familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Cuando hablamos con otras madres que lo han sido por adopción o por reproducción asistida, es habitual que estas -sobre todo cuando las criaturas son pequeñas, aunque a veces también sucede con madres de adolescentes o incluso jóvenes – descarten los temas más controvertidos o dolorosos, los que se relacionan por ejemplo con los orígenes o con la ética de nuestras decisiones, diciendo algo así como «yo se lo explicaré bien y mi criatura no dará importancia a este tema». Pero nuestros hijos e hijas crecen… y le dan importancia lo que consideran que la tiene. Como evidencia este artículo de Maria Sellés Vidal, integrantes de la Associació de Filles i Fills de Donant (AFID)

Con los años que hace que gritamos aquello de “patriarcado y capital, alianza criminal”, no sé si es la capacidad de adaptación al medio de las humanas inteligentes– aquel “somos hijas de nuestro tiempo” que he leído a alguna compañera – o si todo es un retrato de la derrota absoluta frente a los valores capitalistas y patriarcales, impregnados y filtrados por todos los espacios como agua por cualquier grieta. Desde mi punto de vista, es exactamente esto: tenemos la casa llena de goteras. Pero aún hay quien va más allá, como una compañera adoptada y activista por la abolición de la adopción internacional y transracial, cuando dice que “todas somos muy feministas y anticapitalistas hasta que una mujer quiere ser madre y no puede”.

No hay materialización más simbólica (¡y exitosa!) de la unión entre capitalismo y patriarcado que las clínicas de reproducción humana asistida (RHA, a partir de ahora) y, para mí, la lucha tiene un objetivo claro: el desmantelamiento de todas las clínicas privadas y la fuerte limitación de las biotecnologías reproductivas, evidentemente siempre sin gametos de terceras personas anónimas, para casos estrictamente de naturaleza médica en la sanidad pública.

Para el contexto necesario, me presento. Soy hija de madre soltera por elección y de un chico que, en su veintena, vendió su semen de forma anónima. Han pasado 31 años y el hombre sigue siendo una persona anónima para mí, su hija biológica. También lo es para todos sus hermanos y hermanas, sus otros hijos e hijas biológicas, a quien yo tampoco conozco: no sé quiénes son ni cuántos son. Esta realidad, que mi madre no escondió nunca (como sí lo hizo al resto de nuestro entorno), me ha causado siempre un gran malestar: cuando era pequeña porque no lo entendía y cuando fui mayor, justamente porque lo entendía.

Quizás me equivoco, pero ahora os imagino a muchas adelantándoos al texto y aventurando una explicación para todo esto que digo; una explicación para mí. Madre de dios la de diagnósticos que me han dejado escritos en mensajes públicos y privados. ¿Qué clase de historia oscura debe tener detrás? ¿Qué otra cosa le debe haber pasado? ¿Cómo de mal debió hacerlo mi madre? ¿Qué ganas de protagonismo debe tener? Supongo que para las que tenéis hijas como yo, encontrar la razón es encontrar también el confort de pensar que vuestras hijas no han tenido las mismas circunstancias que yo o que vosotras no habéis hecho aquello que mi madre sí hizo, y que, por lo tanto, ellas no crecerán para estar así de desorientadas y enfadadas. Quizás os costará creerlo – a mí me costó muchísimo -, pero mi malestar alrededor de mi concepción y situación actual no tiene las raíces en mí, no es individual ni aislado ni descontextualizado. Tampoco tiene la raíz en otras violencias que he sufrido, ni en los errores que haya podido cometer mi madre como cualquier madre del mundo. En definitiva: el problema no soy yo ni mi historia particular.

En cambio, mi malestar viene de ser concebida para satisfacer una demanda con lógicas capitalistas de mercado. Esto quiere decir que mi padre biológico vendió su semen – la materia prima – cuando apenas debía tener 20 años des de una inconsciencia e irresponsabilidad absoluta hacia las consecuencias de aquel acto: yo. Y que mi madre compró el semen de un desconocido desde la misma inconsciencia del impacto que aquello tendría sobre el desarrollo  la salud mental de la persona que tanto deseaba crear. Pero ¿quién tiene la responsabilidad final de tanta inconsciencia? Pues ni más ni menos que quien se lucra de ello. Las clínicas de RHA fomentan, por un lado, un discurso medicalizado, frío y deshumanizado de las partes implicadas: reducir los progenitores a células, equiparar la venta de gametos a la donación de cualquier órgano, no informar nunca a vendedores ni a familias receptoras sobre el derecho de las persona nacidas a conocer sus orígenes y a la identidad…; y por otro lado, uno romántico sobre amor y altruismo – aún más violento que el anterior, si me lo preguntáis -: los vendedores son personas generosas que solo quieren ayudar o todo lo que necesitan las personas nacidas es amor.

