familia monoparental y adopción

Seleme seleme

Por fin pude ver “Seleme, seleme”, un documental que narra la adopción de tres hermanos de Etiopía. Primero, uno de ellos, y posteriormente, a sus dos hermanos, menor y mayor, que quedaron en el país a cargo de sus tíos.

Aparentemente es una historia tierna, con unos protagonistas comestibles, que te hace sonreír y derramar alguna lagrimilla de emoción…

…donde ves el proceso de convertirse en familia, el empeño de una madre para que no se pierda la memoria de su hijo, el choque con una realidad distinta a la que esperaban, las cosas que se pierden… y las que se ganan.

A pesar de las cosas que no se cuentan, como qué ha sido de la madre de estos niños, qué proceso llevó a adoptar a los hermanos, el escaso papel del padre adoptivo en toda la película, o por qué les cambiaron los nombres a niños que ya respondían por ellos…

Pero…

…debajo de la historia “bonita” hay una historia turbia…. y esto hace interesante el documental.

…debajo de la historia que se narra, hay un subtexto, que explica cómo funciona la AI en Etiopía. En el caso de esa familia y en el de todos nosotros… con niños que no aparentan la edad que tienen legalmente, con familias biológicas vivas, presentes y amorosas, en la que se separan hermanos, y con la ausencia de preguntas respecto a la ética de todo…

… un subtexto que se hace explícito cuando el niño mayor, al final, dice “a mí no me llevaron porque era muy mayor, solo se llevaban a los pequeños”.

¿Quién se llevaba a los niños? ¿Quién escogía a los niños en función de su edad? ¿Quién se llevaba a la mercancía que les resultaba interesante y dejaban la que no lo era?

Esta es la historia que para mí merece la pena contar

Hemos hablado mucho de búsqueda de orígenes, pero a veces es al revés: son los orígenes los que nos buscan a nosotros (a vosotros, los adoptados).

No sé si conocéis esta página: http://ethiopianadoptionconnection.org/

Es una página donde las familias biológicas de adoptados etíopes buscan a sus hijos dados en adopción… no sé si también al revés (si los adoptados o sus familias adoptivas pueden buscar a las familias de origen).

En grupos de adopción voy viendo como cuelgan de vez en cuando los enlaces de búsquedas de niños adoptados en España. He sabido que algunas familias adoptivas están preocupadas porque circulen fotos de sus hijos (adoptivos) sin su permiso, y porque algunas de estas fotos son las que ellos han enviado para los seguimientos, que están, por tanto, circulando por el ciberespacio.

Como adoptante, me puedo poner en el lugar de estas familias,… pero creo que el ejercicio interesante es ponerse en el de los niños. Si el día de mañana encuentran (y encontrarán) la información de que sus familias biológicas les buscaban… y lo que sus padres adoptivos hicimos con esta información.

(La fotografía es una de las que ha hecho en Etiopía el magnífico fotógrafo Eric Lafforgue).

 

En Afganistán también

Seguro que a muchos les suena esto. Pues no, no fue en ninguna de las clínicas que todos conocemos… Fue en Agfanistán.

…al poco tiempo de asentarse en la capital ella empezó a trabajar en Marartún, una organización que ayudaba a las adolescentes que decidían escaparse de los matrimonios forzados y no tenían adónde ir, repudiadas tanto por la sociedad como por sus propias familias.

Muchas de aquellas niñas llegaban al centro embarazadas, esperando recibir la ayuda que necesitaban para salir adelante junto a sus hijos, pero la realidad era muy distinta. Sí, las cuidaban durante esos meses, asegurándoles que todo iba que todo iba a salir bien, pero aquello no era más que un horrible espejismo; a las jóvenes madres les arrebataban el bebé en el mismo momento de dar a luz, bajo cualquier pretexto o excusa, y ya no volvían a verlo. Les aseguraban que habían muerto en el parto o minutos después, pero lo cierto es que entregaban a los bebés en adopción a familias adineradas de Kabul que no conseguían tener hijos, y que pagaban muy bien por cada uno de aquellos recién nacidos.

