familia monoparental y adopción

Buscar o no buscar

Este fin de semana conocí por casualidad, en una fiesta infantil, a la madre de T., una niña nacida en Etiopía hace 4 años. Nos pusimos a hablar y me contó que tenía mucha información de la madre biológica de T. (a la que llamaba “progenitora”), que cuando había visto la foto en la que esta tenía a la niña en brazos, le había entrado deseos de romperla, pero que no lo había hecho porque, ¿quién es ella para tomar esta decisión?

Estoy de acuerdo en esto último, pero me entristeció que alguien, viendo que su hija fue querida por quién fue su madre antes que ella, en vez de alegrarse y agradecerlo, se enfada y encela. ¿De qué tiene miedo?

También me dijo que esas fotos, no se las enseñaría a T. (que tiene 4 años) “ni cuando tenga 5, ni 10, ni 15 años”. Y se sorprendió mucho cuando le dije que mi hijo mayor sí ha visto y ve cuando le apetece las fotos de su primera madre.  

Esto me dio que pensar en lo difícil que es gestionar todo lo que se refiere a la familia biológica, y lo poco acompañados que solemos sentirnos por los profesionales que se supone que entienden del asunto.

Cuando he consultado con psicólogos, siempre me han recomendado mucha cautela en estos asuntos, no adelantarme a sus preguntas (¿cómo van a preguntar si no les hablamos de ello?), incluso “guardar” alguna información (como las fotos, o los nombres). Poner cara o nombre supone pasar de lo abstracto a lo concreto, y esto puede “hacerles un lío”, dicen. Si cuando sean mayores te preguntan por qué no se lo contaste, me dicen, les tienes que contar que tu función como madre es protegerles, y esto implica dosificar y posponer la información.

Siempre me ha resultado curioso que por un lado insistan en que es mi responsabilidad de madre decidir cuándo hablarle de estos temas, pero por el otro, no me reconozcan el derecho a hablar de ellos cuando yo quiera si lo que yo quiero es hacerlo pronto.

Buscar a la familia de origen tampoco está bien visto, y mantener relación con ellos, como hago yo, todavía menos. Los argumentos son parecidos: los niños se hacen un lío (¿se hacen un lío porque les cuentas que tienen dos madres… o porque las tienen?), hay información dolorosa que es mejor posponer (¿hasta cuándo? ¿qué hay que contar antes y qué después, y por qué?)… y el argumento supremo: la búsqueda no es nuestra decisión: es la decisión de nuestros hijos.

Yo no acabo de estar de acuerdo, la verdad. Yo creo que la responsabilidad de los padres es tomar decisiones por nuestros hijos. Igual que decidimos dónde les escolarizamos, si hacen o no extraescolares, que tipo de ropa les ponemos, que aprendan inglés, que coman fruta… Hay que escuchar a los niños, pero somos nosotros quiénes tomamos las decisiones.

Esto no quiere decir que la decisión que tomemos no pueda ser “no buscar”, pero creo que es importante asumir que es nuestra decisión, igual que lo es buscar.

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Comentarios en: "Buscar o no buscar" (12)

  1. Me parece muy interesante,
    hablas de cosas que me resultan muy cercanas a pesar de no ser mamá por adopción, sino mamá soltera por elección con donante conocido.
    Si hablas claramente con ellos, las preguntas para concretar, para hacerse una idea sobre nombres, fotos, poder verlos, creo que van llegando solas…y sólo quedan dos posibilidades: Cortar la conversación y/o mentir o seguir hablando.
    Yo creo que el verdadero lío es sentir que todas las conversaciones se acaban en el mismo punto. Saber que se han pasado la vida imaginando a unas personas de un modo y que su madre que las conocía perfectamente siempre evadió las respuestas debe ser duro.
    Yo creo que se hace camino al andar y nuestro camino es hablando. Antes de la etapa preguntas pensaba que era mejor posponer para que no se hicieran ideas erróneas. Ahora creo que son peores los vacíos y los silencios, y si no quiero que se hagan ideas erróneas debo esmerarme en las explicaciones.
    Creo que en general se calla por miedo, por miedo a que nos quieran menos.

    • Tengo una amiga que es hija de padre desconocido. Su madre nunca le habló de él, y tampoco a nadie de su familia, así que ella no sabe de quién ha sacado su altura (en una familia de mujeres menudas), ni su cabellera rizada y negra (en una familia rubia). Y sí, sigue dándole vueltas, a pesar de que han pasado 40 años y su madre ya no está para preguntarle…

  2. pues si tienes información y crees que no es bueno compartirla con tu hijo, casi mejor que no se lo comentes a una desconocida, no? Si todo tu entorno conoce una cosa, esa fácil que alguien se lo cuente al interesado, aunque sea sin querer.

