincidan en el Tribunal con la madre biológica – procedimientos que suceden rápido, a menudo sin traductores, sin que la madre biológica pueda entender lo que ha aceptado y con los padres norteamericanos igualmente confusos sobre qué está sucediendo.

Este fue el caso de los Wells, que estaban devastados después de ver la página de Faebook.

“Nos pusimos enfermos”, dice Stacey, “debido a la mentira de que había sido abandonada”.

Ellos ya tenían dos hijos cuando acogieron a Violah. Pensaban que estaban dando un hogar a una huérfana. En vez de esto, dice Stacey, “fue convertida en huérfana”.

“Yo no me metí en esto para robar una criatura”.

Como los Davis, empezaron el camino extraordinario de devolver a Violah, que procedía del mismo pueblo ugandés de Mata y había sido mandada al mismo orfanato, God’s Mercy. Los Wells se pusieron en contacto con Reunite, que les dijo que a la madre de nacimiento de Violah también le habían mentido los traficantes locales usando la misma falsa promesa de educación en Estados Unidos.

Violah era una de las 4 niñas apartadas de su madre. Una ya había regresado con ella; las otras dos seguían faltando, se suponía que en hogares norteamericanos.

“Consiguen huérfanos porque hay un signo de dólar, sabes. Se ha creado un mercado”, dice Stacey. Como los Davis, los Wells pagaron sobre 15.000 dólares a EAC. Dijeron que habían dedicado los ahorros de su vida a la adopción. A ambas las ha entrevistado el FBI.

En noviembre, Stacey Wells llevó a Violah de vuelta a su pueblo natal, un momento emocional que quedará para siempre en su cabeza. La madre de Violah salió de una pequeña tienda donde trabajaba y corrió hacia ellas. Abrazó a Stacey y después dio a Violah un abrazo gigante.

En su casa, Violah fue recibida por hermanos jubilosos. Su hermano mayor la cogió de las manos y arrancó a danzar, balanceándola de un lado a otro en celebración.

“En este momento”, dice Stacey, llorando, “supo que ella estaba donde debía estar”.

Después de conocer el pasado de Mata, Jessica Davis dice que su mantra fue “quiero la verdad para mi hija, porque vivir una mentira no funciona nunca”.

Sin saber cómo proceder, contactó el Departamento de Estado.

Jessica dijo que hubo un momento en el que le dijeron “te la puedes quedar si quieres”.

“Les dije: “No la compré en el Walmart”

Pidió a los funcionarios que no notificaran a la agencia de adopción, temiendo que algo pudiera suceder a la madre de Mata como represalia.

Después de un culebrón de casi tres años, Jessica y Adam Davis estaban exhaustos, física y emocionalmente. Habían gastado sobre 65.000 dólares en la adopción, vuelos a Uganda, impuestos y otros gastos.

Al principio, adoptar había parecido la opción correcta. Esta en línea con sus fuertes creencias cristianas, y permitía a Adam poner en práctica lo que predicaba como pastor asociado en la Iglesia Metodista de St. Clairsville, Ohio. Bendecidos con cuatro criaturas propias, creían que adoptar a una criatura huérfana que estuviera en una situación desesperada era una menra de hacer algo bueno en un mundo difícil.

Abrieron su hogar y su corazón, sólo para sufrir el golpe aplastante de la realidad.

“Inconscientemente hicimos una solicitud para una criatura”, dice Adam. “El único trauma que esta pobre niña llegó a experimentar fue esencialmente porque nosotros presentamos esa solicitud”.

“La seleccionaron para nosotros”, añade Jessica.

Los Davis llenaron papeleo para deshacer la adopción de Mata, y en septiembre, el Gobierno ugandés devolvió a su madre sus derechos parentales.

La familia le organizó una fiesta de despedida antes de que se marchara de Estados Unidos el otoño pasado. Los Davis pidieron a sus cuatro hijos que pusieran buena cara – y trataran de no llorar delante de Mata. Los videos caseros permiten echar un vistazo a esta escena emocionante.

“¿Qué día es hoy?”, pregunta Jessica.

“Me voy a casa”, dice Mata, sonriendo.

“¿Estás emocionada?”

“Sí”

La primera cosa que hará cuando vea a su madre, dice, es “abrazarla”.

Pronto, Mata y Adam estuvieron en el vuelo de 14 horas hacia Uganda mientras Jessica y el resto de la familia se quedaba en casa. Mata había vivido con los Davis durante un año, encajando bien con los otros niños y adaptándose a la vida en Estados Unidos.

Devolverla era no solo lo correcto – en la cabeza de los Davis, era la única cosa posible.

El día después de aterrizar en Uganda, Adam y Mata viajaron hasta su pueblo. A medida que se acercaba a casa, Adam le dijo a Mata que la quería y que estaba orgulloso de haber sido su padre el último año.

Cuando Mata y su madre se vieron por primera vez, Adam dijo, fue como en la parábola bíblica del Hijo Pródigo. Su madre corrió hacia Mata, abrazándola. Reían y lloraban, desbordadas de pura alegría.

“Nunca había visto nada igual”, dice Adam.

Mata estaba en casa.

Epílogo.

Los Davis aún hablan con Mata vía Skype cada dos meses. Ha vuelto a la escuela en su pueblo y disfruta de su nueva hermana. Los Wells se mantienen en contacto con Violah, también.

Mata y Violah se han hecho amigas y han florecido desde que han regresado a casa.

Cuando se le pregunta cómo se ha sentido desde el regreso de Mata, su madre dijo con una sonridas: “Soy muy muy muy feliz”.

La madre de Violah compartía el sentimiento: “Estoy muy feliz y agradecida”.

Dos de sus hijas siguen faltando, sin embargo. Desde Reunite han notificado a las dos familias norteamericanos que parecen haberlas adoptado. No han tenido respuesta.

“Las dos familias son conscientes de la verdad. Parece que quieren continuar su vida y hacer creer a las criaturas lo que les han contado, aunque no tenga ni un gramo de verdad”.

Un estudio del Gobierno ugandés y de UNICEF descubrió que los padres ugandeses eran “sobornados” y “engañados”, a menudo con incentivos económicos, y que los orfanatos eran cómplices.

El informe dice que los orfanatos no siempre verifican correctamente la información sobre las historias de las criaturas antes de acogerlas. Los hallazgos de este estudio concuerdan en muchos sentidos con lo que sucedió a Mata y Violah.

Cómo ayudar.

Las familias que protagonizan nuestra historia trabajaron con Keren Riley de Reunite para ayudar a regresar a sus hijas adoptadas a sus madres biológicas. Riley, una ciudadana británica que vive en Uganda desde 2010 ha puesto en marcha una organización de base para proveer servicios a niños que no son atendidos por su familia, y para ayudar a criaturas que han sido traficadas o se han perdido en el sistema a reencontrarse con sus familias en Uganda.

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