“La primera estrella de la noche”, Nadia Ghulam

1000

Cuando empecé este blog, hace ya unos cuantos días, nunca imaginé lo lejos que llegaría.

Pasito a pasito hemos llegado a la entrada número 1.000.

Gracias.

Hemos estado debatiendo estos días la propuesta de Anna Gabriel de criar a los hijos en colectivo... y dándole vueltas han salido varios ejemplos.

  1. Lo primero que me vino a la cabeza fue una entrevista que leí hace muchos años a la cantante de los Jefferson Airplane, Grace Slick. Era una entrevista que le había hecho la revista Rolling Stone cuando ella estaba embarazada de su primera criatura, allá por los años 60, y le preguntaban cómo iba a criar a un niño en una comuna, si no sería un lío para él tener otros referentes aparte de la madre y el padre… ella contaba que los niños crecían muy bien en las comunas, que tener más referentes y más cuidadores era algo que enriquecía y que compartir los cuidados liberaba a los adultos…
  2. Después recordé ese grupo de gente, amigos de mi madre, con quien conviví un verano en Londres, allá por los años 80. Como los precios de las casas eran muy altos, habían comprado un caserón victoriano entre 4 personas: una pareja integrada por un hombre y una mujer, y otras dos mujeres, que no tenían pareja en ese momento (o no la tenían en la casa). La pareja tenía una niña de unos 3 años y una de las mujeres era madre soltera de un bebé. Tenían espacios individuales (habitaciones grandes para cada persona o unidad familiar) y espacios comunes (un salón, una cocina enorme, un jardín) y aunque cada familia era responsable de su criatura, el cuidado, como los trabajos domésticos, eran muy colectivos.
  3. L. llegó a España con su hijo R. cuando este era un niño de 2 o 3 años. Durante bastante tiempo vivieron en casas okupadas… finalmente, alquiló un piso, que le he visto compartir con parejas, amigos, parientes… y los otros 2 hijos que han nacido después. No es una organización permanente pero tiene bastante de tribu.
  4. C. es madre soltera de un adolescente. Desde siempre ha compartido piso con su madre y sus dos hermanos. Así que el niño tiene 4 adultos de referencia.
  5. Me pasa R. este recorte de prensa. La historia de Salvador Alsius, que con 5 compañeros de estudios decidieron organizar una comuna en 1975… y ahí siguen, 40 años y 6 hijos y varios nietos después. No os perdáis la entrevista, que es interesantísima:

¿Desde cuándo vives en comunidad? Todo comenzó en 1975, hace ya 40 años. Un grupo de compañeros de curso de la UAB, la mayor parte de Sociología, hicimos una especie de seminario sobre las comunas, tema de moda en ese momento por los ‘kibutz’ israelís y, sobre todo, por las míticas comunas de Berlín. Estudiamos el tema a fondo, hicimos charlas con Josep Maria Carandell, que había publicado un libro sobre el tema … Y seis de nosotros, tres parejas, decidimos más adelante probarlo.

La prueba resultó… Lo que era sólo eso, una prueba, todavía dura. Empezamos siendo seis personas. Cada pareja tuvo dos hijos. Para ser exactos, en total cinco hijas y sólo un chico, que además era el más pequeño. Por eso nos acostumbramos a hablar genéricamente de las “niñas”. La gente nos decía: ‘Esto acabará cuando tengáis todos trabajo, o ‘se acabará cuando tengáis hijos’. Pero fuimos superando esos supuestos obstáculos. Una de las razones para explicar la durabilidad: nunca hemos querido forzar la situación más allá de lo que podíamos asumir culturalmente. Es decir, no poníamos el modelo teórico ideal (o radical) por delante de lo que nos llevaba el día a día, con nuestras formas de ser y de hacer.

¿Es ese el secreto de la perdurabilidad? Las comunas de Berlín y muchas otras se fueron a pique porque hacían eso: “Declaramos abolida la propiedad privada” o “a partir de mañana, cambio de pareja”. Nosotros hemos llegado muy lejos en el terreno económico, pero lo hicimos sin forzar la máquina. Los primeros tiempos asistíamos a las reuniones de una llamada Coordinadora de Comunas de Catalunya. Nos miraban un poco como burlándose. Nos llamaban la comuna de las tres parejas. Digamos que veníamos a ser como la extrema derecha del movimiento… Pero, mira, aquí estamos, y en cambio de todo aquello no quedó ni rastro.