  3. Buena reflexión, Noelia.
    Yo pienso que es una barbaridad tener información y no dársela a la niña… que crees que con 5 años es pequeña? vale, dásela a los 10… pero dásela!! es suya!!
    Yo pagaria por tener aunque sea un nombre… me resulta dificil pensar en ella, imaginarla… sin tener ni tan siquiera un nombre… como no va a resultarle dificil a mi hijo? Me lo miro y pienso… esos labios perfectos serán de su madre? de su padre? y sus ojos? y entonces me siento mal por no saberlo, por no tener un nombre, una foto… y luego me siento aun peor porque sé que si yo me siento mal, mi hijo se sentirá mal… y quién la tiene no la usa? que triste.
    Quizá si, quizá sea falta de ayuda por parte de los profesionales…
    Laura.

  4. Estoy segura de que las madres que cierran la puerta del pasado de sus hijos adoptados, creen que les protegen. Pero:

    Cuando mi hija, casi de un día para otro, empezó a hablar de su madre china a todas horas (justo después de pasarse una tarde entera jugando a que nacía de mi barriga), se la veía TAN FELIZ que era imposible no alegrarse.

    Se lo comenté a un psicólogo y me sorprendió su pregunta inmediata: “y tú, ¿cómo te sentiste?”: Me di cuenta entonces de que seguramente la mayoría de las madres sienten una competencia en la madre biológica o algo así. (pobre madre bio, ¡cómo si alquien le fuese a dar la oportunidad de competir!)
    Mi respuesta fue que me sentí estupendamente porque veía a mi hija más que feliz. La veía radiante.

    Hace poco me dijo “te quiero a ti y a mi madre china más que a nadie del mundo”. Y , sinceramente, mientras ella siga feliz, hablando de ella (desde su imaginación porque es imposible que la recuerde), yo sería feliz aunque me dijese que quería más a su madre china que a mi.

    Yo quiero lo que quieren todos los padres del mundo: la felicidad de mi hija por encima de todo (y el primer “todo” soy yo).Y la veo mucho más feliz desde que ha decidido dejarse acompañar por sus dos madres. No me siento mal en absoluto cuando me habla de sus vivencias imaginadas con su madre bio. Pero si me sientiese mal y la viese feliz, priorizaría su felicidad sobre mis sentimientos. Para eso soy su madre.

    Por cierto, el psicólogo (maravilloso) me dijo algo tan bonito como: “imaginad juntas. Déjala que hable de su madre biológica con total libertad y que ella vea que tú también piensas en su madre biológica. Así verá que hablar de ella es algo bueno y permitido… de alguna manera, al compartir eso contigo, es como si tú fueras sus dos madres”

    No comprendo a las madres adoptivas que “borran” el pasado de sus hijos. Incluso aunque lo desconozcan, como es nuestro caso. No comprendo a las que llaman a su madre biológica : progenitora, barriga, una señora etc… para mi es terriblemente irrespetuoso, también para con el propio niño. Y seguramente muy doloroso pensar que has nacido de una mujer que merece ser “borrada”.

    Estoy segura de que mi hija sufrirá por no haberse quedado con su madre, por haber sido abandonada y por ser diferente a los demás niños de su clase. Pero sufriremos juntas porque, aunque es lo que más quiero del mundo, y precisamente por eso, lamento cada día que no pudiesen quedarse juntas, que estuviese meses sola en un orfanato, que tenga que ser la única china y la única adoptada de su clase y de su propia familia. ¡cómo me gustaría ser china para que nadie nos mirase por la calle!

    Lamento que su vida haya sido desde el primer momento tan injusta con ella, pero también con su madre biológica. Y haré todo lo posible para que sea feliz y crezca con amor y sin rencores ni fantasmas. No cabe en mi cabeza que negar, ocultar, callar, mirar a otro lado, “hacer ver que no pasó”, mentir etc. sea jamás bueno para nada, y menos tratándose de la más importante: mi hija.

    Y sí, yo también tomo las decisiones porque soy su madre. Busco a su familia biológica porque yo he decidido hacerlo, porque soy su madre. Igual que he decidido que vayamos juntas a clase de piano, llevarla siempre demasiado abrigada o dejarla que siga durmiendo conmigo.

    Yo decido que si alguna vez encuentro a su familia bio, no creo que se lo diga todavía porque es, en mi opinión, hoy, demasiado pequeña para manejar tantos sentimientos enfrentados. Mi hija no es capaz de entender que a su familia biológica, por ejemplo,no puede volver a vivir (cosa que estoy segura que deseará a lo largo de su infancia y adolescencia más de una vez).
    Pero ultimamente estoy conociendo historias de niños que han encontrado a su familia biológica y la visitan de vez en cuando y están tan felices.

