familia monoparental y adopción

Consecuencias y límites

Cuando llegas a la parentalidad, descubres, entre otras muchas cosas, un universo lingüístico para el que a menudo necesitarías un diccionario.

De las palabras más curiosas que me he encontrado, o mejor dicho, una de las aplicaciones más curiosas, es la palabra “consecuencias”.

Es como llaman ahora algunas personas políticamente correctas a lo que antes llamábamos castigos…

Castigar no está bien visto, pero en vez de cambiar la realidad, cambiamos las palabras que usamos para describirlas. En el colegio te dicen “no, aquí no castigamos”… ¿Y dejar a un niño sin patio porque se ha olvidado la bata, qué es?

En realidad, consecuencia no es lo mismo que castigo. Un castigo es una medida arbitraria, que se usa para punir al niño, para demostrar autoridad. Una consecuencia es algo que se deriva del propio comportamiento del niño.

Un ejemplo: si el niño se olvida el equipo de piscina, no puede bañarse. Esto es una consecuencia. Dejarle sin patio por olvidarse la bata, es un castigo.

Otra palabra omnipresente cuando se habla de niños es “límites”. Límite vendría a hacer lo que antes se llamaban normas… o prohibiciones (tampoco están bien vistas, llamarles “límites” queda más light).

“Este niño no tiene límites”; “esta familia no pone límites”… son frases que oímos a menudo. Sin embargo, salvo en casos que merecerían la retirada de custodia, no conozco ninguna familia que no ponga límites. No conozco a nadie que permita que su hijo beba lejía, por ejemplo, o que cruce una calle de 6 carriles corriendo y sin mirar…

Otra cosa es que los límites de unos sean distintos a los límites de otros… o la manera de hacerlos cumplir. Hay quién usa el castigo (¡perdón!: la consecuencia), y otros que optan por otros métodos, como la repetición, la negociación, el soborno…

Sobre límites y consecuencias (y control) acabo de leerme un libro que me recomendaron hace poco dos madres adoptivas que saben mucho de todas estas cosas: tienen 4 y 3 hijos respectivamente.

El libro se llama “Beyond consequences, logics an control”, (más allá de las consecuencias, la lógica y el control) y aborda los comportamientos de niños que han sufrido trauma, englobando en este grupo los niños adoptados (y por tanto, previamente abandonados, y en muchos casos negligidos o abusados). Va en la línea que a mí me gusta, de intentar comprender el mensaje que hay tras la conducta disruptiva del niño, y dice que comportamientos extremos, como las mentiras (o cosas más heavies, como agresiones, esconder comida, robar, etc) tienen su raiz en el miedo, y son comportamientos de supervivencia, es decir, mientras los tienen, están convencidos de que les va la vida en ello, de que si dejan de hacerlo, literalmente, morirán.

El libro sostiene que el niño que miente, agrede, roba… lo hace bajo el estrés, y que si lo castigamos, aumentamos el estrés; que es prioritario abordar el estrés, calmar al niño, regularlo, ver qué lo ha desestabilizado, y hacerle sentir seguro, empatizando con él.

Y sólo más tarde, cuando la situación de estrés ha sido superada, abordar lo mal que nos hace sentir que nuestro hijo crea que debe mentirnos, agredernos o robar…

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Comentarios en: "Consecuencias y límites" (19)

  1. Muy interesante. Voy a ver si consigo este libro. Coincido contigo en tu enfoque. Me aburren las palabras de moda que se vacían de sentido. Yo creo que pasado el momento de la crisis y el pataleo, donde sí hay que intervenir sin hablar, siempre es bueno sentarse a escuchar y buscarle el por qué a las conductas. Otro autor que a mí me gusta mucho y que tiene esta misma postura es el Dr Gabor Maté, que se especializa en déficit de atención y adicciones. Con respecto al déficit de atención, tiene un enfoque muy particular, porque postula que este trastorno es un retraso madurativo que tiene su raíz en problemas en el apego, e incluso analiza el alto porcentaje de personas adoptivas que sufren este trastorno, justamente por el trastorno de apego subyacente. Más alllá de lo que haya motivado la falta de apego, o el apego inseguro, la solución, según él, pasa por reforzar ese apego y trabajar en profundizar la relación y empatizar, más que centrarse en las estrategias tendentes a solucionar el problema de corto plazo, la modificación de la conducta como único objetivo, porque en definitiva sería como suprimir el síntoma sin analizar qué lo está provocando. Tiene otro libro escrito en colaboración con otro autor, Gordon Neufeld, que se llama “Hold on to your kids: Why parents need to matter more than peers” (en español: “Regreso al vínculo familiar: protege a tus hijos”, editado por Hara Press), que profundiza este orientación llamada “attachment parenting” (vínculo parental basado en el apego). No lo he leído todavía pero sí me leí el de ADHD y es muy recomendable.

