familia monoparental y adopción

¿Contar o no contar?

Cuando uno se convierte en padre adoptivo, parece que su vida y su familia se convierta en un espectáculo público sobre el que todo el mundo tiene derecho a preguntar.

Hay gente muy discreta: recuerdo padres del parque que jamás me preguntaron si mi hijo mayor era adoptado o tenía un padre negro, y pasaron meses antes de que saliera el tema, pero también hay gente muy cotilla. Y las preguntas van desde el simple: ¿es adoptado (acompañado a menudo de la coletilla “o tuyo”)? o ¿de qué país es?…

…hasta preguntas mucho más indiscretas como ¿por qué lo abandonaron? o ¿tenía un montón de hermanitos en África, no?

Ante el primer tipo de preguntas, siempre tuve claro que había que contestar con transparencia. No porque me importe lo que piense la gente que pregunta (a menudo desconocidos con los que me cruzaba por la calle), sino porque no quería que mis hijos vieran como algo raro, anormal o a esconder, ninguna de las circunstancias “poco habituales” de su vida: ni ser adoptado, ni ser de otro color, ni no tener padre.

…sobre el segundo tipo de preguntas… tuve siempre un dilema. ¿Dónde está la frontera entre guardar la intimidad de la historia de mis hijos y no convertir su historia en tabú? ¿Por qué contar sin problema otras cosas de su vida y ocultar estas?

Así que durante años fui escapándome como pude… hasta que pude contestar: “pregúntaselo a ellos”…

Y resulta que ellos han decidido contar.

A veces me asaltan padres del colegio para preguntarme si algunas de las cosas que cuenta B. sobre su primera familia son ciertas. Yo siempre respondo: ¿No le crees?

 

 

Hay familias que instruyen a sus hijos en que algunas cosas, aunque no sean malas, no hace falta contarlas en público. A mí siempre me ha dado miedo hacer esto, porque, ¿qué van a pensar nuestros hijos de que las cosas que no haya que contar sean precisamente las relacionadas con su adopción? ¿No es esto señal de que hay algo malo ahí, algo vergonzante? Lógicamente, el problema es el uso que otras personas harán de esta información, pero, ¿no pueden hacer mal uso también de la información que no se les da – de lo que sospechan? Y sobretodo, ¿no les hará más daño a nuestros hijos si les hemos enseñado que esto es algo de lo que no se habla?

Me contaba M. que su hija de 9 años, adoptada al nacer, ha decidido contar toda su historia en el colegio, Incluído el dato de que su madre biológica, que la dio en adopción el primer día, se quedó con sus otros hermanos. M. está preocupada por si el resto de niños le echan en cara que algo malo debía tener cuando su madre se quedó con los otros dos y la abandonó a ella…

Pero yo pienso que, desde el momento en el que ha decidido contarlo, probablemente ella misma ya piensa algo parecido… Y quizás (es una niña muy inteligente), necesita ver cómo reaccionan los demás a esta información para ser capaz de procesarla.

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Comentarios en: "¿Contar o no contar?" (19)

  1. Yo también creo que contar, con naturalidad y hasta donde uno quiera es bueno. Para alguna gente solo que les respondas, “es mi hijo, lo he adoptado” les violenta….¿qué respuesta esperaban entonces?.

    Ahora a mí lo que más me preguntan es si mis dos hijos son hermanos. Respuesta “sí”. Pregunta “pero…¿hermanos hermanos?”. Respuesta “sí” (aunque lo que me apetece responder es “sí, claro. tengo una mujer en Etiopía pariendo en exclusiva para mí; yo le voy marcando los intervalos de tiempo”).

    No se me había ocurrido eso, son muy pequeños aún, pero es estupendo pasar el testigo a los protagonistas.

    ¡Gracias!.

    • A mí también me preguntan si son hermanos… ¡¡claro que son hermanos, si tienen la misma madre!!
      Lo más gracioso es una vez que me preguntaron, muy en serio, si eran hermanos biológicos… les dije que teniendo en cuenta que habían nacido en países bastante alejados, era bastante improbable, pero vaya, que cabía la posibilidad de que tuvieran el mismo padre…

  2. A mí la verdad es que me preguntan bastante poco por estos temas. Aunque al principio tenía muchas dudas sobre lo que explicar y lo que no, pronto me di cuenta de que los tabús no son buenos y que yo no sentía la necesidad de esconder nada, o prácticamente nada. En esos momentos yo hice un pequeño ejercicio con mi hijo de hacerle entender que ciertas cosas no eran malas de explicar (cosas nada íntimas, por otro lado) y con el tiempo mi hijo me dio más de una lección. En poco tiempo él, de manera absolutamente voluntaria, ha explicado cosas sobre su familia biológica y su pasado, a personas de la familia con quien tiene cierta confianza e incluso en el cole, donde se siente como pez en el agua. Ahora es él quien habla del tema con naturalidad en el ámbito que a él le apetece (habla de su otra madre o de si tenía o no hermanos, por ejemplo). Así que él sólo ha cogido el testigo y es la mejor idea, dejar que él se explique y decida lo que quiere o no contar, bajo nuestro apoyo más absoluto en su decisión y haciendo un refuerzo en su seguridad, en hacerle entender que su pasado es suyo y no es malo, es su vida, su circunstancia y nos sentimos orgullosos de él y de que sea quien es.