¿Es una comunidad o una comuna? Nosotros hemos hablado indistintamente de comuna, de comunidad, de grupo… Es que no sabemos exactamente qué somos. Tampoco hemos querido proponernos como modelo de nada. Curiosamente, en los últimos tiempos yo a veces hablo de tribu para referirme al grupo ampliado, con las parejas de las chicas, con sus hijos. Si contamos toda la pirámide, ahora estamos hablando de 26 personas. Pero ya sólo vivimos en la casa madre los seis fundadores. Como es lógico, la descendencia ha ido haciendo su vida.

¿Cómo organizáis las compras, los gastos, la limpieza, las comidas? Hemos tenido fórmulas muy diversas a lo largo de los años. Pero el trabajo doméstico diario (hacer la cena , planchar, doblar la ropa) ha ido por turnos, con equipos de una, dos o tres personas, según las circunstancias. Y luego, para los trabajos más continuados, los tenemos distribuidos según las habilidades personales. Hay para todos los gustos.

¿Quién ha decidido el cuidado y la educación de los niños?Obviamente, el cuidado y la educación de las chicas siempre fue compartida. Muy hablada, muy discutida, muy consensuada. Eso sí, en la línea de lo que decía antes sobre “no forzar ” más allá de lo que emocionalmente nos salía, Nadie reprimió nunca un “cariñito” especial hacia una de las hijas propias.

¿Qué problemas tiene este modelo de convivencia y qué ventajas? Problemas hay como en cualquier grupo humano. Y las crisis correspondientes, por supuesto. La manera de superar los problemas (puede parecer un tópico) no es otra que la tolerancia. Se trata de pensar que las ventajas superan ampliamente a los inconvenientes. Las ventajas son en primer lugar de carácter afectivo. Pero también hay de orden material. Es una buena vía para racionalizar el consumo, las decisiones económicas.

¿Se trata de una unión de familias o es algo diferente?Obviamente, es algo diferente. Difícil de definir. Hay que estar en casa un día de celebración de cumpleaños, por ejemplo, para poder entenderlo un poco.

¿Hay más grupos como vuestro en Catalunya? Antes habíamos conocido algunos. Por ejemplo Els Comediants habían vivido de una forma comunal. Creo que ahora ya no lo tienen montado de la misma manera. La verdad es que hoy por hoy no conocemos ningún grupo en Catalunya ni en el mundo que sea tan antiguo como el nuestro.

¿Por qué crees que no hay más comunas como esta? La verdad es que no es fácil nadar contracorriente en una sociedad que está montada primando siempre todos los aspectos de la familia nuclear: la arquitectura, el tamaño de las lavadoras, los comentarios de la gente… nada ayuda. La misma gente joven de casa se lo ha montado de forma mucho más convencional, en pareja. Aunque cuando se lo preguntan, se muestran encantados de la forma de vida que han tenido en su infancia y adolescencia. Mira, un WhatsApp que ha escrito una de las chicas sobre el interés repentino de los medios por lo que hemos hecho en casa: “Yo no sé si somos una tribu o no… Lo que sí sé es que estoy encantada de cómo nos han educado! Y me encanta tener tantos padres en quien confiar y tener tantos pipiolos para compartir penas y alegrías!!! Grupo forever”. Claro, lees esto y piensas: ha valido la pena.

Crianza en colectivo

Una declaración cazada del vuelo de Anna Gabriel, una de las diputadas de la CUP, ha levantado mucha polvareda. El titular se las trae: “Me satisfaría tener hijos en grupo, en colectivo“.