    • ¡¡Tomo nota de la recomendación!!

      Sin embargo, el libro del que hablo es (al menos en apariencia), igual en el fondo pero radicalmente distinto en la forma: recomienda no abordar la conducta de entrada sino el estrés, es decir, no decirle al niño “para de hacer tal cosa” sino sentarse a su altura y hacerle sentir que estás allí para él: “debes estar muy asustado… sin duda hay algo que te preocupa… estoy a tu disposición para hablarlo”. Y hacerle sentir arropado y seguro. Y sólo más tarde, cuando ha pasado la crisis, hablar de que lo que sea que haya hecho está mal, qué consecuencias tiene (nos hacemos daño, nos ponemos tristes)…

  2. Pues yo la verdad es que castigo sin algo a mi hijo cuando considero que no se porta bien, no ver la tele o no jugar con tal juguete porque lo tiró, o ponerlo a mi lado sentado si está portandose mal (lo que no hago es enviarlo a su cuarto o a “la silla de pensar” aislado, una psicóloga nos comentó que ese tipo de castigos para niños que han sido abandonados lo único que hace es aumentarle el estres y no ayuda nada) y le explico las normas de convivencia que hay que seguir en nuestra casa, y por supuesto el ejemplo de una misma es básico.La verdad que excepto esos detalles de no aislarlo como castigo, es lo mismo que haría con un hijo biológico. Supongo que si tuviese problemas de conducta graves, si que me apoyaría en libros como el que comentas, no se, porque la verdad es que se porta bastante bien tanto en casa como en el cole.

    • Mi entrada no es contra el castigo sino contra el maquillaje que a veces usamos al elegir las palabras… Y el libro, efectivamente, habla de comportamientos de supervivencia en niños que han sufrido trauma. Comportamientos y niños que no responden a las estrategias habituales (y lógicas, como dice el título).

      • Si, estoy de acuerdo contigo, por eso yo digo que castigo y que impongo normas, porque me matan esos eufemismos que además con los niños, y con los mayores, hay que ser claros. Consecuencia es que si cruzas en rojo el semáforo, un coche te mata y no que mamá te castigue a su lado al llegar al parque por cruzar en rojo.

  3. Hola,
    me ha encantado la entrada porque yo soy bastante bruta en estas cuestiones. No me gustan los eufemismos y castigar es castigar y pensar es pensar. No me gusta mezclarlos. No quiero que sientan bajo ningún concepto que pensar es un castigo, por lo que no les digo que se vayan a pensar sino que están castigados … a aburrirse un rato. Después del castigo es cuando hablamos y les pido que piensen (lo harán sólo si quieren), pero en otro contexto.

    Yo creo que tras un comportamiento repetido, o muy problemático puede que haya una llamada de atención, una necesidad de atención que sin duda hay que observar y atender. Creo que como partida es mejor que nuestra atención les sobre y no tengan que inventar grandes catástrofes que la atraigan.
    Tengo una compañera de trabajo que está preocupadísima por lo que le ocurre a su hijo , al que han acabado echando del cole con 15 años y un diagnóstico de TDAH…dice que algo habrán hecho ellos también mal, que le tuvieron en el cole desde el primer año y hasta los 10 12 horas diarias. Para mí es obvio, ha encontrado formas de conseguir una atención negada en su momento…y ha tenido un coste en su desarrollo. Ahora tiene mal arreglo y menos con ésa “capacidad” de su madre para entender lo que le pasa.

    Pero hay muchas ocasiones en la vida cotidiana en que un niño hace algo que no está bien, porque prueba, porque es divertido, para conseguir un objetivo que mola a pesar de que lo que hace no esté “aceptado”. Porque es parte del crecimiento jugar con lo que se puede y con lo que no, tantear hasta donde…
    Un niño que hace algo mal no tiene porque ser un niño con graves carencias o con falta de cariño, es un niño al que hay que ayudarle a corregir ese comportamiento. A veces vemos grandes dilemas en cosas que no los son y creo que podemos caer en pensar esto lo hace por tal , esto lo hace por cual…¡pobrecito! y que al final nadie le diga que eso no se puede hacer así porque molesta a los demás.

