familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para noviembre, 2011

Crónicas desde el Congreso de AFIN. 1. Vientres de alquiler

La semana pasada se celebró en Barcelona un Congreso sobre “La triada en la adopción, el acogimiento y la reproducción asistida: el lugar de la familia de origen” organizado por AFIN.

Por razones de logística familiar y laboral, yo no pude acudir, pero M. sí pudo hacerlo y me ha dado permiso para compartir sus impresiones de las distintas ponencias.

La que más le impresionó fue la que hablaba de la maternidad y paternidad subrogada o los vientres de alquiler, con la presencia por videoconferencia de la Dra Nayna Patel, directora de la clincia Akanksha en Anand, Gujarat, India.

Comparto con M. la idea de que se puede hablar de esclavitud, trata de órganos y violencia de genero. Y por supuesto, de negocio.

“Hay una mujer que necesita desesperadamente un bebé y no puede tener su propio hijo sin la ayuda de una madre sustituta. Y en el otro extremo está esta mujer que tanto quiere ayudar a su propia familia—” dijo Patel. “Si esta mujer quiere ayudar a la otra… ¿por qué no permitirlo?… No es por una causa mala. Están ayudando unos a otros para tener una nueva vida en este mundo.”

Así se explicó la Dra Naina Patel, la directora de una de las clínicas pioneras en la región de Gujarat, a través de la vídeo conferencia (estaba prevista su asistencia pero no vino) .Las madres de alquiler son indias muy pobres son que prestan sus servicios (o sea su útero) a extranjeros e indios ricos. La doctora, que publicita abiertamente su negocio, respondió sin pensárselo a las preguntas y suele defender en foros internacionales su trabajo y su opinión. Incluso está convencida de que esta haciendo una labor humanitaria: así las indias pobres pueden comprar una casa, repararla, pagar la educación de un hijo, sin aclarar el porque de la diferencia entre las cantidades cobradas por ella y las que reciben esas mujeres.

Presentó algunos casos de parejas occidentales que no podían tener hijos (por cáncer, cirrosis tetraplejia) cuya única posibilidad de tener hijos eran los vientres de alquiler de estas mujeres indias pobres.

Mostró a las mujeres indias que habían sido vientres de alquiler en sus hogares “renovados”, en sus pequeños negocios. Ella parece -según sus palabras- que se cree una especie de ONG que ayuda a las dos partes a cumplir sus sueños, el de unos ser padre y madre y el de las otras salir de la miseria o ponerle parches a esta.

También le daba mucha importancia al hecho biológico, a que los niños llevaban material genético de la pareja que quiere tener el hijo y eso es muy importante para las personas (según ella).

Ninguna referencia al proceso de sobreestimulacion ovárica al que las mujeres cuyo vientre alquilan se han de someter y que me da que debe ser muy bestia para conseguir resultados, (porque en caso de pareja heterosexual puede que la donante de óvulos sea la mujer, pero en caso de que se necesiten óvulos por ausencia de ellos en la madre contratante o ser una pareja gay, para mí esta claro que los óvulos y el vientre de alquiler son los mismos), ninguna referencia a qué pasaba cuando los embriones eran mas de uno y la pareja contratante solo quería uno, y por tanto la mujer india había de someterse a abortos forzosos, ninguna referencia a qué pasa si la madre india no quería seguir adelante con el embarazo, en fin todo muy ideal y casi anecdótico el hecho de que sean las mujeres mas pobres, desesperadas y de castas mas bajas las que se ofrezcan a ello, alquilando lo único que tienen. Tampoco dijo cuantos embarazos se permitían a cada mujer en estas condiciones.

Lo siguiente esta sacado de internet, porque la Dra. Patel no habla de los sentimientos de las mujeres indias que alquilan sus vientres más que para decir lo afortunadas que son por poder ganar dinero. Si dice que las leyes que regulan los vientres de alquiler en los Estados Unidos tienden a proteger mucho a las madres de alquiler. “Hay muchos casos en que tú eres la madre biológica y ella (la madre de alquiler) te chantajea. No te da el bebé y, si no pagas, no te lo deja ver.