Puntualizo antes de seguir que sí: escribo vendedores en masculino expresamente. Lo hago así porque la venta de óvulos va más allá de la captación de chicas jóvenes a través de discursos manipuladores; es, de hecho, la captación de chicas jóvenes a menudo pobres para someterlas a un procedimiento médico de unos posibles efectos secundarios y complicaciones muy graves. Vaya, lo que se conoce como explotación reproductiva.

Mi malestar viene de desconocer mis orígenes, mi historial médico, mi genealogía, generaciones de historias que desembocan en mí y que llevo en mí. De ser intencionadamente creada para no conocer nunca una parte integral de mí; para no tener acceso a una información que me pertenece y que es fundamental para mi existencia. Y de tener conocimiento, además, de que esta información es actualmente propiedad de una empresa privada. De saber que por el bien del negocio, a mí se me ha robado la identidad y la integridad emocional y física y después aún haya tenido que escuchar constantemente desde que tengo memoria que todo se ha hecho en nombre de quererme mucho y desearme mucho. Y que tengo mucha suerte. Y que soy una desagradecida y que qué debe estar sintiendo mi madre, pobre, escuchándome decir todo esto. La perversión. ¿De verdad tú no estarías desorientada y enfadada? Pues ahora imagínate cómo se sentirán las personas nacidas de doble donación. ¿Y las de embriones donados?

Mi malestar, pues, viene de ser un producto privado de derechos desde el día que nací.  

Os traigo ahora a estos señores de la fotografía como estudio de caso. De izquierda a derecha tenéis a Carlos  Bertomeu, José Remohí y Antonio Pellicer, de la valenciana IVI, y a Richard T. Scott, Paul Bergh y Michael Drews, de la estadounidense RMANJ. Estos señores son algunos de los oligarcas de la industria de la RHA. La fotografía es del 2017 i están tan contentos porque aquel día se habían fusionado en una unión, IVI-RMA, valorada en 1.000 millones de euros.

En enero de 2022, fondos de inversión como KKR y Permira ya les hacían ofertas de compra por valor de 2.000 millones de euros. De momento, IVI-RMA sigue en manos de estos seis señores, entre ellos, el CEO y presidente de la aerolínea Air Nostrum. No sé si fue el tercero empezando por la izquierda el que dijo que “su objetivo era que todas las mujeres puedan ser madres.” Por favor, sobre todo que no  se nos ocurra cuestionar la lección tan bien aprendida de que mujer es sinónimo de madre.

IVI-RMA también es quien, el pasado mes de junio, pintó de arco iris su logotipo. Es indudable, toda la fotografía desborda lucha por la liberación del género y la sexualidad. Hasta aquí el caso. Solo dejadme añadir que IVI-RMA resista aún en manos de los empresarios originales es, cuánto menos, una sorpresa. No es el caso de GeneraLife por ejemplo, otro de los conglomerados de clínicas de RHA más grandes de Europa, que desde el año pasado ya pertenece al fondo de inversión KKR.

Llegadas aquí, me pasa que encuentro muy preocupante que desde el feminismo y la lucha LGTBIQA+ se reivindiquen unas maternidades dependientes de esta industria. Y que, además, muchas de estas se cataloguen como maternidades disidentes y emancipadoras. 

¿Quién te dice que puedes ser madre tardía? ¿O que puedes utilizar las células reproductivas de otras personas? ¿Tu cuerpo o tu cuenta bancaria? ¿En qué tipo de industria estamos participando que decide de acuerdo con el nivel de pobreza quién puede ser madre y quién no? En este estadio del debate, hay quien plantea el argumento del progreso y la igualdad. Pero es que el derecho a la maternidad no existe. Indistintamente del sexo, identidad de género, orientación sexual, modelo familiar o salud reproductiva. No existe para nadie. Y este feminismo y movimiento LGTBIQA+ que lo reivindica, más que una lucha por la liberación del género y la sexualidad, parece que se haya convertido en una lucha para tener acceso a las mimas instituciones capitalistas y patriarcales que han servido para oprimir pobres, mujeres y cualquier persona que no sea un hombre cis heterosexual. La realidad es que el acceso a la RHA actual solo se puede defender desde una cadena de pensamiento capitalista: “lo deseo – lo encuentro en el mercado – lo puedo pagar” sin otro cuestionamiento ideológico ni ético, con la libertad individual y una supuesta “plenitud personal” por bandera.

