familia monoparental y adopción

Repetir curso

G. llegó de su país de origen con 5 años. No había ido nunca a la escuela, no conocía el alfabeto ni los números. Tuvo que adaptarse a muchas cosas: el idioma, los olores, las costumbres, las normas…. vivir en una familia. Su madre pensó que sería una buena idea escolarizarle un curso por debajo de lo que le correspondía. En la escuela se negaron.

G. terminó la Educación Infantil sin saber leer ni escribir. Apenas conocía las vocales y las consonantes de su nombre, y los números del 1 al 5, cuando sus compañeros empezaban a leer y sumar. Su madre pensó que repetir el último curso de infantil le ayudaría, le permitiría adquirir estos conocimientos con los que debería haber llegado a primaria y le haría ganar tiempo para madurar. Pero en la escuela se negaron.

G. terminó 1º de primaria a años luz de sus compañeros. Aunque algo había avanzado, seguía sin saber leer ni escribir. Se sentía un marciano en su clase, estaba desconectado de los aprendizajes y su autoestima estaba por los suelos. Su madre volvió a pedir que le dejaran repetir. En la escuela le dijeron que no, que si acaso, si no conseguía los objetivos, ya repetiría a final de ciclo, en 2º.

A G. lo cambiaron de escuela y fue a parar a un centro donde fueron más comprensivos con sus circunstancias. Repitió 1º y lo terminó en el pelotón de cola de la clase, pero sabiendo hacer las mismas cosas que la mayoría de sus compañeros. Más maduro, más adaptado, fue cogiendo las competencias necesarias y empezó a sentirse mejor consigo mismo. Capaz. Disfrutando del aprendizaje.

Me he acordado mucho de G. en una discusión que hemos tenido sobre repetir curso. Una discusión en la que la mayoría de los participantes opinaban que repetir curso no servía de nada, los niños se sentirían fracasados, lo que hacía falta era darles apoyos, que es un castigo, que baja la autoestima…

Muchas veces escucho a padres (madres, sobretodo), explicar las horas que le dedican a las tareas, refuerzos, estudios… para evitar que sus hijos repitan… como si esto fuera el fin del mundo. Cuando a lo mejor, si se les permitiera ganar un año, ir más desahogados en los aprendizajes, consolidar lo de “antes”… todo sería más fácil.

Y me pregunto dónde está el problema. ¿En los discursos que a veces llegan del mismo colegio, de que repetir es un castigo por no trabajar lo suficiente? ¿En los padres que se sienten fracasados si sus hijos no son los más listos… o al menos tan listos como los demás?

¿No es un error ver la repetición como un castigo o un fracaso, como algo estigmatizante, en vez de como una oportunidad para aprender, consolidar, madurar?

Primer viaje

Han quedado muy, muy atrás en el tiempo los viajes que hice a Etiopía y a Marruecos para conocer / adoptar / recoger a mis hijos. La vorágine del día a día hacen que no piense en ellos muy a menudo… pero hace pocos días, una madre adoptiva que está a punto de viajar a conocer a su hija, me pedía consejos para este primer viaje. Y esto es lo que le dije:

Os recomiendo que estéis abiertos a cualquier reacción de vuestra nueva hija, desde una entrega inmediata al rechazo, pasando por tristeza, miedo, ansiedad, actividad exagerada… que no os toméis nada de lo que haga como personal. Que intentéis poneros en su lugar e imaginar lo difícil que es que unos extraños vengan a separarte de todo lo que conoces.

Igualmente, estad preparados para sentir emociones distintas a las que esperáis. Muchas veces no hay un flechazo, un amor inmediato, y esto no suele ser fácil de digerir.

Que aprendáis el máximo de palabras en el idioma de vuestra hija.

Que os llevéis fotos de vuestra familia, casa… para irla preparando para lo que se encontrará. Si podéis hacerselas llegar antes de ir, mejor.

Que documentéis todo lo que podáis de vuestro viaje. Seguramente perderá el idioma, así que grabarla hablando, cantando… puede ser impagable para el futuro.

Que intentéis averiguar en este primer viaje todo lo que podáis sobre la historia de vuestra hija. Pueden surgir informaciones y pistas impagables.

Que apuntéis todo lo que os pase en el viaje. Aunque parece que va a dejar un recuerdo indeleble, con el tiempo los recuerdos se desdibujan y hay cosas que desaparecen. Muy importante es apuntar lo que os cuente vuestra hija sobre su vida, historia, familia, pasado… es posible que con el tiempo lo olvide.

Madres de día

Hace algún tiempo que vengo leyendo sobre las madres de día, una opción de ¿escolarización? ¿crianza? ¿cuidado? que no me hace sentir cómoda, por esta posición a medio camino entre la economía sumergida y el trabajo amateur que tiene… N. ha escrito esta reflexión tan interesante sobre el asunto:

Hace poco estuve en un congreso sobre parentalidad positiva del ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad donde hablaban de ellas. Me pareció de un morro infinito. Hace unos 10 años una maestra conocida por mí hacía precisamente ésto y fue multada y perseguida… aquello era una guardería ilegal, y no era seguro con una persona sola, y no tenía un patio con las medidas reglamenterias… y ahora que están en paro montones de profesionales expulsadas de una red de escuelas de calidad porque se han vendido a empresas buitre ¡esta es la solución ideal!

