familia monoparental y adopción

Cerrado por vacaciones

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Mi hijo no

Compartí la entrada que publiqué ayer en un grupo de MSPE y las reacciones fueron las previsibles. En algunos casos, interés, dudas, ganas de saber más y alegría por este grupo de personas que se están encontrando con sus iguales. Por otro, recelo, miedos, rechazo, y mucha necesidad de señalar que el verdadero origen del “problema” no es haber sido concebido(s) con gametos de donante(s) sino otros traumas o dificultades.

Me ha resonado a mi yo de hace 15 años. El que decía “a mí no me sucederá, yo lo haré mejor”. El que no quería leer a adoptados que no dieran una visión positiva de la adopción y si los leía, siempre buscaba las vueltas a las razones que les llevaba a gestionarlo mal: no se lo explicaron a tiempo, no les dieron espacio para gestionarlo, no les quisieron lo bastante bien.

Yo lo haría mejor, a mí no me pasaría.

Luego viene la vida y ya eso.

Sigo escuchando a madres y padres asegurar que a sus hijos no, de ninguna manera, para ello les han educado bien, explicado bien, o no le han dado importancia a todas estas cosas y por esto ellos no se la darán tampoco.

Y a veces es cierto que están bien educados, o simplemente han tenido suerte… o sencillamente, como cuenta esta entrada de este blog, no les conocen:

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Si mi madre leyera mis posts sobre adopción, pensaría: “¡No Juliette, no mi hija!”

He hecho el trabajo emocional porque sé que mis padres no lo han hecho ni lo harán. El Brexit rompió mi familia cuando mis padres votaron y sus argumentos revelaron lo poco que entendían que tenían una hija inmigrante asiática. Peleé y discutí con ellos por el Brexit, Trump y el racismo durante dos años. Me enfurecí, me retiré, reflexioné, busqué respuestas, pero sabía que solo podía trabajar en mí misma. Sabía que toda la discusión sobre Brexit siempre había sido sobre adopción, pero ellos no lo sabían. Del mismo modo, supe que la primera ruptura que ocurrió en mi adolescencia, en la superficie por mudarme como  por sexta vez en mi corta vida, también tenía que ver con la adopción. Pero nunca lo dije, así que nunca hablamos de ello. Y que yo sepa, ellos nunca lo supieron.

Así que cuando a los 46 una amiga amablemente sugirió que conociera a su amiga adoptada de 70 años, que había hecho un montón de terapia sobre su propia adopción, me encogí de hombros y acepté. No me di cuenta de cuánto me aclararía y me tranquilizaría hablar con otra adoptada, algo que nunca había hecho antes. Es aún increíble para mí!, Imaginad ser ciega y no conocer a ninguna otra persona ciega durante la mayor parte de tu vida – no saber cómo son de universales tus sentimientos o darte cuenta de que solo los que lo han experimentado lo entienden realmente. Como alguien que ha sido adoptada, comparada con los que no lo han sido y piensan que es una historia con final feliz y poco que ver con nada más, hay cosas que nunca pude contar a nadie mientras crecía. Mi soledad, mis anhelos, terminaron por revelar y resaltar que la biología es importante y que mi familia no era suficiente y que su diferencia (no la mía) era una fuente de profundo aislamiento y dolor. Comprendí desde muy pequeña lo tabú que era este tema y la poca conciencia que tenían mis padres sobre su propio dolor y su impacto en mí.

No pude encontrar mi lugar en esta gran familia blanca de clase obrera cuya única experiencia en cultura asiática era la comida para llevar. No estoy segura de que me rechazaran exactamente, ¿quizás yo les rechazaba a ellos? Pero ciertamente no me abrazaron. No estaba en la mente de mi familia extensa, excepto como alguien por quien preguntar al final de la conversación, después de hablar con mis padres. Si alguna vez a alguien de mi familia inmediata o extensa se le ocurrió preguntarse cómo me sentía al ser adoptada y adoptada transracial e internacionalmente, nunca tuve evidencia de ello.

(…)

Acertada o erróneamente, la mayoría de mi terapia ha sido un intento para resolver la cuestión de si yo debería o no. Si ellos son capaces de crecer en este punto de sus vida, o si yo solo les causaría dolor y confusión en un juego sin salida. Si lo hiciera, me crearía más tarea adicional a mi misma al intentar explicar lo inexplicable.