    • ¡Qué suerte!
      A mí con el mayor me preguntaban muchísimo…
      Con el pequeño no, nadie piensa que sea adoptado, y en contra de lo que pensaba, con 2 tampoco me preguntan demasiado… siempre pienso que al verlos de colores distintos no se atreven, deben pensar que soy una pelandusca…

      • Jajajaja! Seguro! jajajaja! Qué gracia me ha hecho. No te preguntan pero seguro que te miran de reojo…

  3. Yo he notado un cambio muy grande durante todo este tiempo. Cuando eran bebés me paraban, hacían fotos, incluso me dieron un euro “para agradecerme lo que había hecho”!!
    Ahora ya no les hacen tanta gracia, supongo, y no diecen casi nada.

    Estoy de acuerdo en que la pregunta estrella es si son hermanos. El “claro” se responde con un “quiero decir hermanos de verdad”.

  4. Depende. Veo que la edad hace que mi hija vaya cambiando su forma de responder a este tipo de preguntas. Otros factores que le influyen son quién se lo pregunta, si se lo pregunta un niño, un adulto o un grupo de niños en masa (cómo le ha pasado) en qué tono, cómo se sienta ese día mi hija de comunicativa… le he visto contar su vida en el ascensor a un vecino y le he visto cortar el tema por lo sano,
    Creo que la curiosidad buena-inocente o malsana hace daño siempre, y cuanto más mayores y conscientes más molesta.

    mi “consigna” : Es tu historia. Tu cuentas lo que quieras a quién quieras. Jamás te sientas presionada a decir o contar algo. Es tuyo y haces lo que TU quieras.

    Se que no es fácil librarse o sentirse libre para responder o callar. tendremos que aprender que contar tiene sus riesgos y callar también.

    En cuanto a mi sigo el lema de mi abuela:

    Al que mucho quiere saber se le cuenta todo… pero al revés.

    • Totalmente de acuerdo. Es SU historia, y ellos deciden qué contar. Yo no les animo a hacerlo, pero tampoco se lo reprimo…
      En nuestro caso, las experiencias han sido siempre positivas, la verdad. Las de contar ellos, me refiero. Aunque son pequeños, creo que son perfectamente capaces de diferenciar cuándo contar y cuándo callar, cuándo les preguntan por morbo y cuándo con interés…

    • Opino como tú. A la gente que me pregunta (que por suerte no es demasiada) siempre les contesto lo mismo: a la primera persona que voy a contarle su vida es a mi hijo, luego si quieres se lo preguntas a él (ahora tiene 4 años).
      Desde que tiene uso de razón le he contado lo poco que sé, y me alegra ver que él lo asume con mucha naturalidad. A mí me gusta ser un poco reservada en este tema porque me parece que su historia no es mía, sino suya, y que es él quien ha de decidir qué hacer con ella, si contarla a todo el mundo, sólo a quien él elija o a nadie, es su vida y yo respetaré sus decisiones.
      En todo lo que se refiere a mi hijo prefiero pecar por defecto que por exceso.
      Todavía me acuerdo de una vez en el parque que una chica que no conocía de nada empezó a soltarme que una amiga suya también tenía una nena etíope, que a su madre biológica la habian violado y como era muy joven entregó a la nena en adopción… Todavía se me ponen los pelos de punta… Os juro que yo ni le pregunté y va ella y me lo suelta como si fuera la prediccion meteorológica. Valiente amiga…
      Ana

  5. Yo soy una persona bastante “impúdica”, tanto en lo físico como en lo sentimental.
    No me cuesta nada contar cosas íntimas, es más, suele gustarme hacerlo, sobre todo cuando tengo un problema, porque normalmente encuentro soluciones en quien me escucha.

    Y con la historia de mi hijo me pasa un poco lo mismo.
    Sabemos muy poco, o nada, de su historia antes de aparecer nosotros, pero lo que sabemos me cuesta retenerlo, porque no encuentro la razón para hacerlo.

    No hay información “muy dolorosa” (como si el propio abandono no fuese ya suficientemente doloroso…), en ese caso supongo que lo tendría más claro.

