familia monoparental y adopción

Emociones equivocadas

Ayer leía en el blog de Laura Heckel una entrada que habla de cómo, cuando se les dice a los niños adoptados que han sido “elegidos”, no les permite expulsar la rabia y la tristeza que sienten al haber sido abandonados. Es decir, les dicen que deberían sentir unas emociones (orgullo, alegría), distintas a las que sienten (tristeza, rabia, culpa), y esto se convierte en una pelota dentro suyo.

Yo creo que a algunos padres en cierta manera, nos pasa lo mismo cuando nuestros hijos llegan a casa. Lo que esperan de nosotros (y lo que nosotros esperamos de nosotros mismos) no siempre coincide con lo que sentimos realmente.

Los niños pueden tardar en adoptar a los padres (tengan la edad que tengan) y muchos con esto ya contamos… con lo que no siempre cuentas es con que a veces, los padres también tardamos algún tiempo en adoptar a nuestros hijos, en vincularnos a ellos… esto puede hacerte sentir muy mal, mala madre, incómoda, que te has equivocado…

Ya he contado que ni en la asignación, ni en el primer encuentro, sentí las emociones que esperaba: ni flechazo, ni enamoramiento, ni alegría desbordante… sólo estupor y miedo. Y responsabilidad, una responsabilidad muy grande. Y sin duda, mis hijos tampoco sintieron amor por esa extraña que les apartaba de lo que conocían, de lo que tenían, por poco que fuera, aunque los dos se agarraron a mí como si supieran que su supervivencia dependía de esto. Porque lo sabían, vaya.

Núria lo explica con esta metáfora: la conexión total no es instantánea, no es como enchufar un aparato a la corriente que ya funciona… es como si compraras el aparato a piezas y lo tuvieras que montar sin instrucciones o con los dibujos de Ikea… y al final, después del tiempo… lo enchufas… y funciona… ¡¡¡¡suena la música!!!!

(y te puede tocar un aparato pequeño, fácil de montar o uno más complejo; y depende también de la habilidad que tengas, lo manitas que seas o lo preparado que estés…)

De esas primeras semanas, meses, recuerdo el agotamiento, el miedo, el estupor, el agobio, la nostalgia de lo que había perdido, la sensación de que me había equivocado. De que después de una vida entera soñando con tener hijos, nada era como lo había imaginado.

Fue después que el amor fue creciendo, y de repente, un día decía: “ahora sí que lo quiero, no hace dos meses”… y dos meses más tarde, volvía a pasarme lo mismo… Hasta que ya no creció más, supongo que ya no podía crecer más. Pero para esto pasó, seguro, más de un año.

Y mientras tanto, lidiar es la contradicción entre lo que sentimos y lo que esperábamos sentir… lo que creemos que deberíamos sentir… por lo que hemos leído, oído, imaginado… nos esperamos amor a primera vista, que seremos las madres más fantásticas del mundo, que nuestros hijos se ajustarán a nuestras expectativas…

Y mientras tanto, la culpabilidad de sentir que tus emociones no son las adecuadas. A que el mundo te diga, y tú te digas, que deberías estar pletórica de felicidad, pero ser incapaz de sentir eso…

Posiblemente, la única manera de empezar a caminar es reconocerlo. Y tirar para adelante. Y ver que los que han pasado por esto antes, han ido perdiendo estas emociones más negativas con el tiempo… y dejar de pensar que algo funciona mal en nosotros.

Y hacer esto que me dijo una madre veterana en mi primera adopción: asumir que a veces las emociones tardan en llegar, y actuar como si estuvieran…

Anuncios

Comentarios en: "Emociones equivocadas" (36)

  1. No sabes lo bien que me viene hoy tu entrada, Mamá de Marte… Ayer reparé en que tengo ya dos meses de embarazo y aún no he sido capaz de “hablar” con mi garbancito para darle la bienvenida (ni he hablado con casi nadie de él, por miedo a volver a abortar como hace unos meses).
    Soy mamá vocacional, adoro a mis hijos mayores, no evité para nada tener este tercer hijo, lo deseo, creo que es un buen momento para que llegue… y no me siento preparada y la culpabilidad por ello es una rémora increíble, a pesar de que hasta ahora no me había dado cuenta de que la sentía.
    Así que gracias por tu post… me daré un poco más de cancha y tiempo. Espero que el blastocito sepa perdonarme, porque desde luego tengo toda la intención de ser una mamá estupenda para él, aunque ahora esté algo “defectuosa”.