Y por supuesto no se plantea lo que pensara el niño o niña el día de mañana.

La casa de los vientres de alquiler de la clínica de la Dra Patel.

La historia de Rajubhai es común en la ‘casa de los vientres de alquiler’ donde vive con otras 39 mujeres, también de origen muy humilde, embarazadas de otras parejas. La casa se encuentra a diez minutos de la clínica. Cada habitación cuenta con dos o tres camas, y la casa tiene cierta apariencia de un pabellón de hospital.

Las madres de alquiler, vestidas con ropas holgadas y multicolores están sentadas, estiradas, miran la televisión o conversan entre ellas. En la sala cuelga la fotografía de un niño que gatea y la frase: “!Ahora es el momento de ser feliz!!” La mayoría de las mujeres es la segunda vez que están allí y darán a luz mediante cesárea. “Tenemos que cortar nuestras barrigas por dinero”, dice sin tapujos Anjuman Pathan, una mujer de 30 años de ojos pequeños y oscuros. “No es nada malo ¿no?”. La ácida frase de Pathan da una visión del mundo de las madres de alquiler y del precio que éstas pagan para alcanzar sus sueños. Si bien Patel pide como requisito que los esposos y la familia inmediata estén de acuerdo en poner en alquiler el vientre, casi todas se ocultan de sus comunidades y vecindarios por miedo al ostracismo.

El tiempo que pasan en la casa de los vientres alquilados crea un sentimiento de hermandad. Aunque disfrutan del descanso y la atención, que no tendrían en sus propios embarazos, tienen que soportar la falta de libertad y de la compañía de sus esposos e hijos, viviendo confinadas en el centro durante todo el embarazo. Sus familias están autorizadas a visitarlas los domingos, pero ellas no pueden salir del recinto excepto para acudir a los chequeos médicos o en caso de una emergencia familiar.

“Cuando iba de visita, veía a esas mujeres estiradas todo el día”, dice Kantibhai Motibhai, el esposo de Shardaben, que por dos veces ha sido madre de alquiler. “Cuentan los días que les faltan para regresar a sus hogares. Pero creo que esto funciona bien. Para nosotros lo importante es el dinero. Para ellos, lo principal es el bebé”. Los dos hijos alumbrados por Sharda han permitido a esta pareja alquilar una tierra cultivable y ganarse la vida con lo que sacan de ella, han comprado búfalos y venden su leche, adquirieron una motocicleta, invirtieron en la educación de sus hijos y ya tienen una cuenta de ahorros en el banco. También madre de alquiler por segunda vez, la nepalí, Diksha Gurunga, lo tiene claro: “Tienes que perder algo para ganar algo y lo que ganamos es mucho más de lo que perdemos”.

Para mí -personalmente- este sistema de ser padre y madre en la India parte de una desigualdad tan acusada que roza la esclavitud, la trata de órganos y la violencia de genero.

Estas mujeres gestantes no tienen derechos. Ellas no pintan nada, solo son mujeres pobres que alquilan sus vientres por desesperación económica.

A ellas se le controla todo; su cuerpo, su libertad, sus emociones. Y a los padres contratantes nada.

Cualquiera puede ser padre o madre de esa manera.

Lo cierto es que sobre la realidad del alquiler de úteros y lo que pasa en esas clínicas con esas mujeres no sabemos nada. Solo nos llega la parte que quieren que veamos.

En la India el alquiler de vientres se caracteriza por basarse en una relación de explotación entre personas de castas altas ( indios o blancos) y personas que viven en situación de extrema indigencia.

Este nuevo fenómeno de gestación está convirtiendo a las mujeres más pobres de India en el vientre del mundo, y de hecho la propia Dra. Patel los denomina orgullosamente “Uteros del Mundo”. Hasta suena a ONG…

Contra la Supernanny

 

Cuando todavía no tenía hijos, me enganché a la “Supernanny”, versión británica, que emitían en TV3 los domingos por la tarde.

