familia monoparental y adopción

Hablar con desconocidos

A mis hijos les gustan los perros. Les gustan todos los animales, desde los guepardos a las mariquitas, pero lo que tenemos más a mano son perros.

Así que se paran en todas las esquinas para preguntarle a los dueños de todo perro con el que nos cruzamos: ¿se puede tocar?????

Y sí, normalmente les dejan tocar y ellos les acarician y les abrazan y preguntan el nombre, y la edad, y hablan del perro del abuelo, y…

El otro día, se iban detrás de un perro y su señora.

Aproveché para hablarles de un tema que hace tiempo quería sacar y no sabía cómo: el riesgo de irse con personas desconocidas.

Se lo expliqué con una historia real, la de esos dos hermanos que fueron secuestrados por un tipo que precisamente les ofreció mostrarles unos cachorritos de perro. No les di los detalles más truculentos (obvié la violación, por ejemplo), pero convertí la historia en un cuento parecido a aquellos con los que nos asustaban a los niños antes de la corrección política. Esos cuentos en los que las madrastras abandonaban a los niños en el bosque y los ogros se los comían vivos.

Aproveché para explicarles que nunca, jamás, tienen que irse con ningún desconocido; pero tampoco con nadie conocido, sin avisar a la persona adulta con la que están. A mí, o a su abuelo, o a los amigos que les hayan llevado al parque.

¿Cómo hacerle entender a un niño que los mayores peligros están detrás de la amabilidad? ¿Que los malvados del mundo real no tienen cara de malvados sino de personas encantadoras? ¿Que un pederasta, un secuestrador, un psicópata… actuará exactamente de la misma manera que un señor simpático? ¿Que los mayores riesgos están dónde menos los esperamos?

¿Cómo prevenirles sin asustarles, cómo enseñarles a ser prudentes sin hacerles perder la inocencia, como protegerles sin sobreprotegerles?

Por supuesto, a esta historia le falta una segunda parte mucho más difícil: explicarles que a menudo, los monstruos no son los extraños, sino los que conviven con ellos. Que la gente más peligrosa son los que más cerca están.

Como le dijo J. a su suegro cuando esté le recriminó que dejara a su hija pre adolescente ir y volver sola del colegio: estadísticamente, hay más riesgo de que abuse usted de ella que de que le pase algo por la calle.

P.D:

Y al día siguiente , íbamos por la calle, y me dice B.:

¿Sabes más historias de estas de verdad? Como la de los niños y los cachorros y el pozo… ¿Me cuentas otra?

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Comentarios en: "Hablar con desconocidos" (53)

  1. Pues mi hijo mayor tiene cinco años y medio y me da pavor porque es súper abierto. No sé como prevenirle, cómo enseñarle ese mal sin que viva temeroso de todo. Si conoceis algun cuento o historia adaptada para ellos, por favor, me vendría muy bien.
    Y sí, los extraños simpáticos dan miedo, pero el entorno da pavor también.

    • Lo que da más miedo es lo difícil que es identificar los peligros, las personas peligrosas.

      En mi adolescencia tuve un libro (aún debo tenerlo) en inglés, que hablaba precisamente de esto: era para niños algo mayores (pre-adolescentes), y eran tres historias de “contacto inapropiado”, o que hacía sentir incómodo a los niños, en niveles distintos. El primero, era un niño que se sentía incómodo cuando la canguro entraba en el baño mientras él se bañaba y le veía desnudo; finalmente, se sinceraba con la madre, lo hablaban con la canguro y resolvían el tema. El segundo era un niño al que el monitor de un campamento hacía proposiciones deshonestas; él se daba cuenta de que aquello no le gustaba y lo hablaba con otro monitor, y se denunciaba y apartaba al monitor agresor. En el tercer caso (no estoy segura, no lo recuerdo bien), creo que era una niña a la que una amiga le contaba que un familiar abusaba de ella. Esta (la amiga) se lo contaba a su madre, y juntas iban a hablar con el colegio, que llamaba a una trabajadora social…

      Hace años que lo leí, pero recuerdo que incidía mucho en que nadie te tienes que hacer nada que no quieras, que no te guste, que no te haga sentir incómodo, ni siquiera aunque socialmente no sea inaceptable (caso de la canguro) y en que hay que buscar ayuda, hablar del tema, buscar la complicidad de los adultos de tu entorno.

      Este es otro tema… la reacción del entorno. Hay mucha tendencia a no creer a los niños que viven estas situaciones, a poner en duda su palabra… y es fundamental creer en ellos. Dicen los expertos que los niños raramente inventan esta clase de cosas.

  2. Y es que les encanta que les contemos cuentos o historias 🙂 Yo estoy recuperando todos los cuentos de mi infancia (y otros que voy medio creando).

    En relación al tema yo siento auténtico pavor. Todavía no he empezado a conciencia con el tema. Le voy diciendo cositas (por ejemplo eso de “no hables con extraños”) que creo van calando, aplico estrategias que espero ayuden (dicen que los masajes corporales ayudan a establecer un tipo de intimidad que les puede prevenir ante situaciones en las que se sientan “invadidos”, por decirlo de alguna manera), pero no sé muy bien como afrontarlo.

    • Los míos, con lo movidos que son, de las pocas cosas que les mantienen sentados es un cuento bien contado. He tenido que hacer muchas tablas!!

      A mí el “no hables con extraños”, no me sirve: mi hijo mayor es muy sociable y habla fácilmente con cualquiera (sobretodo abuelos) en una tienda o un autobús. Yo también soy así, así que tampoco le sirvo de ejemplo… Para mí no es tanto no hablar con desconocidos sino distinguir entre apropiado e inapropiado, y esto tampoco es fácil…

      • Mi hija también es muy sociable y cuando empezó a hablar catalán le daba los buenos días a todo el mundo con la mejor de sus sonrisas. La verdad es que era una imagen entrañable, pero a la vez aterrorizadora para mí. Me ha costado que se medio regule en ese sentido. Quizás era más problema mío; de hecho la psicóloga que le hizo el primer seguimiento me dijo que se retraía ante un extraño abordándola (ahí me tranquilizó).

        Sí que es difícil distinguir entre apropiado e inapropiado. De ahí mi pavor.

  3. Nosotras conocemos tambien a todos los perros del barrio, y no podemos ir por la calle y no pararnos ante cualquier canino.
    Mira que a mi nome gustan especialmente, pero a mi hija le encantan y es cierto que debemos prevenirles ante desconocidos. He leído la historia de los dos niños y se la pienso contar adaptada, porque la verdad es que aunque es muy sociable, tambien es muy miedosa.
    Lo que no acierto a discenir mucho es el límite entre la cautela y la sobreprotección; ella tiene ya 9 años y medio casi, y la dejo ir a algunos sitios sola porque entiendo que ya es mayorcita, pero sí que paso miedo en ese momento, pero creo que hay que ir soltando un poco.No sé si lo estoy haciendo bien, pero no sé hacerlo de otra manera

    • Ninguno sabemos si lo estamos haciendo bien, ¿no? Yo también dejo ir a mi hijo mayor (casi 8 años) solo a comprar, o a casa de algún amigo que vive en la vecindad… y sí, sufro, pero creo que hay que irlos soltando poco a poco porque si no se encontrarán de golpe en plena adolescencia, con una gran autonomía que no han aprendido a manejar (pienso yo).

      Pero no sólo me asusta que vayan solos. La historia del post sucedió en un parque, no es tan difícil despistarse y perder de vista a los niños un momento y que alguien con una oferta atractiva les aparte de allí… y luego está la posibilidad de que “el monstruo” sea alguien conocido, alguien de quien no sospechamos (un vecino, un padre del colegio, un tendero del barrio, alguien cuyo perro han acariciado varias veces), alguien con quien ellos se sientan seguros y legitimados para seguir.

  4. Se dice que uno de las características de la falta o mala vinculación es la tranquilidad con que el niño se va con cualquiera, le conozca o no le haya visto en su vida. Mi experiencia ha sido esa, mi hija no me tenía de punto de referencia así que lo mismo se iba con un vecino que con el dueño del perro… o ella sola. Y no valían argumentos como el te vas a perder y menos el que hay personas malas y peligrosas… no lo entendía.

    Y años despues sigo observando cómo le cuesta entender este peligro. No es que sea sociable (que lo es, más que yo) es que no PERCIBE el peligro. Y lo mismo le sucede con otros temas… NO sabe VER lo que le puede hacer daño, como lo ven otros niños. He visto como otros niños le advertían de esto: no te puedes ir es peligroso.

    Con esta falta de perspicacia para ver determinados peligros relacionados con las relaciones interpersonales, hay algo que no me cuadra, que es repetito como un cliché… ¿Inteligencia emocional?
    No me hagas mucho caso sooo pienso en voz alta.

