familia monoparental y adopción

Hace 5 años

Cuando esperaba la asignación de mi primer hijo, imaginaba que un día me llamarían, me darían cuatro datos de la criatura (sexo, edad, quizás el nombre) y yo cogería un taxi para plantarme en la ecai y llorar a mares al ver la foto.

 La realidad fue algo más fría: durante varios días estuvieron diciéndome que sí pero no, que llamara al día siguiente o al cabo de 3 días o el lunes, hasta que, finalmente, una tarde me convocaron para el mediodía siguiente.

 Cuando entré en la ecai, salía otra familia (una pareja que viajaría conmigo), y la mujer me dijo: prepárate para llorar.

 Pero no lloré.

 Me dieron los datos de mi hijo (“es un niño”, como con prevención, como si tuviera algo de malo: “es que como todas preferís niñas…”), una brevísima historia familiar, un todavía más breve informe médico, y la foto, donde un niño diminuto de 2 años lloraba como una magdalena.

 Ninguna de las emociones que esperaba llegaron en ese momento. No me emocioné, ni lloré, ni me sentí madre de golpe, aunque en los días que siguieron fingí, fingí estar contenta e ilusionada, fingí querer ya a ese niño que lloraba en la foto (y que miraba con ojos de desconsuelo en las fotos que llegaron días más tarde por mail).

 

 Pero lo único que sentía realmente era desconcierto y miedo.

 Sólo 10 días me separaban de la fecha en la que debía viajar a conocer, a recoger a mi hijo, y los invertí en comprar algo de ropa, organizar su habitación, avisar al resto del mundo de que me acababa de convertir en madre.

 Y seguí fingiendo.

 Y sólo me tranquilicé cuando, ya en Addis, otra madre del grupo, que adoptaba a su segundo hijo, comentó, como de pasada: “a veces, las emociones tardan en llegar, y hay que actuar como si estuvieran”.

 Y confié en que todo iría bien.

 Y es ahora, 5 años después de aquel día, cuando todas las emociones que esperaba sentir entonces me erizan la piel.

 P.D: esta mañana le he contado a mi hijo que un día exactamente como hoy, hace 5 años, vi su foto por primera vez. Ha seguido jugando con su hermano. Le he preguntado: ¿no te interesa lo que te estoy contando? Y me ha dicho: No. No me interesa para nada.

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Comentarios en: "Hace 5 años" (13)

  1. Hay mucha literatura respecto de las emociones, y eso termina condicionandonos hasta hacernos sentir mal a veces.

    Yo recibí un día una respuesta inesperada, cuando llamé para interesarme por el acogimiento de mi hijo (habiamos acogido de hecho y estabamos pendientes de la formalización del mismo), me respondieron que nos habían propuesto para la adopción.
    No sé que sentí, miedo, muchísimo miedo por encima de cualquier otra de las emociones que tambien estuvieron presentes en aquel instante. Inmediatamente llamé a una amiga para contarselo, me preguntó entusiasmada ¿estarás contenta?, mi respuesta fué:
    no sé, si, supongo.

    • Y supongo que en tu caso, que ya conocías y convivías (y querías) a tu hijo, todavía debe desconcertar más, ¿no?

      Quizás el problema es la educación (¿o deseducación?) sentimental que recibimos a través de películas, novelas… y algunos blogs que, como decíamos ayer, hablan de bombones de chocolate y emociones intensísimas que a mi me cuestan un rato.

      Me encantó un capítulo de “Sexo en Nueva York” donde una de ellas (la abogada), embarazada, se enteraba de que esperaba un chico y no conseguía una alegría al nivel de la gente a la que le contaba la noticia…

  2. Semanas antes de recibir mi asignación recuerdo que le decía a una amiga: “es que se supone que tengo que querer al alguien que no sé ni cómo es, ni qué edad tiene… y quiero quererle tanto…pero no me sale, es muy raro.”

    Llegó la asignación, la funcionaria que nos dio la foto y papeles tuvo que decirme (porque mi marido estaba impresionado con mi no reacción): “¿qué te pasa? no te preocupes, no llega de repente, con los hijos biológicos tampoco llega así”. No lloré, lloré después poco a poco lágrimas de “¿y ahora qué?”.