Con mis hijos en casa, he visto pocos capítulos de ese programa, que ahora se emite en Cuatro en versión hispana… y cuando los he visto, no sé si han terminado poniéndome más nerviosa los padres de las criaturas o la psicóloga.

De la Supernanny me gusta ver que hay familias tan perdidas como yo… Y no me gusta:

a) que dudo que las mismas estrategias, idénticas, sirvan para todos los comportamientos y todos los niños (en ese sentido es mucho más creativa la Supernanny británica que la española);

b) que no profundiza en las raíces de los problemas (ni en los niños ni en los padres (lo vi muy claramente en el programa de los niños adoptados, uno de los pocos que he visto esta temporada: la adopción se consideraba el toque exótico, un mero toque de color… no parecía que tuviera ninguna importancia en las situaciones que se vivían en la familia);

y

c) que considera problemas cosas que para mí no lo son, como que un niño entre en el cuarto de baño cuando la madre se ducha, o que un niño ¡de 3 años! quiera ir de la mano de sus padres por la calle.

Pero al final… el problema no es que no me guste: es que no me sirve. Una vez me pregunté, ¿y si tiene razón?, con su estrategia estrella, que es ignorar las malas conductas… Y descubrí que, en mi casa, si no intervienes, las “malas conductas” van in crescendo hasta que te queman la cocina, o te arrancan la puerta de un armario… Comportamientos que no puedes ignorar de ninguna manera.

¿Somos mejores padres?

En un post anterior surgió un tema de debate que creo que merece una entrada aparte: ¿Somos los padres adoptivos mejores padres que los padres biológicos? Me lo ha recordado la última entrada del blog Adopción por Dentro (y sí, les he copiado el título).

Cuando participé en la reunión grupal para obtener mi primer CI, nos pidieron a los aspirantes a padres adoptivos (la mayoría tenían ya hijos biológicos, curiosamente) que hiciéramos dos columnas con las ventajas y las desventajas de los padres y de los hijos en la parentalidad adoptiva.

Entre las ventajas a destacar, por parte de los padres, yo vi una clarísima: todos los niños adoptados son deseados. Y una segunda: las dificultades del proceso nos hacen valorar más la parentalidad.

Pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que el deseo no está necesariamente ligado a las capacidades parentales: niños llegados de penalty han sido muy queridos y bien cuidados, y niños aparentemente muy deseados han hecho descubrir a sus padres que los retos reales de criar a un hijo no tienen mucho que ver con lo que imaginaban (que quizás se parecía más a jugar a las muñecas); y las dificultades del proceso pueden desgastar y agotar a muchas familias, que llegan sin fuerzas a los retos del día a día con sus hijos, y que les pueden hacer poner una barrera emocional entre ellos y los niños para sobrevivir a las múltiples separaciones e incertidumbres, como narra la autora del blog Al Kafala en esta entrada.

Cuando surgió el debate en esa entrada de unas semanas atrás, se dijo que los padres adoptivos solemos llegar a la adopción mayores, es decir, más maduros, con más experiencia; y que muchos de nosotros leemos y nos documentamos mucho, buscando herramientas para afrontar los retos que nos proponen nuestros hijos.

Hago mías las respuestas de Raquel a esos argumentos: la mayor edad con la que se suele llegar a la adopción puede hacer que los padres sean menos activos; no se tiene la misma energía a los 40 que a los 20. Sin desdeñar la distancia generacional… O el hecho de que en muchos casos, la edad de los padres implica dejar a los hijos sin abuelos.

Por otra parte, la mayor “carga informativa” puede hacer que seamos menos flexibles; menos espontáneos; que nos fiemos más de los libros que de nuestra intuición y del simple sentido común. Que convirtamos la crianza en una labor titánica en vez de un juego divertido.

Con los años, he conocido a muchos padres adoptivos. Y he descubierto que con muchos de ellos, no tengo nada en común, más allá de la adopción. La inmensa mayoría no comparte mi visión de las cosas, ni mi manera de enfocar los problemas, ni la forma de relacionarme con mis hijos.

