familia monoparental y adopción

Un parto en la seguridad social: 2000 €, una cesárea: 3500 €, tratamientos de fertilidad aproximadamente 6000 € (según intentos…12000, 18000),cada visita a la comadrona 60 €, ecografias normales 50 €…callarle la boca al capullo que te ha preguntado cuanto te han costado tus hijos NO TIENE PRECIO.

Recibí el texto precedente en Facebook, me hizo gracia y lo copié.

(Porque sí, la gente pregunta. Personas que jamás se atreverían a preguntarte por tu sueldo, preguntan sin rubor “Cuánto te ha costado tu hijo”. Yo he descubierto que suelen quedarse callados – y a menudo de color rojo subido – cuando les respondo, con mi mejor voz inocente, “¿Qué quieres decir?”).

Pero creo que el tema del “¿cuánto te ha costado tu hijo?”, además de respuestas ingeniosas, merece alguna reflexión más.

La respuesta “seria” más habitual es “los niños no cuestan nada, lo que cuestan son los trámites, las traducciones, los abogados”… y a veces, hay gente que añade la coletilla de que no hay nada de malo en pagar por un servicio que te ofrecen.

Pero yo sí pienso que, en ocasiones, hay algo de malo en pagar a un orfanato o una ecai… en ocasiones, el hecho de pagar convierte la adopción en un negocio muy goloso para los intermediarios (orfanatos, ecais, mediadores, abogados, etc). Y esto hace que, en ocasiones, cuando se “terminan” los niños que necesitan familia, los busquen entre los niños que sí tienen familia. En Etiopía, de donde es mi hijo mayor, muchos niños llegan directamente desde sus casas a la casa cuna de la ecai, por ejemplo, porque hay unos personajes (a menudo muy siniestros) que van por las plazas de los pueblos a “recolectar” niños de familias muy pobres y muy ignorantes. Esto, que está ampliamente documentado (circulan hasta vídeos del momento de la “recolecta”), es consecuencia directa del hecho de que la adopción mueva mucho dinero. La oferta se genera a partir de nuestra demanda, la de los padres.

He usado a conciencia palabras que usaríamos a la hora de hablar de comprar, por ejemplo, en el Corte Inglés. Porque estas prácticas convierten la adopción en compra-venta de niños, y por tanto, los niños en mercancía.

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Comentarios en: "¿Cuánto te ha costado tu hijo?" (13)

  1. Aunque estoy totalmente deacuerdo con el texto con el que empiezas tu entrada y es divertido, yo no lo copié en el facebook porque no estoy segura de por qué ha salido y cuál ha sido el motivo… me explico: alguien, sin mi permiso me agregó a un grupo de facebook llamado ‘no me gustas lucia etxebarria’… estuve una semana sin internet por culpa de una tormenta y al volver a entrar me informé de qué iba ese grupo, aunque me di cuenta que iba sobre adopción… hablaban de un texto de lucía etxebarria y le echaban pestes y mierda encima por haber dicho algo, yo no sabia que.

    Busqué dicho texto y hablaba de lo que tu comentas, de la corrupción y de si hay más demanda que oferta, (de niños) , y que esa demanda ‘sube el precio’ de los niños, etc…

    Desconozco si Lucía etxebarria está informada o no de la adopción, si tiene algún vínculo directo con este mundo y si habla en conocimiento de causa, pero no me pareció que el texto fuera tan tan descabellado, así que me dí de baja del grupo.

    En el mismo impass de tiempo salió ese texto con el que inicias tu entrada… así que no estoy segura de si tienen alguna relación.

    Si quieres leer el texto de Lucía Etxebarria, lo buscaré y te doy el enlace.

    Laura.

    • También me he leído el texo de Lucía Etxebarría… no me parece que diga nada que yo no pudiera suscribir (aunque algunos datos que maneja los desconozco al detalle, por ejemplo, lo que dice sobre China).

      Yo sí copié el texto “gracioso” en FB… pero me dio la sensación de que faltaba añadir algo más, y por esto lo he escrito aquí.