    • ¡¡¡¡Enhorabuena!!!!!

      Entiendo lo que te pasa…. Aunque yo no lo he vivido, tengo una amiga que antes de tener a su segundo hijo, tuvo 3 abortos… con el último “embarazo” no se vinculó hasta que tuvo muy claro que se iba a quedar, ni siquiera habían pensado en nombres cuando nació… A veces es necesario blindarse ante la posibilidad de una pérdida, es difícil estar presente al 100%, el recuerdo del dolor de la vez anterior no te lo permite… También cuentan cosas parecidas amigas que han tenido procesos difíciles de adopción (o kafala), largos, con muchos viajes, la incertidumbre de si será posible acabar convirtiéndose en la madre de ese niño…

      No tengo (ni tengas!!) dudas de que las emociones “correctas” terminarán llegando, claro que sí, y serás una madre estupenda, también, de tu tercer cachorro.

      • A mi incluso me pasó esto con un cambio de país… no me quise vincular al segundo país (que para mi era vincularme a mi futuro hijo) hasta que no tuve claro qeu si, que llegaría de ese país.

      • A mí me costó menos vincularme al segundo país que al primero (me era menos ajeno), pero tuve que pasar un duelo al cambiar de destino…

  2. Enhorabuena, Rauqel!

    Eso que comentas, Madre, yo creo que no solo pasa en la maternidad por adopción, creo que sucede también en la maternidad biológica. Depende de la persona y de su forma de sentir.

    A mí no me pasó, pero, creo que ya lo dije alguna vez, es que yo siento d eun modo muy distinto.

    Creo, como tú, que lo importante es darse tiempo y no dudar.

    Bicos.

    • Sí, yo también lo creo. Por lo que me han dicho algunas de mis amigas, que han parido a sus hijos.

      Espero que emociones como las nuestras no te hagan sentir “incorrectas” las tuyas… (es broma!, que dicen mis hijos cuando ven la cara que pongo).

  3. Raquel, enhorabuena por este embarazo!

    entiendo lo que dices porque aunque seamos madres biológicas, como bien dice MadredeMarte el miedo a perderlos en los primeros meses de embarazo es tan grande, que a veces preferimos no vincularnos para sufrir menos. Sobretodo, cuando ya existe una experiencia previa de pérdida como es tu caso.

    Eso no te hace mala madre. Y tu garbancito, seguro que ni siquiera te lo tendrá en cuenta. Ahora tienes unos meses por delante para empezar a hablarle y a vincularte con el. Y lo harás, estoy segura que lo harás.

    En mi caso, estoy embarazada de 12 semanas. Es mi primer hijo, y yo soy hija adoptada. Y estoy hablando con mi garbancito desde el primer dia en que lo supe. No sé si esto viene a cuento o no, pero ya, a 6 meses de la llegada de mi bebé, me siento muy madre… y sabeis porque?? o por lo menos es lo que yo creo… a mi me adoptaron al nacer, creo que el vínculo con un bebé es mucho más rápido que con un peque de más edad. Sé que mi madre, se vinculó conmigo de tal modo que supo ser una gran madre, adoptiva si, pero madre en definitiva. Ella es mi referente, ella es de quien yo he aprendido y sigo aprendiendo a ser también madre, y creo que es por ella, por su actitud, por su forma de maternage que ahora que me estoy iniciando en esta nueva etapa, quiero ser madre de mi hijo igual que mi madre lo fué conmigo.

    No sé si me estoy explicando… y puede que me haya ido por los cerros de úbeda! pero al leer la entrada de hoy, y tu comentario Raquel, me ha apetecido compartir esto con vosotras. Parir no nos hace madres, ser madre es otra cosa, y estoy de acuerdo que el vínculo, es algo que surge pero no de forma espontanea. Me ha encantado esa metáfora del aparato a piezas…

    Un fuerte abrazo Marcianas!!

