familia monoparental y adopción

Viajar a una zona no turística y viajar en Ramadán ha hecho de este un viaje muy especial. Nada que ver con el Marruecos de postal que conocen la mayoría de turistas, sino una inmersión en el Marruecos real. En uno de ellos al menos, porque seguro que hay muchos distintos.

La vida en la calle: nuestros niños han tomado las calles del barrio, al igual que los niños autóctonos.

(Yo: ¿Te gusta estar en Marruecos, B.?

B: No tanto… porque no hablo marroquí).

Han bajado solos, algo imposible en la actualidad en una ciudad como la nuestra, y se han espabilado para encontrar códigos que les permitieran entenderse con el resto de niños (chicos en su mayoría: la calle es de los hombres, en Marruecos, a todas las edades), códigos que han ido desde el intercambio de bocatas de nocilla al bofetón, pasando por el lenguaje universal del fútbol.

Y la vida en los tejados, estos espacios privados – colectivos que tan bien narraba Fátima Mernissi, donde las mujeres, excluídas de las calles más allá del tránsito, trabajan, se arreglan, charlan y sueñan.

Exactamente como el tejado que imaginaba cuando la leí era el tejado de nuestra casa.

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