familia monoparental y adopción

La madre de Marruecos

Ya he contado en el blog que mantengo relación con la madre de mi hijo mayor, que nació en Etiopía, es un camino de doble sentido, también ella recibe información y fotos del hijo que compartimos.
Me habría encantado hacer lo mismo en Marruecos… pero tengo la sensación de que es una realidad sociológica muy distinta. En Etiopía, como en otros países del África Subshariana, la madre soltera no está tan estigmatizada como en Marruecos (aunque sólo sea por el gran porcentaje de mujeres que crían a sus hijos – o nietos – ellas solas), y la intimidad tal y como nosotros la concebimos, no existe, me refiero a que es fácil que todo el mundo sepa si has tenido un hijo, y qué ha sido de él. Allí, si hay datos, no es difícil encontrar a las familias biológicas, y en general, las familias adoptantes que han contactado con ellas han sido bien recibidas, quizás porque cuando dan a sus hijos en adopción no piensan que van a perder totalmente el contacto (la ley etíope contempla que se mantenga este contacto).

Sin embargo, creo que es posible que en Marruecos, donde la mayoría de niños dados en adopcion son hijos de madre soltera, una situación muy vergonzante, puede ser una faena llegar a esta mujer y quizás ponerla en evidencia. Casi nunca hay datos de las madres (ni de los padres) de nuestros hijos, que muchas veces fueron abandonados, e incluso cuando han nacido en un hospital y hay una renuncia de la madre, los datos que esta deja pueden no ser ciertos (incluyendo el nombre).

Supongo que la situación de la madre soltera en un país musulmán es comparable a lo que fue la situación de una madre soltera en un país católico, como lo fue España hace no tantos años. El sexo pre-matrimonial está prohibido y estigmatizado por la religión, y la culpa recae siempre en la madre – y de rebote, también en el “hijo del pecado”. Una situación que mostraba muy bien la durísima película irlandesa “Las hermanas de la magdalena”, pero que también es el trasfondo de muchas historias de niños comprados (o robados) que leemos estos días en El País.

No sé nada de la madre marroquí de mi hijo. La imagino guapísima, inteligente y terca – como él – y también, sin más datos, por simple estadística, joven, soltera y asustada. No sé y probablemente no sabré nunca – y lo que es peor, tampoco lo sabrá mi hijo – cómo fue concebido, qué emociones rondaron la cabeza de su madre, cómo – o quién – decidió no quedarse con él, ni siquiera quién le abandonó. ¿Qué puzzle se puede componer con tan pocas piezas? ¿Se puede construir una identidad completa?

Yo siempre he necesitado saber, saberlo todo, incluso aunque duela, así que sé que llevaría muy mal la falta de información. No sé cómo lo vivirá mi hijo… de momento, sus preguntas no profundizan demasiado, pero su “otra madre”, su “madre de Marruecos” está ahí. Cuando hablamos de cualquier momento previo a su llegada, dice “yo no estaba: estaba en la barriga de mi otra madre”.

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Comentarios en: "La madre de Marruecos" (12)

  1. pues si que es verdad que, a diferencia de otros paises de donde proceden niños en adopción, en marruecos es un verdadero problema ser madre soltera…
    en casablanca (bueno, hay en otras ciudades creo pero esta fue la primera me parece) hay una asociación que se dedica a dar soporte a las madres solteras que quieren quedarse con sus hijos (Solarité Fémine)… la historia de esta asociación es para escribir un libro.
    de todas formas algunos progresos se han hecho, en el nuevo código de familia (2004) se permite inscribir a los niños que no tiene padres, antes no era posible y eso, además del estigma que reperenta ser hijo de madre soltera, impedía que pudieran acceder a la educación, a tener DNI, casarse…

  2. Me ha gustado mucho tu comentario de ‘el hijo que compartimos’… estoy convencida que miles de madres adoptivas no estarian de acuerdo con esta afirmación.
    A mi me crea una sensación de impotencia el estar en una situación como la tuya con tu segundo hijo, ni sabemos, ni posiblemente sabremos nunca… y esto me lleva a pensar que si a mi me crea este malestar, como no va a crearlo a mi hijoque es el principal afectado?
    Espero que si, que sepamos ayudarles a crear una identidad completa, a pesar de los vacíos de su historia.
    Yo tambien imagino a su madre y de hecho el otro día se lo dije a él… me miraba con esos ojos y le solté un ‘joé que guapa debe ser tu madre’

  3. Me parecen encomiables tu comprensión y tu interés en facilitarle esos tragos (seguramente difíciles) que le esperan.
    También me parece la postura lógica, pero entiendo que para muchos padres y madres sea casi imposible de asumir, supongo que por inseguridad e incluso por miedo a que abrir ese camino tenga para ellos consecuencias difíciles de controlar.