  4. Pues a mi también me ha venido muy bien tu entrada y te doy las gracias. Yo he sentido eso que explicas, esa falta de vínculo y esa sensación de culpabilidad por no sentir lo que debía sentir. Por suerte, de forma racional hace tiempo que pienso que eso llegará, que tengo que darme tiempo y en eso estamos. Hoy quiero a mi hijo más que hace 6 meses y entonces más que hace un año… Pero he pasado por esos momentos en que lo racional no tenía lugar y se me hacía un nudo en el estómago y me preguntaba si había hecho bien, si querría a mi hijo como las madres quieren a sus hijos. Ahora se que sí aunque también se que me queda camino por recorrer… y a él también.

  5. Pues si, es verdad, lo de tratar de hacer sentir a un niño adoptado especial porque lo hemos elegido, igual va a ser que debe ayudarles poco. Nuestra situación es tan atípica que a mi me persigue el sentimiento de culpa por lo contrario, yo no adopté a mi hijo porque quisiera ser la madre de nadie más, es más cuando intervinímos ni siquiera pensamos en adoptar, hicimos un acogimiento de hecho, por tanto, como me decía hace poco una adoptada adulta que se brindó de manera generosa, a opinar sobre algunos aspectos de nuestra historia “no veo el deseo por ningúna parte”, y eso es lo que me hace sentir peor, que no se puede ver simplemente porque no existía. Esto me ha puesto contra las cuerdas, porque si hay algo que siempre he tenido claro, es que un derecho fundamental de un niño es el de ser deseado.

    Claro que, el no deseo y el tener una expectativa vitál en la que no entraba un hijo más, no me parecieron argumentos morales con el peso suficiente. Yo le queria, claro que le quería, pero como se quiere a un ahijado, como se quiere a ese niño especial al que haces regalos, y te lo llevas al cine o de vacaciones, y luego lo devuelves a su casa y recuperas tu vida. Ni de coña como para ser su madre.

    Ha sido un proceso doloroso a tope, presidido más por el sentido de la responsabilidad, que por el amor con mayusculas, como yo sabía que se quiere a los hijos. He deseado secretamente muchas veces que todo fuera un sueño del que poder despertar. Yo se lo daba todo, todo mi tiempo, toda mi dedicación, puse mi vida entera a su disposición, pero no podía sentir lo que el y cualquier otro niño merece, y existía elemento comparativo, porque yo si que sentí flechazo (será la química del cerebro) con mis otros dos hijos en el mismo instante del parto.

    Ahora, pasados ya cuatro años, puedo decir que le quiero a morir, que saca lo peor y lo mejor de mí, que se ha convertido en lo más importante que quiero hacer bien.

    • Ostras, Concha, qué distinto… y qué parecido en muchos sentidos. Tiene que haber sido muy duro, desde luego.

    • Concha… dura pero bonita historia de amor hacia tu hijo… Felicidades por haber sido capaz de construirte como madre, sin duda ha sido un camino de aprendizaje emocional amplisimo…

      Gracias por compartir parte de tu historia

      Estamos pensando acoger a un niño y uno de mis miedos.. de nuestros miedos es ser capaz de darle todo el amor que merece, ser capaz de convertirnos en padres si finalmente se acaba transformando en un acogimiento permanente…

      Maria

      • Ser padre de acogida debe ser muy complejo también. Porque por un lado, necesitas (y el niño necesita!!) todo tu amor, toda tu implicación, quizás más todavía que los otros hijos, por haber sufrido más pérdidas… por otro lado, la perspectiva de separarte de él, te debe obligar a blindarte en cierta manera, a no dejar salir del todo las emociones, para intentar evitar el dolor… Creo que es una contradicción que probablemente viven también muchas cuidadoras en las crèches y que esto les impide ser todo lo entregadas que deberían (a nivel emocional, me refiero…)

      • Enhorabuena Raquel y Iolanda!!!!!!!!!!

        Yo soy madre adoptiva y bio… en ambos casos lo primero que he sentido es un gigante lastre de miedo y responsabilidad. Lo otro ha venido poco a poco… de manera diferente con cada uno de ellos porque cada uno era distinto y tenía “exigencias” diferentes.
        Eso sí, ese miedo va minimizándose con cada uno nuevo que llega a casa. Con el tercero casi no sentí el miedo…

        Ser madre de acogida tiene que ser muy difícil, es admirable vuestro valor y decisión.