También me parece importante una reflexión desde el punto de vista de la propia vida. Hablamos de poner la vida y los cuidados en el centro, de recuperar los ritmos naturales y de una producción libre de explotación. Resistamos a esta herencia de los valores capitalistas que nos ha dejado una pérdida de consciencia colectiva y a humanas desconectadas del propio cuerpo y emociones, deseantes solamente de placer y comodidades materiales, intolerantes a los límites del propio cuerpo, de la naturaleza y la Tierra, intolerantes a la frustración y consumistas de la abundancia de variedad y cantidad. Mientras tanto, normalizamos forzar embarazos a costa de nuestra salud física y mental y la de la persona que nacerá, cuando el cuerpo nos ha dicho repetidas veces que no, o cuando tenemos 20 años más de la edad en la que estamos físicamente preparadas para gestar y parir. Normalizamos la intervención de la tecnología como opción ordinaria y no excepcional. Normalizamos mujeres que han vendido sus óvulos – su fertilidad – cuando tenían 20 años y que con 40 han tenido que comprar los óvulos – la fertilidad – de otra mujer de 20 años. Realmente, no hay como el capitalismo para robarte lo que es tuyo para vendértelo después.

Y todo esto, ¿por qué? ¿De dónde viene este deseo irrefrenable de ser madre, del que me hablan tantas compañeras? ¿Esta sensación de realización a través de la maternidad? Ya sé lo que me respondéis: que es animal, biológico. Pero es que se me hace complicado defender esto y, a la vez, rechazar los argumentos biologicistas que sustentas el machismo y el patriarcado. Bueno, en cualquier caso nos hemos quedado sin espacio ahora para debatir esto, quizás en otra ocasión. Pero no puedo evitar que me venga a la cabeza toda aquella historia del deseo irrefrenable de los hombres por tener sexo que nos explicaron para justificar la violencia sexual. Qué queréis que os diga, pienso en que biología más conveniente le ha quedado al patriarcado: unos hombres que no pueden evitar inseminar a diestro y siniestro y unas mujeres que no pueden evitar parir.

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Suficiente

Ya he recomendado otras veces que sigáis el blog Se me secaron hasta las plantas, donde una madre por adopción argentina cuenta las vicisitudes de su día a día con sus tres criaturas adolescentes. Me identifico mucho con las cosas que comparte… si no las siento ahora, las he sentido en otros momentos.

Durante mucho tiempo sientes que no es suficiente, que no será suficiente… y un día sucede como el bambú… brota.

Es fácil para algunos criar hijes… cuando se han tenido todos los tiempos y los recursos simbólicos y emocionales para entrar a la crianza…

Les mapadres x adopción tenemos el desafío inmenso de ser tutores de resiliencia… no solo padres que cuidan y apapachan… y generar apego seguro. Reparar es diferente.

Somos padres y madres (sobre todo les de niñes grandes) que:

– NO somos acompañados por ninguna comunidad.

– NO Somos muchas veces aceptados por los niñes… o solo para lo bueno… para cualquier límite nuestres hijes tienen un brote que como mínimo andarás con el ojo negro por 1 semana.

– Somos insultados…o ignorados absolutamente. Nuestras propiedades más queridas y mascotas sufren la ira de los niños… y no sólo su ira… Cuando están bien… y quieren interactuar con el entorno muchas veces rompen cosas valiosas… aún, sin entender cómo les pasó.

– Son niños q mucho tiempo están en hipervigilancia o disociados… entonces el apego… es muy difícil de reestablecer.

– Son niños institucionalizados, que han sobrevivido bajo 2 premisas… llevarse toda autoridad x delante o ser invisibles… y créanme que es muy difícil desactivar ese mecanismo.

– Son niños sin hábitos de ningún tipo… de aseo, de respeto por el espacio y la propiedad del otro… han vivido tanto tiempo en espacios comunes que es muy difícil para ellos respetar la privacidad. Y toooodo eso… porque sus cuidadores primarios les han » abandonado».

Trauma , adversidad temprana y apego…

Nadie habla de eso cuando llenás una planilla para inscribirte. Nadie. Y sin embargo… son milagros que día a día sobreviven… incluso a nosotres, sus padres.

Hasta el último día en que viva intentaré ser mejor madre… pero de verdad que hay que estar en estos zapatos… ya sé que no soy buena madre. Soy todo lo buena que puedo. Seguro no es suficiente, pero lo intento.

Hay dos cosas que me molestan tremendamente de las películas, y las dos tienen relación con la maternidad. Una es que los bebés no lloren, no molesten, no interrumpan: los meten en la cuna y siguen con la escena. La otra es que los partos, sea cual sea la época y la cultura que se retrate, siempre sean en la postura más antinatural para parir: estas mujeres gritando tumbadas boca arriba como si las atendieran ginecólogos de la Ruber…

Esta parte de la historia cotidiana que siempre nos hurtan, esto sí que es el borrado de las mujeres…

Como lo es que conozcamos a Arthur Schopenhauer, el filósofo, pero no a Johanna Schopenhauer, su madre, una escritora muy apreciada en su época como novelista y autora de libros de viajes y organizadora de tertulias intelectuales en su casa.