    Y yo noto que, supongo que será por aprendizaje, a mi hijo también le gusta contar.
    El año pasado, en el colegio, trataron el tema de los bebés y él y su amigo M (también etíope) salieron a la palestra a contarles a todos su historia de bebés.

    La semana pasada, por ejemplo, pusieron en clase el documental sobre su adopción que salió en la tele. Y estaba encantado de que todos lo hubiesen visto. Se siente orgulloso de su historia.

    A mí no me importa que me pregunten. Hay preguntas molestas, claro, que dan qué pensar sobre la persona que las hace. Pero creo que en el 99% de los casos lo que muevev a la gente es la ignorancia sobre el tema y sobre lo que puede suponernos, a nosotros y a los niños.

    Para nosotros es todo muy evidente porque estamos en el ajo pero hay mucha gente para la que el tema de la adopción resulta algo totalmente ajeno y desconocido.

    Además en todas esas preguntas encuentro un modo de aprender algo y de enseñarle también a mi hijo. Porque, si nadie nos lo pone un poco difícil, ¿cómo vamos a enseñarles a superar las dificultades?

    Yo tengo una sobrina etíope y cuando a la pregunta de si son hermanos les respondo que son primos, es habitual un: ¡Anda, qué casualidad! Y me hace mucha gracia 🙂

    • Yo no tengo mucho problema en contar (creo que ha quedado claro), pero quizás porque sí soy bastante discreta cuando pregunto, me sorprende el descaro y a veces mal gusto que tiene alguna gente para hacerlo. No la mayoría de las veces, pero sí algunas. Y todavía me sorprende más que sigan preguntando cuando se les responde con un tono seco que a mí me haría cambiar de tema (o largarme directamente… no, probablemente disculparme). Cuando es evidente que las preguntas no son bienvenidas…

  6. Contar siempre yo creo. Es parte de su vida y de su historia y les pertenece, seria lo mas justo por lo menos. Besitos

  7. Nuestro hijo tiene ya cinco años,y a mí si me parece que contra más mayores se van haciendo,llaman menos la atención,cuando era bebé eran más los curiosos que se acercaban y preguntaban.Ahora suele ser él el que responde,a si es adoptado,de donde es,si ha salido o no de mi tripa,si su hermana es su hermana,y cosas por el estilo,solo si quiere hacerlo,y si no le gusta quien o como se lo ha preguntado,simplemente pasa o me dice que nos vayamos.
    La inmensa mayoria de las veces,ante la pregunta de si son adoptados y de dónde son,no tengo reparos en contestar,además es bastante evidente que son adoptados,con el mayor mucho más que con la pequeña.Pero las preguntas más íntimas,esas me pienso más a quién responderselas.Por puro cotilleo,no doy detalles a nadie,ahora bien,a algunos familiares o amigos,no me importa darles más detalles,pero procurando siempre reservar lo más personal para él.Siempre me pregunto si el día de mañana,cuando él mismo sea capaz de entender su historia,no se sentiría incómodo por saber que en su entorno todos saben una parte de ella.A veces,leo algunos blogs de adopción,y me parece que hay algunos fántasticos,pero en otros,se cuentan detalles muy personales,y a eso es a lo que me refiero,a que igual el día de mañana,puede ser que esos niños de los que se dan tantos detalles,lean esos blogs eincluso que lo hagan sus amigos , y les duela que su intimidad haya sido tan expuesta,porque estará tambien al alcance de los que le rodean.

  8. Un día, observando a mi hija en el parque, cuando ella tenía 4 años, noté que le daba vergüenza explicar a una niña que había preguntado por nosotras que tenía “dos mamás”. Y me di cuenta que ella se sentía siempre obligada a ser educada y a contestar, y le tuve que explicar que sí, siempre debía ser educada, pero la respuesta la debía decidir ella. Me di cuenta, demasiado tarde, que no le había dado herramientas claras para no contestar más que lo que ella quisiera. Por eso, no sólo le di permiso para decidir su respuesta, sino que ensayé varios modelos de respuestas con ella para que, llegado el momento, pudiera elegir. Ahora sabe que siempre tiene que ser educada, pero que no tiene por qué dar información, y se siente liberada. También le he explicado que lo diferente, lo que nos choca, despierta curiosidad, y que nosotras dos, juntas, como madre e hija, despertamos esa curiosidad y, por tanto, a menudo nos preguntarán sobre nuestra relación. Que sí, que eso es normal, pero tampoco significa que tengamos que compartir información si no lo deseamos.
    Como en tantas cosas relacionadas con la crianza, me he dado cuenta que, a menudo, las palabras no les dan armas, porque a cierta edad, necesitan referencias mucho más concretas y ejemplos prácticos.
    Y cuando me preguntan si mi hija es adoptada, siempre digo que soy “madre adoptiva” e intento poner el foco en mí. (Generalmente sin éxito, la verdad…)

