familia monoparental y adopción

Helga, madre de 3 hijas de distintos orígenes llegadas a su familia a través de la adopción, escribió este texto precioso, que suscribo palabra y por palabra y me ha hecho el honor de prestármelo para que lo comparta aquí en el blog:

Ser madre no es lo que yo creía.

Me encantan los niños. Por eso, siempre fantaseaba con tener una casa llena de críos, en el que todos éramos felices y lo pasábamos genial. Yo era una tía (en el sentido literal de la expresión) estupenda, esa que comparte con los sobrinos travesuras, risas y complicidad contra el orden establecido, léase: los padres. También era una canguro muy divertida, que cantaba, bailaba, pintaba en papelotes en el suelo y les consentía casi de todo. Perfecto, todo perfecto, hasta que llegaron mis hijas.

De repente, me planteo qué hace que mi comportamiento con un niño no sea igual durante un corto periodo de tiempo, que cuando es para TODA la vida. Y eso que me planteo, es a la vez, la respuesta a mi pregunta. Pensaba que sería una madre divertida y “guay”. Y me sorprendo a mi misma cuando me veo desde lejos regañando, echando sermones, prohibiendo cosas, hasta incluso las que antes he mencionado que hacía, porque manchan, alborotan.

Ser madre te pone los pies en el suelo. Los niños son maravillosos, pero también son cargantes, cuando son tuyos, claro. Cuando tienes que despertarlos y no quieren, tienen que desayunar y vestirse rápido para ir al cole, y tampoco quieren. Cuando tienen que hacer los deberes y te cuesta un triunfo aún repitiendo las mismas explicaciones mil veces. Cuando se pelean entre ellos, cuando tienen sueño, están cansados. Cuando lloran, chillan, protestan, contestan mal, comen mal, se sientan mal.

De repente, ya digo, mi tolerancia se acorta, y sin embargo, son mis hijas! Debería ser al contrario, me digo, queriéndolas como las quiero con locura, tenía que ser más permisiva con ellas y menos exigente. Pero no. Porque las educo yo. Y educarlas supone ser a veces el “malo” de la película, el que marca los límites, el que se enfada, el que grita, el que dice NO. También el que acompaña y aplaude cuando va todo bien, el que comparte los buenos ratos y se divierte con ellas. Pero claro, esto último es coherente con como yo era, lo que me cuesta encajar es que yo sea dura como jamás pensé que sería.

Y no me gusta verme así, desde el otro lado. Y yo no estoy contenta conmigo misma.

Y me siguen encantando los niños, porque me siguen sorprendiendo cada día, con su ingenuidad, su buen humor tres minutos después de una bronca, su buen corazón, sus ganas de reírse a todas horas, su cariño indiscriminado, su falta de rencores.

Pero todo lo bueno y todo lo bonito que tiene ser madre, ya me lo esperaba, por eso no me sorprende. Así que ser madre, pensándolo bien, no es ni mejor ni peor de lo que yo creía, pero eso sí, es mucho más difícil.

Ser madre es aprender un poquito más cada día a serlo. Analizar qué no me gusta de mi misma, para no repetirlo al día siguiente. Descubrir cosas bonitas todos los días en mis hijas, que me hagan ver menos oscuros los ratos grises. Asumir que ellas tienen malos ratos, igual que yo, que todos. Asumir que no seré tan divertida, tan “guay” como creía, a costa de plantearme muchos días si lo estoy haciendo bien o mal. Acostarme a veces con la sensación de que puede que me haya pasado en algo. Y levantarme con buen rollo para que el día empiece bien, aunque haya dormido mal. Es improvisar un poco también. Permitir el descontrol parcial de muchas cosas. Mirar para otro lado y disimular que no ves. Y es un ejercicio de autocontrol, de paciencia y de buen humor diario. Aunque estés cansada, enfadada o preocupada. Y de saber aguantar el tipo, mientras hay rabietas al lado, o enfados, o malas caras cuando dices NO.

