familia monoparental y adopción

El primer niño

Hace unos 10 años, una pareja amiga estaba esperando la asignación del que iba a ser su primer hijo. O hijos: estaban abiertos a la adopción de dos hermanos, de hasta 5 años.

Un día, antes de lo que preveían, les llamaron. Querían ofrecerles la asignación de dos hermanos que se escapaba un poco del perfil que tenían en su CI: una niña de 7  años y un niño de 4, abandonados pocos días antes por su madre.

Él lo vio clarísimo enseguida: se habría lanzado de cabeza. Ella, más racional, más prudente, dijo que no, que no se veía capaz. No estaba preparada para ahijarse a una niña tan mayor, y con una historia tan dura y tan reciente.

Meses más tarde, recibieron otra llamada, y se fueron a muchos kilómetros a conocer a su primera hija.

Nunca más hemos vuelto a hablar de ello, pero siempre me pregunté si piensa en esos niños. Si se pregunta que habría pasado si hubiera decidido adoptarlos. Si se arrepiente.

Yo soy más como él, y creo que me habría tirado de cabeza. De esta experiencia saqué la conclusión de que yo diría que sí a la primera asignación. Al primer niño que me propusieran.

Así lo hice con B., mi hijo mayor. No tenía por qué no aceptarlo: era un niño sano, de la edad que se correspondía al perfil de mi C.I. Así que, por supuesto, ni me lo planteé.

Pero en Marruecos la asignación no iba a ser algo tan sencillo como la primera vez… podía ser que me tocara elegir niño. Y como no quería elegir, me reafirmé en mi decisión: me quedaría con el primer niño que me ofrecieran.

Después de un primer viaje a Tánger , exploré la posibilidad de hacer la kafala en varias ciudades de Marruecos. Hablé por teléfono con abogadas, presidentas de crèche, mandé solicitudes y datos… y un día me di cuenta de que no quería que ninguna de esas llamadas obtuviera respuesta. Porque ya me habían hablado de un niño.

Fue R., que estaba haciendo la kafala de su hijo durante aquel mes de enero (ahora hace 3 años), que en uno de sus mails dejó caer algo así como “hay otro niño, un niño de unos 20 meses, con un pequeño problema en los pies”…

Y este niño, este niño de 20 meses con un problema en los pies, era A.

Y se convirtió en mi hijo cuando comprobé, con la abogada de la crèche en la que residía, que se podía hacer la kafala de este niño. Y que se podía hacer inmediatamente.

Durante muchos días, durante varias semanas, visité cada día a A. en la crèche. Le cogía en brazos, le paseaba arriba y abajo, le hablaba, le cantaba, le daba biberones, le subía al tobogán del patio, le mecía en mis rodillas.

Mientras, el papeleo iba avanzando, y yo ya sabía que A. iba a ser mi segundo hijo.

Pero no lo sentía. No lo sentía en absoluto.

Los demás niños, todos y cada uno de ellos, me parecían más guapos, más simpáticos, más cariñosos. Me habría llevado a casa a cualquiera de ellos. Sin dudarlo.

¿Y si estoy cometiendo un error?, me decía.

Y esta sensación, la de haberme llevado al hijo erróneo, me duró mucho tiempo.

Que equivocada estaba, ¿verdad?

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Comentarios en: "El primer niño" (19)

  1. Ese miedo que tu comentas es común en los padres adoptantes,siempre tienes esa duda al iniciar el proceso que con el tiempo va desapareciendo.
    Yo opino igual que tú,me dejo llevar por la primera intuición.Un saludo

  2. ¿Por qué me pasó eso exactamente con mi segundo hijo, y no con mi hija, que fue la primera?…
    Ya me lo he planteado alguna vez y sobre ello, he escrito…al día de hoy, aún me siento mal, muy mal por esa sensación de que Hong no era tan hijo mío, cuando lo cogí en brazos, como lo fue su hermana…Y…por qué? me pregunto…
    Voy a investigar dentro de mí…tiene que haber una respuesta y creo que puedo encontrarla, por justificar algo que no me gustó ni me sigue gustando de mi? Es posible…
    La contaré en mi blog…porque si no aquí, se haría demasiado larga y pesada para muchas lectoras…
    Mei

    • Me encantará leerlo.
      Y esto es lo bueno que tiene la maternidad: te obliga a conocer y reconocer (y trabajar) lo peor de nosotros mismos… y lo mejor.