        Eva

  6. Por cierto, enhorabuena Raquel!

  7. Tiempo eso es lo que debemos darnos algunos padres adoptivos. Tiempo para conocer al hijo real que tenemos, tiempo para quererlo a él o ella y no a la idea de hijo o hija que teníamos… Yo, y a pesar de que nos asignaron una niña de renuncia hospitalaria, lo que puede hacer más fácil la creación de vínculo, necesité largos meses para querer a mi hija…….Y eso, reconozco que me hizo sentir culpable en más de una ocasión. La cuidaba, la mimaba, la protegía y por nada del mundo hubiera dejado que le ocurriera nada, pero no sentía lo mismo que sentía por sus hermanos (en este caso hijos biológicos…). El tener hijos biológicos agravó mi malestar… No lo reconocía con nadie, pero en el fondo pensaba, ¿será verdad eso que dicen algunos y que yo siempre había negado que no se puede querer a un hijo adoptado igual que a uno biológico? Me aterraba que yo no fuera capaz de crear un vínculo suficiente con mi hija. Recuerdo que a los pocos días de llegar a casa estuvo ingresada más de 10 días en el hospital, no sabían que tenía… Fueron días de angustia, de miedo intenso… pero sabía, y se ahora, que no eran los mismos miedos y angustias que hubiera sentido si hubieran sido mis otros dos hijos… Sufría por ella, pero no igual …Que distinto sería el miedo, la angustia si eso ocurriera ahora… Necesité tiempo, necesité horas de estar allí, de hacer de madre, de cuidarla, y finalmente necesité que me llegara una notificación del juez en la que me citaba para determinar si finalmente sería nuestra hija para que mi corazón se abriera definitivamente…. para que por fin sintiera que sí, que era ella, nuestra hija para siempre. Ahora cada día cuando la despierto, miro su cara y doy gracias a Dios o al destino que me ha concedido el privilegio de ser su madre, de acompañarla en su camino para siempre…De hecho, y en eso quizás si que hay diferencia respecto a lo que siento con mis dos hijos biológicos, me siento enormemente privilegiada de ser su madre… Y no porquè mis hijos no sean unos niños maravillosos pero el hecho de saber que podría no haber sido la madre de mi hija, que ella podría haber ido a vivir con otra familia… me hace mucho más consciente de la suerte que he tenido en la vida…

    Maria

    • Gracias por compartirlo. creo que pocas madres adoptivo-biológicas, por llamaros de alguna manera, se atreverían a reconocer esta contradicción de sentimientos. Que, ¡ojo!, seguro que no ocurre en todos los casos, pero que ocurre.
      De hecho, conozco un caso en el que le sucedió al revés: primero llegó el hijo adoptado, y cuando llegó el hijo biológico, la madre sentía que no estaba a la altura, que nunca le podría querer como al primero. Aún hoy (con un tercer hijo, adoptado también) dice que lo que sintió por su primer hijo y la conexión que tiene con él no es equiparable a ninguno de los otros.
      En mi caso, pero yo creo que esto es muy habitual, me pregunté durante mucho tiempo si conseguiría querer a un segundo hijo como al primero. Durante mucho tiempo, fue el mayor mi prioridad emocional… Quizás mi suerte es que son taaaan distintos, que cada uno se hace querer de una manera distinta también.

      • Madredemarte, eso ocurre también con madres de hijos biológicos. Yo no tengo hijos biológicos pero una persona muy cercana me habló de ese “miedo ” cuando tubo a su segunda hija (bio) y ahora reconoce que eso le pasa a muchas mujeres (ella es doula y se relaciona con muchas mujeres embarazadas). Pensó que no podría quererla como al primero (bio también)… lógicamente ahora sabe que eso es una “absurdez” y los quiere a los dos de la misma manera.
        Mi marido me ha manifestado en una ocasión ese miedo también, afrontando una segunda adopción… yo sin embargo no lo siento en absoluto…

      • Mi primera adoptada y los dos siguientes bio: mis muy cercanos me preguntaban si no tenía miedo de querer más a los bio que a la adoptada. JAMÁS tuve miedo a eso. Porque cuando después de unos meses de la adopción, la quise, la quise de tal modo que sabía que no se podía querer más.
        Siempre estuve segura, y no me equivoqué.