Además muy en la línea del ministerio vuelve a decirnos a las mujeres lo que nos llevan diciendo toda la vida ¡los niños os necesitan a vosotras!, ¡las escuelas infantiles son malas! Así que si no te puedes quedar con tu bebé, madre consumista que ansías dinero, busca una sustituta. Nada de soluciones como red sólida de escuelas, donde si un bebé tiene 40 fiebre una persona diferente de la que lo está acunando pueda avisar a un servicio médico, a su familia y ocuparse del resto. No es seguro quedarse en casa con cuatro bebés sin posibilidad de relevo.

En un momento en el que deberíamos tener claro que las soluciones pasan por la corresponsabilidad, por la conciliación y por una red pública y de calidad de escuelas infantiles, en un momento en el que hay iniciativas como la PPINA, que nos planteen que lo mejor es la economía sumergida, el apáñatelas tú misma, y así cuidas mientras a los tuyos y no sales de tu casa… me parece denigrante.

No dudo que en alguna o en muchas de estas iniciativas se hagan trabajos de calidad, que haya excelentes profesionales, educadoras que se dejan la piel y su sabiduría profesional y también entiendo los motivos que pueden llevar a una familia a elegir esa opción PERO hay que pensar en donde nos situamos al elegir ésto, profesionalmente, políticamente, desde el feminismo.

Cuando hablábamos sobre las diferencias entre ser hijo único o criarse con hermanos, Elena, lectora del blog, propuso un tema que, de entrada, me puso a la defensiva. Y luego, me hizo pensar. ¿Deberían los adoptados ser hijos únicos?

Elena aseguraba que muchos niños adoptados necesitan tanta atención que tener un hermano les puede perjudicar, y que los sentimientos de pérdida, la falta de autoestima y de seguridad pueden empeorar cuando llega un hermano.

Me parece un punto de vista muy interesante. No sé si se puede aplicar a todos los niños adoptados, pero sin duda, muchos de ellos son niños muy demandantes, con muchas dificultades y necesidades, que precisan de más atención, de más apoyos… ¿Les estamos quitando lo que necesitan?

Estoy de acuerdo en que un niño adoptado, cuando llega a una familia, necesita mucho espacio, mucho tiempo y mucha atención. Siempre me han sorprendido (y preocupado) los casos de familias donde van llegando niños sin permitir a los que han llegado antes a tener su tiempo, su espacio, de hijo único o último en llegar. También en las familias con hijos biológicos (tengo cerca casos de hermanos que se llevan 18, 15… hasta 12 meses… en un caso, 9, y los que llegaron después eran gemelos; y he visto sufrir mucho a los mayores, ser obligados a convertirse en “mayores” cuando todavía son muy bebés), pero sobretodo, en las familias adoptivas. Pero me parece discutible que este tiempo, espacio, atención… tenga que prolongarse para siempre. Que no pueda llegar, si es el caso y así se desea, un hermano al cabo de 3, 4, 5… 10 años.

Es verdad que muchos niños adoptados sufren y se desestabilizan con la llegada de un hermano: yo lo he vivido en casa. Siempre he sentido que si para un hijo biológico es difícil “compartir” a sus padres, en un adoptado el sentimiento no es solo de “compartirse”… sino de ser sustituido. Y es algo difícil de afrontar y de gestionar. Pero también creo que cuando sucede, ver que la vida sigue, tus padres te continúan queriendo, que tus miedos a ser sustituido no se cumplen… es algo que a medio plazo refuerza la estabilidad.

Creo que, para un niño adoptado que tiene dificultades, un hermano adoptado puede ser un apoyo, un igual, alguien que ha vivido las mismas cosas, el único que puede entenderle… un hermano biológico más pequeño puede ser alguien que te enseñe a relacionarte de una manera más sana, más “normal”, sin los tics de los orfanatos. Es algo que yo jamás había pensado, hasta que me lo contó la madre de unos niños que iban a la escuela infantil con B.: el mediano, adoptado, era un niño que sufría efectos bastante perversos de una institucionalización muy dura en un país del Este de Europa, y cuando llegó su hermana pequeña empezó a hacer, por imitación, muchas cosas que se había perdido, por ejemplo gatear, aprendió a besar…

Quizás es cierto que la atención que requieren algunos niños hace incompatible la crianza de hermanos… pero no sé si darle esta atención exclusiva es realmente bueno.

Para los padres, porque tener otros hijos más “fáciles” les puede reconciliar con la parentalidad… para los niños porque les prepara poco para una vida futura en la que tendrán que estar en el mundo sin ser su centro, compartir la atención, convivir… ¿No puede ser que a largo plazo consigamos el efecto contrario, cuando este niño acostumbrado a tener unos padres para él solo, pendientes todo el día de sus necesidades (y solamente las suyas), aterrice en el “mundo adulto” en el que no está todo el mundo a su servicio? ¿No puede ser que algo que es bueno mientras es pequeño le prepare mal para cuando sea mayor?