    • Quizás tengas razón y lo que nos puede ayudar es trabajar la vinculación a tope. La literatura así lo aconseja. Y yo creo que en los primeros estadios, o cuando surgen problemas de vinculación, eso ayuda y mucho!!!! Pero yo creo que hay más; o quizás la maternidad nos hace sufrir de por sí. Además hay noticias e informes que no ayudan. Incluso medio documentales. Recuerdo uno (“Monstres de ca meva”, creo que se llamaba) que me hizo sentir el peor de los miedos. Y claro, tampoco se trata de sobreprotegerlos…

    • Mi hijo mayor era un niño de manual en este sentido: se enganchaba a cualquier otro adulto (sobretodo hombre) sin ningún remordimiento.
      Con el tiempo ha cambiado: ahora desconfía (más) de los extraños, no se va con cualquiera, y le molesta que gente desconocida le pregunte de dónde es, o le toque el pelo… parece que ha desarrollado cierto criterio. Y cierto apego: recuerdo una vez que cayó en el suelo, se acercó una conocida y empezó a gritarle: “¡¡Tú no eres mi madre!!”. En su caso no es tanto que no perciba los peligros como que se cree inmune, capaz de superarlos, más fuerte… autosuficiente.

  5. la fundación vicky bernadet ha editado un librito que está bien para tratar el tema: sobre el secretismo, sobre cosas que nos hacen sentir mal y lo importante que es buscar ayuda y confirar en las personas que nos pueden ayudar a proteger. Se habla sin tapujos de un tío de la niña que abusa de ella, pero sin ser macabro. A mi me ha parecido muy útil. No he sabido encontrarlo en la web, pero el cuento se llama Cortines d’aire (no ´se si está en castellano también). Dejo el link de la fundación:
    http://www.fbernadet.org/cat/home.html

  6. A todo esto que contáis se me ocurre que también se podría añadir otro debate y es el tipo de sociedad, quizás mejor socialización, que tenemos como modelo.
    Yo vivo en un pueblo pequeño; y eso hace que las cosas se vean de otra manera; una tercera parte es mi familia (esto puede no ser bueno…:D) y el resto son conocidos en mayor o menor grado.
    Este hecho, unido a que día a día nos esforzamos por ver y hacer de un modo diferente, más humano (y que no suene presuntuoso), hace que no tengamos presentes este tipo de mensajes para nuestros hijos. No sé si deberíamos replantearnos algo…
    Por cierto, mi primer hijo es muy guapo, objetivamente guapo. Recuerdo primero con sorpresa total y luego con cierto miedo que cuando era un bebé y paseábamos por la calle, no fueron pocas las personas que me dijeron: “es tan guapo… ten cuidado no te lo vayan a robar de guapo que es”. Y lo decían en serio, intentando hacerme consciente de lo que creían un peligro real. Yo no daba crédito.

    • Yo creo que vivir en un pueblo pequeño, donde la gente se conoce, no inmuniza del tipo de peligros que representan los extraños… De hecho, la mayor parte de los abusos vienen de familiares, amigos de la familia y personas cercanas…

  7. No, claro, los peligros están ahí. El vivir en un pueblo te hace verlos lejanos, por nada frecuentes, porque el hecho de conocernos todos genera una especie de gran hermano que todo lo ve y protege en cierta manera. Y hace también que vivamos la vida a otro ritmo y con otros focos.

    Otra cuestión…estaba pensando que dar autonomía, permitir que se “gestionen socialmente” es una buena herramienta para aprender a distinguir bien de mal, ¿no?.

    • Claro, el hecho de que conozcas a todo el mundo hace que tengas menos miedo… pero también los niños tienen menos miedo y toman menos precauciones.

      Y sí, yo creo que darles autonomía es un buen aprendizaje para que gestionen errores y fracasos y relaciones sociales…

  8. ¿Cuánto miedo tienen que tener? A esto yo le doy muchas vueltas, sobre todo porque yo suelo tener muy poco (lo que me ha resultado bien incluso en situaciones difíciles) y mi hijo mayor tiene muchos (lo que me preocupa). Quizás en parte por eso no quiero crearle más (tengan base real o no).

    Y no sigo que me lío.

    • Esta es la pregunta del millón de dólares… ¿Cuánto miedo es suficiente y cuánto miedo es demasiado?

    • Yo creo que mejor que tener miedo es estar alerta. El miedo, creo, es contraproducente en muchos sentidos. La alerta puede guiarlos al rechazo, que es de lo que se trata (aunque se equivoquen). El tema està en que se den cuenta y hagan caso a una alerta.

