familia monoparental y adopción

Llamar la atención

No puedo contar las veces que me han dicho que mis hijos “quieren llamar la atención” y “no hay que hacerles caso”.

Ambos son conceptos que nunca me han gustado.

En primer lugar, porque no me funciona: a mis hijos, si no les haces caso, la hacen más gorda, y más gorda, hasta que no tienes más remedio que hacerles caso. Quiero decir que si un niño te enciende una fogata en la cocina, tienes que hacerle caso sí o sí, ¿no?, y quizás habría sido mejor reponder cuando empezó a “llamar la atención”.

No todos los niños son destroyers como los míos, lo sé (¡¡cuando pienso que antes de tener hijos, las viñetas de Calvin y Hobbes me inspiraban ternura!!), pero pienso que muchos niños, si no se hace caso a sus demandas normales (o anormales, que más da), buscan otras maneras de hacerlas. Se les escapa el pipi. Dejan de comer. Se esconden. Se ponen enfermos.

En segundo lugar, tampoco me gustan porque creo que no les damos la respuesta adecuada.

He descubierto que la respuesta adecuada no la doy jamás si pienso que “quieren llamar la atención”. La doy cuando pienso que están intentando decirme algo, darme un mensaje, que no saben expresar de otra forma.

En un mundo ideal, mis hijos quizás me dirían “con esto de empezar el casal estoy aterrorizado por si me abandonas. Necesito saber que me vendrás a buscar todos los días, a diferencia de mi primera madre, que un día me dejó en un lugar lleno de niños y no volvió jamás”. Pero ni siquiera los adultos sabemos expresar nuestras emociones o conectarlas con lo que las causa, menos todavía los niños… y menos todavía nuestros hijos que hasta conocernos (y en algunos casos, después) han recibido una educación emocional escasa y negligente.

Así que lo dicen haciendo rabietas, haciendose pipi, escondiéndose en un rincón… como pueden y como saben.

¿Qué me funciona? Intentar descodificar el mensaje. A veces es un mensaje simple: “ayer me fui a dormir a las tantas y estoy agotado. No seré persona hasta que duerma la siesta”; o “estoy muerto de hambre porque ya se me ha pasado la hora de comer”. Pero otras veces, son mensajes mucho más sofisticados. Como el miedo a ser abandonado otra vez.

Una vez descodificas el mensaje, puedes darle respuesta. No a la rabieta (o al pipi, o los problemas con la comida), sino a lo que causa la rabieta.

Estos últimos días he descubierto que la rabieta no necesita un castigo sino una contención; y que, como me dijo alguien muy sabio, hay cosas que es mejor plantearlas como objetivos que como límites.

Una vez claras estas dos cosas, intento dar respuesta al “miedo primigenio”. Hablándolo, pero también de manera simbólica: por ejemplo, dándole una foto al niño al que le aterroriza el casal para que se acuerde de que sigo siendo su madre y estando ahí para él. Con cuentos. Con dibujos. Con juegos de rol.

Sin negarles la atención que piden a gritos, a tortazos.

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Comentarios en: "Llamar la atención" (1)

  1. GRACIAS.

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