familia monoparental y adopción

La primera vez que viajé a Marruecos leí que las puertas se pintan de azul para invocar la buena suerte.

No he visto muchas puertas azules en el pueblo de A., pero sí está pintada de este color la puerta de la crèche donde él vivió la primera mitad de su vida.

Fue extraño volver a acercarnos a la puerta por esta acera, volver a llamar al timbre, y que nos abriera la puerta el mismo chico mayor, handicappé, que exhibió una sonrisa de oreja a oreja al reconocernos.

Como es obvio, estábamos muy pendientes de las reacciones de los pequeños. De los 4, porque B. pasó mucho tiempo – y muy duro – en esta crèche, y su amigo M. creció en un sitio parecido, pero sobretodo de los dos pequeños. ¿Se acordarían de algo? ¿Se angustiarían? ¿Volverían a ellos los recuerdos de tiempos peores? ¿Se asustarían ante la posibilidad de quedarse allí otra vez?

La verdad es que ambos reaccionaron bien. Con curiosidad, cautela, interés… interés sobretodo por las motos y correpasillos aparcados en la sala de juegos, por los toboganes del patio.

Ningún recuerdo pareció alterar su estado de ánimo, ni despertar sus miedos.

La primera visita fue como un coitus interruptus. Estábamos saludando a las cuidadoras, impregnándonos de la atmosfera del lugar, cuando una de las mujeres dijo en voz baja y con cara de alerta: ¡¡¡J!!!, y el nombre de la directora del centro fue como una especie de conjuro al maligno: se hizo el silencio, niños y mujeres desaparecieron y nos encontramos solos ante el peligro.  

El peligro era una mujer de pelo corto que se nos acercó tensa como un sargento en una película bélica. Tardó un poco en reconocernos, nos dio la bienvenida, y nos dijo que esta casa era la nuestra, que podíamos volver cuando quisiéramos… cualquier otro día. Así que nos dimos por despedidos.

Antes de poder saber ni siquiera qué sentíamos.

A. no se angustió por estar en la crèche… hasta que vio a J. Cuando esta se dirigió a él, se escondió detrás de mis piernas, y cuando fuimos a despedirnos (le llevaba en brazos), le lanzó varias patadas para evitar que se acercara.

Lo que hace la memoria emocional.

Anuncios

Comentarios en: "Crónicas desde Marruecos. 4. Regreso a la crèche" (4)

  1. No sé si lo he comentado aquí. Pero vi un programa que hablaba del Alzheimer. Decían que ni los enfermos de alzheimer con más pérdida de memoria, los que eran incapaces de reconocer a sus hijos y difícilmente podían expresarse… conservaban intacta su memoria emocional. Decían que era la “memoria primaria”, gracias a la cual hemos sobrevivido. Esos enfermos no sabían quién era su hijo, pero eran afables y carinosos cuando su hijo iba a visitarles. Sin saber quién era, le quería. Curioso y, sobre todo, durísimo.

    Ahí estaba la memoria emocional de A !!!

    Me alegro de que todo fuese tan bien.

    Saludos
    Eva de

    • Pues sí, sin duda, ahí estaba… Tuvo reacciones absolutamente distintas con las distintas personas de su pasado, y todas se correspondían.

  2. Tiene que haber sido un momento verdaderamente intenso. Celebro que en general su reacción haya sido buena; supongo que es un muy buen síntoma.

    • Eso espero, sí… Que no se altere (demasiado) porque se siente lo bastante seguro… Aunque nunca me había dicho tantas veces que me quiere como en este viaje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: