familia monoparental y adopción

Custodias compartidas

1.

J. es un compañero de trabajo, separado desde hace muchos años. Su hija, L., tenía entonces 3 años, y su mujer y él decidieron que lo mejor era que la niña se quedara a vivir con la madre en el piso en el que había vivido hasta entonces, a pesar de que J. se había ocupado de ella tantas horas como su madre, se había levantado igualmente por las noches y había preparado una buena parte de los cientos de biberones que se tomó.

Cuando me lo contaron, reconozco que me costó entenderlo. Yo estaba muy cerca de esta familia en esa época, y me sorprendió que pensaran que era bueno para L. ver a su padre alguna tarde y un par de fines de semana al mes. Me costó entender que consideraran menos relevante para su estabilidad conservar la presencia diaria de su padre que la de su vivienda…

Han pasado los años, L. es una chica que entra en la adolescencia, y su madre ha decidido, de forma unilateral, irse a vivir a otra ciudad, lo que imposibilitará que L. vea a su padre tan a menudo como suele. Se ve que en esta ocasión no es tan importante que L. pierda no sólo su vivienda habitual… sino también su entorno, su familia extensa, sus amigos, el colegio…

Lo que agrava la situación es que la madre de L. va a trabajar en horario de tardes. Es decir, su hija no sólo se marchará de todo lo que conoce, sino que lo hará… para quedarse con una canguro.

2.

F. se separó de su mujer hace bastantes años, cuando su hijo tenía 4 años. No fue una separación amistosa, así que muchos amigos consideraron un éxito que, además de los fines de semana alternos, pudiera ver a su hijo dos tardes por semana. Pero ellos, ambos, padre e hijo, lamentaban que no pudiera quedarse a dormir.

Recuerdo que yo solía decirle: crecerá y podrá decidir él (efectivamente, así ha sucedido). Él me respondía: vale, pero estos años, ¿quién me los devuelve?

3.

J. (otro J.) se separó de su mujer hace 2 años, cuando su hijo tenía 2. A pesar de que por razones laborales y de otra índole, se había ocupado de I. bastante más que su ex mujer, el juez decidió darle a ella la custodia. Hace algunos meses, alarmado por las cosas que contaban los vecinos, y el propio I., J denunció a su ex mujer a los sevicios sociales. Tras la intervención de estos, el juez internó a la madre del niño en un psiquiátrico y le dio a J. la custodia exclusiva.

 

 

Cuando se empezó a hablar de custodias compartidas le di muchas vueltas al tema, a pesar de que no me toca de cerca ni creo que me vaya a tocar. Y la conclusión a la que llegué es que, a nivel individual, es la situación más deseable, aunque quizás no lo sea a nivel social.

Es decir: en un mundo perfecto, en el que todas las familias fueran como la de J, F., o el otro J., lo normal, ideal y deseable, sería la custodia compartida. Que padre y madre (o los dos padres o las dos madres si hablamos de familias homoparentales) conservaran los mismos derechos y responsabilidades respecto a sus hijos. Aunque, quizás este mundo ideal está muy lejos, y esta situación no es aplicable a muchas familias. Por ejemplo, a todas aquellas en las que el padre no se ha preocupado de saber qué día tiene piscina su hijo, qué número de pie calza, qué cosas hay que comprar para volver a clase o cómo se llama el médico que le trata.

La mejor frase que he oído al respecto es: Custodia compartida, sí. También antes de separarse.

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Comentarios en: "Custodias compartidas" (10)

  1. El primer J debería llevar a su ex a juicio, como el otro J. Muchos padres se conforman sin luchar porque somo son hombres “ya se sabe lo que dirá el juez”… si no luchas por tu hijo no te quejes porque aunque tuvieras un 1% de posibilidad de éxito tu obligación es intentarlo.

