familia monoparental y adopción

Llegará un día

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Llegará un día en el que volarán y la casa se nos hará grande y silenciosa y tendremos que rebuscar en nuestra memoria para hacer todos los planes que su infancia nos ha hecho posponer. Llegará un día en el que entraremos y saldremos sin dar explicaciones ni ocuparnos de la logística, y los días volverán a ser largos y estaremos pendientes de un teléfono que usaremos más para llamar que para recibir llamadas. Llegará un día en el que haremos tupperwares con las comidas que más les gustan y se los meteremos en bolsas de tela para que al menos hagan algunas cenas decentes hasta que otro domingo vengan a comer. Llegará un día en el que dejaremos de plegar ropa pequeña y pondremos solo una lavadora a la semana o dos. Llegará un día en el que se estresarán cuando les digamos que vamos de visita y recogerán de forma precipitada los trastos esparcidos por el comedor, nos sentaremos en el sofá apartando con delicadeza un calcetín desaparejado para que no se den cuenta de que lo hemos visto. Llegará un día en el que llamarán para pedir que les vayamos a regar las plantas y dar de comer al gato y aprovecharemos estas visitas para recuperar los tuppers que han ido acumulando. Llegará un día en el que volverá a ser más barato y cómodo coger el metro, en el que volveremos a pasear por el centro de la ciudad y a meternos en cines o bares sin pensar que en casa nos esperan. Llegará un día en el que podremos escoger la música en el coche y dejaremos de ver dibujos en la tele y el mando siempre estará donde lo hemos dejado. Llegará un día en el que tendremos que hacer malabarismos con la agenda para conseguir que estén los cuatro al mismo tiempo y en el mismo lugar y nos enteraremos de las cosas de unos porque nos las contarán los otros, con los que habrán hablado antes y con más confianza. Llegará un día en el que repasaremos nuestra vida y nos preguntaremos cómo ha pasado todo tan rápido.

Aún falta. Pero esta historia tan tierna me ha hecho pensar que para nosotras también llegará un día.

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4 años

 

 

¿Casualidad?

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Fiesta final de curso en el cole de B. Mucha gente de pie. Se acerca una señora y le pide a B. que le deje su sitio. ¿Casualidad que de toda la gente de la sala vaya a pedirle que se levante al niño negro?

Estoy en el metro. A mi lado se sienta un chico negro de unos 20 años. Al otro lado se sienta un señor mayor. El señor empieza a hacer aspavientos y quejarse de que el chico negro ocupa “demasiado” espacio. El chico le dice que hay un montón de asientos libres. El señor contrata a gritos que él no se va. El chico se marcha y el señor se arrepapa, con las piernas abiertas, ocupando asiento y medio.

Estoy en la cola del banco. Me da la vez una mujer asiática. Al cabo del rato entran unas señoras mayores. Piden la vez. Un poco después le preguntan a la mujer asiática si ella ya estaba cuando han entrado. Solo se calman cuando yo (mujer blanca) les confirmo que es así.

¿Casualidad o microracismo? … ¿O racismo?

Make America Great Again

A pocas fotos se puede aplicar mejor que a esta aquello de “Una imagen vale más que mil palabras”

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Es uno de los niños hispanos enjaulado por el Gobierno de Trump después de ser separado de sus padres tras cruzar ilegalmente la frontera.

Es una instalación de Texas conocida como Úrsula, aunque los inmigrantes la llaman “La Perrera”. Más de 2.000 niños y niñas ya están en campos de concentración infantiles (llamados “centros de detención”, y comparados, por algunos de sus defensores, con “campamentos de verano”) y Trump ha asegurado que las familias separadas “no son familias”. Probablemente, tampoco le parecen del todo humanos. La la retórica que usan parece sacada directamente de la Alemania Nazi: “animales”, “plaga”, “se reproducen”, “infestación”…

Cierto que en Europa tampoco tratamos bien a los inmigrantes. Las noticias de estos días son una pequeña muestra de ello: censos de población gitana, negativa a dejar atracar un barco con refugiados, auge de la extrema derecha en muchos países… incluso en España, con lo bien que nos sentimos por haber acogido a los refugiados del Acuarios, buena parte de la población ve con indiferencia (sino con buenos ojos) las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, los CIES y las repatriaciones de menores no acompañados.

Pero lo que muestra esta foto va un paso más allá.

La separación de criaturas pequeñas de sus padres y madres es maltrato, que deja secuelas imborrables, como bien sabemos las personas que criamos criaturas que fueron separadas de sus (primeras) madres. Pero el uso de jaulas supera lo imaginable: Es humillación. Animalización. Deshumanización.

Aunque los que se deshumanizan son los que toman estas medidas. Los que las permiten. Los que las justifican. Y los que callan.

P.D.: Me escribe un lector para explicarme que esta foto no corresponde a la política migratoria de Trump, como aclara este enlace. Aún así, la política migratoria es la que es y ha separado de sus familias a más de 2.000 criaturas. He buscado otras fotos para sustituir esta, y lo cierto es que aunque las hay, ninguna es así de impactante, al menos las que muestran las jaulas. Por esta razón supongo que está circulando tanto.

Aquí otras imágenes de la política migratoria de Trump.

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Y la impresionante portada de Time:

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Extraescolares

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Hace unos días llegaba a mis manos (mis ojos), esta viñeta, tan acorde con el tópico de que las familias pasamos cada vez “menos tiempo con los hijos” (tópico que intenté desmontar en esta entrada de hace un par de meses).