Cuando mi madre fue a ver la película “Lion” con su hermana, me pregunté si estaba abriendo una puerta para que  habláramos. Cuando le pregunté qué tal, solo dijo: “está bien”. Ninguna de las dos intentamos ir más allá, aunque me dejó atónita que pudiera no tener nada más que decir. Imagino que miró esta historia y específicamente vio todas las maneras en las que la historia del protagonista era distinta a la mía, a la suya. Supongo que se aferró a que yo era un bebé, no una niña con recuerdos de mi familia. En su mente, no había experimentado lo que él como niño perdido en la India, buscando a mis familiares desaparecidos y sin saber cómo regresar con ellos. Pero, por supuesto, lo hice, excepto cuando era un bebé, lo experimenté todo sin lenguaje y, cuando tuve palabras para hacerlo, también me di cuenta del dolor que podía causar. Y conciencia de lo poco que alguien lo entendería.

Ahora sí tengo lenguaje sobre mi experiencia y entiendo lo valioso que es compartirla con otras personas adoptadas. Al compartirla con los padres adoptivos y con una sociedad que alberga una visión unidimensional de la adopción a través de la lente de los adoptantes, quiero que pasemos de la fase en la que se usaban bebés para curar las heridas de infertilidad y cubrir las ilusiones del salvadorismo. Quiero que superemos la fase de negar la realidad de las pérdidas de los adoptados y la negación de nuestros derechos humanos, a una era de resolución genuina de problemas, equipada con conciencia de sí misma y el valor para aprender de los demás. Aún así, es común encontrar personas que respondan a este pensamiento con “No todos los adoptados …”, no sus amigos, ni su prima, ni su hija.

A ti, te recuerdo que mi madre leería esto y lo pensaría también.

Mientras las madres y padres sigamos diciendo a nuestros hijos que su origen no tiene importancia, que la genética que no comparten con nosotros no tiene ningún peso… seguirán buscando en secreto, seguirán sin compartir con nosotros sus preocupaciones, dudas y miedos al respecto.

A pesar de que las evidencias apuntan a que las personas concebidas con gametos de donante, igual que las personas adoptadas, quieren saber, buscan, encuentran, y cada vez se hace más insostenible el anonimato.

Se explica muy bien en este artículo, que recoge una historia muy interesante:

“Daniels cuenta el caso de una mujer de 70 años que hace un tiempo descubrió que había sido concebida mediante una donación de esperma, una técnica más antigua que la de óvulos. Mediante pruebas genéticas localizó a la familia del donante, se conocieron, y ahora se plantean funcionar como “una familia extensa”. La mujer, que también ha localizado a otra “media hermana” biológica del mismo donante, tuvo la oportunidad de hablar sobre el tema con su anciana madre hace unos años. Esta, cuenta, Daniels, le dijo: “Y nosotros que pensábamos que nos habíamos salido con la nuestra…”.

¿De verdad queremos ser esta madre?

 

 

Hijos de donante

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Hace algún tiempo, publiqué este texto escrito por un hombre concebido con semen de donante. A lo largo de este último año y medio, otras personas concebidas con gametos de donante han llegado a este texto, sin duda buscando situaciones parecidas a la suya, y me han pedido ponerse en contacto con este hombre. Hace unos días me escribió para decirme que varios de ellos están en un grupo de Whatsapp y planteándose constituirse como Asociación.

Teletrabajo

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Después de muchos años haciendo tetris para conciliar la vida laboral y la familiar, en esta etapa logísicamente más fácil (en pareja y con las criaturas ya más crecidas), la vida me ha dado la oportunidad de teletrabajar ocasionalmente cuando lo necesito. El día que hay algún niño enfermo o un médico o gestión burocrática que atender, o ahora, en estos días en los que ya no hay campamentos para los más pequeños, pero todavía no estamos de vacaciones.

Esto hace que, como me ha pasado esta mañana, tenga que coordinar una gestión en la Junta Municipal con la preparación de algunos materiales, haya trabajado mientras escuchaba de fondo los dibujos animados de a A. y P., haya tenido que levantar la vista del trabajo para despegar dos piezas de lego que parecían soldadas y que necesitaban para montar su último invento: peonzas de lego. Mientras se encendía el ordenador, he cortado y puesto en la sartén un par de calabacines, y he tenido que levantarme varias veces a mirar cómo evolucionaban. He avanzado en una lectura obligatoria mientras organizaba maletas y basuras, he tendido con la radio de fondo, he enviado correos mientras supervisaba duchas y recogidas de habitación.

Decía Manuel Rivas que si tienes que interrumpir un poema porque tienes que atender a un niño que te reclama, cuando vuelves, el verso que escribes es incluso mejor que el que pensaste antes.