    A mi me cuesta mucho hablar de esto. He tenido una guardería y he visto todo tipo de separaciones y, lo evidente es que ninguna es buena para los niños. Creo que las menos malas son en las que una de las partes nunca estuvo realmente presente. He visto de todo, barbaridades, raptos, custodias compartidas al milímetro… y los niños sufren siempre…

    La cosa está en los padres, es su capacidad de “aguante” por los hijos, en su educación, en su carácter… de verdad, me parece que algo así no se puede arreglar nunca sin daños colaterales. Lo que deberíamos asumir es que los daños deberían ser para los padres, no para los hijos… pero claro, es no va a pasar en la mayoría de las separaciones…y pasa cada día en muchos matrimonios/parejas que siguen juntas “por el bien de los hijos”.

    hasta qué punto es mejor no romper la pareja/convivencia por el bien de los hijos (o esforzarte por llevar una convivencia soportable para todos?
    hasta qué punto es mejor la custodia compartida cuando una de las partes no tiene tanto interés?

    Hay tantas historias como familias. No hay soluciones universales…excepto que todas las partes piensen primero en el bienestar del niño.

    Eva de

    • Sí, difícil tema… Si no se rompe la convivencia por el bien de los hijos, ¿no se corre el riesgo de echárselo en cara el día de mañana? O incluso aunque no lo hagamos, de que ellos se sientan responsables de nuestra infelicidad?
      Yo las mejores separaciones que he conocido son custodias compartidas flexibles. Con los dos padres viviendo cerca, con buen rollo, haciendo algunas cosas juntos y siendo flexibles con los horarios y los cambios…

      El primer J. está en ello. Espero que la cosa se resuelva de la mejor manera para L.

  2. Si fuese verdad, eso de que a los padres lo que más les importa en esta vida son sus hijos,
    resolverían sus diferencias, anteponiendo siempre el bienestar de estos.

    No acudirían corriendo a la justicia, tratando de llevarse cada uno el ascua a su sardina, aunque sea en forma de un euro o una hora más. Entenderían que nadie mejor que ellos, debería estar capacitado para llegar a un acuerdo, porque se trata de sus hijos, y no va a importarles más a un juez, que no sabe nada de sus vidas, que a sus propios padres, y negociarían y cederían cuanto fuese necesario.

    Por contra, en muchísimas ocasiones los niños son utilizados como moneda de cambio, para obtener algo del otro o para vengarse. Parece que cuando dejamos de considerar a nuestra pareja la ideal para nosotros, eso tambien lo descalificase como padre o madre.
    ¡es de locos!

    No sé como le irá a J., pero si yo fuese su hija me gustaría saber que ha luchado por mí.

  3. Ellos se pueden sentir responsables de tu infelicidad si les educas en la “fe” en la felicidad. Que no quiere decir que venimos al mundo a sufrir (que yo la otra fe tampoco la padezco). Pero dejarles creer que venimos a ser felices es una educación bastante deficitaria para nuestros hijos. Venimos a ser lo más felices posible,a reirnos, a disfrutar … asumiendo las responsabilidades que nos buscamos !y las que nos buscó el que nos trajo!. Además mi felicidad mayor debería estar depositada en mis hijos, si los he tenido estando mentalmente sana.

    No creo que haya que aguantar todo. No creo que sea mejor que nadie se separe. Una convivencia insoportable e irrespetuosa debe ser el peor daño para un hijo.

    Ultimamente pienso que nuestra sociedad cumple la ley de la tijera no sólo con la economía,cultura, sanidad etc, pero también con la educación familiar. Creo que cada vez hay más padres que sobreeducan/vigilan/exigen a sus hijos y más que pasan de todo absolutamente todo lo relacionado con sus hijos (tv+nintendo=si te he visto no me acuerdo). Seguramente el término medio en la educación es el más difícil una vez más…

    Creo que la vida es muy dura y el reloj tiene pocas horas. No culpo más que a los que traemos hijos al mundo sin pensar que su bienestar debe estar por delante del nuestro.

