familia monoparental y adopción

Archivo para octubre, 2010

Color carne

¿Qué es el color carne?

Este color, ¿verdad?

¿O este? ¿O este? ¿O este? ¿O este?

¿Cuántos colores carne existen? ¿Tantos como personas? Si es así, ¿por qué en los colegios se empeñan en llamar “color carne” sólo a este color carne?

“Es una convención”, me dice la maestra. “En todos los países del mundo se llama color carne a este color”. ¿¿¿En todos los países del mundo??? No me molesto a discutírselo, me limito a decirle que “por esto, en todos los países del mundo, los padres que tenemos niños con la carne de otro color, tenemos esta conversación con las maestras”.

Una profesora de apoyo en un colegio con mucha inmigración, me comentó con pesar que las niñas negras de 3 o 4 años pintaban las princesas de color marrón… pero cuando llegaban a los 6/7, las pintaban de color rosa. ¿Puede que el mensaje implícito en llamarle color carne al rosa tenga algo que ver? ¿O que a estas niñas, cuando pintaban las princesas de marrón, les dijeran como a mi hijo, que “sus dibujos son muy sucios”?

En uno de estos países del mundo donde existe la convención de llamarle “color carne” al rosa clarito, la empresa Crayola ha puesto a la venta un producto que consiste precisamente en una cajita de colores “de color carne”.

Large image of the product

(También se pueden comprar ceras o lápices).

Buscando por Internet sobre el asunto, he encontrado un libro que parece muy interesante. Se titula “¿Cómo es el color carne?” y lo ha escrito Olga Alamán.

Habrá que leerlo… y quizás llevarlo a la escuela.

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Estadísticas

 

Icono De La Familia Monoparental 3d

En el colegio de  mis hijos hay 18 niños adoptados. De ellos, 10 son hijos de familia monoparental. Hay niños nacidos en Nepal (2), Etiopía (2), Marruecos (2), Haití (1), China (1) y Guinea (2). 6 de las familias están encabezadas por mujeres, 1 por un hombre, y 2 de nosotras tenemos 2 hijos cada una.

Cuando viajé a Etiopía a por mi hijo mayor, éramos en el grupo 8 familias. 5 de nosotras éramos mujeres monoparentales (aunque una de ellas había encontrado pareja, que acabó convirtiéndose en el padre de sus hijos). 3 de ellas iban a buscar al segundo hijo, y de las otras 2, yo acabé adoptando también un segundo hijo.

Cuando se cerró la adopción en Etiopía para monoparentales, desde la ECAI me dijeron que el 40% de las adopciones que se hacían en ese momento en ese país éramos mujeres solas.

En el pueblo de mi hijo menor, en Marruecos, han kafalado 10 familias españolas. De ellas, 6 somos familias monoparentales. 2 de nosotras íbamos a buscar a nuestro segundo hijo.

¿Seguimos siendo minoría? ¿O sólo somos poco visibles?

Miradas

Una de las cosas que más me sorprendieron – y agobiaron – cuando llegó mi hijo mayor fue la cantidad de atención que empezamos a recibir, de golpe, por parte de desconocidos. Una mujer blanca con un niño negro debe resultar una rareza… así que nos empezaron a mirar. Con curiosidad, con simpatía la mayor parte de las veces, en alguna ocasión con desprecio o superioridad. Pero la cosa no se limitaba a las miradas. También empezaron las preguntas. ¿De dónde es? ¿Es tuyo o adoptado? ¿Su padre es negro? ¿Desde cuándo está contigo? ¿Cuánto te costó? Al principio, yo no quería que mi hijo percibiera que había nada malo ni en ser negro ni en ser adoptado, así que contestaba a cualquier pregunta hecha con educación. Pero pronto me di cuenta de que detrás de una pregunta, llegaba otra, que la curiosidad no se saciaba con nada, y que muchos querían saber cosas que pertenecían a nuestra intimidad. Así que empecé a desviar más la vista, a ser más seca, a desarrollar estrategias para quitarme a la gente de encima, incluso llegué a los malos modos en más de una ocasión. Aprendí a detectar en la mirada, en los gestos de los que se acercaban, quién iba a acribillarnos a preguntas incómodas, quién iba a hacer un comentario o un gesto de más. La estrategia funcionó, y poco a poco dejé de sentirme observada…

Hasta que llegó a casa mi hijo menor, blanco y bastante parecido a mí. Y entonces me di cuenta de que cuando andaba con él por la calle… me sorprendía que nadie nos mirara. Y entendí que mi hijo mayor y yo no habíamos dejado de llamar la atención: la única mirada que había cambiado era la mía.

