familia monoparental y adopción

Esta semana, mi hijo pequeño ha estado unos días ingresado en el hospital (ahora ya está bien).

La enfermedad de un hijo te enfrenta a la más inmensa de las soledades. Y no hablo sólo de la angustia y las preguntas (¿por qué no le llevé a Urgencias el día antes? ¿Qué habría pasado si hubiera esperado a la mañana siguiente?) sino a algo tan simple y tan prosaico como la logística.

Cuando una llega a convertirse en madre monoparental, en general es porque es una persona independiente, autónoma y autosuficiente, acostumbrada a hacer sola cosas que a otros ni se les pasa por la cabeza, como ir al cine, salir a cenar o viajar. Estás acostumbrada a guisártelo y comértelo y si no hay qué guisar ni qué comer, pues a pasar hambre sin protestar mucho.

Y de repente llegan los niños y te das cuenta de que no sólo tienes que aprender a aceptar ayuda (¡¡a mi edad!!) sino incluso a pedirla. Porque para criar a un hijo, una persona sola no es suficiente (no sé si lo es una pareja… creo que tampoco, que es cierto aquel refrán africano que dice que “es necesaria toda una tribu para educar a un hijo”, y que haber olvidado esto es la razón de muchos de nuestros males actuales).

“Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños”, decía Blanche Dubois en aquella maravillosa película, “Un tranvía llamado deseo”.

Estos días yo he dependido en casi todo de la amabilidad de propios y extraños.

Por ejemplo, de las enfermeras que me acercaban una taza de su café, o me ponían un zumo extra por si me apetecía merendar.

O un sms que me llegó al alma: “¿Y tú? ¿Qué necesitas? ¿Qué podemos hacer?”

Muchas personas respondieron a mis sms de auxilio. Los que acogieron de urgencia a mi hijo mayor, los que me acompañaron al médico y no se marcharon hasta que estuve instalada, los que me trajeron al hospital una muda de ropa, un cepillo de dientes, un libro y el cargador del móvil (lo imprescindible), los que acudieron para que pudiera salir a comer, a buscar un bocadillo o simplemente para que me pudiera duchar, los que me acercaron tuppers con comida, los que trajeron juguetes y un rato de diversión para mi hijo, los que asumieron la reorganización de mi agenda, los que cocinaron para que me encontrara con la nevera provista a la vuelta.

Y a la vuelta, lidiar con estos fantasmas que aparecen en el cerebro de mi hijo mayor cada vez que se activan los interruptores emocionales de la muerte en la familia y el abandono.

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Comentarios en: "La amabilidad de los extraños" (5)

  1. En pareja tampoco es fácil, aunque es menos difícil que sola. Los dos ingresos de mi hija he dependido de la mabilidad de otros, muchos extraños. Y la visita me toco el corazón fue la que al entrar me dijo: “vengo a verte a ti, la niña ya sé como está. ¿y tu?”
    Espero que haya pasado todo y tu hijo esté estupendo. Y al mayor… dale muchos mimos…..

  2. Me alegro muchísimo que ya esté bien tu enano… ¡qué susto! Ya te echaba de menos por aquí, seguro que no era yo la única lectora que se sintió un poquito sola sin tus actualizaciones…

    Yo, que he vivido de alguna manera lo de ser “madre soltera” en temas logísticos en el extranjero, y ahora vuelvo a España a tener marido y familia extensa, me planteo que es una verdadera suerte lo de tener esa doble experiencia. Y constato las diferencias, que son sutiles pero abismales (¿no fuiste tú quien subió hace unos meses un texto interesante sobre la monomarentalidad de Laura Gutman, que hablaba de la mayor solidaridad que reciben las madres solas?).

    No sé si también puede ser un tema cultural, o un tema familiar, o un tema de apreciación subjetiva personal o… pero yo noto una diferencia abrumadora entre las muestras generosas de solidaridad que el entorno (cercano o extraño) ofrece en un lugar o en otro, o entre ser percibida como madre sola o en pareja.

    Desde el típico cederte el asiento en el autobús cuando vas con los niños, o incluso el turno en el supermercado (aquí aún no me ha pasado nunca) hasta los mensajes sinceros de apoyo, con iniciativas concretas: “oye, que mañana vamos al cine con los niños ¿quieres que nos llevemos también a los tuyos? así tú te das una vuelta y te despejas”. Aquí mucha gente ha dicho a los niños “A ver si el sábado que viene vamos a ver tigres y elefantes”, o “Cuando quieras me dejas a tus niños, para que así tú puedas disfrutar una noche a solas con tu marido, que falta os debe hacer después de tanto tiempo separados”, pero aún no ha sido posible, después de dos meses, que quienes lo han propuesto encuentren el momento de llevarlos al zoo o pasar una noche de canguros.

    Aún estoy dirimiendo hasta qué punto se trata de una diferencia cultural, diferencias de la percepción de mi situación familiar o de que mi entorno allá es más generoso que el de acá. Me parece que es una combinación de los tres. Lo cierto es que, paradojas de la vida, a menudo me siento más sola como madre acá que allá. Cuestión de adaptarse y buscar de nuevo el hueco, imagino…

    Lo que es seguro es que mi experiencia como madre sola durante estos años, y mi dependencia a veces de las ayudas externas, me han cambiado para mejor. Soy más agradecida, empática y generosa con mi tiempo y mis recursos. ¡lo que te enseñan los hijos!

    • Probablemente sí, es una mezcla de las 3 cosas…
      La diferencia cultural la noto hasta yo, cuando iba con el peque en el carro y tenía que subir o bajar escaleras del metro (un niño de la mano, el otro en el carrito, a veces bolsas…) los únicos que solían acercarse a ofrecer ayuda, con gran diferencia, eran los inmigrantes. Tengo una amiga que siempre dice, en voz alta, a su hijo: “Con lo grandes que somos, y cuando tenemos que bajar una escalera nos volvemos invisibles!!”.
      Por un lado, se suele pensar que las parejas necesitan menos ayuda, por el otro, quizás se tema molestar… Inmiscuirse. En este sentido, las monoparentales llevamos algo de ventaja, aunque como dice Martucha, también hay gente que parece molestarse si le ofreces ayuda…
      Yo me ofrecería a hacerte algún rato de canguro si no estuvieras tan lejos…

  3. Yo, como Raquel (ahora he pillado quien eres Raquel!!) tambien te echaba de menos por aquí.
    Me alegro que tu hijo ya esté bien y viendo tu entrada de ayer… siento que tuvierais que pasar el segundo aniversario de vuestro encuentro en el hospital…
    Muchos besos al peque y sobretodo muchos tambien al mayor.
    Laura.

  4. Supongo que al final eso pasa en muchas circunstancias de la vida. Tengo una amiga que tiende a ser depresiva, en la etapa universitaria tuvo una depresión fuerte. Tenía un novio muy majo, y yo le pregunté una vez que qué tal estaba él, me contestó que era la primera persona que se lo preguntaba, que lo estaba pasando muy mal.
    Yo creo que a veces es porque por temas, no sé, culturales no te das cuenta de necesidades que están ahí, y a veces te da palo ofrecerte para algo porque también hay gente que se ofende.
    Yo tengo marido y dos hijos, además de abuelos y dos hermanas y sobrinas mayores que viven cerca. Tengo una red amplia que me facilita mucho ciertas situaciones, la verdad, y la aprecio con todo mi corazón.

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