    • Yo recuerdo una visita al médico con mi hijo B. en la que la doctora no paraba de preguntarme (a mi) de dónde eran, yo le pasaba la pelota a él, y él iba contestando “no me acuerdo”. Más tarde hablamos de ello, me contó que no le apetecía contárselo y le di permiso explícito para no contar lo que no le apeteciera cuando y a quien no le apeteciera… Incluso ensayamos alguna respuesta jocosa como “yo nací en China”…
      Mis hijos, la verdad, no siempre son bien educados… Es algo que corrijo, claro, pero que en ocasiones como estas no viene mal del todo.

  9. Hola, Madre de Marte, coincido contigo en que uno no deja de sorprenderse de la falta de tacto de alguna gente, y de los prejuicios… De todos los comentarios, el que más me gusta es el de “Cuaderno de retazos”. Me parece excelente esa consigna “es tu historia: tu cuentas lo que quieres, a quien quieres y cuando quieres”. Es fundamental reforzar con palabras algo que parecería obvio pero para el niño adoptado no siempre lo es: tu historia es tuya, tu historia no empezó el día en que te adoptamos, tu historia te pertenece y haces con ella lo que te plazca. Lamentablemente, en la sociedad el pensamiento es generalmente otro: la historia del niño adoptado le pertenece, en el mejor de los casos, a sus padres adoptivos (en el peor, a cualquier persona que se crea con derecho a meterse donde nadie la llama). Por eso, aunque el niño ya no sea tan niño, se le sigue haciendo este tipo de preguntas a los padres en presencia de ese niño, una falta total de respeto. Yo he sufrido esto en carne propia, por eso comprendo muy bien a vuestros niños y me parece muy bien que sus mamás los respeten como personitas con derecho a contar o no contar, no decidiendo por ellos, porque de paso esto sirve para recordarles a quienes preguntan que están hablando de una persona, no de un animal o de un objeto que no comprende lo que se dice de él.

    Cuando yo era chica, mi papá siempre evitaba hablar del tema de la adopción, ya sea en casa o con extraños; mi mamá nos decía eso que dices en tu post “algunas cosas, aunque no sean malas, no hace falta contarlas en público” y tácitamente nos imponía la “conveniencia” de callar. Y eso que en nuestro caso era difícil porque mi hermano y yo no podríamos ser más diferentes físicamente, o sea que la pregunta surgía enseguida. Creo que por eso mismo, todavía hoy (a los 42 años, nada menos) me cuesta a veces contar que soy adoptada a colegas y amigos que no me conocen desde la infancia. No sé cómo sacar el tema. Pero te aseguro que cuando lo cuento, me da alivio, porque sé que, si bien voy a tener que responder a muchas preguntas (a veces, dolorosas), a partir de ese momento ya no tendré que escuchar lo que mucha gente verdaderamente piensa de nosotros (lamentablemente): “esos chicos nunca se adaptan”, “qué obra de caridad las de las familias que adoptan a esos chicos muertos de hambre”, “qué suerte tienen esos chicos, porque en general llegan a tener más cosas que un chico común, porque les dan todo” (y uno piensa: más suerte tienen los que no necesitan que los adopte nadie, los que nunca fueron abandonados, ¿no?), “yo no sé cómo hay gente que puede querer igual a un chico que no es de su sangre, yo los admiro”, “igual, por más que les den todo y los manden a buenos colegios, esos chicos nunca son muy inteligentes”….Podría continuar pero para qué… A lo que voy es que muchas veces contar es una defensa contra el prejuicio. La gente se cuida de lo que dice una vez que sabe. Y es una manera que tenemos los adoptados de ahorrarnos dolores innecesarios.

    Espero haber aportado mi granito de arena a la conversación. Gracias, como siempre, por tus posts. Me encanta tu blog.

    Cariños!

    • Carola, muchas gracias por tu punto de vista. No sabes cuánto agradezco que me ayudes a imaginar lo que pueden sentir mis hijos en las distintas situaciones que vamos viviendo…
      No había pensado en que hacer pública la adopción puede servir para combatir – o al menos ahorrarse – el prejuicio.

  10. Yo soy de las que me paso de prudente. Nunca sabes como a reaccionar a gente. No me parece mal que la gente pregunte si es adoptado pero el “o tuyo” se lo podÍan ahorrar un poquito, la verdad.
    Y aunque es normal preguntar por ejemplo el país de origen o a que edad vino, tampoco veo necesario ir más allá y hacer un interrogatorio sobre el pasado del niño.. Que cotilla es la gente

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