familia monoparental y adopción

Turismo post-adoptivo

Me pone Bone, lectora de este blog y amiga cibernética (y madre de un niño etíope-gallego) sobre la pista del blog de Iskender, muy interesante en su contenido, y de dos de sus entradas sobre “Retour en Ethiopie”, un documental sobre el regreso de una mujer adoptada, de adulta, a su Etiopía natal y a su familia de origen. En esta podéis leer sobre el documental; en esta otra, sólo una breve referencia, pero de ella cuelgan un montón de comentarios que no tienen desperdicio por la densidad de su contenido, nada cómodo.

 

 Os recomiendo que los leáis en el enlace original… pero no puedo resistirme a comentar algunas de las ideas que salen en ellos:

Por ejemplo: se habla “de las familias adoptantes que, despreciando los derechos de los menores y de sus familias biológicas, se dedican a buscar los orígenes como si se tratase de un juego”. El comentario me parece, de entrada, muy despectivo. ¿De verdad hay alguien que encare la búsqueda de orígenes como si fuera un juego? ¿Alguien que no sufra, no dude, ante la decisión de buscar a los primeros padres de sus hijos? ¿De verdad respeta menos los derechos de los menores aquel que intenta descubrir – y darles a conocer – su verdad y su historia que otros muchos que prefieren ignorarlos bajo la excusa de que “la decisión les pertenece a ellos”? ¿Por qué podemos tomar otras muchas decisiones por nuestros hijos – desde su corte de pelo al tipo de colegio al que los enviamos – pero tenemos que dejar en sus manos inexpertas la decisión de si buscar o no sus orígenes? ¿Y en el caso de que nuestros hijos sí quieran regresar, entonces sí hay que dejarles que sean ellos quiénes tomen la decisión? ¿De verdad buscar los orígenes – si se hace correctamente, con discreción, sin entrar cual elefante en cacharrería – es un desprecio a los derechos de las familias de nuestros hijos? ¿Por qué entonces tantas familias que han estado durante meses o años intentando conseguir información de los hijos que compartimos, respiran aliviados cuando esto ocurre?

Otra de las ideas contenidas en los comentarios que me parece interesante: “El no-contacto con los orígenes biológicos de los adoptados (…) conlleva el beneficio social inmediato de no fomentar el abandono inducido en el país de origen, es decir de no convertir las adopciones en cayucos de postín para público infantil”. Este es un tema que no tengo excesivamente claro. Pero creo – y es una idea que comparten conmigo otras familias que han viajado a conocer a las familia biológica de sus hijos – que es posible que la presencia de blancos ricos llevando a aldeas remotas fotos de niños felices y bien alimentados – o, peor aún, ofreciendo a estas familias biológicas una contribución económica – fomente en otras familias de su entorno la idea de la adopción. ¿Cómo cuidar que esto no suceda? ¿Cuáles son las precauciones a tomar? ¿En qué punto está el equilibrio entre el legítimo – para mí – deseo de conocer y contactar y el riesgo de que nuestra presencia allí rompa el equilibrio del ecosistema social en el que viven las familias de nuestros hijos?

Sigo: “Aunque se hagan de buena fe, se da un número difícilmente cuantificable de retornos gestionados de manera irresponsable por algunos adoptantes. El daño puede ser grave si se produce cuando el adoptado está aún en una edad en que no puede asimilar adecuadamente este acontecimiento o experiencia, generándole por consiguiente conflictos interiores e incertidumbres”. Esta es una idea compartida por muchos psicólogos expertos en adopción. Una idea que yo no comparto en absoluto. Yo creo que los conflictos e incertidumbres de nuestros hijos no vienen de conocer su historia (sobre el terreno o a distancia) sino de la historia en sí. A estos conflictos e incertidumbres, la falta de información añade más dudas y miedos y angustias, probablemente bastante más difíciles de gestionar.

En mi casa todavía no hemos emprendido el viaje de regreso a Etiopía (aunque tenemos intención de hacerlo sin esperar a que sea B. quien tome la decisión… aunque B., por cierto, la comparte) y el viaje de regreso al pueblo de A. no incluyó reencuentro con familia biológica;  pero las familias que conozco que sí han regresado al país de origen para reencontrarse con la primera familia, cuentan, indefectiblemente, que las consecuencias han sido positivas para todos los miembros de la familia. Ninguno de ellos – de los que conozco yo – gestionaron sus regresos irresponsablemente, sino al contrario, sopesaron y ponderaron los pros y los contras, informaron debidamente a sus hijos, tomaron en cuenta sus emociones para tomar cada decisión… en definitiva, actuaron con la máxima sensibilidad y responsabilidad. No puedo decir lo mismo de todos los padres que han decidido racionar o directamente ocultar información a sus hijos.

