familia monoparental y adopción

Elogio del pesimismo

Hoy me he levantado pesimista.

Que nuestros hijos tengan una vida mejor que la que hemos tenido nosotros: esto es lo que queremos los padres. De esto es de lo que va la vida, al final. Y hasta ahora, yo creo que todo el mundo estaba más o menos convencido de que iba a ser así… ¿Pero ahora?

La crisis y estas noticias de la prensa económica que nada de lo que estudié en la facultad me prepararó para comprender me vuelven cada día más pesimista.

Que se está hundiendo el Estado del Bienestar, que nos están quitando – y nos estamos dejando quitar – las conquistas sociales que tanto trabajo – y vidas – han costado, que en Italia y Grecia acaban de vivir un “golpe de mercado” y nosotros no necesitamos que nos pase lo mismo para que nos gobierne Goldman Sachs… Que la distancia entre ricos y pobres es la más grande en tres décadas.

Que los que creíamos ser clase media nos levantamos un día descubriendo que éramos clase baja.

Creo que en España, en Europa, estamos muy mal preparados para las crisis. Cuando empezó, leí una entrevista con un economista argentino que decía que los argentinos (entre otros) tenían muchos más recursos para enfrentarse a las crisis, porque están acostumbrados a ellas… Me recordó a algo que dijo la diputada somalí-holandesa Ayaan Hirsi Ali cuando la ultraderecha la amenazó de muerte y alguien le preguntó cómo se vivía con una espada de Damocles como esta pendiendo sobre su cabeza: los somalíes estamos acostumbrados a no saber si al día siguiente estaremos vivos, para mí no es como sería para ustedes.

Los europeos estamos muy acostumbrados a la seguridad, a las certezas, a las garantías, y creo que este es un mundo que se ha terminado. La duda es qué vendrá después. ¿Seremos lo suficientemente creativos? ¿Sabremos construir un mundo mejor? ¿O escogeremos algún tipo de fascismo que nos dé más ilusión de seguridad?

Ya lo decía aquella maldición china: “te deseo que vivas tiempos interesantes”…

¿Sirve para algo el pesimismo? Llevamos décadas oyendo que la actitud es fundamental para el éxito, que los optimistas viven más, que las crisis – y los despidos, y los divorcios – hay que vivirlas como nuevas oportunidades y que si nos quitan el queso somos unos gilipollas si no somos capaces de salir a la calle a por más.

Puede que sea cierto. O puede que sea una trampa… La socióloga norteamericana Barbara Ehrenreich acaba de publicar en español su libro “Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo“, en el que explica que este no es más que una trampa para justificar las desigualdades. Si tienes un cáncer y no lo superas, es que no has puesto bastante de tu parte: eres responsable de tu enfermedad. Lo mismo si no encaras el desempleo con una actitud positiva. Y esto, dice, nos ha llevado a la actual crisis: el hecho de que nos piloten líderes empresariales y financieros que viven en un mundo mágico que no tiene nada que ver con el nuestro.

¿Para que sirve el pesimismo? Leía el otro día en un libro del publicista Luis Bassat algo que me llamó la atención: los judíos alemanes pesimistas emigraron a los Estados Unidos y han visto crecer a sus nietos, y los pesimistas que pensaron “saldremos de esta”, murieron en cámaras de gas.

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Comentarios en: "Elogio del pesimismo" (6)

  1. Buffff, ¡cuantos temas en un solo post! Aunque se me ocurren mil cosas, quería matizar un poco la afirmación de Lluis Basats y los judíos optimistas y pesimistas. La verdad, me parece una interpretación muy simplista de una realidad muy compleja. Muchos judíos no se fueron de Alemania porque eran alemanes, y se consideraban como tales, y no concebían que no fuera así. Otros no se fueron porque no tenían nada ni nadie fuera, no tenían dónde ir. Y muchísimos más no se fueron, simplemente, porque no pudieron, porque la gran mayoría de los demás países europeos les negaron la entrada y les negaban los visados. Y una de las razones de la Endlösung, de la Solución Final (que no se puso en marcha hasta el 42) fue que no se pudo realizar la idea de crear un estado judio en Venezuela o en Uganda, que fueron algunas de las posibilidades calibradas por los nazis. Así que a medida que se iban conquistando países, y con ello aumentando la población judía, crecía el problema de “qué hacer” con esa población no deseada. Y es posible que muchos, muchos, muchos miles de judíos se hubieran salvado si las fuerzas Aliadas, en las postrimerías de la guerra, hubieran dedicado alguna de sus bombas a destrozar las vías del tren que llevaban a los mayores y más deleznablemente eficaces campos de exterminio, como los de Auschwitz o Treblinka, que estaban en Polonia. Los Aliados sabían que estos campos existían, sabían que estaban estos trenes de la muerte, pero prefirieron arrasar (literalmente) ciudades como Dresden, a pesar de que en ellas sólo quedara población civil.

    (Jooo, lo siento, como me he enrollado, pero es que la afirmación de Basats me ha parecido de una demagogia barata bastante pobre, y este tema me pone incandescente…)

    Dicho esto, mi abuelo español no era judío y acabo muriendo en un campo de concentración, y, sinceramente, eso no tiene nada que ver con que fuera ni optimista, ni pesimista. Y mi abuelo alemán murió de cáncer de pulmón, pasadas las dos guerras mundiales que (sobre)vivió. Ya ves.

