familia monoparental y adopción

Familias reales

 

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Vimos con interés el programa “Familias reales” que esta semana se emitió en televisión. En el documental, que seguía a una familia homoparental, una familia reconstituida y una familia monoparental, participaba una conocida (la madre monoparental embarazada de su segunda criatura que acababa de perder el trabajo). Además, el cásting de familias a las que seguían en menor medida, como en fotos fijas, era muy interesante: hijos adultos de familias homoparentales o monoparentales, adopción, numerosas, sin hijos, un padre trans, y hasta una trieja. Me quedé con las ganas de saber más de todas ellas… porque los que hicieron el documental (y el debate que se hizo a posteriori) utilizaron el argumento de la diversidad familiar, siempre interesante y enriquecedora, como excusa para emitir un publireportaje sobre las bondades de los vientres de alquiler. La historia de los dos padres que esperaban un hijo de una gestante (“ella tiene clarísimo que no es su madre”) en Canadá ocupó la mayor parte del tiempo del documental, fue la única que concluyó a pesar de que en el reportaje vimos otros embarazos, luego se le sumó una larguííííísima conexión en directo con los padres recientes, la participación de varias mujeres que habían sido o esperaban ser madres gracias a vientres de alquiler en Ucrania (y que me recordaron siniestramente a las esposas de “El Cuento de la Criada”) y un debate donde se dio voz una vez más al discurso en defensa del derecho a llegar a la parentalidad utilizando cuerpos ajenos.

Lástima de ocasión perdida para hablar de cómo son realmente las familias reales.

 

 

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Demasiado mayor

Mucho hemos hablado del caso de la niña adoptada en la India a la que sus adoptantes españoles han abandonado al descubrir que era mayor de lo que esperaban. Seguro que nos faltan datos, pero sea cual sea la razón de fondo que ha hecho que una pareja vuelva a abandonar a una niña que se habían ahijado, sin duda después de años de trámites y espera, a los pocos meses de su llegada, conviene no olvidar que las criaturas no son mercancía que se puede “devolver” como si fueran unos zapatos que no son de nuestra talla, y que la parentalidad, y más la adoptiva, es como aquello que decía Lennon de la vida: lo que nos pasa mientras hacemos planes. Hay cosas para las que nadie estamos preparados y no nos queda otra que asumirlas y prepararnos sobre la marcha.

A este respecto, quiero compartir las reflexiones de N., que fue niña tutelada, es madre adoptiva y también trabaja en el sistema de protección de menores como profesional. Es decir, que conoce la adopción desde todos sus ángulos.

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De veras que me preocupa la falta de información, sensibilidad y criterio de nuestra población (también de los medios). NO debería haberse dado nunca la idoneidad a la familia que la adoptó (y la dejó seguido en situación de abandono) y, DESDE LUEGO, por inconscientes, también sería para denegar cualquier idoneidad a las personas “iluminadas” que se han ofrecido. Entiendo que hay alta motivación o necesidad o mucha fantasía o una empatía mal entendida, pero POR FAVOR seamos razonables… ADOPTAR es una gran responsabilidad que tiene que ver con SER FAMILIA, sin condiciones, para siempre y con mucho dolor y cansancio en el mejor de los casos. Tener un hijo o una hija debe ser meditado, y si es por esta vía, mucho más… Quizás ella o él jamás llegue a sentirte como p-madre, o sí, y con ello llegue el infierno.

La idoneidad específica rango de edad y si optas a niño-a sano-a. Lo más que se puede conseguir es que tenga esa edad (o lo ponga, y sea mentira. A menudo, creo que lo sabemos). En cuanto a la salud (y sobre todo salud mental) no sólo es que hay SIEMPRE necesidades especiales sino que hay cantidad de patologías asociadas al abandono y la institucionalización que ESTÁN AHÍ. A mayor edad, mayor riesgo. Que es ENORME. Sumemos que se han dado CIs en España como churros, que NO se prepara a las familias, que la motivación para adoptar, en general, nace de un profundo malentendido (incapacidad de gestar, caridad, moda, o mezcla…), y que en más de la mitad de los casos (hasta donde llegan las limitadas investigaciones) el vínculo que se establece no cubre las expectativas de lxs p-madres que están a años luz.