  3. Nosotros aceptamos nuetras tres asignaciones sin dudarlo. Las dos primeras fueron fallidas, una situación bastante dolorosa. Cuando nos asignaron a la 3ª tampoco lo pensamos, no teníamos certeza de nada, ni análisis médicos, pero la aceptamos sin dudar. He tardado un tiempo en tener un sentimiento maternal hacia mi hija, todavía me cuesta decir “mi hija”, pero el instinto de protección surgió desde el primer momento. El resto sigue fluyendo…
    Y todos los días doy gracias que esta sea mi hija y no otro/a; eso no significa que me alegre de las circunstancias que precedieron a su asignación, y también sé que si nos hubieran asignado otro niño/a me sentiría igual e igualmente me parecería el más guapo, el más simpático, el más gracioso…Es curioso, me he pasado muchas semanas compartiendo mi día a día con mi niña en el orfanato, y con muchos niños más a los que también he cogido en brazos, lavado y dado el biberón, pero desde el momento en que me la pusieron en brazos tenía claro que ella iba a ser mi hija y los demás no. No sé si quien discrimina es el corazón o la razón, pero lo percibí de manera muy clara. Por ahora nunca se me ha pasado por la cabeza que ella sea la equivocada, aunque sí llegó a nosotros por “error”. Curiosamente, yo, que estoy en contra de “escoger”, si pudiera me llevaría a tres niños más sin dudarlo: D., un niño de 12 años discapacitado físico; P., un niño de 5 años y T., un bebé de 7 meses, ninguno de ellos especialmente guapo, ni simpático, ni más o menos seductor que el resto; pero ellos me llegaron más adentro y no sé explicar por qué. Los siento un poco míos.

    • E., yo creo que para todos,, convertirnos en padres de nuestros hijos es un proceso, que lleva más o menos tiempo… los sabemos nuestros hijos, pero en cierto sentido, tardamos en reconocerlos. Tanto más cuando en el proceso ha habido pérdidas e incertidumbres y ha sido necesario “blindarse” emocionalmente contra la posibilidad de otras pérdidas. Esto les sucede, por ejemplo, a algunas familias kafalantes que han tenido que ir y volver de la ciudad de sus hijos, sin tener la certeza de si finalmente iban a convertirse en sus hijos… Hay que poner cierta distancia para no morir en el intento, pero después, esta distancia juega a la contra. Hay que ser muy consciente de ella para superarla…

      Yo también tengo algunos niños, en Marruecos, donde pasé tantas horas, que me llevaría a casa sin dudar. Aún ahora, que han pasado 3 años. Son parte de mí, y el dolor de que sigan allí, también es parte de mí.

  4. yo me pregunto qué pasará cuando ellos empiecen a preguntarselo desde su situación de hijos…y si me hubiesen asignado a esta familia amiga de mis padres (ya que muchas familias adoptantes mantenemos relación, incluso de haber viajado juntos), sería hijo único o tendría otro hermano adoptado en otro país, viviría en esta ciudad o en la otra….porque al final alguien ha decidido que ese en concreto va a ser nuestr@ hij@ o nosotros sus padres.
    Antes intentaba pensar que en el caso de los biológicos es algo parecido, si te pones a pensar que eres concebido el día X a la hora Y y 5 minutos más tarde ya no sería el mismo…pero por más vueltas que le doy, puede que esta explicación sí que entiendan mis hijas biológicas pero no tanto mi hijo adoptado….
    Esperemos que siempre siga pensando lo que ahora dice ” yo ya sabía que tú eras mi madre….”