  2. Yo sí le copié el textillo en el perfil, para escándalo de algunos conocidos feisbuqueros sin relación alguna con la adopción que se llevaron las manos a la cabeza cuando lo leyeron (“Pero qué ignorantes los que preguntan esas cosas” dice una, “habría que patearles los huevos” comenta otra más pasional)… sin embargo estoy casi convencida de que en algún momento esas personas que escribieron escandalizadas en mi muro han hablado sobre los gastos exorbitados de la adopción y tienen un concepto de la familia adoptiva bastante ajeno a la realidad. Incluso, probablemente, alguna vez pusieron a mi familia de ejemplo al referirse al tema (en conversaciones en las que seguro yo no me sentiría nada reflejada).

    Pero es que los análisis más profundos sobre la realidad de la corrupción en la adopción son difícilmente compartibles con el “gran público” que no está familiarizado con la misma. Sería, de alguna manera, legitimar ese tipo de preguntas que son, cuanto menos, ignorantes, y cuanto más, muy cabronas.

    Por eso en lo que contáis yo veo dos frentes a los que enfrentarse (o de los que defender a nuestros hijos):

    Por una parte un gran porcentaje de la población, que consideran a los hijos adoptados como hijos de segunda y que dicen/piensan/sienten esas cosas de “se quieren casi como si fueran propios, ¿verdad?” o “fíjate qué buena obra hizo Fulanita al adoptar a Pepito”, o “yo adoptaría un negrito ¡con lo monos que son! Pero es que sale tan caro…”. Con esos, si tenemos ganas y fuerzas, podemos ir culturizándolos, y esperar que, con el tiempo y el roce de todos nosotros, sus hijos sean menos analfabestias que ellos.

    Por otra parte están, menos visibles pero igual de peligrosos, los que apunta Laura. Aquellos padres adoptivos que deciden cerrar los ojos y matar una y otra y otra y otra vez al mensajero que les cuenta la terrible realidad del tráfico de niños para la adopción; que creen que los hijos adoptados no se diferencian en nada de los hijos biológicos; que consideran que hay que pasar de puntillas sobre la “señora que les tuvo en su barriga” porque en realidad ellos “nacieron de su corazón” al llegar al aeropuerto; que es “normal que los niños de África se mueran” y que sus hijos son “sólo españoles”, que se escandalizan muy sinceramente del racismo cuando los compañeros de cole llamen despectivamente “negros” a sus “bomboncitos de chocolate”, etc.

    El problema está en que las herramientas para enfrentarse a unos o a otros no son sólo diferentes, sino aparentemente antagónicas:

    A los primeros hay que hacerles ver que NO hay diferencias entre una familia y otra, que nuestros hijos, por ser adoptados, no tienen necesidades especiales ni riesgos añadidos… para que no perjudiquen a nuestros hijos y no perpetúen con los suyos prejuicios que son, cuanto menos equivocados, y cuanto más dañinos.

    A los segundos hay que hacerles ver que las diferencias SÍ existen, y que las necesidades de sus hijos son realmente especiales derivadas de su adopción (identidad, orígenes, autoestima, etc), así como darles herramientas para que conozcan y puedan enfrentarse a la realidad del tráfico (a ser posible antes de que comiencen su proceso adoptivo) de una forma responsable, para que no perjudiquen a sus hijos ni perpetúen la trata con su dinero en los paises de origen de sus hijos.

    Como veis, son discursos difícilmente tratables de forma superficial, y casi diría que irreconciliables.
    El problema está en cuando esos discursos, tratados de manera más o menos superficial, cruzan su público.

    Creo que eso es un poco lo que ha pasado con la historia de Lucía Etxebarría. (Me ha ganado la curiosidad después de lo que ha escrito Laura y he intentado seguir un poco el asunto a partir del grupo que ella referencia http://www.facebook.com/home.php?sk=group_128043310608275¨y las notas que ha publicado en respuesta la escritora http://www.facebook.com/pages/Luc%C3%ADa-Etxebarria/149885159988?sk=notes)… y, en general, es la historia de nuestra “lucha” cotidiana…

    Un beso, gracias por hacerme pensar y ordenar mis pensamientos.

