familia monoparental y adopción

Un cuento para Valentina

La mayoría de los cuentos infantiles tienen en su argumento la imposibilidad de tener hijos, la adopción o el abandono. Blancanieves es concebida después de años de infertilidad, Gepetto se fabrica un niño de madera ante la imposibilidad de tener hijos, Hansel y Gretel son abandonados en el bosque por su padre y su madrastra.

Pero el cuento que más me gusta sobre estos asuntos es el de Snegurotchka, un cuento ruso sobre una pareja mayor que nunca ha podido tener hijos, que fabrica una niña de nieve, es feliz durante un invierno y la pierde cuando la primavera la funde. Lo podéis leer en esta web sobre cultura kazaja.

Este cuento siempre me hace pensar en unos buenos amigos míos que adoptaron a su hija en Bulgaria y la perdieron un año después. La muerte de un hijo es algo tan tremendo, tanto, que ni siquiera hay palabras para contarla. Porque un niño que pierde a sus padres es huérfano, pero, ¿qué es un padre que entierra a su hijo?

La historia de mis amigos, sin embargo, tiene una segunda parte con final feliz. La que narró hace algunas semanas Almudena Grandes en este cuento para Violeta.

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Comentarios en: "Un cuento para Valentina" (2)

  1. Encontré tu blog hace un par de meses por puro azar, y ahora me tienes absolutamente enganchada. Cada entrada que haces me invita a hacer un comentario, pero la pereza y/o el pudor me pueden. Pero hoy, me he dedicido por fín tras navegar hasta el cuento de Valentina.
    Soy madre adoptante de una muñequita vietnamita y queremos que tenga un hermano, así que hace dos meses adoptamos un embrión para ver si lográbamos nuestro objetivo. Nada más conocer la gran noticia de nuestro positivo, supimos también del nacimiento de Valentina, que llegó al mundo un poco antes de lo previsto. Sus papás consiguieron embarazo tras 13 tratamientos de fertilidad, y aunque al principio venían mellizos el primero no tardó en abandonar el viaje. La noticia de la llegada de Valentina fue sonada, sus papás no cabían en sí de gozo, y anunciaron a todos los amigos qué, en cuanto la pequeña recibiera el alta, haríamos una gran fiesta.
    Pero una semana más tarde Valentina se marchó, de repente, dejándonos a todos mudos de dolor. Y mi pequeño embrión decidió acompañarla.

    • Lamento vuestra pérdida, y también la de los padres de Valentina. La verdad es que es muy duro vivir algo así, más aún en una sociedad a la que le cuesta reconocer estas pérdidas, dar espacio para el duelo necesario después de vivirlas.

      Y bienvenida!!

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