Siempre me acuerdo de un libro fascinante del sociólogo italiano Claudio Cipolla, el “Tratado sobre la Estupidez”, que llegaba a la conclusión de que la ratio de estúpidos es constante en cualquier grupo humano, sean, digamos, los panaderos, los niños de 5 años o los premios Nobel.

Sin duda, también entre los padres adoptivos.

Y entre los biológicos, ¡ojo!

La herida primaria

 

He citado varias veces en este blog un libro que me impresionó mucho, quizás el que más me ha impresionado de todos los que hablan de adopción: “La herida primaria”, de Nancy Newton Verrier (ha sido traducido como “El niño adoptado. Comprender la herida primaria”, pero a mí me sigue gustando más la traducción literal del inglés).

Conozco muchos padres adoptantes a los que no les ha gustado nada este libro, les parece exagerado y catastrofista… yo he llegado a la conclusión de que esto les sucede a los que tienen “niños fáciles”, niños que no exteriorizan (o no sufren) secuelas importantes relacionadas con la adopción (léase el abandono, la institucionalización, el maltrato; de hecho, todo lo que la adopción trata de reparar).

En cambio, a mí el libro me tranquilizó. De repente, lo entendí todo. Encontré hilos de los que tirar…

Siempre cito la misma frase de Nancy Verrier (lo he hecho varias veces en este blog), la que creo que lo resume todo: “Nuestros hijos no tienen comportamientos anormales, tienen respuestas normales a vivencias anormales”.

Creo que es fundamental no perder de vista esto. Que por mucho que queramos a nuestros hijos, por mucho que cuidemos de ellos, hay una parte de su vida que quizás no podamos compensar.

Hay muchos psicólogos (no sólo Nancy Verrier, también por ejemplo la gente de Exil,  que tanto me impresionaron en una charla que dieron en Cosmocaixa), que sostienen que el abandono, la institucionalización, vividos por nuestros hijos desde pequeños dejan secuelas idénticas al trauma, es decir, las mismas secuelas que deja el maltrato, el abuso sexual, etc (que algunos de nuestros hijos también sufrieron).

Pero a diferencia de lo que pasa con este tipo de vivencias, este trauma, el de la pre-adopción, no lo reconocemos. No reconocemos su derecho a estar tristes, enfadados con la vida, cabreados, de mal humor… esperamos que sonrían y aprecien lo bueno que tienen ahora. Y esto no es fácil. Ni siquiera es fácil de adultos, pero, ¿en niños? ¿Y en algunos casos sin nadie que, durante los primeros años, le haya dado herramientas emocionales? A veces, les estamos pidiendo a nuestros hijos algo que está fuera de su alcance.

¿Cómo se sale de esta situación? Para mí, hay dos caminos fundamentales.

  • La resiliencia. Es la capacidad de salir adelante a pesar de las adversidades. Hay gente que tiene mucha y gente que tiene poca, pero según el gran divulgador en el tema, Boris Cyrulnik, el factor clave que distingue a ambos es HABER TENIDO, DURANTE LA INFANCIA, UN ADULTO QUE CREYERA EN TI. Alguien que te apoye sin condiciones. Que intente comprenderte. Que esté a tu lado en lo bueno y en lo malo.
  •  La posibilidad de hacer el duelo. Para esto hay que hablarlo… y darle y darse permiso para vivir estos duelos. Esto implica reconocer sus emociones y validarlas, es decir, decirle que están bien, que son correctas, que son adecuadas, que responden a sus vivencias, y que tienen derecho a sentirlas. Y darles tiempo y espacio para vivir estos duelos.

 Hace poco, M. me decía que reconocer que nuestra familia está formada a partir de la pérdida de nuestros hijos, de su dolor, no cambia las cosas, pero nos ayuda a darles un mejor enfoque. Creo que no se puede resumir mejor.

