familia monoparental y adopción

La muerte y los moribundos

M., una compañera de viaje, madre de una hija nacida en Etiopía, ha escrito estas reflexiones sobre las pérdidas, los duelos, el amor y la maternidad, que me han hecho pensar tanto en B., que no he podido resistirme a pedirle permiso para publicarlas aquí.

“La muerte y los moribundos” es el título de un buen libro de Elizabeth Klubber-Ross, una psiquiatra pionera de la humanización de la atención a pacientes terminales. En su día nos tocó leer no se si por placer o por angustia muchas cosas de ella y me resultaban muy interesantes sus observaciones que nada tienen que ver con lo que hoy escribo pero es que la muerte pensada siempre lleva su nombre y hoy he estado pensando en la muerte.

Este mediodía, la madre de una compañera de H. del cole me dice en medio de una conversación trivial sobre las batallitas de nuestras niñas. “Sí, mi hija me dice: !qué graciosa es H.! Si estamos hablando de Galileo Galilei, ella levanta la mano y pregunta ¿Está muerto?… Si decimos que Cristobal Colón descubrió América ¿…pero está muerto? pregunta H., y así con todos. La escucho y sonrío recordando la cantidad de veces que me pregunta en relación a su abuelo: ¿Está muerto? ¿Se va a morir? (…y está bien, no le pasa nada) o en todas las muchas conversaciones que hemos tenido sobre la muerte… ¿A los muertos los tiramos a la basura también ? (3 años); ¡Qué suerte si nos morimos dentro de casa porque como está el techo no nos deja pasar y no podemos irnos al cielo! (4 años); Si tu te vas a morir yo me agarro de ti para irme contigo (4-5 años). Aparte de su afán por saber Cómo se muere la gente, querer visitar cementerios, ver muertos para ver cómo están y esas cosas… Al lado de eso (y supongo que porque podemos hablar tranquilamente del tema) ni una pesadilla, ni angustias detectadas, ni miedos más allá de estas conversaciones, “simplemente” curiosidad.

Sonrío con tristeza sí, como se llora de alegría.

Cuando un niño cercano a nosotros tiene dos años y pierde a sus padres, somos muy conscientes del dolor y de la pérdida que ese niño tendrá.

Cuando alguien adopta a un niño de dos años que ha perdido a sus padres, pensamos en la suerte que ha tenido. De qué, me pregunto.

Que difícil resulta que no se minimice el daño y la perdida previa que ha vivido un niño que sale en adopción. Que se entienda que la vida de antes es la misma vida y que sobre ese dolor mayor se pueden asentar otras cosas buenas para ambas partes, pero que antes, se ha perdido algo muy significativo. Y todo deja huella.

Sé que H. fue una niña querida y cuidada. No veo en ella rastros de daño emocional, por eso quiero a su familia. Esa familia, al quererla, le dio las bases para la salud emocional que yo hoy disfruto y viendo lo que hay allá afuera más me vale estar agradecida a mí. Nunca le he temido a la muerte y mi relación con ella es muy serena pero reconozco que no quiero que me pase nada, que me den vida para vivirla pero sobretodo para que H. no tenga que pasar otra vez por esa pérdida. No te puedes quedar sin madre dos veces, aunque llegará el día en que así sea, mejor esperamos y nos fortalecemos para poder integrarlo sanamente en nuestra vida.

Lleva cuatro años conmigo y aunque puede sonar extraño que lo diga  en los últimos meses noto mucho “que me quiere”. Parece una tontería pero no creo que sea fácil -o al menos a mi no me resulta nada fácil, sentir que el otro me ve y me quiere-, con amor de adentro, con amor profundo. Por eso tengo la ternura alborotada. Por eso sonrío aunque sea con tristeza.

“El amor” es una cosa intensa. Y da mucho miedo perderlo. No me extraña que para mi hija “saber y sentir” la muerte, sea importante. Y en ello estamos pensando…

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Comentarios en: "La muerte y los moribundos" (17)

  1. Yo jamás habia tenido miedo a la muerte, y de hecho sigo sin tenerla, pero lo que si que me pasa desde hace un año y me va a más a medida que noto que mi hijo me va queriendo cada dia más, es el hecho de pensar que pueda pasarme algo… y que vuelva a dejarle sin madre. Eso me acojona y a veces me cuesta saber llevarlo.

