familia monoparental y adopción

Caperuzas Rojas

Este fin de semana, Gustavo Martín Garzo publicaba un artículo llamado “la educación de los niños“. 

Me gusta lo que dice: “Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces”.

Tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos”. Esto también lo comparto: creo que a menudo pedimos a los niños que se comporten como adultos en miniatura, que no molesten, que sean como aquellas compresas que ni se notan, ni se mueven, ni traspasan.

Utiliza el cuento de Caperucita Roja como ejemplo de lo que es una criatura querida: “Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja”. Y sólo en este texto hay algo que no comparto: que querer sea darles cosas a tus hijos. De hecho creo que a menudo es al contrario: muchos padres colman a sus hijos de bienes materiales porque es más fácil que darles tiempo, atención, abrazos.

Cuando hacía el CI, descubrí que la adopción es de los pocos ámbitos en los que se aconseja “mimar” a los niños: dormir con ellos, cogerles en brazos, posponer la escolarización, permitirles ser pequeños tanto tiempo como lo requieran, respetar sus ritmos y sus miedos.

Recuerdo que le pregunté a la asistenta social: ¿pero cuál es la barrera entre mimar y malcriar?

Y ella me dijo: la frontera es lo material. Limítale las cosas materiales tanto como creas necesario, pero no escatimes nunca abrazos, ni besos, ni horas de estar con él.

Es el mejor consejo que me han dado.

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Comentarios en: "Caperuzas Rojas" (3)

  1. Me ha gustado mucho tu reflexión y esa definición de la diferencia entre mimar y malcriar.

  2. ¡Anda, qué casualidad, releyendo posts entro a comentar y me encuentro a Filla! Debemos de tener algo en común…

    Iba a decirte que nunca había oído ese consejo, y que me ha gustado mucho. Y que gracias.

    Besos (a ambas).

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