Escucho en la radio a un tertuliano que se refiere varias veces a Ronan Farrow como «el hijo de Woody Allen». Se ve que lo tuvo por partenogénesis, que Mia Farrow no pintó nada.

Ay, el borrado de las mujeres…

¿Y cómo calificar, sino de borrado literal, tantas noticias sobre murales con mujeres de la Historia que los políticos de derechas han decidido eliminar o sustituir o que personas sin nombre han vandalizado tachando sus caras o escribiendo en ellas insultos o esvásticas?

Sirve de poco dedicar un día a decir a las niñas que pueden estudiar carreras de Ciencias-ciencias, cuando solo el 7,5% de los personajes históricos de los libros de texto son mujeres.

Nos borran cuando nombran a los científicos, a los escritores, a los políticos, a los artistas… siempre en masculino…  pero cuando toca nombrar otros oficios también importantes pero menos prestigiosos… ¡ah!, ahí salen las mujeres de limpieza. Se ve que ahí el masculino genérico ya no sirve.

Seguimos hablando de “médicOs y enfermerAs aunque en ambos colectivos sean mayoría las mujeres.

Seguro que han oído más de una vez la frase “cuando las mujeres se incorporaron al trabajo asalariado”. Una frase que transmite la idea de que las mujeres de generaciones anteriores eran todas amas de casa y que no fue hasta finales de siglo pasado que empezamos a tener oficios y profesiones… Historiadoras como Pilar Pérez-Fuentes ponen en cuestión esta idea en sus trabajos, que concluyen que el 40% de las mujeres que aparecían en los censos obreros de Sabadell figuraban en los padrones municipales como dedicadas a “sus labores”; que esta ocultación alcanzaba el 90% en la industria textil de localidades vascas como Balmaseda, llegaba al 50% en la agricultura de todo el país y rondaba el 75% entre las cigarreras vascas y sevillanas. Las conserveras gallegas, “a pesar de constituir el 90% de la mano de obra aparecían como no activas en los padrones, independientemente de su estado civil y su edad… ¿Por qué el trabajo que hacían las mujeres no quedaba en los registros y censos? ¿A quién beneficiaba invisibilizar esta aportación?

¿Y qué pasa con la medicina, que durante siglos – y aún hoy – ha tomado el cuerpo del hombre como medida y ha silenciado y borrado los síntomas y las enfermedades que afectan a las mujeres, que a menudo se han atribuido a factores psicológicos y emocionales?

María Lejárraga, novelista y dramaturga, escribió las obras con las que su esposo, Gregorio Martínez Sierra, conoció el éxito. ¿Cuántas Lejárragas no hemos sabido ni que existieron?

¿No borró a Sylvia Plath su exmarido Ted Hughes cuando decidió quemar parte de su obra para que no la pudieran leer sus criaturas?

¿Cuántas mujeres se han travestido a lo largo de la Historia, se han hecho pasar por hombres, para poder escoger su destino o simplemente para sobrevivir? como Nadia Ghulam, una chica afgana que durante 10 años (de los 11 a los 21) se hizo pasar por su hermano para trabajar en el Afganistán de los talibanes, donde las mujeres -borradas bajo cárceles de tela – no podían hacer nada, para mantener a su familia.

Como decía Virginia Woolf: durante siglos, Anónimo fue una mujer.

¿Qué sabía el mundo de los abusos y los acosos en el mundo profesional antes del #MeToo?

Los abusos, acosos, violaciones, se han contado siempre entre susurros, siempre de una mujer a otra, hasta que hace 4 días empezaron a producirse series, películas y documentales como «Infamia», “El caso Nevenka”, “Rocío – contar la verdad para seguir viva”, “The Assistant”, “Caza de Brujas”, “Allen v Farrow”… productos audiovisuales que narran, desde distintos puntos de vista y de distintas maneras, la misma historia, la del maltrato hacia las mujeres. Unas se complementan a las otras y que todas cuentan, por fin, esto de lo que siempre hemos hablado entre nosotras.

Nos han borrado del cine, de la literatura. ¿Cuántas películas hemos visto, cuántas novelas, en las que no salía ni una mujer con entidad propia? ¿Cuántos Síndromes de la Pitufina – lo que sucede cuando hay una sola mujer en un elenco masculino – nos hemos tragado? ¿Cuántas no pasan el test de Bechdel – que se cumple cuando en una película 1. Hay al menos dos mujeres que 2. hablan entre ellas 3. sobre cualquier cosa que no sea un hombre?

¿No nos borra el infradiagnóstico entre las niñas de casos de Altas Capacidades, Dislexia, Inteligencia Límite, TEA?