    Siempre pensé que iría volando desde mi silla/habitación a recoger a mi hija (cuando ya sabíamos quién/cómo era) el día de la entrega. Pero la realidad fue que mientras mi hija estaba en el hall del hotel, yo quería correr hacia el ascensor desde mi habitación, pero mis piernas no se movían. Nunca antes me había pasado, nunca me volvió a pasar después.No tenía miedo, tenía pánico, no era mi mente, era mi cuerpo el que estaba rígido.

    Durante la asignación me tranquilizó mucho ver que la niña estaba bien y lo hicimos las dos todo de una manera muy lenta y tranquila. Soltamos lagrimas al mismo tiempo, pero no llegamos a llorar, fue un primer abrazo precioso.

    En la habitación del hotel minutos después sentí que me había echado un peso en la espalda de varias toneladas, mezclado con un subidón de felicidad.

    Poco a poco, semana tras semana y varios meses después, se convirtió en la canción de Serrat “la más bella historia de amor que tuve y tendré”

    Será porque nunca he creído en el “amor a primera vista” que tampoco creo en el “amor a primera asigna”

    Eva de

    • Quizás es esto, sí. Lo del amor a primera vista… yo no sé si creo en ello, pero nunca lo he vivido. Siempre ha sido darse cuenta de ese alguien que hace tanto que está ahí y nunca lo has visto del todo.

  3. Madre de Marte: ¡feliz aniversario de tu maternidad! Me has hecho emocionar hasta las lágrimas y luego reír con el comentario de tu niño. No te preocupes, dentro de 20 años, o 30, sí le va a interesar… Creo que las emociones de una madre que se entera de que “ya es madre” aunque de verdad no pueda sentirlo todavía es similar a lo que se siente cuando ves el test de embarazo que te da positivo, una mezcla de miedo, alegría, incredulidad ante lo intangible. Gracias por compartir todas estas cosas. A propósito, ¿has leído el libro “Cartas a Natalia”, que narra la historia de una pareja española que adoptó a un niño ruso? Es muy lindo. En mi blog puse un link.

  4. Pues yo, por el contrario, lloré un montón, aunque reconozco que me emocioné más con la asignación de alguna amiga. Cuando llegó mi hijo estaba tan exhausta de esperarlo…

    Y yo lo quería desde antes de verlo, de conocerlo.

    Supongo que desde un lado y desde el otro la reacción contraria es difícil de entender.
    Me pasa con gente muy cercana que no entiende que yo, al ver la foto de mi hijo, ya lo sentía mío. Es difícil de explicar.

    Depende de un montón de cosas, supongo. Yo soy, en general, muy emocionable, muy “sensiblera”. Y eso, unido a que mi hijo era el cuarto adoptado en la familia y a que en casa había ya muchos niños, pues supongo que ayuda a esa autoexcitación.

    En mi casa, la verdad, en lo emocional, somos muy latinos y eso se nota, creo.

    • Yo viví en Marruecos la asignación de otra familia y me harté de llorar. Las dos, la madre y yo, llorando como magdalenas mientras compartíamos el único kleenex que teníamos mientras el padre se iba a ver el niño y no sabía que hacer con nosotras… Creo que ahí lloré todo lo que no lloré en la asignación de mi hijo, ahí sentí todas sus emociones como mías… algún día escribiré sobre ello, fue una experiencia muy especial.