    • Supongo que esto también llegará, Liben… y que tendrán que digerirlo y recolocarlo, como tantas cosas.

      Yo creo que no es igual con un hijo biológico, en el sentido de que obviamente, podríamos haber concebido otra hora, u otro mes… y sería otro niño… pero el niño que tenemos no podría ser (genéticamente) “de otros”… en cambio, un niño adoptado, sobretodo cuando aún no es tu hijo, sí es “intercambiable”… yo podría haber adoptado a otro niño de la crèche (incluso a otro niño de otra crèche, o de otro país… de otra edad, del sexo contrario, etc), y mi hijo podría haber sido adoptado por otra familia…

  5. A mí tambien me ha costado más con la segunda que con el primero,pero no estoy muy segura de porqué ha sido.Puede ser por protección involuntaria,ya que mientras dura el preadoptivo,puede pasar de todo,y aunque intente no darle vueltas,es un miedo que está ahí.Por suerte,todo va muy bién y ya sólo nos queda esperar a que nos den el auto de la adopción.No sé cuando ha sido,pero sé que algo ha cambiado en mí con respesto a mi hija,la he querido desde el principio,pero es ahora,cuando siento al 100% que es mi hija,y que la quiero tanto como a su hermano.
    Creo que este sentimiento,por lo menos en lo que a mí respecta,tiene que ver mucho con el hecho de que sea la segunda,da igual que sean adoptados o biológicos para esto.Una buena amiga mia,madre de dos hijos biológicos,me contaba antes de que naciera el segundo,que tenía miedo de no llegar nunca a quererle tanto como al que ya tenía,incluso después de nacer el segundo y teniendo ya unos mesecitos,me seguía confesando que se sentía mal,porque sabía que quería mucho más al mayor que al pequeño,a pesar de quererle con locura,no era lo mismo que con el primero.Querer a un hijo tiene algo de proceso también,el amor incondicional que se siente por un hijo no nace de golpe.
    En cuanto a rechazar la asignación,es algo que nos propusieron a nosotros,hubiesemos seguido siendo los primeros de la lista,pero ni por un segundo se nos pasó por la cabeza rechazar a la niña,y digo niña y no asignación,porque una vez que sabes de su existencia,deja de ser una asignación,se trata de un niño o niña y es a esa criatura a la que se rechaza.Yo lo veo así,y no me lo perdonaría a mi misma.
    El caso que mencionas,no me lo explico,no veo que haya tantísima diferencia entre un niño de 5 años y otro de 7.Y supongo que pensarán en ellos,y de ser así,al llegar sus hijos a los 7,¿Qué se les pasó por la cabeza?,¿Les siguieron pareciendo tan mayores los niños de siete años?

    • Por supuesto, yo compartí el miedo a no querer a mi segundo hijo como al primero… es un amor tan absoluto que te parece que no es compartible… ¡¡y sin embargo lo es!!, aunque los niños no siempre lo entiendan (estos celos…) En mi caso el problema no fue “no querer al segundo inmediatamente”, me pasó también con el primero y tenía claro que la cosa era un proceso y que ya llegaría. Era más una sensación abstracta de que no era este el niño destinado a ser mi hijo, que si hubiera escogido, me habría llevado a otro. Ahora me parece imposible que pensara esto!!, pero era así.