Fotos

Cuando llegaron las primeras fotos de la madre biológica de B., él me pidió que pusiera algunas en su álbum. Escogí las dos que más me gustaron: una donde estaba elegantísima, con un vestido y un tocado a juego, verde y dorado, como si fuera a una boda… y otra de vestuario más sencillo pero en la que exhibe una sonrisa de oreja a oreja y una de las fotos de su/nuestro hijo.

Ayer, hojeando el álbum, A. vio las fotos…

A.: ¿Quién es esta? ¿Cuidaba de B. en Etiopía?

Yo: Esta es su madre de Etiopía. ¿Es guapa?

A.: ¡¡No!! ¡¡Tú eres más guapa!!

Se queda callado…

A.: Yo quiero una foto de mi madre de Marruecos…

…una foto como esta, que ella tenga una foto mía en brazos…

¡¡Ay!!, qué difíciles de gestionar que son las ausencias.

La muerte y los moribundos

M., una compañera de viaje, madre de una hija nacida en Etiopía, ha escrito estas reflexiones sobre las pérdidas, los duelos, el amor y la maternidad, que me han hecho pensar tanto en B., que no he podido resistirme a pedirle permiso para publicarlas aquí.

“La muerte y los moribundos” es el título de un buen libro de Elizabeth Klubber-Ross, una psiquiatra pionera de la humanización de la atención a pacientes terminales. En su día nos tocó leer no se si por placer o por angustia muchas cosas de ella y me resultaban muy interesantes sus observaciones que nada tienen que ver con lo que hoy escribo pero es que la muerte pensada siempre lleva su nombre y hoy he estado pensando en la muerte.

Este mediodía, la madre de una compañera de H. del cole me dice en medio de una conversación trivial sobre las batallitas de nuestras niñas. “Sí, mi hija me dice: !qué graciosa es H.! Si estamos hablando de Galileo Galilei, ella levanta la mano y pregunta ¿Está muerto?… Si decimos que Cristobal Colón descubrió América ¿…pero está muerto? pregunta H., y así con todos. La escucho y sonrío recordando la cantidad de veces que me pregunta en relación a su abuelo: ¿Está muerto? ¿Se va a morir? (…y está bien, no le pasa nada) o en todas las muchas conversaciones que hemos tenido sobre la muerte… ¿A los muertos los tiramos a la basura también ? (3 años); ¡Qué suerte si nos morimos dentro de casa porque como está el techo no nos deja pasar y no podemos irnos al cielo! (4 años); Si tu te vas a morir yo me agarro de ti para irme contigo (4-5 años). Aparte de su afán por saber Cómo se muere la gente, querer visitar cementerios, ver muertos para ver cómo están y esas cosas… Al lado de eso (y supongo que porque podemos hablar tranquilamente del tema) ni una pesadilla, ni angustias detectadas, ni miedos más allá de estas conversaciones, “simplemente” curiosidad.

Sonrío con tristeza sí, como se llora de alegría.

Cuando un niño cercano a nosotros tiene dos años y pierde a sus padres, somos muy conscientes del dolor y de la pérdida que ese niño tendrá.

Cuando alguien adopta a un niño de dos años que ha perdido a sus padres, pensamos en la suerte que ha tenido. De qué, me pregunto.

Que difícil resulta que no se minimice el daño y la perdida previa que ha vivido un niño que sale en adopción. Que se entienda que la vida de antes es la misma vida y que sobre ese dolor mayor se pueden asentar otras cosas buenas para ambas partes, pero que antes, se ha perdido algo muy significativo. Y todo deja huella.

Sé que H. fue una niña querida y cuidada. No veo en ella rastros de daño emocional, por eso quiero a su familia. Esa familia, al quererla, le dio las bases para la salud emocional que yo hoy disfruto y viendo lo que hay allá afuera más me vale estar agradecida a mí. Nunca le he temido a la muerte y mi relación con ella es muy serena pero reconozco que no quiero que me pase nada, que me den vida para vivirla pero sobretodo para que H. no tenga que pasar otra vez por esa pérdida. No te puedes quedar sin madre dos veces, aunque llegará el día en que así sea, mejor esperamos y nos fortalecemos para poder integrarlo sanamente en nuestra vida.