Ni idea de si es así, pero la tortilla de calabacín estaba riquísima.

Escuchar a los adoptados

Hace algo más de una año, me invitaron a participar en El Congreso Galego de adopción, donde compartí mesa con una mujer adoptada. Ella contó cosas interesantísimas, y el público, formado mayoritariamente por adoptantes, la escuchó; pero también la cuestionaron y rebatieron, poniendo sus opiniones de adoptantes a la altura de la experiencia vivida de ella. Me dolió especialmente lo mucho que aplaudieron a una adoptante que cuestionó todo lo que esa mujer adoptada dijo y se atrevió a hablar por su hija adoptada (que, a pesar de estar presente, no abrió la boca).

Hacia el final de la charla le preguntaron a mi compañera de mesa qué consejo daba a los adoptantes y futuros adoptantes. Después de que respondiera, yo pedí la palabra para decir que, aunque yo no era adoptada, tenía respuesta para esta pregunta: el mejor consejo es escuchar a las personas adoptadas. Escucharlas intentando aprender y comprender y no pensando como rebatirlos.

Huir de lo que podríamos llamar “adoptionplaining”.

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Acaba de caer en mis manos un artículo de una madre adoptiva y psiquiatra que ha llegado a la misma conclusión:

Como psiquiatra infantil y de adolescentes, veo criaturas entre los 2 y los 18 años, adultos con trastornos del desarrollo y estoy especializada en las áreas de trauma, neurodiversidad, acogida y adopción. Finalmente, también soy madre adoptiva y he sido madre de acogida. Como “experta” en adopción, trauma y trastornos del desarrollo, ¿qué consejo tengo para los padres adoptivos o pre-adoptivos? Escuchen a los adoptados. Como madre adoptiva de niños con necesidades especiales, me he preparado de muchas maneras. Mi formación como psiquiatra infantil me ha ayudado sin duda en este viaje. Mis propias experiencias como hija de una persona adoptada y como persona neurodiversa me han ayudado en este viaje. En cualquier caso, la mejor cosa que nunca he hecho ha sido escuchar. Escuchando adoptados y jóvenes que han sido acogidos, he llegado a cuatro opiniones significativas sobre la adopción.

La adopción, la mayoría de las veces, es innecesaria.

Incluso cuando es esencial, la adopción siempre empieza con trauma.

Los adoptantes y familias de acogida no están preparados para ser familias informadas sobre el trauma.

Nuestras criaturas no reciben las herramientas adecuadas para navegar a través de sus sentimientos.

En este viaje, he llegado a entender los problemas sistémicos que han llevado a un montón de adopciones innecesarias (no es lo que la gente quiere oír, pero es la verdad). El hecho es que el trauma engendra trauma y que la mayoría de adopciones procedentes del sistema de acogida se deben a la negligencia (no el maltrato) y las adopciones de bebés se deben a la falta de recursos (no a la falta de deseo de parentar). Hay, por supuesto, algunos casos donde el maltrato físico o el abuso sexual  hacen necesaria la retirada, o padres y madres que no quieren parentar (a pesar de los recursos y las intervenciones sociales), pero estos casos son un número mucho menor de lo que nos quieren hacer creer. Por lo tanto, muchas adopciones son el resultado de un fracaso fundamental de la sociedad de hacerse cargo de las personas, atendiendo su salud mental y proporcionando apoyos. Convertirme en madre adoptiva y de acogida ha abierto mis ojos a cómo son de profundos nuestros errores sistémicos. Sabemos cómo arreglarlo. Hemos hecho la investigación. Como sociedad, debemos querer invertir en criaturas y familias. Sin embargo, este es un punto que, como sociedad, no hemos alcanzado.

La adopción siempre empieza con pérdida o trauma, a menudo con ambos. Como familias adoptivas, el mayor interés de nuestros hijos es que reconozcamos este hecho y le demos espacio, incluso en adopciones de bebés. Está la pérdida de una madre con la que se han vinculado durante 9 meses o incluso más y la pérdida de una familia de la que legalmente dejan de formar parte. Cuando comprendemos esto, podremos ayudar a nuestras criaturas mucho mejor. No nos ofenderemos con la idea de las adopciones abiertas o la noción de que las criaturas van a querer explorar esta pérdida, lo que puede tomar muchas formas distintas. 