      No hemos hablado nunca más de este tema con mis amigos, pero justamente ahora tienen una niña de 7 años… Y supongo que, como nos pasa a todos, deben verla como una niña pequeña y muy necesitada de una familia…

  6. Carmen Xiao dijo:

    Yo estuve a punto de adoptar en Haití, hace muchos, muchísimos años. Me llamaron para decirme que había un niño de 18 meses, sin filiación, adoptable en días. Un niño de nombre Nelson y unos ojos negros que te traspasaban si los fijaba en los tuyos.
    Me lancé de cabeza, dije un SÍ alto y claro, enorme……. y detrás llegó la desulión y la tristeza: el que entonces era mi pareja dijo un NO más rotundo y más enorme que mi sí.
    Desde esa noche, en que tuve que llamar a Haití desde la cabina de la plaza de mi pueblo no he dejado de pensar en Nelson, en como será y en como habría podido ser.
    De alguna manera, durante unas horas, me sentí su madre.

    • Entenderé si no me quieres contestar, pero, ¿por qué alguien que está en proceso de adopción dice que no a un niño de 18 meses?

      Tu historia me ha hecho recordar un caso sangrante, hace algunos años. A una pareja les llaman para una asignación en adopción nacional. Es una niña. Bebé. Negra. El padre dice que negra no, que no la acepta. La madre, cuando llega a casa, empieza los papeles para el divorcio: llevaba años con su marido y jamás se habría imaginado que fuera capaz de rechazar una criatura por el color.

      Tiempo más tarde, ella recibe otra asignación, como familia monoparental. Él se ha ido a vivir con otra mujer. Esta tenía una hija, adoptada como monoparental, en Etiopía. Negra, claro.

      • Carmen Xiao dijo:

        Por supuesto que te contesto. Esto ocurrió hace casi 20 años. La adopción internacional no estaba ni en pañales, se estaba gestando. Había acuerdos con muy pocos paises (creo que sólo dos o tres) y en la reunión a la que asistimos, nos indicaron que podíamos adoptar donde quisieramos si es que tenáimos los contactos necesarios y la confianza para hacerlo, aunque España no tuviera acuerdo con el pais de origen. Tengo unas amigas que ya entonces trabajaban con orfanatos en Haití (lo siguen haciendo a dia de hoy) y fueron ellas las que mediaron para que puedieramos formalizar la adopción de Nelson.
        MI entonces marido, un egoista impresentable, me dejó hacerme de todo (tratamientos y todo lo que ello conlleva), me dejo preguntar y meterme en los charcos, pensando que era un capricho que me pasaría, que cuando me encontrase con un ciento de noes y miles de pegas desistiría. Cuando vió que iba en serio, que podía llegar un niño a casa (¡¡¡¡¡y negro!!!!!!) no sólo me dijo NO, sino que además me llamo de todo. Creo que ese día se acabó de morir todo, aunque a mi me costó salir de su red, de su miserable mundo.
        Hoy, ese mismo personaje va contando a quien le quiere oir que su ex-suegro (mi padre) me quiso comprar un negrito para acallar mis ansias maternales. Hay que ser mala persona ……
        Su No fue una suerte, para mi y para Nelson. Pero no puedo evitar recordar que me sentí su madre por unas horas. Fue muy duro.

      • Me alegro de que salieras de la red de ese impresentable. Con lo difícil que es a veces.

        Y espero que Nelson haya encontrado, en algún lugar del mundo, a una familia que le quiera tanto como le habrías querido tú.

  7. Yo tengo muchos sentimientos encontrados en relación al tema de la primera asignación. Tenía muy claro que si me proponían una asignación con características que yo no podía asumir diría que no. Quizás no tenía tan claro qué era asumible para mí; tengo que reconocer que la experiencia me ha hecho recolocar etiquetas de cosas importantes y no tan importantes. Otra cosa que tenía muy clara es que el niño o la niña que me asignaran me recibiría como a una muy posible madre (con todo lo que esta visión puede conllevar para un niño/a en sus circunstancias) y que eso podía condicionarme puesto que tenía un perfil de hasta 5 años. Es decir, podría haber dicho que no a muchos perfiles; no creo que lo hubiese podido decir a un niño o una niña de carne y hueso. Recuerdo que comenté mis miedos en relación a cómo se podía sentir el niño o la niña a la doctora que visité para que me orientase antes de viajar para mi primer asignación (adopté en Rusia y viaje para recibir asignación sin tener ningún tipo de información). La doctora me respondió que tenía que velar por mi. En el primer momento me pareció muy duro este comentario; después lo maticé. De todas maneras aún ahora me produce un cierto malestar. Por un lado está claro que yo me iba a responsabilizar de una personita y tenía que tener los recursos necesarios para ayudarle a encaminarle para la vida adulta e independiente. Por otro lado está el hecho de que esa personita necesitaba una familia si o si (o, como mínimo, esto es lo que creo yo). Reconciliar los dos temas no me parece fácil.

