familia monoparental y adopción

Debatimos estos días sobre la historia de una mujer alemana que a los 65 años se ha quedado embarazada de cuatrillizos. Ya tiene 13 hijos y 7 meses y la decisión de volverse a embarazar la tomó porque su hija de 9 años (es decir, nacida cuando ella debía tener 55), le pedía un hermano más pequeño.

Del debate me sorprende sobretodo que hay personas que argumentan que ella es libre para hacer lo que le plazca, que es su decisión, que nadie tiene derecho a juzgarla, que nadie tiene el monopolio de la buena parentalidad…

Me parece interesante el debate, pero niego la mayor: no tenemos derecho a hacer lo que nos plazca, no podemos tomar cualquier decisión. Hay leyes, normas, consensos sociales… Nadie puede decidir, por ejemplo, moler sus hijos a palos, no alimentarlos, ni siquiera no escolarizarlos (mejor dicho, no educarlos). O mutilarlos o provocarles enfermedades o negarles medicaciones que necesiten.

¿El derecho de una mujer a ser madre a los 65 está por encima del derecho de los niños a criarse con una madre (y padre si fuera el caso) que pueda ocuparse de ellos hasta una edad razonable? ¿El derecho de una mujer de ser madre a los 65 está por encima al de sus hijos a nacer sanos, a tener una calidad de vida razonable?

Es verdad que todos podemos enfermar o morir, incluso los jóvenes. Pero el riesgo no es el mismo a los 30 que a los 60 (menos aún después de un embarazo de riesgo a los 65). Es verdad que todos los niños pueden nacer con enfermedades o discapacidades; pero en el caso de cuatrillizos (y de un embarazo a los 65), estas probabilidades se multiplican por mucho. No es lo mismo asumir los problemas de salud que pueden llegar con cualquier hijo que crear hijos que tienen muchas probabilidades de sufrir estos problemas de salud. No es lo mismo asumir los riesgos inherentes a estar vivo que crear hijos para convertirles en huérfanos a una edad temprana.

Uno de los argumentos es que con la cantidad de familia que hay no se quedaran solos. Y sí me parece importante la tribu, la garantía de que tus hijos recibirán cuidados, y amor, aunque te pase algo… pero también sé que los niños no son de goma, que su psique, su parte emocional, no es de goma, y que perder a tu madre a una edad temprana (o convivir con una madre enferma o dependiente) deja secuelas que hay que tener en cuenta.

Algunas leyes y consensos sociales son injustas y han ido cambiando con el tiempo (hace no tantos años, ser madre soltera, o divorciada, no digamos ya ser homosexual, podía ser motivo para que te quitaran la custodia de un hijo, lo que ahora parece absurdo a la mayoría de la gente), y quizás suceda esto con la edad a la que tenemos los hijos… De hecho, hace unos años, una mujer que era madre después de los 40 era una “madre mayor” y hoy parece muy normal, y quizás cuando vivamos hasta los 120 (y tengamos buena calidad de vida hasta los 120) nos parecerá normal parir a los 60… pero esto, por ahora, no es así: la esperanza de vida en España está por debajo de los 83 años, y la calidad de vida de la gente de esta edad es a menudo incompatible con las exigencias de la crianza de un hijo, no digamos ya de 4…

Aunque el límite de edad pueda ser flexible, ¿no tendrá que haber siempre un límite? Si ha podido ser madre a los 65 para complacer a su hija de 9, ¿nos parecerá igualmente razonable (a los que la defienden) que lo vuelva a ser a los 75 para darle hermanos a los hijos que nacen ahora? ¿A los 85? ¿A los 90?

(Discusión colateral: ¿Se debe tener un hijo para complacer al que ya tenemos, una criatura que difícilmente puede prever las implicaciones de esta decisión? ¿No sería más razonable explicar a su hija que se va a quedar de hermana pequeña y enseñarla a disfrutar de hermanos mayores y sobrinos de edades cercanas a las suyas? ¿Seguirá pareciéndole buena idea lo de los hermanos pequeños si pierde su niñez cambiando pañales a 4 bebés, cuando descubra lo diferentes que son los hermanos de los juguetes?).