      • Yo creo que el miedo es una actitud apropiada cuando nos ayuda a estar alerta. Es decir, cuando está justificado. Tener miedo de andar por un callejón oscuro nos hará ir con los ojos y las orejas bien abiertas y estar preparados para arrancar a correr…

  9. Yo en esto estoy con Lucía, en un pueblo pequeño, en general, hay menos peligros, menos coches, menos personas desconocidas…., pienso que eso es positivo, y de hecho en el pueblo mi hija, cuando está anda mucho más libre y sale solita con su amiga, al parque.
    Que el enemigo puede estar cerca o ser conocido…., pues claro, pero yo en principio soy positiva y creo que es díficil en el entorno en el que yo vivo (ojo, que no imposible); creo que no podría vivir con esa desconfianza hacia todas las personas allegadas a mi; de hecho soy una persona bastante confiada y aunque algun palo me he llevado, en general me ha ido bastante bien.
    Lo que hay que ser es cauto y precavido, que así dicho queda estupendo, pero en la práctica ya no es tan fácil, por lo que hablamos de los límites entre la sobreprotección y el
    “libre albedrío”, como diría m imadre.

  10. …yo creo que no se trata de irse con extraños o no. Hay extraños que son ángeles y conocidos que son verdugos. Es ayudarles a identificar señales en el comportamiento de las personas que les dicen que algo no va bien. Es que si dudan de algo, que salgan de allí inmediatamente. Que pidan ayuda a otros. Yo quiero que mi hija viva con seguridad y -a pesar de las evidencias- que crea en la bondad de las personas. Vivir asustado me parece una condena, pero quiero que sea capaz de intuir cuando el daño puede estar aproximandose a ella para evitarlo…Y resulta difícil porque aún no está preparado para ciertos matices pero la idea hay que ir introduciendola y creo que es preciso hacerlo con naturalidad. Al final es que puedan ser críticos con lo que ven y perciben…

    • Totalmente de acuerdo. Lo de los extraños era una licencia, creo que el riesgo no viene necesariamente de los desconocidos (de hecho, un conocido peligroso es más peligroso porque no desconfías de él, o desconfías menos que de un extraño).

      Pero, ¿cómo identificas estas señales, cuando el comportamiento de un pederasta no se distingue en nada, en muchos casos, al de una persona amable?

      • pues mira, por ejemplo, mi hijo va en autocar a la escuela. Hay un conductor que cuando cree que nadie lo ve, hace cosquillas y bromas a los críos que suben o bajan. Nada raro, es simpático. Pero en cuanto hay un aldulto alrededor, es como si fuera inmune a los niños. Ayer le pregunté a mi hijo si el lo encontraba natural, que actuara diferente según quien estuviera delante. Aprovechamos para sacar el tema. Yo creo que poco a poco hay que darles herramientas para que puedan reflexionar… Pero es difícil, porque no dejan de ser niños pequeños.

  11. Estoy con Montse: yo no diferencio entre extraños y conocidos, sino entre comportamientos que le puedan hacer sentirse incómodas, que los reconozcan y que actúen en consecuencia.
    Yo hay cosas donde prefiero que tenga mucho miedo, aquellas donde el peligro es evitable, como cruzando la calle. Ella sabe que no basta con que el semáforo esté en verde: además debe pararse, ver que no hay coches, asegurarse que estos están frenando… Lo mismo con las terrazas muy altas o similar.
    Hace unas semanas atropellaron a un hombre en un cruce muy cerca de casa, y estaba tendido, en el suelo, tapado con una manta. Dejé que lo viera, (no había sangre, ni vísceras), y le explicaba que ese hombre no volvería a jugar con sus amigas, ni vería jamás a su mamá, ni podría ir a la piscina, ni comer aceitunas ni hacer nunca más todas esas cosas que le gustan … ahora ya no podría hacer nada de eso porque había cruzado cuando había coches. Y para ella, eso es más concreto que “morirse”, o “ir al cielo”, es algo que entiende que es objetivamente malo.

    • En el caso del semáforo, está muy claro. Pero aplicarlo a las relaciones sociales es mucho más difícil… ¿Dónde está la frontera de lo peligroso? ¿Les ponemos en peligro cuando les decimos que tienen que hacer caso de los adultos que les tienen a cargo? ¿Cuando damos más credibilidad a lo que explican maestros o monitores que a lo que cuentan ellos? ¿Qué señales de peligro tenemos que enseñarles a identificar?

      Yo no les digo que no hablen con extraños; les digo que no se vayan con extraños o conocidos sin preguntármelo a mí o a la persona que se ocupa de ellos; les digo que me cuenten cualquier cosa que les incomode o les parezca extraña; les pido que confíen en mí cuando tengan un problema… Por ahora es suficiente, pero, ¿lo será cuando crezca su autonomía?