¿No nos borra que en buena parte del mundo se conozca a las mujeres por el apellido de su(s) marido(s)?

¿No nos borra del lenguaje – y del mundo – el omnipresente masculino genérico y la defensa a ultranza que hace de él la RAE?

¿Por qué seguimos hablando de Shakira? Porque, como dijo Sandra Yáñez, es un tema que nos atraviesa, que nos interpela. Como nos interpeló en su momento lo de Rocío, como nos atravesó lo de Amber Heard. No estamos hablando de ella: estamos hablando de nosotras.

Porque, ¿quién no ha sido Shakira alguna vez? ¿Quién, a pesar de ser inteligente, fuerte, independiente, no ha caído a cuatro patas en las garras del amor romántico, se ha hundido hasta las trancas y se ha dejado arrastrar? ¿A cuántas cosas no hemos renunciado por el dichoso amor? Por el pack completo: las mariposas en el estómago, el sexo salvaje, la familia feliz, la imagen pública de ser una pareja tan guapa, tan sólida, tan de verdad.

Cómo no empatizar con esta pobre muchacha, dolida, perdida, humillada, lejos de los suyos, que ha renunciado, o pospuesto, o reducido, su carrera, sus ambiciones, para ayudar a hacer crecer la de él, y se ha encontrado de repente en una ciudad ajena, en un entorno hostil y sin que nadie le devuelva todo lo invertido.  

Quién no ha querido gritar a los cuatro vientos las verdades que se calla por no hacer daño, por no señalar, por no sufrir represalias, porque no es elegante. Quién no ha querido puntualizar las versiones públicas o soterradas que corren de una historia que (también) le pertenece. Quién no ha querido escupir en los rescoldos fríos de una historia que, aunque agradezca haber dejado atrás, le ha pasado tantas facturas.

Quién no ha querido pasarse por el forro las convenciones y el qué dirán y tanto masticar y tragar, y hacer catarsis.

Quién no ha querido convertir el dolor en arte.

Quién no ha querido tener la última palabra.

Ya no, todavía no

Terminó el año con dos sentencias largamente esperadas: la de divorcio y otra que me dará una seguridad laboral de la que he carecido en los últimos 20 años, aunque quizás llega tarde para ser satisfactoria emocionalmente. Todavía quedan flecos, en uno y otro campo, pero sin duda son cierres. Cierres necesarios para poder mirar al futuro con largavista.

Siempre detesté la Navidad, hasta que la ilusión de los niños me hizo olvidarme de ser Grinch. Este año en la que ellos han pasado de decoraciones y han acudido a regañadientes a las celebraciones familiares, que han mantenido las formas solo para no decepcionar a su prima y que han preferido dinero a regalos, he vuelto a detestarla. Demasiado de todo: gasto, comida, encuentros, trabajo, melancolía.

Vamos adaptándonos poco a poco: B. va a la escuela, al gimnasio, está recuperando algunos de los amigos con los que fue a la escuela, pero echa de menos a los que dejó en Vallekas; A. también ha empezado a hacer pandilla, a salir con ellos. Yo, como dice R., estoy de guardia: esperando en casa a que entren y salgan. Entre guardia y guardia, quedo con amigas, voy a exposiciones, camino, leo, cocino, voy a yoga.

Pienso qué quiero para el futuro.

Estoy en este extraño momento entre el Ya no, Todavía no.

A primeros de enero de un año cualquiera,

con amores y nombres seleccionados,

con los huesos maduros a mitad de mi vida

me PROMETO solemne no sufrir demasiado.

Si me pegan, que peguen,

si me aciertan, me han dado,

y si pierdo en la Rifa,

será porque he jugado.

Me fastidian las penas,

me da alergia el enfado,

con el ceño fruncido

parezco un feto raro.

Año nuevo vida nueva

(¡Qué tópico más sano!)

Nueva luz ilumina

mi ascensor apagado

de subir a deshora

de estar comunicando,

de hacer la angustia en verso

de hacer el tonto en vano,

de sembrar mis insomnios

de tachuelas y clavos.

A mitad de mi vida

de par en par sonrisa y puerta abro,

—que no quiero acabar por los pasillos

con el corazón apolillado—.

PROMETO no volver

a ahogaros en mi llanto,

no volver a sufrir,

sin un motivo muy

justificado.

Las madres migrantes

Aunque no me gusta demasiado el futbol (solo lo veo obligada por el sándwich que hacen mi madre y B., futboleros ambos), vuelvo una y otra vez sobre los análisis que hacen las personas migrantes de la actuación de la Selección marroquí.