    En cuando al tema del primer y el segundo hijo… yo no tengo la experiencia del segundo hijo. Si tengo la de un segundo hijo sin primero. Acepté la primera asignación que me hicieron, pero antes del juicio la familia biológica solicitó recuperar la patria potestad. Los servicios sociales y la juez que llevaba el caso fallaron a favor de la reincorporación en la familia biológica (reincorporación que no se ha llevado a cabo, pero ese es otro tema; o el mismo con otros matices). Cuando me hicieron la segunda asignación la acepté, estaba contenta e ilusionada otra vez,… pero al conocerla y mientras esperaba el juicio nunca la sentí tan cerca de mí como había sentido al niño que me habían asignado anteriormente. Estoy convencida que me costaba por miedo a una segunda pérdida.

    • Conozco algunos casos como el tuyo. De niños que han sido “des-asignados” por petición de la familia biológica, y también de niños que no han podido ser adoptados porque han muerto en el camino. Y me parece durísimo, en ambos casos, cada uno a su manera. Como le decía a E., entiendo que se ponga una cierta distancia emocional con el siguiente hijo…

      Respecto a lo primero, ya digo que entiendo el punto de vista… pero me cuesta sentirlo. Evidentemente, uno tiene que aceptar al hijo para el que está preparado… pero, si fuera un hijo biológico, lo asumiríamos incluso si no estuviéramos preparados. ¿O es que alguien está preparado para las discapacidades graves, las enfermedades crónicas, las dolencias degenerativas? Y por lo general, la gente hace su duelo y lo lleva como mejor puede…

      • Sí, tienes razón en lo de que nunca se está preparado para según qué problemas y en que éstos se llevan como mejor se puede. Y me gustaría añadir que no tengo nada claro que lo asumiría todo si fuera un hijo biológico. Sí lo asumiría (qué remedio!) si el hijo hubiese nacido. Si tuviese conocimiento de según que problema durante el primer tiempo de la gestación, creo que no. Y soy consciente que no todas las personas piensan lo que yo. En relación a un hijo adoptivo también tengo mis límites previos a la adopción, que como ya he intentado decir antes se han alejado mucho de mi idea inicial (que no era un bebé de mi raza y sano) desde que empecé el proceso.

      • Sí, yo me refería con el hijo nacido. Algo que no se ha detectado en las pruebas, o que viene derivado de sufrimiento en el parto, por ejemplo… La comparación con el hecho de abortar un feto con malformaciones a mí no me parece apropiada, porque en cualquier caso allí hay un niño, que sigue necesitando a una familia…

      • Sí, tienes razón. Es una comparación inadecuada. Realmente el diálogo, aunque sea por escrito (o quizás este medio de más de si para la reflexión), sí es adecuado para darnos cuenta de las tonterías que podemos llegar a decir. Y de las buenas ideas, que también las hay y a veces pasan desapercibidas.

      • Inadecuada o no, yo también la hice en mi día… fue después, al tener a mis hijos en casa, cuando me di cuenta de que si yo les hubiera rechazado, estos niños a los que quiero más que a mi vida seguirían allí.

        Y sí, yo con el diálogo es con lo que más aprendo… como siempre digo, mi manera de pensar es “a la contra”.

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