  12. Como dice Lucía, la gran cuestión es, para mí, cómo hacerlos prudentes sin convertirlos en miedosos; cómo enseñarles a tomar precauciones y a tener cuidado con ciertas cosas, a valorar las situaciones, sin pasarse, sin hacerlos desconfiados.
    Porque yo no quiero que mis hijos se conviertan en dos personas desconfiadas.

    Tienen que ser conscientes de los peligros, pero no pueden vivir pensando que habitan un mundo de peligros. Porque, ya que habláis de estadísticas, son muchas más las personas que los van a tratar bien. Y porque no quiero que se cierren más puertas de las que parece razonable.

    Hablo no de peligros como accidentes, coches, fuego o tijeras, sino básicamente de los demás, de la gente.

    Besos.

  13. Sé que una vez más me desvío del tema, pero lo que quería decir (que sé que no es de lo que habláis, exactamente) era esto que ya dije hace tiempo:

    Piensa mal y fallarás.

    Como dice mi amigo Jesús Mirámón (del blog Las cinco estaciones, que os recomiendo encarecidamente), en menos palabras y mejor: una persona confiada tiene bastantes posibilidades de sufrir frustraciones, pero una desconfiada va a ser infeliz.

    Hala. Besos.

  14. A mí este tema, que también me preocupa mucho desde hace tiempo, me ha hecho leer mucho. De lo mejor que me he encontrado hasta ahora para entender el mecanismo de la pederastia es el libro “Conversaciones con un pederasta”, de la Dra. Hammel-Zabin. Es muy ameno y aterradoramente clarificador sobre esa realidad.
    Con respecto a cómo evitarlo, hay un blog interesantísimo que se llama “El mundo de los ASI”, que recoge pistas y recursos útiles para facilitarles a nuestros hijos el saber que hay límites que ellos pueden hacer respetar y que es bueno que hablen con nosotros si creen que alguien, quien sea, es proclive a propasarlos.
    Lo que más me tranquiliza a mí, a pesar de que los abusos sexuales en la infancia me aterrorizan, es saber que si les doy herramientas preventivas a mis hijos (información y comunicación) es mucho más difícil que sean escogidos como víctimas… Así puedo sentir que tengo de alguna manera algo de control.
    El link de recursos recomendados por ese blog que digo: http://elmundodelosasi.wordpress.com/category/guia-para-ninos-y-adolescentes/

    Abrazos!

  15. Una pregunta, totalmente en serio: ¿vosotras cuántos casos de pederastia, o de rapto de niños, o cosas así, conocéis de primera mano? ¿Cuántos casos habéis visto o conocido de cerca, en vuestro entorno?

    Si me decís que muchos, o varios, o uno, pues nada, me callo.

    Pero es que leyéndoos en este post me he sentido como si viviera en otro planeta. Puede que, como dice Lucía, el lugar donde vivimos influya más de lo que parece hoy en día. Puede que vivir en Madrid, Barcelona o Munich no tenga nada que ver con vivir aquí. Pero es que me habéis hecho recordar el blog de un conocido, un inglés de más de sesenta años, que vive desde hace mucho en Pontevedra:

    Colin (Davies) cuenta que en España uno puede quedarse mirando para una fila de niñas que van de excursión, sonreírles e incluso tocarle la cabeza a una, sin que nadie se asuste, y que incluso la profesora le devolverá sin duda la sonrisa. En Inglaterra, que él considera una sociedad cada vez más demente, las niñas empezarían a gritar, igual que la profesora, algún viandante te señalaría y otro llamaría a la policía.

    Por descontado que hay pederastas, y violadores, y secuestradores y asesinos. Por descontado. ¿Pero realmente es un tema que os preocupe tanto, que veáis como algo en lo que pensar a diario o sobre lo que leer?

    Besos.

    • En mi pandilla de toda la vida, de 8 chicas, hay 2 casos. Los 2 de familiares cercanos. Uno lo conocí en la adolescencia y el otro lo he conocido recientemente. Yo creo que es más habitual de lo que pensamos; pero que no se habla de ello. Es probable que haya en tu entorno cercano algún caso del que no sepas nada, como me ha sucedido a mí con esta amiga de hace 25 años.

      Con esto no quiero decir que haya que desconfiar de quien te sonría o toque la cabeza por la calle; pero creo que no hay que olvidar que el abusador, en muchos casos, se comporta exactamente igual que una persona amable.

      Por cierto, los dos casos que he comentado sucedieron en pueblos pequeños, donde todo el mundo se conoce, y los niños (y los padres) se sienten seguros.

      • Ya. Pues nada, me callo, como prometí.