    En cuanto a la vivencia de Barbara Ehrenreich, creo que obedece a otras causas. Por ejemplo, el miedo que tenemos a la muerte. Cuando alguien te dice “tengo cáncer”, casi todo el mundo miente, y tras enunciar todos los casos de gente que conoce que ha salido del trance pasa a comentarle cómo lo más importante es que esté de buen ánimo, que sea optimista, que no se deje vencer. Y luego pasan a explicar cómo es mejor no callarse las cosas, que el estrés acaba pasando factura en forma de cáncer, que aguantarse los disgustos significa que luego salen en forma de enfermedades mortales – pasando de esta forma la responsabilidad de la enfermedad al enfermo, como si la vacuna universal contra el cáncer fuera ir por la vida diciendo burradas o ser lobotomizado para ir feliz cual regaliz las 24 horas del día, 365 días al año. Pero prácticamente nadie le dice al enfermo, “vaya mierda de enfermedad, qué faena, qué tratamiento tan duro tiene, que efectos secundarios tan chungos, pero vamos a por todas. Y, pase lo que pase, salga bien o salga mal, no vas a estar sola, y yo voy a estar dándote la mano, llorando o festejando, pero no vas a estar sola”. Pero eso da miedo, así que todo el mundo insiste en que el cáncer se cura, que tienes que estar de buen rollo.

    Pero es verdad que parece que hoy en día, cuando te pasa algo malo, basta con pensar en positivo. Pues no, no basta. Pero creo que cuando algo chungo sucede (y, tarde o temprano, lo hace) no te queda más remedio que llorarlo, darte mucha pena, sufrir y luego, con optimismo o con pesimismo, arremangarse y ponerse manos a la obra. Yo no creo que se trate tanto de qué sintamos, sino de qué hagamos.

    Por desgracia, creo que hoy en día el secreto para volver a encontrar trabajo tras perderlo es asumir que para volver al mundo laboral vas a trabajar más y cobrar menos, mucho menos. ¿Es optimista pensar que vas a volver a encontrar trabajo? ¿O es pesimista pensar que será un paso atrás laboral?

    En cuanto a que los hijos siempre les ha ido mejor que a los padres… no sé, creo que es un mito muy reciente. Llevo mucho tiempo pensando que el sueño de un trabajo estable y seguro, y de una jubilación igualmente tranquila y segura ha sido como el periodo del sexo libre que hubo entre la aparición de la píldora y la del VIH: un tiempo corto e ilusorio, quizás demasiado utópico para ser verdad.

    • Lo de Bassat, lo dijo así tal cuál, en su último libro. Y eso a pesar de que es judío (y ejerce como tal). Pero claro, hay que tener en cuenta que también es publicista… son una población simple, como lo somos también los periodistas.

      Lo que dices del cáncer creo que se puede aplicar a casi todas las cosas malas que nos pasan: la muerte de un hijo, un diagnóstico chungo en salud mental en la familia… La mayoría de la gente no quiere escucharlo, no sabemos escucharlo… A los pocos días se está pidiendo al afectado que “pase página y siga con su vida”… tengo una amiga con un hijo con una enfermedad importante, que decía: “Yo quiero hablar de ello, pero la gente cambia de tema”…

      Y sí, quizás es un mito. Como el sexo libre… o la extraña teoría de que las mujeres acabamos de incorporarnos al mercado laboral, como si no hubiéramos trabajado, dentro y fuera de casa, desde siempre.

  2. Siempre aceptando la realidad (no se donde leí que la realidad es tozuda) elijo el pensamiento positivo, aunque me cueste un gran esfuerzo mental y emocional.. . Quizás porque fui educada desde una visión pesimista de la vida y ese agrio pesimismo se hizo parte de mi. Te puedes permitir un día pesimista e incluso una semana… pero una vida mirando hacia la oscuridad es demasiado… Espero no trasmitir a mi hija ese filtro oscuro para contemplar y moverse en la vida. No puedo sumarme a tu elogio, aunque esté contigo en bastantes cosas de las comentas

    No tengo ni idea de hacia donde vamos y me quedo perpleja ante nuestra pasividad actual… quizás el vivir en los mundos de yuppi teniendo 20, 30, 40 años han dejado a muchos sin reflejos o sin consciencia… no se… no entendio nada…

    • Yo tampoco entiendo nada. Han sido, ¿qué?, tres décadas de “burbuja” de crecimiento y consumismo? Y parece que no seamos capaces de imaginar otra cosa… ¡¡a pesar de que muchos tuvimos una infancia sin calefacción y nuestros padres conocieron el hambre!!

  3. Sí, yo pensaba lo mismo… perdemos a ritmo vetiginoso y nadie mueve un dedo.

    Seguramente no sea cuestión de ser pesimista/optimista, sino conformista o no. Porque lo que quería decir Bassats era que hay que moverse, emigrar, acampar, innovar etc Mi opinión es la misma: hay que hacer lo que sea, equivocarse mil veces, pero jamás esperar.

    No podemos evitarlo todo, pero lo que está pasando, la que está cayendo. Lo que leemos en los periódicos, que nos bajen los sueldos personas que se suben los suyos depués de habernos robado y tienen pensiones vitalicias… y no sólo no hacemos nada sino que les votamos.

    Lo que me extranya es que esto no haya pasado antes.

    • Me gusta la distinción entre conformista e inconformista… y tengo claro en qué bando estoy. Es lo que decía en la entrada anterior… se puede (y a veces hasta se debe) vivir en los márgenes, por ejemplo…

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