        Pero hay una cosa que sí temo: que mis dos hijos biológicos “envidien” a su hermana adoptada porque sienten lo que yo siento, que ella es especial. Nunca he sabido si es porque ella es chica, si es porque llego antes, si es por la “magia” de la suerte de la que habla Maria… nuestra relación es más intensa.

        Eva

  8. Enhorabuena a Raquel y Iolanda!
    madre, hay veces que te leo, y me digo “esta niña está hablando de mí”, cuando estaba embarazada de mi segundo hijo, pensaba que no podría quererlo como al primero, me comía el coco muchísimo con eso, y despues nació y descubrí que efectivamente no le quería igual, ni al tercero tampoco, tengo que confesarlo, yo no quiero a dos personas igual, no hablo de intensidades ni de medidas, pero es que me relaciono y me hacen sentir cosas distintas cada uno de ellos, a su vez tampoco necesitan lo mismo de mi, con lo cual son los tres lo mejor que me ha pasado y no admiten comparación.

    Por cierto, no quiero dejar de recomendaros una peli, “el niño de la bicicleta”, tiene que ver con el acogimiento, y en general con todos y cada uno de nuestros niños.

  9. Yo también soy madre biológica y adoptiva. Mi caso es contrario al de María, adoro a mi hijo biológico y obvio que fui muy feliz al convertirme en madre cuando él nació. Sin embargo, la felicidad, la magia y la intensidad de convertirme en madre adoptiva no tiene comparación. Adoptar a mi nena cambió para siempre mi percepción de la maternidad, creo que cuando somos mamás biológicas se dan muchas cosas por sentadas, mientras que en la adopción cada paso adquiere una fuerza mágica. Y al igual que María, me siento privilegiada de ser su madre.

  10. Ésta…madremarte…es una entrada triunfal…Os cuento…
    A mi vida llegó mi hija y…fue amor a primera vista…la amé incondicionalmente desde que recibí aquella maravillosa llamada de la ecai, que llevaba esperando 10 años…y me enamoró cuando ví su foto…y sentí una pasión incontrolable cuando la cogí en mis brazos y…ya no paré de apasionarme con ella…Fueron los 3 años de mi vida más felices, todos los días, todos los minutos…Es difícil conseguir un estado de felicidad constantes, bueno, pues yo lo tenía…lo tuve…3 años despues, llegó mi hijo y…¡sorpresa! nada fue igual…todo fue nuevo, desconocido…desde mi corazón sentí que todo era un desastre, y una madre desastrosa, yo…No sabía como manejar aquella situación que me superó…Mi hijo venía en tal estado que imagine miles de males y enfermedades…No era el niño que yo ví en las fotos, ni el que venía en sus informes…Era un niño extraño. Me descolocó…y no me vinculé con él…Me he calificado de muchas maneras…he sufrido mucho…me he odiado…criticado y martirizado criticándome como una madre inmerecida para mi hijo…No supe estar a la altura porque tardé en amarlo y eso me hacía sentir una basura, una bazofia como persona…Descubrí en mí “detalles” que desconocía, detalles feos que no me gustaban y que tenía que superar…

    Han pasado dos años y…ADORO a mi hijo…ha sido un amor lento, que se ha ido formando con trocitos de dolor y de esperanza, poco a poco…Pero por fin, lo amo…y eso me ha liberado de muchas telarañas…Hay momentos de recaída…sí…pero sé que lo quiero y eso me salva de bajar demasiado abajo…
    Gracias por la entrada…las madres adoptadas…deben saberlo todo…también esto que parece tan antinatura y tan cruel…Pero como ocurre, ha de conocerse…

    • Es curioso, parece antinatural… ¿Pero quizás es lo natural? ¿O al menos tan natural como lo otro? ¿Quizás es lo “artificial” (las películas, las novelas, las narraciones…) las que nos hacen creer que hay emociones naturales y otras antinaturales?

  11. Buf, me ponéis los pelos de punta. Todas, cada una por su historia. Merecéis todo mi respeto y mi (aunque supongo que esta palabra os chirriará un poco) admiración, por vuestra constancia y por vuestro amor, tan fuerte que ha sabido abrirse camino.