Lleva cuatro años conmigo y aunque puede sonar extraño que lo diga  en los últimos meses noto mucho “que me quiere”. Parece una tontería pero no creo que sea fácil -o al menos a mi no me resulta nada fácil, sentir que el otro me ve y me quiere-, con amor de adentro, con amor profundo. Por eso tengo la ternura alborotada. Por eso sonrío aunque sea con tristeza.

“El amor” es una cosa intensa. Y da mucho miedo perderlo. No me extraña que para mi hija “saber y sentir” la muerte, sea importante. Y en ello estamos pensando…

Jornada de reflexión

1.

En las últimas municipales, les expliqué a mis hijos que votaría al partido que no fuera racista… ha pasado menos de un año, y tengo la sensación de que los mensajes xenófobos han ganado fuerza en esta última campaña, por lo menos en Catalunya.

No sé si será la crisis, la competencia de un partido tan execrable como “Plataforma por Catalunya” (con su lema: “primero los de casa”. ¿Quiénes son los de casa? ¿Quién decide quiénes son?),  pero me preocupa que a Duran i Lleida le preocupe que nazcan más Mohameds que Jordis.

(Por si a alguien le interesa, en 2010, los nombres de niño más puestos en Catalunya fueron Marc, Alex, Pol, Pau y Èric).

Lo que me preocupa es que cada vez hay más líderes de partidos que no se cortan a la hora de hacer comentarios xenófobos (o racistas). Esto quiere decir que la permisividad que hay con estas actitudes ha crecido, que saben que son las que les dan votos… que han dejado de ser políticamente incorrectas…

Y esto me preocupa, y me espanta.

2.

Forges

Razas y racismos

Estos días hemos estado debatiendo de razas y racismos… y he pensado en trasladar la discusión aquí.

De entrada, me enfrento a un problema semántico: ¿Cuál es la palabra correcta?

Durante años, me resistí a usar raza, porque me parecía racista usarla. “Sólo hay una raza, la humana”… y usaba “etnia” como sinónimo…

…hasta que una amiga antropóloga me explicó que “etnia” engloba no sólo aspectos genéticos, sino una cultura y una historia en común… y me dejó bien jodida…

…y me comentó que las palabras más apropiadas son genotipo (el conjunto de la información genética de un organismo, entre ellos el ser humano) y fenotipo (que es la expresión del genotipo en un determinado ambiente)…

…como todo esto era un lío para mí, trampeo como puedo… a veces uso etnia, y otras veces, color… y sigo resistiéndome a la palabra raza.

Hay científicos que consideran que para referirse a seres humanos, biogenéticamente, las “razas” no existen: que son sólo de interpretaciones sociales.

¿Qué es ser blanco? ¿Es lo mismo ser blanco en Suecia que en España, por ejemplo? Contaba Yaïvi en uno de los textos de su armario la historia de una danesa que alucinaba de que los españoles nos consideráramos blancos… y hay españoles que consideran que los magrebíes, aunque tengan el mismo color que ellos, tampoco lo son…

¿Qué es ser negro? En Estados Unidos, se consideraba negro a cualquiera que tuviera un antepasado negro, aunque sus rasgos fueran blancos, y otros antepasados (quizás más numerosos que los negros), también…

¿A quién le interesa dividirnos en razas? ¿Para qué sirve? ¿Qué utilidad tiene?

V. coincidió en el colegio con otra madre monoparental, que en vez de una niña etíope como ella, tenía una niña china:

– Yo también pensé en Etiopía… pero pensé que bastante hándicap tendría ya… adoptada, madre sola… y encima negra…

¿Se piensa esta madre que su hija china es blanca? ¿Que no va a sufrir el racismo? ¿Que no la van a tratar como extranjera cuando deje de ir de su mano? ¿Que no le harán chistes de todo-a-1-euro o le recriminarán que quita el trabajo a los españoles?