Por supuesto también tiene cosas buenas y gratificantes. Aunque haya días que desee que terminen cuanto antes. Y me sienta culpable por sentirme así. Aunque hay días que no quiera ir a casa, o prefiera ir de tiendas sola, comer tranquila, ir a la peluquería tranquila, probarme ropa tranquila. Aunque eche de menos cosas tales como leer un libro que no sea sobre niños, educación, o cuentos. O ir al cine a disfrutar una película de mayores.

Pero lo que jamás pensé es que de repente descubriera que ser madre me ha cambiado tanto, ellas me han cambiado todo tanto, que se han convertido en mi motor de vida, en mis pensamientos para todo, para planificar los días, hasta para comprar, para leer, para viajar. Ya no hay nada que no sea pensando en ellas, por y para ellas. Y eso creo que es por lo que ha cambiado mi forma de ser con los niños. Asumir la responsabilidad que supone que son tuyos, que dependen de ti, que es para todos los ratos y para siempre, crea un miedo a veces, y una sensación de responsabilidad tan fuerte, que asusta.

A veces, preferiría seguir siendo sólo tía. Y otras, la mayoría por suerte, estoy deseando llegar a casa a tirarme al suelo a jugar con ellas, cantando y bailando por toda la casa, hasta que toca la hora de la cena y entonces, vuelta a empezar.

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Comentarios en: "Ser madre no es lo que yo creía" (22)

  1. Simplemente has puesto en palabras todos mis pensamientos. Maravilloso!

  2. Pues sí.
    Me quedo, por lo que me toca, sobre todo con esto:

    Es improvisar un poco también. Permitir el descontrol parcial de muchas cosas.

    Un beso.

  3. Suscribo al completo yo también!

  4. martucha dijo:

    Me ha encantado porque yo me llevo con mis hermanas 14 y 15 años, cuando ellas empezaron a procrear, yo tenía 13 añitos, o sea que he cangureado mucho y me siento muy identificada. He sido la tía guay, divertida, y ahora que soy madre, y mis sobris siguen viniéndose a casa, incluso de vacaciones, me vacilan diciéndome que ya no soy la tía guay, que ahora soy más madre, incluso con ellas que son un comienzo de veinteañer@s.
    Muy bueno.

  5. Ayssssssss, algún día os lo contaré. Besotes

  6. Ser madre es la oportunidad que te da la vida de proyectar lo mejor de ti en otro ser humano, y la RAZON para trabajar lo que menos nos gusta de nosotros mismos. Estás obligada a tratar de hacer las cosas mejor cada día, de pronto te das cuenta de que lo que dices y lo que haces puede llegar a ser realmente trascendente para esos “locos bajitos” que son tus hijos. Te das cuenta de que alguien hablará de ti algún día cuando quizá ya no estés aquí, y esperas que sea para bien.

  7. Violeta, de "las tres rosas" dijo:

    Ufff,que duro es ser madre!
    Gracias a Helga por escribir algo que tantas madres sentimos, y a ti, “madre de marte”, por compartirlo ¡De punta se me ha puesto el bello al leer esta entrada!

    Yo también soy una madre un poco extraterrestre, mamá biológica de un niño de 14 años, adoptiva de dos niñas, una de 10 y otra de 8 años, y ¿”mamá de acogida”? de otras dos niñas de 15 años. Con estas dos últimas, llevamos apenas dos años, compartimos fines de semana y vacaciones. Y es justo en las vacaciones, cuando está toda la chiquipandi junta
    -y casi siempre algún invitado/invitada más- cuando me asaltan los más tremendos pensamientos que me dejan desasosegada.