Esta fotografía la tomó en Etiopía el fotógrafo español José Manuel Castro Pietro, ganador del Premio de Fotografía de la Comunidad de Madrid en 2003.

This is Africa

En la reunión del colegio, la maestra nos explicó cómo se iban introduciendo los conocimientos a partir de los propios intereses de los niños.

“Por ejemplo, M. ha enviado una postal desde Argentina… pues buscamos Argentina en el mapa, miramos que hay un mar que nos separa de América del Sur… y hacemos geografía sin decir que hacemos geografía. O a partir del Mundial de Fútbol… pues hablamos de África, de sus costumbres, de lo que se come allí…”

“¿Cuándo habláis de África, habláis así o lo hacéis con más rigor?”, le pregunto. “Porque en África hay 50 y tantos países, y las costumbres y las comidas no tienen nada que ver en unos y otros”.  Y es que estoy un poco cansada no sólo de los tópicos – que los hay sobre cualquier lugar – sinó de esta manía de considerar África “un todo”, algo sin matices. Que se haga una exhibición de danzas del mundo, y salga la de China, la de Brasil, la de Alemania… y la de África (por supuesto, niños pintados de negro con faldas de tiras de colores). Que en los foros de adopción aparezcan mensajes preguntando por “Cómo adoptar en África”, como si cada país no tuviera sus propias leyes y sus propios sistemas de adopción.

Buscando por el ciberespacio he encontrado un mapamundi (la proyección Hobo-Dyers) que me ha gustado mucho. En él no sólo hay una proyección espacial ajustada a la realidad (Europa es mucho más pequeña de lo que suelen mostrar los mapas tradicionales… y África, mucho más grande), sinó que nos enseña a ver el mundo del revés:

¿O es del derecho?

Ice Age

Sigo con mis películas… Ahora estamos con ICE AGE, hemos visto (varias veces), la 1, la 2 y la 3.

De la primera, me quedo con el mensaje de que hay manadas formadas por miembros muy inverosímiles: en este caso, un mamut, un tigre dientes de sable, y un perezoso muy pesado. Al que a pesar de todo, no dejan de lado. ¿Qué hace una manada? Convive, se cuida y se ayuda. Es decir, como una familia. Aunque sus miembros no compartan ninguna combinación genética coherente.

En la segunda, aparece la mamut hembra… que ha sido adoptada por una familia de zarigüeyas y cree que ella es una zarigüeya. Se comporta como ellas, se identifica con ellas… una vez más, se puede hablar de que las familias pueden tener miembros que no se parecen nada entre ellos… pero también de que es importante conocer nuestra historia, nuestros orígenes, para saber quién somos realmente. A esta mamut nadie le había contado que era adoptada…

Y en la tercera, el perezoso encuentra bajo el hielo unos huevos de dinosaurio… y en su empeño por ser “madre”, decide quedárselos. De los huevos nacen 3 hermosos dinosaurios, a los que baña, con los que juega, a los que arropa por la noche… hasta que llega la madre dinosaurio, que reclama a los tres bebés. Toda la película es un tira y afloja entre ambas “madres”, hasta que finalmente el perezoso se da cuenta de que tiene que dejar que los dinosaurios lleven su vida de dinosaurio con la madre dinosaurio… serviría para explicar como funciona hoy la AI en muchos lugares (buscar familias para niños que no las necesitan… sólo para atender el deseo de familias que no pueden o no quieren tenerlos), pero no voy tan lejos: lo que les cuento a mis chicos es que se puede tener 2 madres, y que se puede quererlas a ambas… y está bien hacerlo si esto te sale del corazón.