    Besos.

    (Precisamente esto me recuerda que el otro día, en el post de la madre de Cenicienta, quería comentar que otro tabú relacionado con el de reconocer haber tenido una mala madre es el de admitir en uno mismo sentimientos negativos (aunque sean parciales) hacia los propios hijos.
    Pero bueno, es otro tema, supongo…)

    • Tienes razón.
      Recuerdo una ocasión en la que le comenté a una amiga, madre adoptante de un niño “difícil” (como mi hijo mayor, vaya), que a veces, cuando tenía malas épocas, le cogía un poco de manía…
      No me contestó…
      Días más tarde, me contó lo mal que le había sentado mi frase… precisamente porque a ella le pasaba lo mismo.
      No dejas de quererlos, pero… eso, les coges un poco de manía.
      Y vale que no lo grites a la calle, pero reconocérselo una misma tampoco está tan mal, ¿no?

      • A mí me pasa algo así; algo que incluso he consultado (porque además supongo que hunde sus raíces en problemas de mi ex-matrimonio… Pero esa es otra historia). Se trata, simplemente, que hay algunas cosas de su forma de ser que no me encantan, que no me gustan mucho. Sencillamente, que no me gusta que en algunas cosas sea así. Tonterías, todas, pero ahí están.

        Y me ha costado mucho reconocérmelo. Porque creía que el amor incondicional era incompatible con eso. Con el consiguiente incremento de tensión, por mi parte, y el perjuicio para ambos, pero sobre todo para el niño, claro.

        Un beso.

  12. No es que no este tan mal, es que denota salud mental.
    Si quereis saber de verdad lo que es tener manía a un hijo, esperar a la adolescencia.

  13. Ostras Porto! ¿tu creías que sentir amor incondicional por un hijo, es incompatible con que
    haya cosas de el que no te gusten?, y eso que dices “algunas cosas de su forma de ser que no me encantan, que no me gustan mucho”, yo directamente hay cosas de cualquiera de los tres, que no es que no me gusten, es que me ponen a mil.

    • Mmm… no, no lo creo.
      Me he explicado bastante mal, la verdad. Creo que me meto en otro tema distinto, pero ya que he empezado, y aprovechando que no nos oye nadie…

      El problema no es que haya cosas de mis hijos que no me gusten. Por supuesto que las hay; y también me sacan de quicio y hacen que les grite, etc., etc. Eso es algo comprensible, previsible y asumible.
      Pero esas son cosas que, digamos, no tocan la base de la relación; por mucho que me cabreen sé que son superficiales y no pasan de molestias. Y que por supuesto no tocan los sentimientos.

      De lo que yo hablo es algo más serio, creo yo. Porque se trata de un disgusto que provoca rechazo: es decir, que un hijo tuyo sea de un modo (en mi caso, más o menos se trataba de detalles que me hacían pensar que mi hija pudiese, de adulta, compartir ciertos rasgos con su madre; rasgos que no me gustan, obviamente) que, no es que no te guste, es que provoca que él/ella te guste menos e incluso sientas cierto rechazo, no por esa característica suya, sino por la persona.
      Es duro, eso. ¿No lo creéis?
      Para mí lo fue; o no sé si lo es. Y me angustiaba mucho.

      Pero decía que no sé si tiene que ver con lo que decíamos, porque hablábamos, creo yo, de ciertas malas reacciones que debemos asumir y aceptar como normales sin volvernos locos; y en este caso yo dudo que sea así. Aquí yo veo un problema mío, exclusivamente mío, que, lejos de normalizar, debo superar (en fin, no me quiero liar, pero se trataría de respeto, de expectativas respetuosas y justas, incluso de seguridad en mí mismo, supongo, etc.).

      Bueno, ¿se ha entendido algo, ahora?

      La angustia surgía, lógicamente, de experimentar, no enfado, no molestias, sino incluso sentimientos negativos, hacia alguien a quien, por otra parte, adoro.