Otra idea que se apunta en esos comentarios: “también existe el deseo de que la familia biológica conozca y reconozca lo buenos que son los padres o madres adoptantes”. Es posible que en algunos casos sea así. Yo no conozco ninguno. Todas las personas que conozco que han decidido (y podido) contactar con las familias biológicas de sus hijos lo han hecho con cierto miedo. Miedo a lo que se pudieran encontrar (desde irregularidades a historias difíciles de explicar, pasando por progenitores que demandaran cosas a las que ellos no podían acceder). Y todas confiesan que una de las emociones que les procuró el encuentro fue tranquilidad: tranquilidad de saber la verdad, pero también, la tranquilidad de que, por fin, los primeros padres de sus hijos pudieran tener noticias de estos.

Esto es algo que también me pasó a mí. Yo contacté con la madre biológica de B. empujada por el interés en conseguir información, sin saber que con el tiempo llegaría a valorar en la misma medida el hecho de que ella pudiera tener información. En mi percepción de la historia, esta relación nos ha convertido en iguales, en muchos sentidos.

Por último, hay una expresión que fue la primera que me golpeó cuando leí todo esto: “turismo postadoptivo banal”. Incluso sin el adjetivo, lo que está expresión implica es superficialidad, frivolidad… Así que de entrada, no sólo me provocó molestia, sino rechazo.

Pero luego empecé a darle vueltas… y pienso que, en algunos sentidos, no es un mal concepto. Pienso que, con la excepción quizás de los adoptantes que viven o han vivido en el país de origen de sus hijos – o que comparten este origen -, la aproximación que hacemos la mayoría de nosotros a su país, su cultura… es necesariamente superficial, y a veces incluso un poco frívola. Sabemos de sus platos nacionales, conocemos algo de su música, los puntos más relevantes de su historia, algunos datos geográficos… pero ¿cómo acercarnos a la esencia de lo que es una cultura, y ahí me refiero a la forma de vivir, de entender el mundo, de percibir las cosas, de percibirse a si mismos? ¿Cómo entendernos con gente que usa lenguajes distintos, donde por ejemplo, la palabra intimidad no existe, o donde el futuro es tan tenue que no merece la pena guardar para mañana?

A este respecto, me pareció muy interesante esta entrada del blog de Laura Casielles (periodista afincada en Rabat y reciente Premio Nacional de Poesía Joven). Habla de una expresión que todos los que hemos kafalado en Marruecos hemos usado alguna vez, en ocasiones con ironía, otras con rabia o desespero, o con suficiencia: Insh’allah. Insh’allah quiere decir “si Dios quiere” y es lo que te dicen ante cualquier intento de hacer planes o previsiones.

Y en cambio, probablemente es una de las diferencias culturales fundamentales entre los marroquíes y nosotros: nosotros nos creemos dueños de nuestro destino, y por tanto, estamos convencidos de tener derecho a garantías y reclamaciones. Ellos saben que muchas cosas no están en sus manos, y que por tanto, hay que encomendarse a fuerzas que desconocemos. Si no eres capaz de percibir esta diferencia, es prácticamente imposible entenderse con ellos…  

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Comentarios en: "Turismo post-adoptivo" (12)

  1. victoria dijo:

    Un comentario, madre de marte.
    Observo mucha preocupación por los muy escasos viajes postadoptivos con los niños ( al menos españoles) y muy poca por como han llegado esos niños a nuestras vidas.
    No creo que nadie llegue al pueblo de sus hijos con una comparsa. Evidentemente hay que hacerlo con discreción, pero no olvidemos que antes que nosotros los buscadores de niños etíopes que participan del negocio ya han peinado la zona , dicho sus mentiras, hecho sus coacciones en caso necesario; y todos saben de la adopción internacional.
    En resumen, me parece un poco hipócrita la discusión ( no la tuya, sino la de los comentarios del blog que mencionas)
    Evidentemente es mas romántico y bonito quedarse con lo que dice los papeles, sobre todo si estos dicen que el niño/a es un tierno huerfanito sin familia.
    Hay que tener narices para buscar la verdad y hay mucha gente a la que la verdad incomoda.

