familia monoparental y adopción

Sherezade

Ha caído en mis manos un libro deslumbrante.

Se llama “Yo maté a Sherezade”, lleva como subtítulo “Confesiones de una mujer árabe furiosa” y lo firma Joumana Haddad, una periodista y poeta libanesa.

Aunque el ensayo nos es presentado por Mario Vargas Llosa com “Un libro revelador y audaz sobre las mujeres en el mundo árabe”, en realidad no habla de las mujeres árabes. Habla de una sola mujer árabe, la autora, una mujer muy distinta al estereotipo que suelen vendernos, que reivindica con el mismo ímpetu su independencia y su feminidad, que por supuesto no va velada, que escribe poesía erótica y que publica una revista que tiene como revelador título “Jasad”, cuerpo.

Hay pocos colectivos más estereotipados en el sentir colectivo que las mujeres árabes. Indefectiblemente las imaginamos veladas, sumisas e incapaces de pensar demasiado. 

Hace algunos días  vi un fragmento de la tv movie que TVE emitió sobre la injustamente olvidada por la historia Clara Campoamor, la mujer que consiguió el voto femenino en España en 1931.

Los argumentos que daban los diputados (y diputada) contrarios al voto de las mujeres: que ellas no estaban preparadas, que votarían lo que les decían sus maridos, o peor aún, ¡¡su confesor!!, me recordaron tristemente a los que usamos para defender a las mujeres árabes de si mismas. Hay que prohibir los pañuelos porque los llevan obligadas, la única manera de liberarlas es hacerlo a su pesar.

¿Hay algún otro colectivo al que se trate de forma global como menores de edad?

Otras mujeres árabes que vale la pena conocer si queremos salirnos del lugar común son la marroquí Fátima Mernissi, la argelina Assia Djebar o la egipcia Nawal El Saadawi.

O, más cerca, la catalana Najat El Hachmi, que consigue vernos a los de aquí con ojos de allí, y a los de allí con ojos de aquí.

En cuanto a Sherezade… todo el mundo conoce su historia: era esa chica que se casó con el terrible sultán Shahriar, que cada día se casaba con una mujer virgen y la mataba al día siguiente, en venganza por el engaño de la primera de sus mujeres. Sherezade era una gran narradora, y cada madrugada dejaba una historia inacabada, lo que obligaba al sultán a perdonarle la vida sólo otro día para oír la continuación.

Para Joumana Haddad, la historia de Sherezade “transmite a las mujeres un mensaje equivocado: “convence a los hombre, dales las cosas que tienes y que ellos quieren, y ellos te salvarán la vida”. No enseña resistencia y rebelión a las mujeres (…), en realidad les enseña a hacer concesiones y a negociar con sus DERECHOS fundamentales. Las convence de que complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo o lo que sea, es el modo de “abrirse paso” en la vida”.

Lo que las mujeres de la generación de mi abuela llamaban “mano izquierda”, vamos.

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