Hace unos días debatíamos sobre si los adoptados deberían ser hijos únicos… Y una lectora del blog – y autora a su vez de otro muy interesante, Hijos del Perú, y madre de dos hijos (“los dos son adoptados, los dos son del mismo origen (como él dice: somos de la misma tribu), los dos tienen historias parecidas”) – lanzó un envite que podría ser la continuación. ¿Qué clase de hermanos deberían tener los hijos adoptados?

Dice: “en la actualidad me plantearía una pregunta, Que tipo de hermanos son los que necesitan nuestros hijos?, si ellos hasta en ese momento son hijos únicos, y muchas parejas valoran todo tipo de posibilidades para crecer la familia; he conocido familias que se han planteado otra fecundación in vitro para tener un hijo biológico después del adoptivo, otros buscan adoptar en una cultura diferente al del primero (ya sea por plazos de espera, por costes de los tramites, o dificultades del primer país. etc.). Que tanto les puede afectar esas elecciones a nuestros hijos?”

Me parece una cuestión muy interesante. Yo creo que muchas familias nos planteamos estas cuestiones, las diferencias y similitudes entre nuestros hijos… hace poco, una madre que había adoptado a dos hermanos y que en principio pensaba en un tercer hijo, aseguraba que se les hacía difícil integrar en la familia a uno que no perteneciera genéticamente ni a la línea de sus hijos ni de sus padres… yo misma, después de adoptar un hijo negro, habría preferido que su hermano lo fuera también (aunque no fue así).

¿Son importantes las simetrías cuando vas a buscar a un segundo (o tercer, o cuarto…) hijo? ¿Podría tener un hijo biológico después de adoptar al primero? ¿Qué mensaje le transmitiría al hermano mayor respecto a su hecho adoptivo escoger la reproducción asistida después de haber adoptado? ¿Es conveniente, incluso imprescindible, que compartan origen, color? ¿Se puede tener un hijo adoptado y otro acogido? ¿Cómo se gestionan dos historias distintas?

Hace algunos días cayó en mis manos esta entrevista con María García, la presidenta la Fundación de Familias Monoparentales Isadora Duncan. En ella dice que “ser madre soltera es un privilegio sólo aceptado a ciertas clases sociales”.

Según García, ahora no te rechazan por ser madre soltera, sino por tener hijos sin dinero. “Aunque haya sido una circunstancia sobrevenida, te culpan, te censuran. Si disfrutas de una buena situación económica, se valora tu decisión. Pero si has decidido separarte y ocuparte de sus hijos aún sin contar con la ayuda del padre, que a veces se niega a pasar lo que le corresponde, eres rechazada, de una forma sutil, pero rechazada”.

María García denuncia la doble discriminación, social y económica, que siguen sufriendo estas mujeres, que antes era del todo evidente y ahora es soterrada. “Hay mucha hipocresía, mucha apuesta e intento de fomento de la natalidad, pero de la elegida. Lo que quiere la sociedad es un padre y una madre, la familia nuclear de siempre”.

Más allá de lo que me chirría la palabra “privilegio” ligada a la maternidad (sea monoparental o en pareja, sea elegida o sobrevenida), me parece un debate interesante… que me recuerda a otro debate que se oye muchas veces en foros de familias adoptivas. El de si es racismo o clasismo. Si tratamos peor a los inmigrantes llegados en patera que a los jeques árabes, ¿es clasismo? Sí, pero, ¿sólo clasismo? ¿No tratamos de manera distinta a un médico sueco que uno ghanés?

Creo que en ambos casos, se combinan las dos cosas.

¿Están peor vistas las madres solteras pobres que las madres casadas pobres? ¿Sólo en el primer caso se le dice que “si no tenías dinero, no haber tenido hijos”? ¿Todas las madres solteras por elección son ricas? ¿Todas las madres solteras por deserción de la pareja son pobres? ¿Tiene que ver con el dinero o con la elección? ¿Se considera que la maternidad elegida es mejor, más responsable… o más egoísta? ¿O tiene que ver con el sexo? – a pesar de vivir en una sociedad tan sexualizada, es imposible borrar el tabú de que el sexo es sucio… y más si se da fuera del matrimonio… ¿Con el estigma de haber sido abandonadas? ¿Una mujer rechazada por un hombre tiene menos valor?