    • Totalmente de acuerdo con lo que dices. Es preocupante que nos preocupe más el efecto que tiene en las familias biológicas la posible visita de sus hijos (con sus nuevos padres)… que el efecto de la pérdida de sus hiijos. Y sí, es verdad, muchas veces la idea de la adopción internacional es inducida… bastante antes de que a las familias adoptivas se les ocurra visitar a sus homólogos etíopes (léase de cualquier otro país).

  2. Lo que yo siento y pienso es que hay que mirar al niño antes de tomar calquier decisión. Y eso no siempre es así, nuestra subjetividad, nuestro propios procesos mentales o psicológicos o afectivos (yo que se…) nos pueden llevar a actuar antes de tiempo o de forma incorrecta para “nuestro hijo”. Pienso que a veces se pueden confundir las necesidades del hijo con la de nosotros los padres, necesidades a veces inconscientes. Hablo desde mi experiencia como madre de una niña china.

    Lo primero de lo primero, al menos para mi, es la vinculación… hasta que mi hija no esté perfectamente apega y vinculada a nosotros con una vinculación sana y profunda, sencillamente no me muevo a ningún sitio. Un niño con un mundo emocional todavía inseguro o con su mochila sin airear pienso que tiene otras necesidades prioritarias y diferentes de buscar o indagar sobre sus orígenes.

    Y no entiendo como se puede llevar a un niño que ha llegado a nosotros con tres o cuatro años cuando tiene seis (me invento el supuesto) a investigar o a conocer nada. Ese niño (en mi opinión) tiene mucho trabajo emocional y de todo tipo y mucho por reparar para añadirle más trabajo.

    Si se habla de todo esto en el blog será porque hay gente que es así y actúa así, perjudicando gravemente a los niños que nuevamente son tratados com objetos. No lo dudo. Lo mismo que hay familias adoptivas que se niegan a tratar el tema de los origenes con sus hijos o desprecian a los padres biologicos y “abandonadores”.

    Pienso volver a China como turista, no como turista adoptiva, sino como turista normal y corriente y disfrutar del pais y de su gente. Y no tengo ni idea de cómo lo vivirá mi hija y que se despertará en ella. Procuraré formarme para ese viaje y estar bien atenta.

    Mientras ese momento intentaré seguir aprendiendo, entendiendo a mi hija y a mi misma, a conocer mi propio proceso de madre adoptiva.

    • Estoy de acuerdo en que cada caso es un mundo (y eso va en todos los sentidos), pero no estoy de acuerdo en lo que dices del país de origen. Yo he ido ya con ellos como diez veces, visitando el orfanato casi siempre, y ellos tan tranquilos. Si se lo planteas bien (es una visita, ellos estarán siempre contigo, volveremos a casa), no veo el problema, a menos que el niño tenga algún miedo especial a ello.
      El problema lo veo cuando los padres no están a gusto con hacer el viaje. Entonces si que hay que pensárselo mucho, pero no es por el viaje en si.

      En todo caso, estoy de acuerdo con el post en que hay mucho recelo con algunas cosas y no tanto con otras, que son mucho más importantes en todos los sentidos.

      • Yo tuve la misma impresión cuando volví con A. a su pueblo natal y a la crèche que fue su primera casa. No fue traumático en absoluto, para nadie… Al revés, para sus cuidadoras y para mí, reencontrarnos (y reencontrarle a él) fue motivo de alegría… y para él fue una experiencia positiva que recuerda a menudo y que le ha permitido entender muchas cosas de su propia historia.
        A. tenía 3 años (casi 4) y llevaba 2 en casa.

    • Yo calificaría tu turismo como turismo postadoptivo puesto que parece que lo plateas desde el respeto por la cultura del país que vio nacer a tu hija y, por supuesto, cuidando el impacto que el viaje pueda tener en tu hija.

      Con respecto al post de Madre poco puedo comentar: que no he madurado suficientemente el tema, y todavía no he leído lo que nos propone. Sí que me gustaría decir que creo que afrontar la verdad (como mínimo la visible) de la historia de nuestros hijo es necesario, a la vez que requiere mucha valentía.