¿Qué es la crianza en colectivo? Según Anna Gabriel , un modelo que “No se centra en un núcleo tan pequeño como tenemos aquí en la familia nuclear. La concepción es que educa la tribu”. “No tienes ese sentimiento de pertenencia del hijo que has tenido a nivel biológico, sino que son tan hijos tuyos los que has parido tú como el resto”. Según ella, el modelo de familia nuclear es “muy pobre y enriquece poco”. “Me parece que tiende a convertir a la gente que tiene hijos en muy conservadora porque, como quieres lo mejor para los tuyos y los tuyos son muy pocos, se entra en una lógica a veces perversa”.

Las reacciones no se han hecho esperar. Desde las risas y las burlas a los cuestionamientos.

¿Es posible la crianza en colectivo? ¿Que un grupo de adultos más allá del padre y la madre biológica se hagan cargo de uno o más niños? ¿Sería parecido a las antiguas familias extensas donde convivían abuelos, tíos y primos y donde todos – sobretodo todas las mujeres – ponían su parte en la crianza? ¿Se puede convertir en familia – de forma exitosa, y permanente-  a personas que no lo son a priori?

No sé si se puede tener el mismo vínculo con tus hijos que con quienes no lo son, pero no tengo ninguna duda de que es más fácil criar 6 hijos entre 4 adultos que un hijo único una sola persona….Que muchos referentes, incluso varias pautas (incluso pautas algo contradictorias) son enriquecedoras para los niños.

Es obvio que no es una opción para todos, igual que hay gente que considera que no se puede criar siendo monoparental, o que es imprescindible tener abuelos cerca y presentes… o tener más de uno o dos hijos… o criar sin dejar de trabajar… y montones de personas lo hacen.

P.D. Si queréis leer más sobre el tema, aquí un estudio muy interesante.

La identidad

 

¿Qué es la identidad? ¿Cómo se crea? ¿Qué elementos forman parte de ella? ¿Qué nos define? ¿Es algo esencial, inamovible, o algo fluctuante?

¿Es algo que decidimos o que nos es dado? ¿Cuánto pesa cómo nos sentimos y cómo nos ven los demás? ¿Cómo afecta a nuestra identidad no conocer nuestra historia? ¿O conocerla y que cambie de golpe?

No me planteé el asunto de la identidad hasta tener hijos adoptados.

 El desconocimiento de sus raíces, la pérdida, la imposibilidad (en principio) de una conexión genética… pero también la distancia, la ruptura de su propia historia, vivir en un país distinto al que habían nacido, las decisiones que no tomaron, la distancia entre su cultura de origen y su cultura de adopción. Ser un negro, un árabe, en un país de blancos. Perder el nombre, si es el caso, perder el apellido, si llegaron a tenerlo. No conocer la fecha de nacimiento. Ni sus circunstancias.

No saber quién fue tu madre ni tu padre, no saber si tienes hermanos, abuelos, primos, tíos.

¿Qué pesa más en su identidad? ¿Ser negro? ¿Ser negro criado en una familia blanca? ¿Ser adoptado? ¿U otros factores que no tienen nada que ver con la adopción?

¿La identidad se crea a partir de lo que no es mayoritario, hegemónico, dominante? ¿Pesa más ser negro que ser blanco, ser homosexual, que heterosexual, ser discapacitado que no tener ninguna discapacidad (evidente)? ¿Tenemos que aprender a definirnos a partir de lo que no nos narran, lo que no está en el discurso, lo que oficialmente no existe?

Me acabo de leer “La primera estrella de la noche”, un libro de Nadia Ghulam,  una chica afgana que durante 10 años (de los 11 a los 21) se hizo pasar por su hermano para trabajar en el Afganistán de los talibanes, donde las mujeres no podían hacer nada, para mantener a su familia. Después se trasladó a España, donde vive con una familia de acogida, estudia y ayuda a su familia económicamente.

A lo largo del libro, Nadia se pregunta muchas veces cómo sería su vida si se hubiera quedado en Afganistán… no es exactamente una historia de adopción, pero mientras leía me venía a la cabeza si a mis hijos les pasará lo mismo, si se preguntarán alguna vez cómo habría sido su vida en su país / familia de origen, cuánto añorarán lo que pudo haber sido y no fue…

Y me pregunto si esto que pudo haber sido y no fue también es parte importante de su identidad.

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