¿Se piensan los padres que adoptan en Etiopía niños marrón clarito – aunque también los hay de piel muy oscura – que sus hijos estarán más a salvo del racismo que los niños más negros llegados de Malí, de Haití, o de Costa de Marfil?

Seguramente hay matices. Una amiga que tiene dos hijas negras, pero una de ellas marrón clarito y con rasgos “blancos” y la otra de piel más oscura, labios grandes, nariz ancha… dice que no se puede ni comparar la manera que las tratan. Igual que es distinto según la edad, el sexo y hasta el tamaño… Un hombre (y más si es grande) es más amenazador que una mujer. Pero no sé si estos matices les van a servir mucho a nuestros hijos cuando dejen de ir de nuestra mano y perciban en propia piel el racismo y los prejuicios sociales.

De acuerdo, hay matices. Pero, ¿les servirán a nuestros hijos? Quizás, solamente, en que los que identificamos como más vulnerables al racismo, serán los que más preparados estén para enfrentarse a él…

Un dato que en su día me descolocó mucho: en adopción nacional en España, las etnias más rechazadas son los magrebíes y los gitanos. Con bastante diferencia. Las razas más próximas, en genotipo y fenotipo, las etnias más próximas en cultura… ¿Será que a veces lo que nos da miedo no es lo lejano sino lo más próximo?

Futuro (3)

B: Yo lo que quiero… es, primero, no morirme nunca. Y segundo, que sea siempre de noche. ¡¡Me encanta pensar en mis cosas por la noche!!

Fundamentalismos

Me contaba hace unos días un compañero de trabajo la reunión del colegio de su hijo, que ha empezado P3 (primero de infantil) este año.

Me llamó la atención que una de las normas del colegio es que, determinados días a la semana, hay que llevar fruta para desayunar.

Y me pregunté: ¿Por qué todos los niños tienen que llevar fruta para desayunar? ¿No puede ser que niños distintos, necesiten cosas distintas? Por ejemplo, niños que desayunan poco en casa, y para los que una pieza de fruta es insuficiente aporte energético para llegar a mediodía… O esos a los que, simplemente, les gusta poco…

(Sin hablar de por qué desayunar fruta es bueno unos días de la semana y no otros…)

Yo también creo que la fruta es buena, y muchos días mis hijos la llevan para desayunar (a veces la prefieren a otras opciones), pero me molestan estos fundamentalismos que intentan imponer su visión de las cosas a todos, sin tener en cuenta que hay personas distintas, con necesidades (¡¡y hasta gustos!!) distintas.

Y después sucede que las ideas sobre lo que es bueno y lo que es malo para la salud, también cambian con el tiempo… hace algunos años, pensábamos que el aceite de oliva era malísimo, ahora es lo mejor; en los años 70, muchas madres dejaron de amamantar a sus hijos por la misma razón por la que otras escogen hoy la lactancia materna: porque piensan que es lo mejor para sus hijos.

¿Y si esto pasa también con lo de comer fruta en el desayuno? ¿Y si terminamos pensando que la hora buena para comer fruta son las 4 de la tarde? ¿Y si se descubre que lo ideal para la media mañana son los bocatas de jamón y consideramos que los niños que no los comen son poco menos que niños maltratados?

¿Por qué tomarnos estas modas relativas en la crianza como si fueran palabra de Dios?

PD. Me pone Eva sobre la pista de un blog (pienso seguir con atención) que incluye una reflexión pedagógica que habla de algo parecido, pero relacionado con un tema todavía más serio, creo yo: la enseñanza. ¿Por qué asumimos que todos los niños son capaces de aprender de la misma manera? ¿Por qué etiquetamos – y marginamos – a los niños que no siguen la norma? ¿Por qué no comprendemos, aceptamos y trabajamos en función de que hay distintos tipos de niño con necesidades distintas – y virtudes distintas también? ¿Por qué patologizamos a los niños que se salen de la norma?

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