Ayer leía en un artículo que la clave de la victoria es la presencia de las madres de los jugadores: es el único equipo que se las ha llevado a Qatar, y son magnéticas esas imágenes de los jugadores con sus madres después de marcar un gol, ganar un partido: los abrazos, los besos, las caricias, los bailes. Hoy quiero compartir este texto de Wadia N Duhni compartido por el Colectivo Afrofeminista:

ESAS MADRES que dejaron su país de origen sin jamás haberlo querido, casi forzosamente y a lágrimas, tras despedir todo lo que una vez habían conocido y amado, lo sagrado de un hogar, el calor de una familia, o el olor de las calles que las vieron crecer.

ESAS MADRES que viajaron casi con lo puesto y con pocas más ilusiones que darles a sus hijos e hijas un futuro mejor, que se olvidaron de sí mismas para proveer a sus familias limpiando casas, baños; trabajando en cocinas o de sol a sol en los campos, sin contratos y en condiciones infrahumanas en una Europa blanca, racista y colonial que, ni con esas, pudo jamás doblegarlas.

ESAS MADRES que lloraron, rieron, batallaron, desesperaron y criaron solas, a muchos kilómetros de casa; que aprendieron a sostener a los demás sin ninguna red que las sostuviera a ellas, que hicieron malabares con las miserias que ganaban rompiéndose las espaldas los siete días de la semana; y que mantuvieron no solo a sus hijos e hijas, sino también a sus padres, hermanas y hermanos que se quedaron en sus países de origen.

ESAS MADRES que de verdad movieron montañas con su fe y con su tawakkul y que pusieron sus cuerpos para que a sus familias no les faltara de nada dentro y fuera; que no daban a basto con los cuidados, que sobrevivieron a todo tipo de violencias que las atravesaban transversalmente, que fueron aprendiendo el idioma a trompicones por mera supervivencia; y que, a pesar de la miseria, de la precariedad, de los márgenes, de la periferia; no faltaban a las reuniones del cole y luego del insti porque la educación de sus hijos e hijas no era negociable.

ESAS MADRES sin estudios que se enfrentaron como LOBAS a la academia y a lo que les echaran, que lucharon sin cuartel ni representación alguna porque se respetara su identidad y la de sus criaturas, que negociaron sin idioma el nacimiento de los comedores con opciones halal o el derecho de sus hijas a ponerse el hijab en las aulas si eso querían; que educaron desde y para la comunidad en sociedades europeas profundamente individualistas; que mantuvieron intactas sus raíces, que criaron y siguieron criando con unos principios y creencias históricamente machacadas en esta Europa occidentalocéntrica; y que no solo consiguieron eso; sino también que sus hijos e hijas portaran esas creencias con mucho orgullo identitario y con raudales de dignidad, a pesar de todo.

ESAS MADRES con hijab que tuvieron que enfrentarse a las miradas y comentarios de otras madres o de los profesores en el patio del colegio, y que aun así se presentaban siempre que podían para abrazar a sus hijos con una dignidad, reafirmación y empoderamiento que ya quisieran muchas.

ESAS MADRES que enseñaron más resiliencia que todos los gurús de la psicología positiva. Y que lo hicieron a través de lecciones de vida.

ESAS MADRES cuyos hijos fueron excluidos de los cumpleaños, que fueron construyendo puentes y alianzas poco a poco y que, si no quedaba otra; se enfrentaron cuerpo a cuerpo con el bullying y el racismo cuando todo el mundo lo llamaba «cosas de críos».

ESAS MADRES que llegaron a denunciar la islamofobia en las instituciones cuando aun no existía el término, y que se llevaron a casa la victoria de los ojos orgullosos de sus criaturas, aunque luego perdieran.

ESAS MADRES que jamás renunciaron a sí mismas ni a su fe, aunque eso les complicara la vida considerablemente por estos lares; y que fueron sembrando precedentes solo con existir y resistir. Existir y resistir.

ESAS MADRES que ponían platos calientes sobre la mesa todas las noches, sin excepción; aunque ellas a veces no cenaran, y que, a pesar de la crudeza real y exasperante de sus vidas; jamás dejaron de servir amor y ternura.

Cómo no iba a estar el paraíso bajo vuestros pies.

Por ESAS MADRES. La victoria, hoy y siempre, es VUESTRA.

El reggaetton es el nuevo punk

Nuestros hijos nos obligan a revisarnos y deconstruirnos. Lo pensaba hace unos días a propósito del futbol, que en este Mundial se ha revelado como un factor identitario fascinante (nuestras criaturas marroquíes no se identifican fácilmente con su país de origen, que desconocen y en el que no les quedan afectos; pero tampoco se les permite siempre identificarse con su país de acogida, cuando se les identifica y se les (mal)trata como extranjeros. En cambio, sí pueden identificarse con toda esa comunidad que sigue, admira y vibra con esta selección marroquí hecha de gente que nació o tiene sus raíces en Marruecos pero nunca – o escasamente – ha vivido allí; pueden identificarse con la diáspora); y lo mismo pasa con esta música que les identifica generacionalmente, el reggaetton.