    Y si tiene carencias habrá que iniciar estrategias paralelas. Vistas las carencias habrá que afrontarlas , abordarlas, suplirlas, hablarlas, ponerles palabras, buscar historias que nos ayuden a expresar lo que pasa…. Pero si un comportamiento disruptivo “se permite” como forma de vida, estamos condenando a ese niño al ostracismo. Vamos a criar un insociable. Nadie quiere jugar con quien se relaciona pegando, o con quien rompe todo…No es lógico castigarle por todo lo que hace mal, pero sí que habrá que marcar algunas cosas y ser estrictos con éso…
    Entender porqué lo hace no genera que deje de hacerlo. Que él entienda porqué lo hace es un paso más y puede dar resultado. Pero hace falta llegar a la práctica de hacerlo bien.

    En mi casa hay cosas (pocas) que no acepto. Me parece necesario para poder vivir en cierta armonía y son normas que está PROHIBIDO incumplir, otras cosas son negociables y en otras tienen vía libre.
    Ejemplos:
    Está prohibido/no está permitido:
    tirar comida y menaje al suelo.
    no recoger los juguetes.
    esconderse antes de volver a casa desde casa de amigos.(esta en particular me saca de mis casillas)

    No creo que no les guste recoger por carencias. Creo que no les gusta recoger por lo mismo que a mí: es mas divertido jugar que recoger. La consecuencia lógica es que vivamos en el Kaos. Pero yo prefiero el castigo de que si he de ir yo a recoger lo barro y lo tiro o lo retiro al trastero.

    A veces veo discusiones interminables sobre porqué quiere mamá que volvamos a casa, por que es de noche, porque mañana hay cole, porque vamos a cenar…que me desespero. No son tontos. Saben perfectamente porqué les has dicho que nos vamos a casa. Saben perfectamente porqué quieren quedarse con sus amigos: porque se lo están pasando bien. Sencillamente falta aclarar algo que suena mal, pero que es importante: que la responsabilidad de las decisiones de la vida familiar, aunque el diálogo y la escucha sean la forma, recae sobre los adultos, y los niños han de OBEDECER (esta última es la que peor suena¿no?).

    Esta actitud también les proporciona seguridad.

    En mi trabajo (soy educadora social) estoy harta de ver a padres que dicen que “no pueden” con su hijo. Que tiene 6 años y no quiere ir al colegio ¡y no va! porque realmente no pueden llevarle, muerde, pega patadas, insulta hasta el infinito…Creo que en un momento se perdió el norte. En muchos momentos es necesario para la salud de la familia que los niños sientan que ahí detrás hay alguien que “tiene un plan” que controla, que no está todo improvisado y que cumplimos “el rol de padres”…que no somos marionetas que variamos según las pataletas. Y por aquí va lo del castigo. Tengo potestad para castigar igual que tengo el deber de sustentar. Y el deseo, necesidad y ¿deber? de amar…¿por qué nos da miedo decirlo?
    Esto proporciona seguridad. O pensáis que de adultos los hijos pensarán que les respetaron por hacer lo que ellos querían, y ahora son analfabetos.

    A veces nos centramos demasiado en las carencias de los niños y nos olvidamos de las carencias de los padres. Es necesario un nivel importante de madurez, firmeza, decisión, premeditación …quiero decir que ser padres, como ser jefes no es fácil. Pero a veces hay que tomar decisiones feas…y siento que las estamos evitando y esto tiene consecuencias…

    me siento Javier Hurra hablando sobre “El Pequeño Dictador” y tampoco era exactamente éso,…pero bueno…ahí queda mi rollo…

    • Suscribo todos y cada uno de los puntos de tu comentario. Y yo tampoco puedo soportar que se escondan cuando es hora de volver a casa… Es una de las cosas que más consiguen estresarme (incluso cuando son sus amigos en mi casa quienes lo hacen).

    • Vale, yo también suscribo…excepto en que ser jefes sea comparable a ser padres en lo difícil! 🙂

      Creo que tienes toda la razón. Yo recuerdo a mis padres muy desordenados y hablándonos de todo a todas horas. Recuerdo que se nos respetaba mucho desde muy pequeños…como si en vez de considerarnos niños no preparados para comprender todo, nos considerasen “preadultos” a los que había que enseñar a comprender todo.
      Pero había límites y se nos explicaban las cosas alto y claro, con lo que se evitaban muchas consecuencias y algunos castigos! Decían “harás lo que quieras cuando vivas de tu dinero”. A mi me parecía bien y lógico. No me decían a los 18, sino cuando seas tan adulto que seas capaz de vivir de tus recursos.