Por otra parte, también pienso en lo que representa para los padres un niño adoptado (o no adoptado) con dificultades importantes. Es un niño que centra tu vida, todo gira entorno de él, genera preocupación y ocupación… la llegada de un hermano, en el mejor de los casos, te da la oportunidad de tener otra vivencia de la maternidad, menos estresada, menos preocupada, menos “terapéutica”… te puedes convertir en una madre más parecida a la que imaginabas. E incluso en el caso de que el segundo hijo también tenga sus dificultades, tener dos te permite relativizar muchas cosas, vivirlas con algo más de relax. Igual que para un hijo único, nos decían más arriba, representa mucha presión las expectativas que hay en él… creo que para los padres puede ser también mucha presión las expectativas que ha puesto en este único hijo.

Y aún en el caso de que este niño adoptado complicado siga necesitando más atención, más apoyos, más de todo… ¿no puede ser que en ocasiones, este “más de todo”, se lo dé precisamente el tener hermanos? si no en la infancia, sí en la vida adulta, en la que puede seguir necesitando este “plus” y quizás los padres no estaremos para dárselo.

Madres traumatizadas

Creo que era Nancy Verrier quien dijo que la adopción es el único hecho traumático en el que no se reconoce ni valida el trauma. Quizás no se habla mucho del trauma en adopción, pero cuando se hace, se refiere exclusivamente al que sufren los adoptados y, ocasionalmente, las madres biológicas. Pero, ¿sufrimos un trauma los adoptantes? Yo no lo había visto así hasta que , unos días atrás, I., madre de tres hijas adoptadas, hacia estas reflexiones con las que me sentí muy identificada.

Educar niños dañados es la forma más difícil de ser madre del mundo. Se necesita una fortaleza especial que no todas las personas poseen. Y luego pasa factura….., estoy convencida que la experiencia llega a ser traumática para las madres, se detecta más tarde, cuando se toma distancia.

Sacar adelante niños difíciles, niños con traumas, nos daña en cierta manera, nos mimetizamos con el daño del niño y se produce un antes y un después traumático porque nadie está preparado para afrontar según qué situaciones.

En definitiva, pasamos a ser parte de ese trauma porque sufrimos de pleno las consecuencias.

Si consigues convertir esa relación en una relación de respeto y empatía, ya va a ser el cielo mismo, pero tú ya serás otra persona , orgullosa de la batalla, pero cascada en muchas cosas que has tenido que vivir.

¿A qué padre/ madre que quiere adoptar se le puede explicar que esto ocurre en ocasiones???, y por supuesto, que entienda de qué le hablas?

Mañana quién sabe

La casualidad hizo que llegara a mis manos el libro “Mañana quién sabe”, las memorias de Lisa Lovatt-Smith, una editora de Vogue reconvertida a capitana de una ONG en Ghana.

Una infancia muy distinta a las convenciones de la época, con una etapa en acogida, una juventud trepidante en el mundo de la moda, una hija que llegó cuando menos la esperaba, simplemente porque no pudo mirar hacia otro lado, y que no le puso las cosas nada fáciles… y una evolución en el mundo oenegero digna de encomio, empezó fundando orfanatos y terminó ayudando a cerrar los que había, y ayudando a los niños a volver a sus casas, después de descubrir el negocio sucio que eran muchos de ellos: campos de trabajo forzado para niños y adolescentes y granjas de bebés destinados a la Adopción Internacional.

Extraigo solamente lo que le dijo un funcionario de la Embajada de Estados Unidos:

“La cuestión es esta: yo soy el encargado de legalizar las adopciones, y muchas veces entrevisto a las madres biológicas. A veces, estas mujeres saben que sus hijos no van a volver, a veces no. Pero, en todos los casos, han recibido dinero de un intermediario. Son estos intermediarios los que se hacen ricos, y suelen tener vínculos con los orfanatos privados. (…) Si los niños encajan en lo que Estados Unidos define como huérfano, realmente no podemos decirles que no a las familias de nuestro país. Y Estados Unidos define como huérfanos a los niños ‘abandonados o desatendidos': cualquier bebé que venga de algún tipo de orfanato sirve. Se le considera automáticamente huérfano, por haber estado interno allí aunque fuera sólo un día. (…) Sabemos que es un negocio , pero tenemos delante a un ciudadano de nuestro país que, en muchos casos, ya se ha encariñado con el bebé, se ha pasado tres meses en un hotel, ha pedido permiso en su trabajo. Lloran, quieren al bebé, y son nuestros contribuyentes, los que nos pagan el sueldo. Además, todo es legal, ¿qué vamos a hacer nosotros?”

Hoy, Día después del día de la Mujer Trabajadora, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda por qué tod@s deberíamos ser feministas:

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