Ya hace mucho que tuve que revisar mis prejuicios sobre el reggaetton. Hace mucho que asumí que las críticas que la gente de mi generación, mi clase, mi color, siente hacia este estilo tienen mucho de racismo y clasismo. Y también de ser viejos, claro: como me dijo un día R., el reggaetton es el nuevo punk, y los de mi edad lo miramos con el mismo resquemor y desconfianza con los que mi abuela miraba a los Sex Pistols.

Me ha encantado lo que dice sobre todo esto un músico cuyo estilo se ajusta mucho más a mi edad e idiosincrasia: Jorge Drexler

El presente tiene unas características musicales que me generan curiosidad. Si tengo unos días libres en Puerto Rico, me voy a La Perla para ver dónde se origina el reguetón y entender el rollo que tiene allí como música identitaria de la que están muy orgullosos porque ha tenido un alcance mundial como ninguna otra en español, salvo quizás el tango.

No hay que olvidar que el país tiene un conflicto identitario y esta es una canción de protesta, que pide que se vayan los estadounidenses o critica la privatización de la red eléctrica. Puerto Rico es un país muy castigado, pero siento admiración hacia su pueblo porque su vitalidad es enorme y ha sabido transformar el conflicto en cosas muy buenas. El Apagón es una canción histórica para definir a esa generación.

La gente que no conoce el reguetón y le parece espantoso porque no entiende nada debería informarse. Tendrá cosas muy deplorables, como todos los géneros, pero que tire la primera piedra el género que no haya sido misógino. ¿El rock and roll, el tango o la cumbia nunca lo han sido? Pero se dio la evolución, por suerte y tuvo que retractarse. Lo vemos en las mujeres que retrata Bad Bunny en Ella perrea sola o Marcela. Son fuertes, autónomas y muy sexuales, siendo dueñas de su sexualidad.

Ya se ha infiltrado en todos los estratos sociales, en un bar del underground de Puerto Rico ves perrear a los universitarios con otros sectores sociales más bajos. Y aquí también se perrea en todos los lados ya, rápidamente se ha impregnado. La barrera más difícil de saltar es la de la edad: que mi generación entienda que cumple el mismo rol que la cumbia hace 15 años, o que el rock hace 30, y también lo rechazaban por los padres.

Yo hablo de neofobia: empiezas a desconfiar de lo nuevo y a decir lo mismo de la música que bailan los de 20 que lo que decían los viejos sobre el punk. Lo mismo que se decía sobre el punk hace 40 años se dice ahora del reguetón. De lo poco bueno que tiene hacerse mayor es ver los ciclos repetirse porque si tienes un poco de autocrítica y de visión analítica te cuesta repetir la frase de que la música de ahora es una mierda y la buena era la de antes.

Ese chovinismo puede ser muy grave cuando enferma de xenofobia: pensar que tú eres lo bueno de la humanidad y el resto lo malo. Eso ha desembocado en guerras, y es lo primero que hay que combatir en la música. Para eso es importante escuchar a los hijos.

En casa, el futbolero es B.; es del Barça y no se pierde un partido. Sufre cuando su equipo pierde y es pone eufórico cuando uno de sus jugadores favoritos (Ansu Fati, Valde, Mbappé) marcan gol. A. suele pasar del futbol: le echa un ojo si está puesto, sabe más o menos cómo va la clasificación y no le emocionan demasiado las victorias ni las derrotas.

Hasta ayer.

Mientras B., P., y otros amigos, iban a favor de la Selección Española, él tenía muy claro que iba con Marruecos. A pesar de no conocer el nombre de ninguno de los jugadores. A pesar de no haber pisado el país donde nació desde que tenía 5 años, y no tener especiales ganas de volver. A pesar de que la mayoría de sus amigos, casi toda su familia, son blancos y de apellidos autóctonos.

Decía Manuel Vázquez Montalbán que los equipos de fútbol son los ejércitos desarmados de los pueblos; aunque estos ejércitos, hoy, llenan sus filas con jugadores nacidos lejos del lugar que representan. Los equipos españoles están llenos de futbolistas racializados que han nacido en otros países; o lo hicieron sus padres; pero también la selección marroquí está llena de jugadores que hace muchos años abandonaron Marruecos. Como Achraf Hakim, el artífice del gol de la victoria, que nació y creció en Getafe y pudo jugar al futbol gracias a los esfuerzos y sacrificios propios y de sus padres, vendedor ambulante y limpiadora.

Chicos que han crecido en los contextos racistas de la diáspora, entre miradas de sospecha preventiva y prejuicios, entre chistes sobre terroristas y “vete a tu país”, a veces incluso recibidos de fuego amigo. De compañeros de clase que no piensan que cuando escriben “Leña al moro”, esto afecte de alguna manera a estos amigos con los que comparten tardes de plaza y respuestas a los deberes.