    Los últimos días de las vacaciones, después de pasar por momentos de todos los colores, hermosos, dulces, felices… y de tener más de una bronca sobre todo con los tres adolescentes, he pasado por una auténtica crisis existencial que me ha hecho replantear y cuestionar, por enésima vez, mi capacidad como madre… La razón entre otras era esa, mi cambio de humor, porque de pronto he dejado de ser la “tía” estupenda y simpática, la colega campechana que comparte confidencias sobre chicos, ropa, juegos, música o literatura, para convertirme descaradamente en la “madre seria”, exigente, la que se enfada y regaña, la que pone límites, etc… mi sonrisa casi permanente se muta con frecuencia en una expresión mal humorada -sobre todo después de repetir lo mismo más de 10 veces observando como me hacen caso omiso- , y claro, esto no pasa desapercibido para ninguna de las personitas que me ven como madre -cada cual según su modalidad- y menos aún para quienes reciben más dosis de regañinas por mi parte, con diferencia
    los tres adolescentes.

    Observo con cierta preocupación como las dos mayores, cuando estamos con amigos y amigas de confianza, tienden a irse con las otras mamás para hablar sobre temas que les interesan,lo mismo hablan de lo que les gustaría ser en el futuro, que de moda, música o famosos/as de cualquier especie ¡La fama en si misma es algo que les fascina! Y si llega el caso, una vez ocurrió, acabaron pidiendo prestados unos zapatos de tacón para ponérselos durante la cena (era la cena de Noche Vieja, todo hay que decirlo 😉
    No siento celos de mis amigas, todo lo contrario, agradezco muchísimo el cariño con el que tratan a mis chicas y el tiempo y atención que les dedican, no obstante estas situaciones me generan dudas con respecto a mi misma y mi comportamiento como madre ¿Me habré vuelto demasiado dura y estricta? Añoro los días dulces en los que, igual que Helga, soñaba con mis maternidades y me veía feliz, una madre alegre y divertida, amiga de mis hijas, confidente, llena de guiños y cariñosas complicidades ¿Qué quedó de esa idea de madre?

    Al final de estas últimas vacaciones me he sorprendido a mi misma compartiendo con él y ellas la siguiente reflexión “quizá lo que sea una putada es que os haya tocado como madre, lo siento de verdad, porque os aseguro que como amiga, en la calle, y por un rato, yo soy tan divertida o más que las demás” ¡Que pena!

    Y si, es hermoso, con sus sombras y sus luces, la maternidad no deja de ser una experiencia única y maravillosa, sin duda, al menos para mi, lo más importante que he hecho en mi vida, pero…¡Ufff, que duro es ser madre!

    • Pues Violeta, a mí me parece normal que tus hijos busquen la complicidad en otros adultos y no en ti: creo que es un indicador de que lo estás haciendo bien. Ser madre no es ser la colega, la transgresora… es poner las normas y los límites. Como dice Helga, somos distintos cuando somos padres… porque tenemos la responsabilidad de ayudar a crecer a nuestros hijos, de educarlos. Y esto es mucho más que las risas, los juegos, y las complicidades.

      Pero no sufras: nos desquitaremos cuando seamos abuelas. Entonces seremos nosotras quiénes les prestemos los zapatos de tacón!!

      Por cierto, no cierro sin comentar la envidia que me da esta familia tan hermosa y tan grande!!

  8. Ser madre es…escuchar cosas como la que acaba de decirme mi hija hace 5 minutos, al dormirse…

    “Mamá, cuando tu te mueras, voy a quedarme con el tarro, y no lo voy a enterrar en el suelo, ni a tirarlo…Lo esconderé en un lugar sólo mí, para que nadie lo vea…porque si tí no puedo estar nunca…ni cuando te mueras…” Eso, junto con todo lo demás…que tan bien expone esta mamá, es ser madre…Qué responsabilidad…ser lo más importante…no???
    Un besote a todas…

  9. Violeta por Dios, explicame cómo lo haces con tanto hijo suelto por la casa porque yo tengo uno y voy un poco desquiciada. Un abrazo y felicidades por esa gran familia.