  2. Debe ser cosa del otoño, que provoca pensamientos catastrofistas…

    Mi marido y yo llevamos un par de semanas programando una futura visita al notario para hacer testamento e intentar dejar las cosas atadas si es que un día de estos nos pasa algo. Él tiene contratado también un buen seguro, y las deudas en caso de fallecimiento las asume el banco. Yo seguro no tengo, y tal y como están las cosas contemplar un gasto mensual más me da algo de pereza.
    Lo hablamos con naturalidad, no nos asusta el tema de la propia muerte… ya no. Hasta hace un año sí que lo pasábamos mal al pensarlo, porque mi hijo quedaba más a la deriva… pero ahora tengo un entorno cercano a mis hijos que los adoran y se harán cargo de ellos en el futuro si su padre y yo faltamos.
    Desde luego que preferiríamos acompañarlos hasta que ellos fueran abuelos de adolescentes (como mínimo), pero si no es posible siquiera llegar a su adolescencia confiamos en que sabrán salir adelante con los recursos económicos que hasta ahora hemos logrado juntar y con el amor de su familia extensa.

    Más miedo que la muerte me da a mí la enfermedad incapacitante, el ser una carga para ellos… tengo un amigo cuya madre tuvo un accidente de coche cuando él apenas era un párvulo y quedó retrasada, como bebé de meses, hasta su muerte cuando él ya era un hombre. Quedaron ambos a cargo de las tías (menos mal que existían) y los cuidados de la madre se comieron casi todo el patrimonio familiar (de nuevo menos mal que había de dónde sacar). Siento que aquello fue un eterno “ni contigo ni sin tí”… Yo como madre, si me pongo en el lugar de la suya, desearía mil veces más morir en el acto y ahorrarle a mi familia todos ese tiempo de sufrimiento… Ahora que lo pienso, para estas cosas también hay algo así como un “testamento vital” ¿no? Tendré que investigarlo :-/

    • Esta es otra de las cosas que hice al llegar mis hijos: contratar un buen seguro de vida. Para que los que se tengan que hacer cargo de ellos, al menos, tengan la parte económica cubierta, o medio cubierta.

  3. Yo sí he tenido miedo a la muerte,y mucho miedo…en muchas etapas de mi vida, también de niña…Ahora, también…muchos días miro a mis hijos y…pido a la vida que me deje vivir para verlos grandes y autosuficientes…De pequeña tenía pánico a perder a mi padre, a mi madre…a que murieran…Mi hermano estuvo a punto de morir muchas veces…y una hermana, de dos meses, murió tras una grave enfermedad pulmonar…
    Mi hija…también me pregunta muchas veces que…cuándo nos moriremos, que por qué nos morimos y que quién se morirá antes…si ella o yo…Muchas veces me dice que No quiere que me muera nunca…y que si yo me muero, ella se viene conmigo…Es una conversación que me aturde y me pone realmente triste…pero es una conversación habitual y que hay que afrontar para tranquilizarlos a ellos-as…

    • A mí me da miedo desde que tengo hijos, la verdad, por el qué les pasará a ellos, aunque, afortunadamente tengo dos hermanas que se ocuparían de ellos ya que mis padres son bastante mayores. Pero me da miedo el pensar que puedan crecer sin nosotros.

    • Yo también he tenido siempre miedo a la muerte. Me recuerdo de pequeña insomne y pensando en que no había nada después de la muerte, ¡¡qué angustia!! Ahora sigo teniendo miedo a la muerte, a todas las cosas que quedarán por hacer… pero sobretodo, tengo miedo por mis hijos. Me da pánico dejarlos solos…

  4. En mi casa también es un tema recurrente porque a uno de mis hijos le aterra la idea de que nos muramos y que se queden solos…. En nuestro caso no hay familia cercana a la que podamos acudir, y yo entiendo el miedo de mi hijo. ES mas, me atrevo a decir que lo comparto.NO por la muerte en si, que también, sino por el hecho de que no se que podrá ser de ellos.

    YO creo que en nuestro caso mi hijo tiene pánico a la soledad, al abandono, a perderlo todo otra vez. Y aunque es pequeño, entiendo su ansiedad!!! y no es para menos!!