  3. ¿Pero cómo es posible que alguien te pregunte cuánto te han costado tus hijos?

    • Bueno, parece que cuando tienes hijos adoptados, está la veda abierta para preguntar todo tipo de cosas indiscretas, como por ejemplo, por su familia biológica.

    • Pues debe de ser algo más habitual de lo que nos pensamos. Mi hijo, de cinco años y adoptado, me preguntó el otro día, con cara de sustillo y un poco como quien no quiere la cosa, si los niños de su país se compraban… Si se lo ha preguntado alguien de su clase, será porque algo habrá oído en casa, no?

  4. En mi caso hubiese tenido que preguntarle: ¿Tienes calculadora? Porque tengo que incluir gastos de universidad, psicólogos (míos y suyos), multas adolescentes, clases particulares, parque de atracciones, cine, viajes… ? En fin.

  5. Qué buen comentario, el (primero) de Raquel.

    En cuanto a la relación oferta/demanda, yo me temo que pueden suceder las dos cosas a un tiempo: que se “genere” oferta a causa de la demanda, y que aun así que la demanda no llegue ni por asomo para hacerse cargo de los miles de niños que, solo en Addis Abeba, vagan abandonados por las calles (“El imperio de la vergüenza”, J. Ziegler).

    Paciencia y ánimo, madres.

    • Portorosa, el problema es que la “mercancía” que hay en “oferta” no responde a la que demandamos: niños sanos, pequeños, con los papeles en regla. Para esta “mercancía”, dice UNICEF que hay 6 solicitudes de adopción por cada niño adoptable.

      Los niños que malviven en las calles de Addis Abeba (los recuerdo bien) son niños que en muchos casos tienen familia. Y los niños mayores, o con problemas de salud, que también malviven, de otra manera, en orfanatos de muchos países del mundo (también el nuestro) no son considerados “deseables” por la mayoría de familias adoptantes.

      Está claro que la adopción internacional (y la nacional) tal y como la conocemos, tiene que cambiar mucho.

      • Abundando un poco más sobre el tema… Hablas de las características de de la “oferta demandada”: sanos, PEQUEÑOS y CON LOS PAPELES EN REGLA.
        Estas dos últimas características son excluyentes en la mayoría de los casos, porque en lo que los papeles se arreglan los niños crecen.
        El proceso de pérdida de patria potestad suele ser largo y farragoso en la mayoría de los casos… a no ser que se falsifique o “arregle” la documentación del menor y se cambie a un niño abandonado por un niño expósito, por ejemplo. O se “maten” a sus padres…
        Ahí reside el problema. No es lo mismo la ilegalidad con la falta de ética. En muchos casos, el arreglo de la documentación es lo único que diferencia a un niño adoptado y feliz con poca institucionalización de un niño muerto por una institucionalización eterna (y hablo de forma completamente literal).
        Lo que pasa es que los mecanismos para “arreglar” los papeles (que una vez en el lugar no está mal visto, porque salva vidas) los pueden utilizar igual los que desean ayudar a los menores que los que desean lucrarse con ellos. Ahí comienza el problema.
        Lo que hay que cambiar son los procesos burocráticos (probablemente ni siquiera habría que tocar mucho las leyes) que siguen los menores antes de entrar en los canales de adopción. Lo que pasa es que, como apuntaste en el artículo anterior, Madre de Marte, nadie habla por esos NIÑOS NADIE.

        Otro beso,

        Raquel

        P.D. Claro que puedes usar la entrada anterior si te parece interesante, es halagador… pero como la escribí a vuela pluma creo que no está tan clara como debería, si me das un rato luego a la hora de la comida la repaso para corregirla, si te parece bien.

      • Tómate el tiempo que necesites, faltaría más!! Y gracias.
        Y sí, tienes razón también en lo que dices aquí. igual que las legislaciones que pretenden ser garantistas para los niños (que no puedan ser sustraídos de sus padres) hace que a menudo estos niños se conviertan en inadoptables. Por esto, a menudo, ,estas leyes garantistas acaban generando trampas a las que se acogen, como bien dices, los que quieren desinstitucionalizar a los niños… y los que quieren sacar beneficio de su adopción.

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