Madagascar 2

Tengo a mis hijos enganchados a la película “Madagascar 2”, lo cual quiere decir que yo también la veo bastante a menudo. Y me he dado cuenta de que es una película estupenda para tratar el tema de los orígenes.

En la primera escena, el león chiquitín es secuestrado por unos malvados hombres blancos… el padre intenta salvarlo, pero no lo consigue, esta escena me va bien para explicarles que aunque hay padres que se ven obligados a separarse de sus hijos, a veces lo hacen contra su voluntad y luchando con todas sus fuerzas para impedirlo (no digo que sea el caso de mis hijos; pero me parece interesante ir introduciendo estos asuntos).

Posteriormente, el león y sus amigos regresan a la tierra donde este nació. Desde el primer momento tiene una gran sensación de reconocimiento, aunque son sus padres quiénes le reconocen a él y se identifican mediante una marca de nacimiento que tienen padre e hijo. El encuentro es emotivo, los padres le enseñan el lugar donde dormía, le dan un juguete que tuvo de pequeño (y él no quiere separarse de éste), le cuentan cosas de esta infancia olvidada.

A la vez, la cebra, que ha crecido en un zoo, se encuentra con una manada de cebras y descubre que muchas de las cosas que creía que le convertían en alguien especial son características comunes de todas las cebras, caracteristicas genéticas. Esto viene bien para hablar de la genética, de los parecidos, de que podemos sentirnos extraños, únicos, en un lugar, pero en cambio, seríamos como todos los demás en otro…

En el momento de la llegada, el león se dirige a los animales de la selva en “indio”, hablando con gestos, y estos le preguntan, ¿qué dices de un accidente de avión? En esta escena me gusta remarcar cómo hay gente que se piensa que otros, por vivir en África, son más tontos o no saben de qué les hablamos… hablar de los prejuicios.

Posteriormente, hay un problema de códigos: los leones de África dicen algo que el león de Nueva York interpreta de manera distinta. Donde unos hablan de lucha, el otro entiende que es una exhibición artística… esto lleva al primer desencuentro con su padre, que considera que él no es un león auténtico, mientras que el hijo considera que un buen padre le habría advertido de lo que estaba sucediendo realmente.

Finalmente, este desencuentro se resuelve cuando se dan cuenta de que los códigos de Nueva York pueden ser útiles en determinados contextos (en este caso, con turistas norteamericanos).

Y la película termina con los animales de Nueva York dispuestos a pasar una temporada en África para conocer mejor sus orígenes, para disfrutar de aquello…

Bueno, no sé, igual es una paja mental… es lo que sucede cuando tu vida social con adultos se reduce a mínimos y dejas de pisar un cine durante 4 años…

¿Qué es ser monoparental?

“Yo soy monoparental”, me dice una amiga que se acaba de separar de su marido, padre de su hija, que sufraga la mitad de los gastos de la criatura y se ocupa de ella casi la mitad del tiempo.

“Yo soy monoparental”, me dice una amiga que no está casada con su pareja, padre de sus dos hijos, con el que convive y comparte gastos y cuidados de las criaturas.

“Yo soy monoparental”, me dice una amiga ama de casa cuyo marido, y padre de su hija, trabaja de 9 de la mañana a 9 de la noche y no se ocupa de la criatura – aunque sufraga con su trabajo los gastos de toda la familia.

Y pienso que hace falta mucha pedagogía en este asunto. Porque para mí, es monoparental la mujer o el hombre que asume en solitario el cuidado de su(s) hijo(s). El cuidador único y el proveedor único. El que se levanta todas las noches. El que baja al parque todas las tardes. El que les compra los zapatos. Y los abrigos. El que se ocupa de ellos aunque se encuentre mal o tenga ganas de dedicarse a otro asunto – o busca y paga a otra persona que se ocupe en su lugar. El que ejerce de policía bueno y de policía malo. El que toma las decisiones. Todas las decisiones. Aunque no se sienta preparado para hacerlo.

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