      • Y no son los únicos casos que conozco: tengo a una persona en la familia (también a manos de un familiar), y unos amigos de mis padres tienen un hijo que sufrió abusos en unas colonias por parte de unos chicos mayores… Como ves, por desgracia, hay muchos casos, y en distintas generaciones. Y estoy convencida de que mucha de la gente a la que conozco (compañeros de trabajo, compañeros de facultad, padres del cole, etc), incluso teniendo confianza conmigo no me contarían algo así.

        Me doy cuenta (bueno, ya me di cuenta al escribir el post) de que la práctica totalidad de casos que conozco no han sido por parte de desconocidos, de “extraños en un parque”, sino de personas cercanas, a menudo, de la misma familia. Este es un tema que habrá que abordar también, y me resulta bastante más difícil que el “no te vayas con extraños”… Si encuentro la manera, ya os lo contaré…

      • El 20% de la población ha sufrido abuso sexual en su infancia y/o adolescencia pero la mayoría permanecen en silencio y como manera de sobrevivir se olvida como una amnesia para evitar rememorar lo acontecido. En ocasiones, ya en la adultez, se empieza a recordar con flash-backs y es ahí donde la persona puede atreverse a romper el silencio.

        Mi madre me enseñó a salir corriendo de los desconocidos y mi mejor amiga de la infancia se salvo de una persona. El problema fue que no me avisó que “el hombre del saco” está en casa y ella me dijo que si lo hubiera sabido, me lo hubiera enseñado segurísimo. La mayoría de los abuso son intrafamiliares y el niño permanece fiel al silencio amenazante porque le han enseña que siempre hay que hacer caso a los familiares mayores.

        Cuando te encuentras un caso así, hay que saber escuchar y ayudar sobretodo es importante hacerle entender que lo mejor es romper el silencio para sanar el pasado después de tanto silencio y miedo.

        Es difícil creer que haya tanta gente en silencio y según Félix López Sánchez en un estudio de 1994 , 20% de la población sufrió (23% niñas y 15% niños, ) y al pasar los años y el hablar con normalidad de esta realidad, muchos amigos han roto el silencio y os puedo decir que es más que real.

        Por último, hace poco he lanzado un manifiesto en Actuable que aparece al inicio del blog. si os animáis, le podéis echar un vistazo.

        Ha sido un placer compartir información porque la vía es la prevención y la educación.

        Saludos

      • Gracias por todas las aportaciones. A mí me parecen utilísimas, y seguro que no soy la única.

    • Porto, a mí me da la impresión de que los chicos en general estáis más ajenos a esta realidad. A nosotras nos enseñan que tenemos que protegernos, o nos protegen, y hablamos más entre nosotras de lo que nos pasa y preocupa.

      En las familias creo que el abuso de niños (en masculino) es o ha sido tema mucho más tabú, una realidad que no existe o no existía. Y entre vuestros iguales de niños si algún comportamiento es equívoco, el protagonista pasa a ser “maricón”, en plan insulto. Estoy simplificando muchísimo muchísimo muchísimo, lo sé, pero es mi percepción.

      Así que yo creo que crecéis ajenos a esa realidad. No porque no exista, sino porque nadie os pone sobre aviso cotidianamente como a nosotras (“no te pongas esa falda tan corta”, “acuérdate de cerrar las piernas cuando te sientes”, “No, no puedes ir sola a la fiesta aunque tu hermano si pueda”, “ten cuidado con lo que bebes, que abran el refresco frente a tí, no vayan a meterte nada en el vaso”, “Pepita, acompáñala tú al baño”, etc) y porque los chicos que sí lo han sufrido lo ocultan más que nosotras, no vaya a ser que los llamen “maricones” (¿cuántas de nosotras no nos hemos contado que algún viejo verde “arrimó la cebolleta” en el autobús o que es muy sospechoso que el profesor X prefiera sacar a la pizarra siempre a Fulanita y que la mira “raro”?).

      Entre chicos comentarios de estos yo ni los imagino sin bromas “de machos”… y me parece que sería muy vergonzoso ser el objeto de la burla. Si yo fuera chico no diría nada en mi grupo de amigos. Así que me da la impresión de que crecéis más ajenos. Como además parece que proporcionalmente hay más víctimas niñas que niños (pero aún así las estadísticas siguen siendo escandalosas, según recientes estudios en España, aproximadamente una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños menores de edad sufren o han sufrido abusos sexuales), pues no es raro que creas que tanta preocupación sea exageración de mamás algo histéricas.