    Siento ser tan “carca” en este tema, pero es que cada vez más me parece que el tema de las responsabilidades lo llevamos francamente mal… aunque también veo que la vida es muy dura y no creo que una separación sea algo que nadie haga por placer. Ser responsable quizás simplemente sea hacer realmente lo mejor para el niño olvidando rabias, venganzas y orgullos. Una separación en la que ambos realmente anteponen el bienestar del hijo al propio no debería ser algo tan excepcional.

    Hemos tenido hijos lo suficientemente tarde como saber lo que era y lo que implicaba. A menudo veo gente que “incumple” como padres, que dicen ser amigos de sus hijos etc

    Pero sí, desde luego es muy delicado el asunto y nada fácil.

    Voy a ver si me contrata el Pontífice después de este comentario!! jajaja
    bueno, para que no se diga…
    http://javiermariasblog.wordpress.com/2011/09/03/la-zona-fantasma-4-de-septiembre-de-2011-%E2%80%98excomuniones-de-quita-y-pon%E2%80%99/

    • Las abuelas dicen que “aguantamos poco”… y quizás tienen razón, aunque quizás ellas aguantaban demasiado… otra vez, ¿dónde está el término medio?

  4. El tema a mí me toca de cerca porque hubo un momento no tan lejano de mi matrimonio en que nos planteamos como una posibilidad la separación. En una tarde decidimos:

    a) que era imperativo que los dos viviéramos en la misma ciudad.
    b) que la custodia sería compartida y que, al menos al principio, seríamos nosotros los que fuéramos y viniéramos al hogar familiar (incluída casa de veraneo).
    c) que el acceso y comunicación con los niños sería lo más libre posible según nuestras posibilidades, necesidades o deseos.
    d) que visto que mis ingresos eran entonces minúsculos, el padre se ocuparía de los gastos como hasta ese momento y, según yo pudiera ir cubriéndolos, intentaríamos llegar al fifty fifty.
    e) que cada uno haríamos sinceramente de tripas corazón con cualquier malentendido que pudiera existir entre ambos para minimizarlos y evitar por todos los medios que nuestra relación futura no fuera afectuosa y civilizada.
    f) que en ningún momento hablaríamos mal del otro delante de los niños ni permitiríamos que nadie de nuestro entorno lo hiciera, pasara lo que pasara.

    Esa misma noche, pensando (cómo no!) en el asunto, yo reparé en un hecho asombroso: había elegido como padre de mis hijos a un tipo generoso que priorizaba sobre todas las cosas su cuidado y felicidad. ¿Qué carajo estaba haciendo separándome de un mirlo blanco como ese? Afortunadamente él por su lado había llegado a la misma conclusión y se hacía la misma pregunta…

    Y hasta ahora. Encantados de habernos conocido, oiga! 😉

  5. Raquel: todo lo que dices me suena… mucho muchísimo!

    Yo también le llamo (para mis adentros) “mirlo blanco” cuando le veo en acción con sus hijos.

    Saludos
    Eva de

  6. Pues yo, como madre separada, soy de la opinión de que lo mejor para mi hijo nunca habría sido que su padre y yo siguiésemos juntos si no éramos felices, si ya no nos queríamos como pareja. Ahora ambos somos mucho más felices, estamos mucho mejor y nuestro hijo también.

    Yo creo que uno ha de separarse cuando quiera hacerlo, si no es feliz con su pareja, y que eso no debe afectar a su maternidad/paternidad porque tú dejas de ser marido/mujer, no padre ni madre. Y un hijo lo que neceita es que sus padres sean felices y que estén bien, cuidándolo, educándolo, aportándole todo lo que necesita…

    Los hijos de padres separados,cuyos padres siguen funcionando como tales y compartiendo la paternidad de sus hijos, lo único que sufren son pequeñas molestias (hoy duermo aquí, mañana allí, hoy como con mamá, mañana con papá, el sábado con ambos…) pero ningún desajuste en otro sentido.

    Cuando una pareja se separa mal, es que está mal junta y la mejor solución para el niño no es tener ese conflicto metido en casa, creo yo.

    La frase final de la entrada me parece la forma más acertada de decirlo.

    Un beso.

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