      Ahora veo a muchos hijos que hacen lo que quieren desde niños y no entiendo como los padres lo han consentido. Cómo se ha llegado a ese punto…pero creo que es mucho más fácil como dice la del chiste “comprar límites” que ponerlos porque esto último cansa, agota, estresa y dan ganas de jugar al escondite una misma con carácter definitivo! Pero es nuestra responsabilidad y obligación. Aunque también creo que cuando el hijo da muchos problemas, ni siempre es la culpa de los padres ni siempre hay un trauma detrás…

      Eva

    • Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Además, yo creo que a cada niño le acabas encontrando un poco el punto. Yo ahora, con mi hijo mayor, de 5 años, que está pasando una mala racha por celos a su hermano pequeño de 19 meses, estoy comprendiéndole y evitando rabietas a traves de conductas que antes acababan en enfado y castigo.
      Está claro que eufemismos hay en todas las cosas y más en relación a la educación de los niños.

    • “porque tienes que obedecer a la abuela o a mi”, y tienes razón que poca gente utiliza la palabra obedecer.

  4. upsss…quería decir Javier Urra…se nota que tampoco es mi ídolo!

  5. Pues sí, hay palabras que parece que entran en desuso y…yo creo que no deberían.
    Nosotros a nuestros peques les decimos las veces que sea necesario que “hay que obecedecer….a la primera, no a la sexta o la octava….porque eso no es obedecer”.
    Que hay que obedecer a papá y a mamá y a los profes en el cole….
    Creo que lo tienen muy claro…otra cosa es que lo consigan……
    Otra cosa que yo llevo muy mal son los malos modales en la mesa…lo de hablar con la boca llena, por ejemplo no lo soporto….
    Mil veces les repetimos, no hables con la boca llena, usa la servilleta y límpiate la boca, no te llenes la boca de comida como un hámster, coge bien los cubiertos…..
    Y lo que no soporto es que se levanten mil veces de la silla cuando están comiendo…”es que se me cayó la servilleta”, “es que voy a hacer pis” …pues no, a hacer pis se va antes de sentarse a comer……
    Por favor, deja de dar paseos, siéntate ya…y acaba!!!!!!!
    Veo que hay familias que parece que les da miedo reñir a sus hijos o llamarles la atención o corregirlos cuando su comportamiento no es bueno….cuando vas a comer fuera ves cada cosa que….
    Nosotros lo intentamos y Poco a poco lo van consiguiendo 😉

    • A mí me parece claro que cada familia tiene sus prioridades y que lo importante es que el niño tenga claras cuales son, que conozca la norma (incluso para incumplirla…).

      Para mí el orden es fundamental y mi hijo lo sabe. Mi pareja, por ejemplo, le da más importancia a otras cosas y así se lo hace ver a sus hijos.

      Yo también utilizo el “aquí mando yo y tú mandarás en tu casa cuando la tengas”. Y eso es, literalmente, lo que me decían a mí mis padres. Eso y “mi casa siempre será tuya. La que tú tengas será tuya y de tus hijos” y siempre me pareció muy razonable.

      • Pues sí. De acuerdo en los dos principios. Y en lo de las prioridades (a veces, en casos de niños con conducts muy disruptivas, vienen más derivadas de las necesidades de los niños que de los deseos de los padres).

  6. Yo descubrí un eufemismo que se utiliza en lugar de obedecer y no me gustó nada. Fue una profesional de la salud que dijo “es que no colabora.” Y yo pensando “como quieres que colabore si tiene 4 años.” Unos días después vi la palabrita (y entre paréntesis “obedecer”) en un libro sobre adopción. Si en ese momento llego a tener la médico en cuestión delante la hubiese dejado de vuelta y media (cómo se atreve con una niña que lleva aquí apenas 3 meses!!)

    Afortunadamente profesionales sensatos los hay. Al cabo de un tiempo hablaba del mismo tema con su profesora y le dije “no se deja y… (añadí la consecuencia que me preocupaba, y afectaba su asistencia al cole)”, y ella respondió “yo tampoco me dejaría si tuviese la opción.” ¡¡Cuánta razón!! ¡¡¡Y lo que me reconfortó!!!

    Gracias por la recomendación. Voy a intentar conseguir el libro.

  7. Hola Mamá de Marte.
    Buscando herramientas para resolver (bueno, al menos siquiera entender) las últimas regresiones de mi hijo estoy trillando la red a ver si por algún lugar suena la flauta.
    He visitado algunos blogs que me están pareciendo interesantes, en el último he encontrado un post que me ha gustado y que enlaza con este diálogo que tuvisteis sobre los límites, te lo paso, quizá a tí también te parezca algo sobre lo que seguir pensando: http://atraviesaelespejo.blogspot.com/2009/07/los-limites-coordenadas-fundamentales.html

    • Gracias, Raquel. Es muy bueno. Creo que además, es algo que intuitivamente vengo empleando: “sí, pero sólo esta vez”. “Ahora no, pero más tarde sí”… etc.

      Espero que las regresiones de tu hijo sean o se vuelvan manejables.

      Un abrazo!!

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