    Un saludo.

    • Y si unos padres/madres adoptivos no pueden asumir que su hijo tiene otra familia, ¿no deberían trabajar en entender y buscar el origen de esta inseguridad, que probablemente no está tanto en la historia de sus hijos como en la suya propia?

      • Totalmente de acuerdo, de hecho creo que esas son las cosas que se deberían trabajar en el Certificado de Idoneidad y al menos en los dos que he hecho yo, no me han hecho ninguna pregunta sobre mis sentimientos con respecto a la familia biológica o a los origenes de mi hijo.
        Muchos padres no quieren ni mencionar el nombre de madre para la madre biológica de sus hijos y se montan pajas mentales como que los niños se van a liar…los niños son mas simples y no se lian, son los miedos de los mayores los que los confunden.
        A mi también me preocupa manejar el no saber mas, el no poder decir si está en el cielo o en Etiopía.

      • Yo creo que los psicólogos (al menos algunos) van muy perdidos en estos temas… a mí se limitaron a aconsejarme que consiguiera toda la información posible, dando por hecho que era una cosa puntual, del momento, que ya quedaría cerrado para siempre.
        Estos mismos psicólogos ven muy mal no tanto que tenga información de la madre bio de mi hijo mayor, como que tenga contacto… y sobretodo, que comparta con él esta información y este contacto.

  4. A mí, como a ti, me gusta saberlo todo, lo necesito (hasta lo duro, como dices) y saber el día que nací, el día que fui concebida (lo sé, por casualidades de la vida y es, para mí, un tesoro), qué pasaba, cómo fue… eso significa mucho. Por eso, como a ti, me resulta tan duro que mi hijo no tenga esos datos. Ni esos ni ningún otro. Y tiro de imaginación para montar el puzzle con el.

    No sé lo que sentirán otras madres adoptivas pero yo, a la otra madre de mi hijo, le tengo muchísimo cariño. Puede resultar un poco tonto para quien no lo sienta así.
    Cuando pienso en ella también la imagino joven, guapísima, soltera y asustada (la terquedad, en cambio, se la atribuyo al padre) e imagino lo orgullosa que se sentiría de nuestro hijo, de que hubiese salido adelante, de verlo crecer sano y feliz.

    Espero ser capaz de transmitirle a mi hijo ese cariño y espero que algún día me pida que vayamos a buscarla. Sé que será casi imposible encontrarla y daría lo que fuese por conseguirlo.

  5. Nuestra psicóloga del CI dijo que “aquí no nos gusta llamar MADRE a la senyora que dió a luz a vuestro hijo” que esa es una “senyora” que la madre era yo…

    Lo pasé tan mal con el CI… tan terriblemente mal por miedo a que no me lo diesen porque me parecían tan monstruosas las psicólogas. Escuché de ellas comentarios abierta y claramente racistas !delante de nosotros que íbamos a adopción internacional!

    Era como decirte “esta es mi opinión, sé que no es la tuya pero no estás en posición de llevar la contraria”… y vaya si NO la llevé, con lo que a mi me cuesta… pero me pareció un abuso de autoridad.

    Supongo que muchas familias aprendieron la lección de llamarla “la senyora”. Es para llorar…

    Saludos
    Eva DE

    • Curioso, no?, que te digan como les gustan las cosas a ellos en vez de preguntarte – y acompañarte – en cómo te gustan a ti…
      Muchas familias habrán aprendido la lección, y otras se ven legitimadas para apartar a la familia biológica, algo que seguramente ya les viene bien. ¿Por qué nos sentimos tan amenazados? ¿No puede ser, como sucede con algunas parejas, que el miedo a perder nuestros hijos sea lo que acabe haciendo que los perdamos?

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