El volumen de la formación que recibí como familia de acogida para la parentalidad de criaturas que han sufrido trauma es de risa. La formación que recibí no fue necesariamente inútil; sólo fue extremadamente superficial. Los adoptantes y las familias de acogida necesitamos aprender sobre la importancia de la primera familia, la importancia de ser honestos y abiertos con nuestras criaturas, los beneficios de las adopciones abiertas y finalmente, cómo parentar de una forma informada sobre el trauma. He aprendido algunas prácticas sobre trauma como psiquiatra infantil, pero incluso estas fueron inadecuadas. Mucho de esto lo he descubierto a través de la investigación y otra vez, escuchando a los adoptados. La parentalidad conectiva e informada sobre el trauma brilla por su ausencia y es beneficiosa para todas las criaturas, pero especialmente para las adoptadas. 

A nuestras criaturas no se les da las herramientas adecuadas para navegar por sus sentimientos sobre tener dos familias, sobre ser adoptadas o sobre la adopción transracial. Ciertamente no se les enseña cómo gestionar sus sentimientos alrededor de su historia de trauma. Muchos terapeutas y psiquiatras no están formados sobre el trauma o no entienden los matices de la adopción. Muchas cosas se explican como problemas de apego, pero son trauma y deben ser tratadas como tal. Muchos adoptantes no son conscientes o capaces de separar sus emociones sobre la adopción y permitirse convertirse en un espacio seguro para sus criaturas.

Necesitamos aproximarnos a la adopción comprendiendo esto: necesitamos hacer un trabajo mejor para mantener a las familias juntas, necesitamos escuchar a los adoptados adultos sin ponernos a la defensiva, necesitamos comprender el trauma y necesitamos dar a nuestras criaturas el espacio para hacer el duelo por lo que han perdido y para trabajar la gestión de sus complicadas emociones. Cuando utilizamos esta aproximación, podemos hacer lo mejor en esta situación tan poco ideal. Si te interesa convertirte en familia por adopción, mi recomendación es que te unas a grupos centrados en los adoptados. Que sigas activistas adoptivos. Que escuchas, aprendas, que evalúes honestamente tus razonamientos e inviertas en aprender sobre el trauma. Esta lista incluye las piedras para construirnos adecuadamente como familia adoptiva.

Hace poco se ha celebrado en Pontevedra la 3ª edición del Congreso galego sobre adopción y acogimiento del que les hablaba al inicio de este post, y allí hubo una charla en la que participaron Chandra Clemente, Anne Cath y Xabier, tres adultos adoptados que hablaron de su experiencia y sus reflexiones al respecto.

Escuchen a los adoptados.

Somos

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Lo que nos enseñaron los padres cuando no pretendían enseñarnos nada.

Umberto Eco

Inés Madrigal

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Hoy se ha hecho pública una noticia muy importante con respecto a la adopción en España: Inés Madrigal, la mujer que llevó a juicio el primer caso de bebés robados, ha encontrado a su familia biológica.

Hay varios elementos que convierten esta en una noticia de gran importancia.

El primero es que, después de 32 años, no ha sido su exposición mediática ni los tribunales los que le han permitido encontrar a su familia: han sido los bancos de ADN. Algo que sucede cada vez en más casos y que nos hace ver lo absurdo de intentar poner puertas al campo, tanto en el caso de la adopción como en el de personas concebidas con gametos donados.

En segundo lugar, porque el descubrimiento ha llegado con sorpresa: la primera “bebé robada” que llevó su caso a los Tribunales, ha resultado no ser una bebé robada. A través de su tía y sus hermanos (la madre había muerto) ha descubierto que su madre biológica la dio en adopción voluntariamente. ¿Cómo afectará al caso de los bebés robados, al juicio contra el doctor Vela y las clínicas en las que este trabajaba el hecho de que el caso más mediático, que incluso se consideró “probado” el robo de la niña, no lo sea? ¿Se va a utilizar este caso para desacreditar toda la causa?

Esta noticia me ha hecho pensar en algo que me dijo hace años una adoptada adulta, cuando salió todo el revuelo de los niños robados: hay menos niños robados de los que se cree. Pero para las madres, admitir que dieron a sus hijos en adopción no siempre es fácil; tampoco lo es para las personas adoptadas pensar que fueron abandonadas en vez de arrancadas de los brazos de sus madres.

Aún así, no hace falta decir que un solo caso son demasiados casos. Y que todo lo que rodea el caso: la forma en la que fue entregada (“regalada”) la niña, la falta de trazabilidad de su origen, la opacidad sobre su historia,… siguen siendo inadmisibles.

Al margen de lo que pase a partir de ahora, lo más importante hoy es lo que ha dicho Inés Madrigal: “Por primera vez tengo el puzzle de mi vida completo”.

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