    • ¿Y no crees que igualmente “nuestra subjetividad, nuestro propios procesos mentales o psicológicos o afectivos (yo que se…) nos pueden llevar a actuar DESPUÉS de tiempo? ¿No sería esto igualmente grave?

      ¿Y si la necesidad de los niños está en volver y la de los padres en no volver, también hay que escuchar a los niños?

      No sé, tengo la sensación de que a menudo en este asunto jugamos con los argumentos en una sola dirección. O sea, escuchamos los ritmos de nuestros hijos… sólo si estos necesitan esperar..

      No sé si hay gente como la que describe el blog: sólo sé que no se parecen de nada a la gente que yo conozco que ha decidido emprender el “regreso a los orígenes”… y conozco un buen puñado. La mayoría, como tú dices, ha esperado un tiempo prudencial a hacer este viaje… y en muchos de los casos, el regreso al país, a la familia de origen, ha servido no para poner en cuestión el vínculo entre familia adoptiva y niños… sino al contrario, para reforzarlos. Los niños se han sentido comprendidos y acompañados, respetados en sus necesidades… Ver que su familia de aquí está por la labor de integrar a la de allí les ha permitido reconciliarse con el hecho de pertenecer a dos familias.

      Hay que recordar que la realidad etíope es, por lo general, muy distinta de la realidad china. Los niños llegados de China tienen recuerdos, normalmente, del orfanato… muchos de los niños llegados de Etiopía no han pasado por orfanatos, o lo han hecho de forma testimonial, y en cambio, han vivido toda su infancia en una familia biológica que, aunque según parámetros distintos a los nuestros, les querían y les cuidaban, y que han visto en la adopción una oportunidad de darles un futuro mejor.

      Yo tengo un hijo de 7 años y otro de 4. A veces (soy morbosa, lo sé), juego a imaginarme qué sucedería si yo por ejemplo muriera y (no hubiera nadie de mi entorno que pudiera hacerse cargo de mis hijos y) ellos fueran dados en adopción a una familia nueva, desconocida. Una familia que les dijera que son sus únicos padres, que yo no soy su madre, que tienen que olvidar, que las nuevas normas son las buenas… ¿Cómo estarían? Asustados, desconcertados, rabiosos, tristes, desubicados, hundidos… ¿No les ayudaría más que los que vinieran después les ayudaran a colocar esta parte de su vida en un lugar manejable en vez de intentar hacerlo desaparecer?

  3. victoria dijo:

    Que quede claro que mi comentario no iba sobre ti sino sobre la discusión bizantina de los orígenes que mencionas.

  4. Los conceptos vertidos en los comentarios del blog que mencionas parecen proveenir que gente que no tiene idea de adopcion y de adopcion internacional, o que al menos tiene una idea muy superficila del tema. Basta con leer blogs de adoptados adultos, para darse cuenta de que la gran mayoria lucha por el derecho de conocer su propia historia, incluso a pesar de que esto pueda traer “inconvenientes” a los padres que los dieron en adopcion.
    El derecho personal a saber la verdad de donde provenimos esta por encima de la supuesta intimidad de los padres que entregan a sus hijos. Si entregamos a un hijo en adopcion somos luego responsables de lo que vendra con el tiempo y no podemos negarle a otro ser humano el derecho a su identidad.
    Lo del “turismo postadopcion” es otro concepto erroneo. Al menos la gran mayoria de los padres adoptivos regresa a la tierra de sus hijos mas por los hijos que por ellos mismos y lo antes que se regrese mejor porque mas oportunidades habra de rescatar la informacion que queda sobre los origenes de nuestros hijos. Hay maneras de acercarse a la familia biologica con respeto. La entrega y adopcion de un niño es siempre dolorosa, pero creo que debe haber pocas madres que no quieran saber del destino de sus hijos dados en adopcion. Yo no creo que la visita de los padres adoptantes fomente el abandono de niños y llevar regalos o ayudar economicamente a las familias biologicas no creo que cambie mucho el panorama tampoco… Seamos realistas, cuantos padres adoptivos van a Etiopia, por ejemplo, con bolsas cargadas de dinero para repartir entre la familia biologica?
    Yo considero a las familias biologicas de mis hijos como parte de mi familia y si puedo ayudarlos no lo dudaria, de la misma manera que ayudo a mis familiares biologicos. Etiopia es por consiguiente tambien parte mio, y si voy de visita es porque relamente quiero saber de la cultura. Es obvio que la unica manera de participar de una cultura es viviendo en ella, pero no todos los padres adoptivos pueden darse el lujo de hacerlo y esto no significa que seamos superficiales, sino que tenemos limitaciones economicas que no nos permiten hacer mas.
    La visita/s al pais de origen de nuestros hijos son para mi una obligacion mas que una opcion y hay maneras y maneras de acercarse a otra cultura. Conozco padres adoptivos que desprecian el pais de sus hijos y no son capaces de entender las diferencias culturales, economicas, etc. pero son los menos.
    Mis hijos saben sus origenes desde que llegaron y participan como pueden de su cultura de origen. La verdad, honestidad es lo principal para criar a un hijo.