    Elena

  10. Ante todo, permitidme quitarme el sombrero (que no uso, pero que esta nueva moda a lo mejor me hace atreverme a usar) ante Violeta. La verdad es que no entiendo cómo puedes cuestionarte tu valía, Violeta, ante ese panorama. ¡¿Cómo no va a ser duro?!

    Pero, a Violeta en particular y a todas en general, os recuerdo algo que todos sabemos pero a veces olvidamos, o nos negamos a aceptar: una madre (y un padre) no es una amiga; incluso en el más ideal de los casos, con una relación ideal y una complicidad ideal, nunca PODRÁ ni DEBERÁ ser SOLO una amiga.

    Besos.

  11. No, definitivamente ser madre tampoco es lo que yo creía… Es mucho más: mucho más apasionante y mucho, muchísimo más complejo. Con los hijos muchas veces sale lo peor de nosotras. Y casi siempre, sale lo mejor; lo que ni siquiera sabíamos que teníamos. A mí me gusta decir que los hijos son como un espejo que refleja nuestra sombra, nuestros conflictos no resueltos, nuestras fragilidades. Nuestras patas de gallo, las canas que asoman, las ojeras por los tobillos… Un espejo que nos da la oportunidad de conocernos mejor para poder crecer mientras les acompañamos a ellos en su crecimiento. Eso si, con un ritmo imparable, que apenas da tregua, y un desgaste grande, grande que sólo tiene sentido por el amor que les tenemos.

    Un abrazo,
    Beatriz

  12. cormelana dijo:

    Concuerdo con todo lo que dice Helga, y añado que hay un efecto secundario que nunca había medido antes de ser madre: desde que soy madre soy, poco a poco, mejor persona. Cada vez que tengo que decidir qué hacer con respecto a cualquier persona, sigo la reflexión de mi madre y pienso. “¿que querría yo que hiciese otra persona si se tratase de mi hija/mi hijo?”. Y acierto casi siempre en lo que es correcto.
    es verdad que a veces consiguen mis hijos sacar mi “lado oscuro” como nadie, pero en conjunto SOY MEJOR PERSONA QUE CUANDO NO ERA MADRE.
    Tengo dos hijos, adoptados los dos, una de aquí y otro del otro lado del mundo.
    Y ahora una persona muy querida que padece demencia y desaprende cada día una cosita más. Mis hijos están aprendiendo a ser mejores personas también mientras me ayudan a ayudarla a ella a desaprender sin desesperación (o con menos desesperación).
    Extraigo la conclusión de que el cariño, en general, nos modifica y mejora.
    Si se pudiese convertir en cápsulas monodosis para tomar con el desayuno, por ejemplo, el mundo tendria solución
    Mientras tanto, criamos hijos y eso hacer que no sea tan hostil.
    ¡Nada menos!

    • ¡¡Qué bonito!!

      Recuerdo que tiempo atrás, una amiga que no tiene hijos me decía que a ella lo que le angustiaría de ser madre es no poder hacer nada mal. Por ejemplo, ahora se pasa los semáforos en rojo, pero si sus hijos estuvieran delante, no podría hacerlo… tendría que esperar siempre a que estuviera en verde.

      Y yo es precisamente esto una de las cosas que valoro de la maternidad: esta necesidad de volvernos mejores, de no poder bajar la guardia.

      Ni siquiera, me doy cuenta, cuando mis hijos no están delante.

      (Leed lo del semáforo como una metáfora… aplicable a criterios éticos más trascendentes).