    YO no creo que sea curioso que ellos traten este tema. Es una manera de tratar el abandono…

    • ¿Y no tenéis ningún plan B previsto por si os pasa algo a los padres? Para mí esto fue algo imprescindible ANTES de empezar la adopción… asegurarme de que si yo no estaba, alguien (mi hermana) se haría cargo de ellos.

      Y creo que a B. le tranquilizó cuando, la primera vez que preguntó qué sería de él si yo faltaba, le pudiera decir que no volvería a perder su vida en el intento…

  5. Tenemos que hablarlo, pero ni nosotros mismos lo tenemos claro…. son tres, quien se puede hacer cargo de los tres sin seprarlos??? me da pánico solo pensarlo. Y quien tiene el mismo plan respecto a educación? quien tiene los medios? quien quiere …… confieso que al igual que a mi hijo, a mi también me da pánico asomarme a ese tema.

  6. Yo nunca pensé en ese plan B…antes de la adopción de mi hija…y tampoco cuando fuímos a por mi hijo…Ahora, lo pienso más a menudo de lo que debería por mi salud mental, me angustia pensar en ese plan B, porque no lo veo claro…Están mis padres, que son incondicionales por sus nietos…pero, los cuidarían hasta ¿cuándo?…ellos no son ya unos niños, son mayores aunque estén muy bien de salud…ÇTambién está mi hermano, él tiene dos hijas que adoran a sus primos, pero…mi hijo, especialmente necesita tanto…me imagino, sólo imagino que no dejaría a mis hijos tirados…pero, es algo que nunca hemos hablado; yo lo tengo clarísimo, yo nunca dejaría a mis sobrinas abandonadas o en otras manos, ni pensarlo, las sacaría palante como fuese…espero que mi hermano piense igual…el más complicado es mi niño…con su problema de sordera y rehabilitación…
    ¿Otros…? Mis suegros, otros que nunca dejarían a mis hijos sólos…pero son mayores y mi suegra está muy delicada…
    ¿Otros más?Nunca contemplé la posibilidad de que mis cuñados entraran en este saco…pero…podría ser…aunque no lo tengo claro que ellos quisieran…
    Por eso pienso que lo mejor es…SOLICITAR que eso no ocurra a corto plazo y confiar en que mi SOLICITUD llegue a buenas manos…
    Lo que no sé es a quién enviar esa SOLICITUD…qué fastidio…bueno, en serio, este tema me da escalofríos…cuando lo pienso y no me doy con las paredes…prefiero olvidarlo…y pensar en otras cosas…

  7. Parece que esta entrada hoy me viene al pelo. Miedo, mucho miedo….. el lunes me hicieron un escaner: algo “poco claro” que se ve en una ecografía de riñón lo hacía recomendable. Y hasta el martes que viene que me digan algo el miedo se apodera a ratos de mi voluntad. Y hasta me ahogo, sólo de pensar en mi hija, en lo que supondría para ella perderme ahora.
    Uuuufffffff…… que trago……. no hablo de ello, perfiero no pensarlo, prefiero que, hasta el martes, me sea ajeno. Pero no siempre puedo. Y estoy aterrada, sencillamente ATERRADA.

  8. Cuando empece a buscar información sobre la adopción, no sé donde ni como pero entendí que había que nombrar un tutor, vamos que era un requisito más, me pareció tan normal que dí por hecho que era así, luego descubrí que no era necesario y me sorprendió. Nosotros siempre hemos tenido este tema presente. Me parece curioso que no sea lo habitual, que los padres de hijos menores hagan testamento y designen a la persona o personas que se harían cargo de sus hijos si ellos desaparecen de este mundo.

    Tan insistente debo de ser con este tema, que los padres biológicos de mi hijo nos nombraron tutores del suyo, de manera que hemos sido padrinos y tutores de nuestro hijo, antes de que lo fuera, claro.

    Ahora los tutores serán sus hermanos, si, este ha sido un tema que nos ha causado y causa preocupación, aunque todo se quede en casa.

  9. Llevo muchísimos años leyendo a Elizabeth KR y la recomiendo completamente, es una gran escritora.

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