    • Se supone que los comentarios los han vertido, en ambos casos (proceden de dos fuentes distintas) padres adoptivos con niños etíopes. Claro que esto no es garantía de saber de adopción, ni de adopción internacional…
      No puedo entender cómo alguien puede despreciar el país de origen de sus hijos. Puedo entender que no seamos capaces de comprenderlo, que haya cosas que no nos gusten, pero, ¿cómo darles a nuestros hijos un buen concepto de si mismos si despreciamos algo que es parte de ellos?

  5. Un dia de estos me compro el DVD, ahora se que lo puedo comprar por internet. Yo tengo muchas dudas con este tema, yo pensaba que la búsqueda era un derecho de nuestros hijos, como padres deberíamos acompañar y animar, pero no iniciarla porque es su derecho, tampoco había que esperar a los 18 años ni mucho menos, simplemente que fuese una decisión suya.La experiencia que me hizo pensar así es la del cocinero etiope-sueco Marcus Samuelsson, adoptado en Etiopía hace 24 años, que en la introducción de su libro “The soul of a new cuisine” contaba su viaje en busca de sus orígenes cuando tenía 20 años. Me llamó la atención que después de tanto tiempo encontrase a su padre biológico con la documentación que habría hace 20 años.No se, supongo que la tradición oral funciona de una manera que no imaginamos..También conocí a una madre que fue a comprobar el expediente de su hijo y de paso me dio datos del mio y aunque iba con una persona de confianza le dio la sensación de que estaba comenzando un negocio de buscadores, que en el fondo tenías que fiarte de lo que te traducian casi tanto como de las ECAIs y que su llegada no fue nada discreta por mucho que quisiera serlo ¿existe la discrección en sus costumbres?. No se, que me plantea muchas dudas, por otra parte, me consta por testimonios que tanto madredemarte como otras familias que mantienen contacto con la familia biológica, que la experiencia es positiva. Supongo que en este tema, como en muchos otros hay que seguir el ritmo del niño. Tengo claro que si mi hijo me hablase de unos hermanos o una familia que no constan en el expediente si que buscaría y lo aclararía, si tuviese un contacto de la familia biológica intentaría mantenerlo hasta que mi hijo pidiese dar un paso más y conocerlos. Si los recordase y echase de menos, ni que decir que intentaríamos ir las veces que pudiesemos. No sé, son tantos casos como familias y niños y creo que lo importante es hablar con nuestros hijos de su familia biológica, respetarla (aunque no la conozcamos o no tengamos datos), respetar su país y que la decisión que tomemos sea la que sea se la vamos a tener que explicar cuando puedan entenderla. En mi caso, el “turismo adoptivo” sería ir a visitar el orfanato y si que lo voy a hacer cuando sea un poco mas mayor, ver la ciudad donde ha nacido, las monjas que lo han atendido en sus primeros meses, no creo que sea contraproducente. Además, si llega el momento de la asignación (estoy en una segunda adopción) tengo claro que hará el viaje conmigo a buscar a su herman@ y seguro que eso le hará pensar mucho sobre su propia adopción.

    • Yo confieso que no seguí el ritmo de B… Ni el mío propio siquiera: simplemente, me surgió la oportunidad de conseguir más información, más datos y el contacto, y dije que sí. La relación, si se puede llamar así a un intercambio de 3/4 cartas y fotos al año, se fue haciendo de forma casi natural.

      Estoy de acuerdo en que hay tantos casos como familias, no hay recetas mágicas que valgan para todos.

      Y no dudes que el viaje a recoger al hermanito va a remover muchas cosas… en nuestro caso, desde luego, fue así, para bien… y para mal… que terminó siendo para bien cuando conseguimos recolocar todas estas cosas que se habían removido…

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