    El “fantasma” de la madre biológica de mi hija me persiguió a mi los primeros meses a todas horas. Pensaba en ella día y noche después de la adopción. No quiero que sea un fantasma para mi hija. Quiero que exista, que imaginemos cómo es y si es más guapa, más alta, más lista y más buena madre que yo, mejor todavía.
    Sinceramente, pienso que debe ser así por la hija que ha tenido.

    A la madre biológica de mi hija, la vamos a querer y a respetar todos en mi casa porque eso es querer y respetar a mi hija… y porque yo he tomado esa decisión. Para eso soy su madre!! Ojalá todas las decisiones en la vida fuesen tan lógicas, humanas y fáciles como esa!

    Saludos
    Eva DE

    • Una vez mi hijo mayor me dijo que su madre de Etiopía era “más guapa que yo”. ¿Qué le contesté? Que es verdad, claro. Primero, porque es verdad (y por eso él es tan guapo), y segundo, porque me pareció que con esta frase me estaba pidiendo permiso para quererla.

    • gemma sanglas dijo:

      Eva,
      No he parpadeado ni un segundo al leer tu experiencia. Cada comentario, cada frase, …. era como si me estuvieras leyendo la mente.
      Ese sentimiento tan feroz por tu hija. Las experiencias que vas teniendo con ellas y las respuestas y sentimientos con los que las culminas, son espectaculares.
      Realmente, ellas son lo primero. Su dolor es nuestro dolor y una pequeña sonrisa nos abre un mundo de felicidad. Cuando la miro en silencio y pienso todo lo que injustamente ha vivido y yo no he estado allí para abrazarla, ni acunarla, … me pondría a llorar como una loca. Y entonces lo tengo claro, no puedo cambiar el pasado, pero por lo más grande del mundo, y ella lo sabe, que siempre estoy y estaré a su lado intentando darle herramientas para ser feliz y una persona sana y completa.

  5. Ningun profesional sabe mejor que tu qué, cuando y cómo decir y contar las cosas a tus hijos.
    Con esto no descarto todo lo que un profesional pueda aportar, ni mucho menos, pero siempre las cosas han de pasar por tu flitro, por tu corazon y tu sabrás qué es lo mejor para ellos en cada momento, si coincide con el psicologo bien, y si no, tambien

  6. Con mi hija hablo mucho de China, como dice ella. Hablar de China es hablar de su pasado, de su historia. Al principio me pedia que le contase que le pasó y se limitaba a escuchar el relato. El relato poco a poco empezó a narrarlo ella, a su manera, y con el relato empezó a hacer preguntas. De su madre biológica también habla, con dolor, bastante enfadada. Yo le hablo de su otra madre, de la madre de China o de la madre que la llevó en la tripa. Fue mi hija en un arranque de ira hacia ella la que me dijo que no quería que fuese su madre, que era sólo yo. Le dije que la respetaba y que si no quería llamarla madre ni mamá no lo haríamos, pero que eso no lo cambiaba. Y me negué a hablar de la “señora de la tripa” o “la señora de China” o cosas así. Y le pedí que le pusieramos un nombre. Despues de varios intentos decidimos llamarla Yangshe, como el rio que pasa por su ciudad natal. Y así ha sido hasta hace unos días que empezó ella sola a pedirme que le explique lo de la otra madre. Me lo suele pedir despues de jugar a estar en mi tripa y nacer.
    Me gusta hablar con ella de todo eso, de su madre china, de su abandono, de su estancia en el orfanato….. que exteriorice sus sentimientos, que me cuente sus penas y sus dolores…. hacemos una intimidad difícil de obtener cuando hablamos de otras cosas.
    Y siento que le estoy dando algo que la vida le ha quitado, una historia para comenzar.

  7. yo tambien soy madre adoptiva en etiopia, ¿me podeis decir como puedo buscar a la familia biologica de mis hijas?
    quisiera ir consiguiendo datos para el dia que quieran conocerles que lo tuviesen mas facil. gracias

    • El mejor sistema es viajar personalmente a Etiopía, a la zona donde nacieron tus hijas, y ponerse en contacto (con la ayuda de un traductor) con los servicios sociales de la zona. Si hay datos en el expediente, puede qeu no sea difícil localizar a la familia, muchas familias adoptantes han conseguido así contactar con los padres biológicos de sus hijos (incluídos algunos que en los papeles estaban muertos).

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