¿No es curioso que toque demonizar las extraescolares? ¿No es curioso que toque demonizar las extraescolares cuando estas actividades, que siempre han aportado un plus a las clases altas – cuyos hijos aprendían música, deporte, arte, idiomas…- llega al grueso de la población? ¿No es curioso que en esa viñeta, los deberes, que colonizan las tarde y los fines de semana de nuestros hijos, brillen por su ausencia? ¿Y que las extraescolares que se dibujan sean refuerzo e inglés, algo más relacionado con la inoperancia de las escuelas que de las familias? 

¿Qué tiene de malo que nuestros hijos, que se pasan casi todo el día sentados, dediquen algunas horas por las tardes a hacer ejercicio? ¿Qué tiene de malo que nuestros hijos, a los que se enseña a competir individualmente, aprendan a ser un equipo? ¿Qué tiene de malo que nuestros hijos, cuyas horas de plástica y musica han quedado reducidas a la mínima expresión, cultiven estas disciplinas en sus horas libres?

¿Por qué las extraescolares son peor opción que otras, como quedarse solos en casa… o aunque estén acompañados, estén enganchados a alguna pantalla – mientras sus madres y padres hacemos lo mismo?

¿Han pensado que cuando tienes varios hijos, este rato en el que haces de chófer de ida y vuelta a alguna extraescolar es una de las pocas ocasiones que tienes para pasar tiempo a solas con cada uno de ellos?

¿No les cansa que siempre se nos juzgue a las familias por las decisiones de crianza que tomamos?

 

He utilizado muchas veces en este blog esta ilustración llamada “The problem we live with”, el problema con el que vivimos. El problema es el racismo, y el dibujo lo hizo Norman Rockwell en 1964 para ilustrar la llegada de la primera niña negra a una escuela racialmente mixta en Estados Unidos. Protegida por policías y agredida verbal y físicamente por las familias de sus compañeros y compañeras.

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Ahora, la diversidad racial en las escuelas no es algo insólito y las criaturas racializadas ya no necesitan protección policial para acceder a los centros. Pero el racismo es un problema con el que seguimos conviviendo. Como ilustra este texto que M., madre de una niña negra de 11 años, me ha permitido compartir aquí:

Quiero compartir algo curioso que me pasó hace unos meses con mi hija pequeña. Como parte del proyecto de fin de curso tienen que hacer un trabajo sobre un tema que les apasione y lo tienen que presentar en diferentes formatos y plataformas. Ella tenía en mente tratar la brecha salarial entre mujeres y hombres. Como había bastantes criaturas tratando temas similares se me ocurrió que algo totalmente diferente y mejor para tratar ella era el tema de la alergia al cacahuete. Desafortunadamente, ella la sufre. Así que un día le digo… ¿sabes que he pensado un tema realmente único que nadie mejor que tú para presentar? A ver si lo adivinas… y le fui dando pistas… Es uno que te afecta a ti directamente, que por la ignorancia, la inconsciencia involuntaria y la irresponsabilidad voluntaria de la gente te puede costar la vida a ti, que se necesita todavía mucha educación…

Se quedó pensado y me dice… mamá, el racismo.

Íbamos en el coche y quede como si me hubiera caído una losa de hormigón.

Me pregunta… ¿es ese? Yo le conté el que había pensado y me dice que el mío era bueno pero que el de ella era el que realmente enfermaba y mataba. Yo le pedí perdón y me dice… no te preocupes, mamá, eres una madre blanca, maja, ¡pero blanca!

Ese impuesto emocional agota y enferma…

Hizo el trabajo sobre el racismo en la gimnasia. Y lo presentó como una campeona. Lo hizo sola, todo… Como si de alguna forma hubiera estado toda su vida esperando esta oportunidad de ir a las clases de los grados 5º y 6º a hablarles sobre racismo, y entrevistar a estudiantes racializadxs y sentirse acompañada…

Hubo varias madres negras que vinieron a decirme lo increíblemente valiente que era en tratar el racismo, semejante bestia, con tan solo 11 años… Y de repente te cuentan historias que les pasan, un goteo diario, un agotamiento diario, un solo hay una raza la humana, un here we go again, miedo a no saber si sus hijxs van a estar segurxs jugando en la casa de Fulanito o Menganita, soledad de no poder hablar sobre esto más allá de tu círculo de amigxs negrxs… y lo más triste de todo… no sentirse nunca libres de decir como realmente se sienten para no ofendernos. Y se hacen silencios y nudos en la garganta cuando ves que somos parte del problema, somos el problema.

Por eso no entiendo que cuando alguien lo cuenta desde su propia experiencia todavía tenga, encima, que medir sus palabras para evitar que un grupo de no afectadxs se ofendan.  ¡Encima!

Evolución humana

Tener hijos e hijas en edad escolar es estar siempre con la antena puesta. La antena al racismo, al sexismo, a la manera de explicar la Historia… corregir cuando nuestras criaturas nos hablan de “descubrimiento de América”, señalar cuando los carteles colgados en la clase sobre la Prehistoria muestran hombres con garrotes y mujeres con agujas de costura, sustituir cada “hombre” por “ser humano”, discutir la invariabilidad del “color carne”… Buscar libros de texto y de lectura con diversidad familiar, variedad racial, protagonistas femeninas y que rompan estereotipos.

Recibo una iniciativa muy interesante para mostrar la evolución humana a partir de imágenes que no sean solo del sexo masculino… lástima del sesgo de raza. No sé si me convencen menos los dibujos en los que las primeras homínidas son blancas o los otros en los que, indefectiblemente, la evolución es convertirse en personas de raza blanca.

 

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