  13. Ayer escribí un mensaje que por lo que veo no llegué a mandar bien.Os mandaba un enlace (está al final) en el que se habla un poco de lo mismo,aunque el blog va en otra linea.No sé como fué,pero lo encontré en uno de esos día en los que me sentía la peor madre del mundo,esa que no para de regañar,esa que no ha podido pegar ojo en la noche y que por el día no se aguanta ni a sí misma,sin gota de paciencia ni ganas,ni humor para resolver el minimo conflicto de manera civilizada..En aquel momento me sentó tan bien leerla,que me la guardé en favoritos.
    Yo tambien soy una de esas que cuando era sólo tia,era una tía guay,jugaba sin cansarme,les llevaba al cine,a actividades de niños y siempre nos lo pasabamos genial.
    Y por supuesto,pensaba que cuando por fín consiguierá ser madre todo iba a ser paz y armonia,iba a tener mucha paciencia y les iba a educar sin chillidos,y jamás les iba a decir eso de “callate un rato de una puñetera vez”.
    Pero la realidad es otra,como todas vosotras pienso que tener a mis hijos,es lo mejor que me ha pasado en la vida,no los cambiaria por nada del mundo,ni siquiera por una vida relajada,y llena de noches de placentero sueño.Me encanta ser madre,pero no tengo reparos en decir que a veces me siento saturada,que la paciencia se agota,y que no siempre estoy de humor ni tengo la reacción acertada para con mis hijos.
    Tenemos la gran tarea de educarles a ellos,y la gran tarea de seguir educandonos a nosotros día a dia,de cuestionarnos al final del día,de pensar en lo que hemos hecho bien y en lo que hemos hecho mal,para intentar siempre hacerlo mejor al día siguiente,aunque no siempre lo consigamos.
    Nadíe díjo que fuera fácil,no todo es de color de rosa,pero por suerte los malos días son muchos menos que los buenos.
    Esos locos bajitos,nos hacen quererles con locura,dan sentido a nuestras vidas,hacen que deseemos vivir más de 100 años,que les echemos de menos cuando no están,que nos duelan sus golpes más que a ellos,y que nos entren unas ganas terribles de achucharles y comerlos a besos.Sacan lo mejor de uno,y a veces también lo peor,no podemos negarlo.
    Este es el enlace,con su toque de humor.
    http://molinos1282.blogspot.com/2011/07/maternity-lxxvii-paciencia.html
    Marga

    • Me gusta mucho el blog de Molinos. Y los posts de “Maternity” son de lo mejor!! Desternillantes, a la vez que cargados de verdad. Gracias por colgarlo.

  14. este post pone en palabras lo que pienso muchas veces y como apuntais, para mi ser madre me hace intentar ser mejor persona cada día. Además,en mi caso, que tengo un hijo adoptivo, si no fuera por el seguro que no conocería a otros amigos maravillosos con hijos adoptivos.

  15. Estoy ojeando un libro que ha traído mi hijo en la “mochila viajera” del cole. Se titula “Cómo fomentar la responsabilidad”.
    En las medidas básicas a tomar por los padres comienza por ASUMIR SU RESPONSABILIDAD COMO PADRES, dos de cuyos cuatro puntos son:
    – No perder de vista que la relación padre-hijo es asimétrica: lo que los hijos necesitan de vosotros no es un amigo, sino un papá y una mamá (sic).
    – Conlleva exigir al niño, marcar unos limites que a veces llevan a saber decirles NO.

    Como ya sabíamos, ¿no? 🙂

  16. Pues eso…. gracias Helga por escribir tan bien mis pensamientos.
    bs
    Pilar

  17. Cuando yo era solo tía, no me perdía ningún estreno de Disney, con palomitas , cocacolas y lo que me pidieran, no faltaba a visitar ninguno de los belenes de mi ciudad, nunca reñí, no me enfadé, ni siquiera puse mala cara.
    Ahora que soy madre, soy, muchas veces, todo lo contrario, riño, me enfado y hasta pierdo los estribos a veces, y la tía guay es mi hermana.
    Pero creo que esto no está mal, tenemos que recordar que estamos educando a nuestros hijos, yo a mis sobris nunca intenté educarlas, para eso ya estaban sus padres ¿no?,
    Tambien os digo que estoy esperando a tener nietos, para poder CONSENTIIIIIRLES todo lo que quiera, lo malo es que mi hija tiene solo 9 añitos y me va a tocasr esperar

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