      Atravesando la veintena yo hice en mi entorno esa misma pregunta que haces tú, por saber si era la única a la que le habían “pasado cosas”… y me sorprendió mucho comprobar que en mayor o menor grado casi todas las mujeres de todas las edades y estratos sociales a las que pregunté (desde la tía abuela analfabeta de 80 hasta la prima capitalina de 15 pasando todos los estamentos de enmedio) podían recordar algún episodio de carácter sexual o erótico al menos incómodo en su infancia y adolescencia, tanto de conocidos cercanos como de desconocidos que aprovechaban la oportunidad puntual. Normalmente más de uno. Y algunos de mucha gravedad objetiva. Solo uno denunciado (fue recientemente, y me parece que la familia denunció porque se enteró todo el pueblo, si hubieran podido ocultarlo seguramente lo hubieran hecho). Siempre pregunté a mujeres, ya te digo que en hombres creo que es un poco “tema tabú”, no se me ha ocurrido sacar el tema.

      Pero aún así no dejo de tener información masculina, y, como dice Madre de Marte, no es cosa solo de grandes ciudades. Sé de buena tinta que uno de los sacerdotes que oficiaban con niños en Torreciudad (retiro vacacional de familias opusinas) hace unos cinco años (no sé si todavía sigue ahí), es un abusador protegido por la iglesia que se ha llevado por delante la infancia de muchos niños. Y sin irme tan lejos de tí también me consta que en una ciudad pequeña cercana a la tuya y a la de Colin, en la provincia de Pontevedra, un familiar mío (no muy cercano) ha tenido relaciones con varios chicos menores, “a cambio de” regalos, alcohol y/o droga. Son informaciones directas, lo juro, no “cotilleos de oídas”.

      Es una realidad oculta, muy oculta, Porto, que se da en todos los estratos sociales y en todos los niveles socioeconómicos. Y los abusadores no tienen un patrón definido ni tienen por qué estar “enfermos” ni se les nota nada diferente a los demás. Y las víctimas guardan silencio siempre que pueden (si se trata de víctimas repetidas de un mismo abusador además ya se ocupa él de aislarlos y que crean que es mejor estar callados, si es un desconocido puntual y el asunto no ha sido muy grave se puede “bromear” con ello. Si ha sido grave y es ocultable, muchas veces no se dice nada). Lo normal es intentar olvidar y quitarle importancia y, lo peor, en la mayoría de los casos, sentirse culpables/responsables del abuso.

      Y es una mierda tan terriblemente grande que es la mayor pesadilla que tú o yo o cualquier padre o madre normal podemos imaginar. Por eso inconscientemente nos conformamos con pensar que es algo que sólo les pasa a otras familias, pocas, que son más pobres, más incultas, más descuidadas… que la nuestra.

      Y creemos que en vez de enfrentarnos a ello y hablarlo claramente con nuestros hijos es mejor pasar por encimita sobre el tema para que no vivan asustados, y cuidarlos con limitaciones indirectas (eso de “no te pongas esa falda tan corta”, “acuérdate de cerrar las piernas cuando te sientes”, “No, no puedes ir sola a la fiesta aunque tu hermano si pueda”, “ten cuidado con lo que bebes, que abran el refresco frente a tí, no vayan a meterte nada en el vaso”, “Pepita, acompáñala tú al baño”, etc.).

      Pero a mí me parece que esto es como todo: “la verdad os hará libres”. Yo creo que si superamos nuestros propios miedos y educamos al respecto a nuestros hijos, si les hablamos claramente sobre los riesgos que hay y, sobre todo, si les enseñamos cómo identificar los avisos, cómo no ponerse en riesgo y cómo defenderse dándoles herramientas claras, ni ellos ni nosotros tenemos porqué vivir con miedo, sino que podremos caminar con la seguridad de que sabrán identificar el riesgo y podrán negarse al abuso si llega el caso de que necesiten hacerlo. Yo al menos eso es lo que deseo para mi enano y mis enanas (y también para los tuyos ;-)).

      Quizá te parezca interesante leer sobre los mitos y realidades del abuso sexual infantil en este link del blog del que hablé antes. A mí me gustó verlo cuando lo encontré: http://elmundodelosasi.wordpress.com/2011/10/19/falsas-creencias-sobre-el-abuso-sexual-infantil-1/

      Y no te calles, que hablas muy bien 😉

      Más besos!

      • Muchas gracias. Que bien te explicas.

        Yo sigo teniendo dudas de cómo identificar las señales, cómo distinguir lo que es inocente de lo que es peligroso, como ayudar a mis hijos a ser prudentes sin convertirles en paranoicos. A ver si en todo el material que nos has propuesto encuentro maneras de hacerlo.