      La madre de mi grupo con la que me crucé en la ecai, la que me dijo “prepárate para llorar”, cuando tiempo más tarde le confesé que no había llorado, que no me había emocionado, me dijo “si yo no me hubiera emocionado, no habría aceptado la asignación”. Me volvió a hacer sentir tan incómoda, tan fuera de lugar… Y luego he descubierto que, aunque hay gente que como vosotras, se emociona, otros vamos con cierto retardo. Y que no pasa nada…

  5. Yo tambien soy de las que voy con retardo… y no pasa nada, aunque en ese momento yo tambien me sentí mal… fuimos tres familias a la asignación y las otras dos salieron llorando… nosotros no… me costó sentirlo mío tanto con la foto como en persona.
    Sobre lo que cuenta Filla de que ya le quería antes de ver la foto… yo tambien lo pensaba, e incluso se lo comenté a la psicóloga del CI y ella me contestó muy inteligentemente que no, que no le quería que de momento sólo le deseaba… reflexioné sobre ello y pensé que quizá tenia razón… y suerte tuve de haber reflexionado sobre eso sino, estoy segura que la asignación la habria llevado muy mal por sentirme como me sentí.
    Feliz quinto aniversario… que cumpláis muchiiiiiiiiisimos más.
    Me ha hecho gracia tu hijo y me ha hecho pensar en el mío cuando a veces, intento tener alguna conversacion trascendental (adaptada a su edad) y me cambia de tema con tanto morro que tengo que dejarlo…

  6. Creo que se da mucho esa confusión entre querer y desear de la que habla Laura.
    Yo creía querer a mi hijo mucho antes incluso de su asignación,hace 5 años y un mes.
    Cuando nos asignaron,me dió un subidón increible,no lloré,pero recuerdo que esa misma mañana iba yo sóla en el coche,chillando como una loca de la emoción.
    Miraba la foto,lo veía tan bonito y tan pequeñin que sólo deseaba poder volar a por él.
    Creía que le quería,pero el tiempo me hizó ver que aquello no era amor,podía ser deseo,ganas e incluso necesidad de tener un hijo.Pero esto no lo comprendí hasta que un tiempo después me dí cuenta de cuanto le quería,de que le quería más que a nadie en esta vida y de que daría la mía por él.
    Mirando hacia atrás,no tengo ninguna duda de que lo que sentía antes de conocerle,es muy distinto a lo que empecé a sentir poco a poco,con él ya a mi lado.
    En cuanto al encuentro,lo recuerdo cómo el día más feliz de mi vida,pero he de decir que me emocioné más en la casa cuna con los niños de otra de las familias,ellos ya tenían 5 y 6 años,y jamás olvidaré sus caritas al aparecer por la puerta y ese primer abrazo que se dieron los 4.

  7. Yo creo que el tema de lo que hay que sentir en cada momento y situación es algo muy personal, la pena, la alegría cada uno lo hace suyo, aunque a veces te hagan sentir mal por no cumplir lo “estipulado”.
    Recuerdo a mi hermana cuando tuvo su segunda hija biológica, se preguntaba si la querría tanto como la que ya tenía. Las dos biológicas y las dos igual, pero el roce, la vivencia, como dice Marga, te das cuenta un día de que realmente darías tu vida por esa personita, venga de tu tripa o de otro lugar.

  8. Bueno, yo discrepo sobre el querer-desear pero aclararlo requeriría una discusión muy larga, me temo.

    Claro que lo que siento ahora por mi hijo no es comparable con lo que sentía antes pero tampoco es comparable a lo que siento por otras personas que, sin duda, quiero.

    Y entiendo bien lo que dijo esa mujer: si mo hubiese llorado no habría aceptado la asignación. Opino lo mismo porque si yo, con mi caracter, con mi maneta de sentir y de expresarlo, no hubiese llorado es que algo no iba bien. Cada umo siente a su manera y no hay formas mejores ni peores, no?

    • Decía Cecilia Roth que siempre había imaginado que querer a un hijo sería lo mismo que querer a un novio, un hermano, un padre… pero “más”. Y que descubrió cuando adopto´a su hijo que esto no era cierto, que era un sentimiento totalmente distinto, otra clase de sentimiento, que merecería otro nombre.
      Lo cierto es que otras relaciones empiezan y terminan, y con un hijo, a medida que pasa el tiempo, sólo haces que estar más “enamorada”. Efectivamente, es distinto a otros sentimientos.
      Y sí, por supuesto que todas las formas de sentir son buenas. Y todas deberían ser respetadas y ninguna merece ser juzgada.

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