Que la Administración debería velar porque no se opte a la adopción a la ligera, por valorar a fondo, por MEDIAR con los países de origen para tener garantías, etc. SIN DUDA. Que tienen responsabilidad en este caso…también (para que creemos que nacieron las ECAIs, cómplices y además con lucro?) PERO…. mientras el proceso de adopción sigue tal como lo vemos sólo hay dos opciones: NO ADOPTAR O APECHUGAR. No puede ser que la niña haya pasado por esto y me parece GENIAL que se investigue y se depure responsabilidad PERO jamás el abandono y mucho menos poniendo la responsabilidad en la criatura (jamás!!! es una víctima!!!). Toca a lxs adultxs hacerse cargo que es para lo que se ofrecieron y cuidar y reparar!! Si no pueden, hay opciones de ayuda que podrían haber aceptado…

Entiendo que se hayan visto sobrepasados pero NADA justifica esta situación y que sufra un nuevo ABANDONO fuera del entorno y a esa edad. Una vez se acepta la asignación para mí no hay vuelta, y claro que pueden aparecer mentiras (y han aparecido!) pero sabemos que tenemos ese margen de riesgo… No estamos ante un objeto con garantías o publicidad engañosa, se hizo mal desde las instituciones y ECAI… Y me parece perfecto QUE DENUNCIEN, pero dejar a la niña no… Jamás…

La niña es LA PRIORIDAD. Haga lo que haga.

Feliz año nuevo

Como le sucede a tanta gente, mis años no van de enero a diciembre, sino de septiembre a septiembre: cuento la vida en cursos. Así lo hacía cuando era estudiante, lo sigo haciendo en mi trabajo en el que hablamos de “temporadas” y la vida escolar de mis hijos no hace sino encajar en este esquema.

Por esto me parece tan poético que hoy sea el año nuevo etíope

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Y también el año nuevo musulmán:

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Feliz año que empieza a todos.

 

Volvemos

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Volvemos a madrugar. El despertador a las 7 de la mañana ha marcado el final del verano.

Las prisas, los nervios, las dudas. ¿Me llevo mochila o no? Lavaos la cara, los dientes, ¡hay que peinarse!

¿Estarán todos los amigos? ¿Habrán “pegao el estirón”? ¿Quién será mi maestra este curso?

Bulla a la puerta del colegio, ruido de primer día, gritos, alegrones, besos, carreras.

Conocer a las profes (son nuevas las dos), presentarnos, evaluarlas cómo si fuera posible tomarles la medida de un solo vistazo. Saludar a las profesoras de otros cursos, otra vez por aquí.

Después, la presentación, la entrada en bici al ritmo de Verano Azul, los disfraces y las risas. La bienvenida.

Llegar hasta al coche y hacer el camino al trabajo de todos los días.

Quinto curso en la escuela, en la ciudad nueva que ya es un poco nuestra, en nuestra nueva vida.

Volvemos.

Cerrado por vacaciones

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Llegará un día

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Llegará un día en el que volarán y la casa se nos hará grande y silenciosa y tendremos que rebuscar en nuestra memoria para hacer todos los planes que su infancia nos ha hecho posponer. Llegará un día en el que entraremos y saldremos sin dar explicaciones ni ocuparnos de la logística, y los días volverán a ser largos y estaremos pendientes de un teléfono que usaremos más para llamar que para recibir llamadas. Llegará un día en el que haremos tupperwares con las comidas que más les gustan y se los meteremos en bolsas de tela para que al menos hagan algunas cenas decentes hasta que otro domingo vengan a comer. Llegará un día en el que dejaremos de plegar ropa pequeña y pondremos solo una lavadora a la semana o dos. Llegará un día en el que se estresarán cuando les digamos que vamos de visita y recogerán de forma precipitada los trastos esparcidos por el comedor, nos sentaremos en el sofá apartando con delicadeza un calcetín desaparejado para que no se den cuenta de que lo hemos visto. Llegará un día en el que llamarán para pedir que les vayamos a regar las plantas y dar de comer al gato y aprovecharemos estas visitas para recuperar los tuppers que han ido acumulando. Llegará un día en el que volverá a ser más barato y cómodo coger el metro, en el que volveremos a pasear por el centro de la ciudad y a meternos en cines o bares sin pensar que en casa nos esperan. Llegará un día en el que podremos escoger la música en el coche y dejaremos de ver dibujos en la tele y el mando siempre estará donde lo hemos dejado. Llegará un día en el que tendremos que hacer malabarismos con la agenda para conseguir que estén los cuatro al mismo tiempo y en el mismo lugar y nos enteraremos de las cosas de unos porque nos las contarán los otros, con los que habrán hablado antes y con más confianza. Llegará un día en el que repasaremos nuestra vida y nos preguntaremos cómo ha pasado todo tan rápido.

Aún falta. Pero esta historia tan tierna me ha hecho pensar que para nosotras también llegará un día.

4 años

 

 

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