P.D. Por cierto, resulta curioso que una mujer que critica la maternidad por elección haya elegido para su Asociación el nombre de Isadora Duncan, una mujer que según la Wikipedia, “eligió ser madre soltera, y tuvo dos hijos. Aunque no quiso revelar el nombre de los padres se sabe que fueron del diseñador teatral Gordon Craig y de Paris Singer, hijo del magnate de las máquinas de coser Isaac Singer”. Tuvo al primero de sus hijos en 1810 con 32 años y al segundo con 35 aproximadamente, y era una profesional independiente, una de las bailarinas y coreógrafas más famosas de su época… no sería el prototipo de madre adolescente en casa de acogida… ¡Es una pionera de las madres solteras por elección!

Cuando mi hijo pequeño estaba en infantil, en una reunión con su maestra, me di cuenta de que en la clase no había ninguna imagen que no representara a un niño blanco. Todas las muñecas eran bebés blancos, los carteles de las paredes solo representaban a niños blancos… se lo comenté a la maestra que, como no, le quitó importancia. Pero a partir de ahí me di cuenta de que, a nuestro alrededor, la mayor parte de los referentes, de las representaciones humanas, son de personas blancas. Desde la gente que sale en los anuncios a las series de televisión, los libros de texto, los médicos que nos atienden,… por no hablar del omnipresente color carne.

Aunque en casa no ha vuelto a entrar ningún cuento que sólo contenga niños blancos, aunque buscamos la diversidad en juguetes o cuando vamos al cine, a mí, como a muchas familias transraciales, no siempre me es fácil encontrar referentes de las razas de mis hijos.

Hace algún tiempo, algunas madres y padres de familias transraciales, tuvimos la idea de poner en marcha un archivo de referentes transraciales. Buscar personas de distinta procedencia, oficio y color, que hubieran hecho cosas importantes e interesantes, pero que no suelen salir en los libros de texto o en los documentales que se emiten en la televisión europea.

El proyecto lo hemos llamado Adivina quién viene a cenar esta noche, y consiste en invitar cada día a nuestra mesa virtual a una persona distinta para conocerla y aprender sobre ella. Gente como Ousmane Sembène, el padre del cine africano; o Yang Huanyi, la última mujer en hablar y escribir el NüShü, un lenguaje milenario exclusivo de las mujeres; o la familia Loving, los que acabaron con la prohibición del matrimonio interracial en Estados Unidos…

O nuestra invitada de hoy, que no me puedo resistir a compartir aquí:

Hace una semana, 147 estudiantes fueron asesinados en la Universidad de Garissa, en el este de Kenia. Casi el mismo número de personas que los que murieron en el avión de Germanwings que se estrelló en los Alpes, aunque han obtenido muchísimo menos lugar en los periódicos y los informativos. Es sangrante la paradoja que se da entre la falta de respeto por los muertos de Kenia (hemos visto imágenes de los cadáveres, a diferencia de lo sucedido en los Alpes, o con los dibujantes de Charlie Hebdo) y la falta de información sobre estas 147 personas que fueron asesinadas.

NUestra invitada de hoy ORY OKOLLOH, ha puesto en marcha la campaña #147notjustanumber, que pretende dar visibilidad y poner nombre, cara e historia a los 147 estudiantes asesinados en la Universidad de Kenia. ORY OKOLLOH es una bloguera y activista keniata, que estudió Ciencias Políticas y Derecho en Harvard. Cofundadora de la plataforma Ushahidi, (“testimonio” o “testigo” en swahili), una herramienta para rastrear información sobre incidentes, muertes, disturbios, saqueos así como violaciones que enviaban los propios keniatas. Se la considera una de las mujeres más influyentes de África.

Aunque originariamente pensamos en hacer también una versión blog, está en formato de página de Facebook.

Si quieren cenar con nosotros, ya saben dónde encontrarnos.

Diversidad familiar

Dicen que las leyes van siempre por detrás de la sociedad,… que primero normalizamos las situaciones y luego se hacen leyes que lo reconocen.

Y cuando estas realidades llegan a la publicidad… entonces sí está claro que están normalizadas.

Me ha parecido precioso este anuncio, aunque sea de coca-cola:

Por cierto, el anuncio me ha parecido curiosamente parecido a este cuento publicado hace poco a partir del concurso de relatos sobre orígenes.

