familia monoparental y adopción

24 horas

De todos los niños que estaban en la crèche con mi hijo pequeño, sólo recuerdo bien los “mayores”, los que tenían la edad de mi hijo o más (alrededor de los 2 años… y 3, 4, 5, 6… hasta 14). No llegué a conocer a la mayoría de bebés por su nombre y tampoco los cogí en brazos, ni les di biberones… mi día a día estaba “monopolizado” por los chicos mayores, a los que acompañaba al patio, alzaba en brazos, cantaba, reñía…

Una de las criaturas que se me han quedado clavadas es una niña de entre uno y dos años cuyo nombre desconozco, que sólo estuvo 24 horas en la crèche.

Cuando entré, una tarde, estaba de pie en una de las cunas, llorando desconsolada. Me acerqué a ella, le acaricié las mejillas llenas de lágrimas, y se calmó. Apoyó la cara en mi muslo, y algo, no sé, el olor, el calor, mi voz, el tacto de mi mano… pareció tranquilizarla. Repetí la operación aquella tarde tantas veces como mis “obligaciones” con los chicos mayores (incluídos mis hijos) me dejaron.

Las cuidadoras me contaron que aquella niña, a la que habían decidido llamar I., la había traído la polícia aquel mediodía. Su madre estaba en la cárcel, había sido detenida el día anterior, y la niña se había pasado la noche entera llorando. Finalmente, unos vecinos habían avisado a la policía.

A B., mi hijo mayor, le impresionó mucho aquella niña. Me preguntó muchas veces qué le pasaba, qué sería de ella, por qué habían metido a su madre en la cárcel, si era mala.

Yo no pude evitar verle a él en esa niña. A la criatura desamparada, separada de su madre sin más explicaciones, que llegaba a un sitio inhóspito en el que no conocía a nadie y nadie tenía tiempo para atenderle. Me lo imaginé al día siguiente de separarse de su madre, llorando en una cuna como había hecho I. Igual de asustado, igual de incapaz de comprender.

I. se marchó al día siguiente. Habían localizado a una tía suya, hermana de la madre, que la recogió al mediodía y se la llevó a su casa. Afortunadamente, sólo habían pasado 24 horas.

Posiblemente, las 24 horas más largas y solitarias de su vida.

Mi hijo B., siguió preguntando por I. durante mucho tiempo. Durante mucho tiempo, me pidió que jugáramos a que él era una niña cuya madre estaba en la cárcel y que lloraba sin parar.

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Comentarios en: "24 horas" (6)

  1. Precioso relato. Uffffffffff…

  2. Este ha sido mi mayor miedo durante los años que he estado en el país de mis hijos: que a mi niño volvieran a institucionalizarlo. Sabiendo, además, que era una posibilidad probable y que jamás habría ninguna tía ni otra madre que fuera a buscarlo. Cuando por fin fui su madre legalmente no me cabía la alegría. Si a mí me pasaba algo mi familia, SU familia, podría hacerse cargo de él inmediatamente. Desde entonces respiro mucho mejor, como si la capacidad de mis pulmones se hubiera duplicado… y es que durante mucho tiempo el miedo me ha tenido conteniendo el aliento.
    ¡Me es tan fácil ponerme también en el lugar de la madre de I.! ¡De tantas y tantas Habibas indefensas!

    • Yo, por suerte, nunca sufrí esta zozobra. Pero mi hijo mayor sí: en una época, tuvo mucha necesidad de oír que si a mí me pasaba algo, él se quedaría en su mundo, su familia, su casa, su entorno. Que no volvería a perderlo todo.

  3. Curioso como los niños resuelven tantas cosas a través de un “rol play”.

    Brenda

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