Jóvenes que, a menudo, escogen como patria no el país en el que han crecido sino este en el que nacieron sus padres, sus abuelos.

Y que ayer estaban de celebración.

La adopción hace curiosos compañeros (compañeras, casi siempre) de viaje. Conocí a V. hace muchos años, a través de los foros con los que entonces nos comunicábamos las familias adoptivas, donde intercambiábamos información, angustias y esperanzas. Desde entonces, nos hemos mantenido más o menos en contacto y, a distancia, hemos visto crecer a las criaturas que llegaron desde miles de kilómetros.

Como la hija de V., que ya es adulta (muy joven) y que está a punto de empezar un nuevo reto vital que la devolverá a las geografías que la vieron nacer y donde pasó la primera etapa de su vida. Y así la vive (y relata) su madre:

(Fotografía: Eric Lafforgue)

Mi hija fue adoptada con 10 meses y es de origen chino.

En la actualidad tiene 20 años.

Ella siempre ha sido original en prácticamente todo.

Cuando tenía 18 meses señalo unos palillos que había colgados en la cocina, y aprendió ella sola a usarlos con sus pequeños deditos.

Cuando tenía 2 años tenía una compañera – también china y adoptada – en la guardería que negaba ser china. Me acuerdo de que mi hija me decía: “Mama, ¿es que no tendrá espejos en su casa? “

Claro está, los papas de la niña (ahora mujer) son de esos adoptivos para los cuales su hija se había originado por combustión espontanea…

Cuando tenía 4 años, se quejó en el comedor del colegio diciendo que por qué tenía que comer con tenedor cuando ella quería comer con palillos, que ella era china.  Y por supuesto según la mentalidad estrecha imperante en casi todos los colegios, se le dijo:” Tú a comer con cubiertos como todo el mundo (sic)”.

Cuando tenía 11 años decidió que quería aprender mandarín. Tomó clases particulares unos cuatro o cinco años, hasta que el profe (supermajo), y que no era profe como tal – sino que hablaba mandarín por ser  nacido en España de  padres chinos-  le dijo que ya no tenía bastante nivel de escritura como para seguir dándole clases. Había empatizado mucho con él, porque no solo le enseñó mandarín, sino que le ayudó a encontrarse a sí misma; y a saber más de su país de origen.

Él fue el primer vinculo real de mi hija con China.

A partir de ahí no sé cómo se lo montó, pero conoce chinos en todas partes.

Conoce bares regentados por chinos con clientela nacional, donde en la trastienda le preparan bebidas típicas de allí.

Estuvo en China cuando tenía 16 años y durante un mes, para saber si tenía un buen “feeling” con su país de origen. Y parece ser que lo tuvo.

En el 2021 fue admitida en una de las universidades públicas de la “Ivy League” china para estudiar Biotecnología.  La Universidad le ha dado una beca por la cual solo paga la mitad de la matricula. Estudia en inglés y en mandarín.

La política Covid en China ha hecho que vaya por su tercer semestre “online”, le quedan 5. 

Después de esos 3 semestres online y en horario chino (hay una diferencia de 7 horas) y si la política Covid no lo impide (que nunca se sabe), próximamente   viajara a China (ya le han enviado la carta de la Universidad para el visado).

Allí estudiara con otros estudiantes internacionales de países que a veces hay que buscar en el mapa y que tienen lazos con China. Otros asiáticos de todas las regiones de Asia (coreanos, japoneses, pakistaníes, bangladesíes, indios…)  africanos, de repúblicas exsocialistas soviéticas, rusos, latinos, etc etc.  Un conglomerado cultural rico rico. También con estudiantes chinos que quieren estudiar en inglés. Ella es la única española.

Vivirá en la Universidad, que es gigante. Ponen al alcance de los estudiantes todo tipo de recursos, académicos y deportivos.

Tardará 10 días en llegar como mínimo (porque ni eso se puede saber a día de hoy).

Dos días de vuelos más 8 días de cuarentena aislada en una habitación de hotel en primera escala, y 8 más cuando llegue a destino.

Y seguramente tardará más de dos años en volver, ya que le preocupa no poder volver a entrar en China si sale ( Covid, Covid…) .

Y mi intuición me dice es muy probable que en el futuro vuelva de visita.

Quería escribir esto porque es el único caso que sé de mujer china adoptada que vuelve a vivir en su país de origen. Si alguien conoce de alguien más, me agradaría saberlo.

Es prácticamente imposible que conozca a su familia biológica, pero a su manera ella ha cerrado el circulo.

Vaya por delante – aunque creo que se nota- que la admiro mucho.

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