Repetir curso

G. llegó de su país de origen con 5 años. No había ido nunca a la escuela, no conocía el alfabeto ni los números. Tuvo que adaptarse a muchas cosas: el idioma, los olores, las costumbres, las normas…. vivir en una familia. Su madre pensó que sería una buena idea escolarizarle un curso por debajo de lo que le correspondía. En la escuela se negaron.

G. terminó la Educación Infantil sin saber leer ni escribir. Apenas conocía las vocales y las consonantes de su nombre, y los números del 1 al 5, cuando sus compañeros empezaban a leer y sumar. Su madre pensó que repetir el último curso de infantil le ayudaría, le permitiría adquirir estos conocimientos con los que debería haber llegado a primaria y le haría ganar tiempo para madurar. Pero en la escuela se negaron.

G. terminó 1º de primaria a años luz de sus compañeros. Aunque algo había avanzado, seguía sin saber leer ni escribir. Se sentía un marciano en su clase, estaba desconectado de los aprendizajes y su autoestima estaba por los suelos. Su madre volvió a pedir que le dejaran repetir. En la escuela le dijeron que no, que si acaso, si no conseguía los objetivos, ya repetiría a final de ciclo, en 2º.

A G. lo cambiaron de escuela y fue a parar a un centro donde fueron más comprensivos con sus circunstancias. Repitió 1º y lo terminó en el pelotón de cola de la clase, pero sabiendo hacer las mismas cosas que la mayoría de sus compañeros. Más maduro, más adaptado, fue cogiendo las competencias necesarias y empezó a sentirse mejor consigo mismo. Capaz. Disfrutando del aprendizaje.

Me he acordado mucho de G. en una discusión que hemos tenido sobre repetir curso. Una discusión en la que la mayoría de los participantes opinaban que repetir curso no servía de nada, los niños se sentirían fracasados, lo que hacía falta era darles apoyos, que es un castigo, que baja la autoestima…

Muchas veces escucho a padres (madres, sobretodo), explicar las horas que le dedican a las tareas, refuerzos, estudios… para evitar que sus hijos repitan… como si esto fuera el fin del mundo. Cuando a lo mejor, si se les permitiera ganar un año, ir más desahogados en los aprendizajes, consolidar lo de “antes”… todo sería más fácil.

Y me pregunto dónde está el problema. ¿En los discursos que a veces llegan del mismo colegio, de que repetir es un castigo por no trabajar lo suficiente? ¿En los padres que se sienten fracasados si sus hijos no son los más listos… o al menos tan listos como los demás?

¿No es un error ver la repetición como un castigo o un fracaso, como algo estigmatizante, en vez de como una oportunidad para aprender, consolidar, madurar?

Primer viaje

Han quedado muy, muy atrás en el tiempo los viajes que hice a Etiopía y a Marruecos para conocer / adoptar / recoger a mis hijos. La vorágine del día a día hacen que no piense en ellos muy a menudo… pero hace pocos días, una madre adoptiva que está a punto de viajar a conocer a su hija, me pedía consejos para este primer viaje. Y esto es lo que le dije:

Os recomiendo que estéis abiertos a cualquier reacción de vuestra nueva hija, desde una entrega inmediata al rechazo, pasando por tristeza, miedo, ansiedad, actividad exagerada… que no os toméis nada de lo que haga como personal. Que intentéis poneros en su lugar e imaginar lo difícil que es que unos extraños vengan a separarte de todo lo que conoces.

Igualmente, estad preparados para sentir emociones distintas a las que esperáis. Muchas veces no hay un flechazo, un amor inmediato, y esto no suele ser fácil de digerir.

Que aprendáis el máximo de palabras en el idioma de vuestra hija.

Que os llevéis fotos de vuestra familia, casa… para irla preparando para lo que se encontrará. Si podéis hacerselas llegar antes de ir, mejor.

Que documentéis todo lo que podáis de vuestro viaje. Seguramente perderá el idioma, así que grabarla hablando, cantando… puede ser impagable para el futuro.

Que intentéis averiguar en este primer viaje todo lo que podáis sobre la historia de vuestra hija. Pueden surgir informaciones y pistas impagables.

Que apuntéis todo lo que os pase en el viaje. Aunque parece que va a dejar un recuerdo indeleble, con el tiempo los recuerdos se desdibujan y hay cosas que desaparecen. Muy importante es apuntar lo que os cuente vuestra hija sobre su vida, historia, familia, pasado… es posible que con el tiempo lo olvide.

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