      • Raquel, lo has expresado muy bien. Gracias.
        Yo añadiría el “cuidado con…” que nos pasábamos las niñas de mi edad (y no digo zona, yo vivía en zona rural y comentándo el tema con mi cuñada de zona urbana metropolitana era lo mismo). Es decir, teníamos identificados un par de elementos de los que nos teníamos que alejar o a los que evitábamos como podíamos.

      • Muchas gracias, Raquel. Y no solo por el piropo (que también), sino por una contestación tan buena.

        Que conste que en mi caso no es no querer verlo: la ignorancia es sincera 🙂

        Gracias de nuevo. Besos y buenas noches.

  16. Hola, yo además de este problema empiezo ahora a lidiar con otro toro, el de internet. Mi hijo mayor y sus amigos empiezan ahora a interesarse por el mundo cibernético. Y claro, al principio me negaba bastante y aunque ya tiene cuenta de messenger y chatea con sus amigos, estoy retrasando todo lo posible el uso de facebook, twitter, etc, pero él lo va pidiendo porque claro, fulanito lo tiene y mmenganito también y tampoco es cosa de convertilo en un aislado social, pues tienes que ir cediendo. Y entonces te das cuenta de lo importante que es darles información de lo que pueden encontrar en la red y de que los conocidos de internet siguen siendo desconocidos con los que debe tener cuidado. Le he explicado intentando no ser alarmista o madre pesada para un chico de once años, porque no debe dar datos de él, nombre y apellidos dirección, telefono o colegio. Y prohibido subir fotos.Pero siempre esta la duda de si no le engañaran para sonsacarselo con las multiples tretas que emplean algunos.

    Con respecto al otro tema yo si conozco casos reales y cercanos. Y por propía experiencia tambíen algún apisodio que aun sin ser grave te hace sentir incomoda, como cuando el vecino de toda la vida te mira raro. Y otro que recuerdo de vez en cuando es del padre de una amiga que cuando ibamos a su casa y su hija no estaba presente se “arrimaba” mucho a mi. Cuando lo comente con otra amiga me confeso que a ella tambien le había pasado y decidimos evitar a toda costa ir a aquella casa pero no decirle nada a nuestra amiga. Al tiempo se mudaron y perdi el contacto con la hija, pero ya de adulta me he preguntado si la hija lo sabría o si aun peor, lo sufría, Creo que siempre me quedare con la duda y con un poco de arrepentimiento por no haber indagado más entonces por si necesitaba ayuda y nadie lo sabía, pero claro yo entonces era una cría.
    Besos a todos

    • Sí, Internet es otro asunto preocupante. Porque nosotros mismos a veces no somos conscientes del alcance de nuestras decisiones e intervenciones en este medio (hablo por mí). Lo manejamos de forma no siempre apropiada, y quizás no siempre conocemos la forma correcta para que quede protegida nuestra intimidad (y la de nuestros hijos).

    • Pat. Lo bueno de internet es que es mucho más sencillo (y verídico) recopilar la información real de los pedófilos. Si yo estuviera en tu lugar (mis hijos aún son muy pequeños para usarlo) lo que haría sería entrar en lugares de “boylovers” (por ejemplo castillo azul punto org), ver ahí cómo son los ogros y luego sentarme con los niños y enseñarles quienes son. También podría buscar reportajes en youtube reales sobre acosos a menores a través de chats y redes sociales, enterarme yo de cuales son las técnicas que usan y enseñarle a a ellos y a sus amigos unos cuantos que me parecieran indicados (http://www.youtube.com/results?search_query=acoso+a+menores+en+internet&oq=acoso+a+menores+en+internet&aq=f&aqi=&aql=&gs_sm=3&gs_upl=110427l114266l0l114521l27l25l0l16l0l1l201l1242l1.7.1l9l0) para que sepan realmente de qué va el problema.
      Es decir, haz como con los riesgos offline: primero educate a tí misma viendo la realidad de frente y luego hazsela ver, sin aspavientos, a tus hijos, para que sepan de qué tienen que protegerse exactamente (y de paso ayudas a que se protejan también sus amigos).
      Ten en cuenta de que muchos de tus consejos, si no ven exactamente por qué se los das, los puede ir tomando (cada vez más según se acerque a la adolescencia) como las manías de una mamá pesada. :-/
      Otro link interesante respecto a esto: http://www.cyberangels.org/docs/cybersafetyguide_spanish.pdf

      Suerte!

  17. Mamá de Marte! Que moderes el comentario anterior que acabo de publicar y lo edites y quites el “http://www.” de la primera dirección web que he puesto, por favor. :-/

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