      (Por cierto, una psicóloga me aconsejo jugar con mi hija a imaginarla, juntos, a diferentes edades, en todos los aspectos -incluso el físico y la manera de vestir-, incluyendo posibilidades poco probables. El objetivo era concienciarme de que hay infinitas posibilidades, que ni su futuro ni el de nadie está predeterminado; y que ella es muy dueña de su vida. A ella le encanta jugar, y me lo pide a menudo.)

      Gracias.

      • No sé si es a esto a lo que te refieres, pero yo descubro a veces que lo que me disgusta de mis hijos no son ellos, ni siquiera sus comportamientos, sino las reacciones que provocan en mí. Que cosas que puedo sobrellevar o tolerar en otros, me sacan de quicio cuando se trata de ellos.

        O quizás no era esto… No sé, yo no puedo conectar a mis hijos con otras personas que se les parezcan, ni que me gusten ni que me disgusten… no sé cómo llevaría esto. Un hijo que se pareciera a mi ex, por ejemplo, o que yo creyera que terminaría pareciéndose a él…

      • Entiendo y he experimentado el sentimiento del que hablas, a mi me pasaba con mi hijo pequeño, había momentos en los que le miraba y veía a su madre biológica, me refiero al aspecto emocional y eso me producía directamente rechazo hacia el niño, me he descubierto a mí misma observandole como si fuera un microbio al microscopio, sin darme cuenta yo estaba etiquetando al niño, como tú dices predeterminandole el futuro.

        ¿Sabes que me ha ayudado a poner las cosas en su sitio?, en primer lugar hablarlo, yo es que no tengo ningún pudor en mostrar sentimientos políticamente incorrectos, me resulta terapeutico y se van recolocando muchas cosas, y en segundo y no menos importante el que mis dos hijos mayores, son precisamente eso mayores, y te permiten ver que pasó con la mezcla de genética y ambiente, y lo que pasó es sencillamente que se convirtieron en personas únicas e irrepetibles, mejorando ampliamente y por goleada a sus progenitores.

  14. Gracias por tu comentario. Es lo que necesitaba oir desde hace 6 semanas; 4 durísismas semanas viajando por Marruecos sola con mi hijo, lidiando con la burocracia y 2 ya en casa donde , a pesar de lo imaginado nada se recoloca al ritmo deseado/esperado.” Mal de muchos (o de algunos) consuelo de tontos” , pero consuelo reconfortante, sobretodo cuando desde la experiencia de los que pasasteis antes por ello puedo entrever que el sueño no va a acabar en pesadilla y que el tiempo será capaz de recolocar las emociones en su sitio. Tu sinceridad a la hora de hablar sobre lo que la mayoría esconde reconforta. Gracias de nuevo.

    • Mir, ¡¡¡dos semanas no son nada!!!! Date tiempo, dale tiempo, busca ayuda si la necesitas, aunque sea para dormir un rato, o para respirar un rato, ten paciencia, sé firme y flexible a la vez, llora lo que necesites…
      Y piensa que todo pasa y todo llega, como decía Serrat.
      Venga, que puedes!!!
      Y enhorabuena por tu recién estrenada maternidad, que como la de todas, no se parece en nada a lo que imaginamos.
      Un abrazo!!

    • no te agobies, las cosas se van recolocando con el tiempo. no te pongas plazos porque a veces si ya de por si puede ser difícil, los niños te lo ponen más…
      la kafala es dura ya de por si, ya que la mayoría de cosas las debes hacer personalmente, y eso agota. cuando además tiene suq ehacer las cosas cargando a un niño que acaba de salir de un centro, agota más…

  15. siempre llego tarde para hacer comentarios…
    bueno, yo “elegí” a mi hijo, y no creoq ue eso lo haga más especial… simplemente tuve que tomasr una decisión y la tomé… no fue por nada concreto, no sentí ninguna cosa especial cuando lo hice…
    despues de un proceso un poco largo cuando llegué a casa también dudaba si se habían equivocado al darme el CI, si me había equivocado (no al elegirle a él sino al querer tener un hijo), etc… supongo que las cosas se van poniendo en el sitio que toca con el tiempo.
    sobre un segundo hijo, pues es posible que durante el proceso (por la experiencia del proceso anterior) me costara bastante sentir alguna cosa… pero en casa supongo que sabiendo ya lo ue puede pasar no me haría sentir tan mal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: