familia monoparental y adopción

¿Y ahora qué?

El viernes por la tarde, L. recogió a mis hijos del colegio y se los quedó hasta el sábado por la tarde para que pudiera recuperarme de la gripe.

Hice todo lo que había pensado hacer: leer, descansar, ver un par de películas, dormir mucho…

…y sin embargo, me sorprendí deseando que los niños volvieran a casa, aunque fuera para pelearme con ellos.

Qué sensación de… vacío.

Me recordó cuando mi amigo C. me dijo, un día que le pregunté:

– ¿Recuerdas cómo era antes? ¿Las siestas interminables de las tardes de los sábados?

Me respondió:

– Sí… ¿y recuerdas cuando te despertabas y te preguntabas: ¿Y ahora qué? ¿adónde voy? ¿a quién llamo?

Tener hijos es no preguntarte nunca más “Y ahora qué”. Y el precio es esta sensación de vacío cuando no están.

(Que conste que no soy la clase de persona que sólo sabe ser madre;  echo de menos mi vida como mujer adulta independiente, echo de menos el cine de mayores, caminar sin rumbo, ir a ver exposiciones, quedar con amigos sin horario ni agenda… a menudo “echo de más” a mis hijos. Sin embargo, me pilló por sorpresa esta sensación de extrañeza… tendré que pensar en ello).

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Comentarios en: "¿Y ahora qué?" (12)

  1. Te entiendo totalmente, mi marido y yo intentamos siempre una salida de cena y cine al mes, un momento de adultos. Sin embargo, no sé si porque mis hermanas mayores ya tienen hijos mayores y veo lo pronto que pasa, no tengo esa sensación de falta porque sé lo poco que dura este momento de parques, cines infantiles, cuentacuentos etc. Es decir, sé lo que no estoy haciendo, pero no lo echo de menos porque sé que la etapa infantil al final es muy fugaz.

    • Yo sí lo echo de menos… pero cuando llega, me doy cuenta de que no soy capaz de disfrutarlo como cuando lo anticipaba. Quizás porque por mis circunstancias, tengo pocos ratos “libres de niños” y no estoy acostumbrada ya… quizás esto me hace idealizarlo… quizás porque soy una eterna insatisfecha que nunca puede sentirse completa…

      • A mi me sucede exactamente esto que describes. De la primera letra a la última ;-). Que bueno que me normalices porque a veces esto de la insatisfacción llegas a reprochartelo

  2. Además, no sé si porque soy un poco cría, creo que a partir de cierta edad empieza una etapa de compartir momentos de ocio en los que vamos a disfrutar todos.

  3. Madre de marte, me siento totalmente identificada con tu post. A veces imagino e idealizo lo que voy a hacer él día ese en que mi hija, se queda con su tía, o con algun amigo del cole, y muchas veces (no todas, ojo), lo que estoy es echandola de menos,y deseando que llegue el día siguiente para que vuelva.
    Incluso las veces que disfruto como una enana de mi salida nocturna o diurna, lo que corresponda, me doy cuenta de que mi vida gira entorno a ella, es así, y ahora entiendo cuando estando a un pie de la adopción, todo el mundo me decía que” un hijo te cambia la vida”.
    Recuerdo el primer verano, la niña tenía 3 años y se fue una semana con su tía de Asturias, en vez de disfrutar y hacer cosas que tenía pendientes, las pasé canutas sólo esperando al viernes para ir a buscarla.
    En veces posteriores que se ha ido en verano, de campamento, si que me organizo y hago yo mi vida de adulta, soltera y con mucha, mucha actividad, y aunque con ganas de verla, aprovecho bien el tiempo libre, ya que sé que en breve volvemos a estar juntas

    • Creo que la palabra clave es “idealizar”.

      Yo me he dado cuenta de que en mi caso, la diferencia es entre si yo tengo planes y dejo a los niños con alguien para hacer mis planes: entonces sí disfruto… o si son ellos los que tienen planes y yo me veo “obligada” a llenar el tiempo. Si no me organizo para hacer algo concreto, algo tangible, el tiempo se me hace eterno… y raro. Incluso cuando hago esas cosas que he deseado durante tanto tiempo, como descansar, hacer la siesta o leer sin freno…

      • Creo que para mí has dado en el punto, no es lo mismo que hagas un plan y “coloques” a los niños que ellos tengan plan y te “descoloquen” a ti, ja,ja,ja…

  4. Efectivamente, madre de marte, se trata de prever y organizar la posible jornada libre, cuando antes…., como era todo el tiempo yo por lo menos, me organizaba de maravilla.
    Lo que más eché de menos, al adoptar fueron esas tardes de miércoles de cine y cañitas posteriores….

  5. Pus a mí no me pasa eso… cierto que pienso en ellos, pero sabiendo que están bien, soy más feliz que una perdiz en casa sin hacer nada.

    Será que tengo espíritu eremita, pero la verdad es que incluso renuncio a planes porque me da pereza socializar teniendo la oportunidad de estar en casa sin naaaaada que hacer, que para mí es uno de los mayores placeres de la vida.

    A mí me encanta que su padre se los lleva un fin de semana al pueblo con sus familiares, por ejemplo (ha pasado ya dos o tres veces). Entonces me enroco en la cama, si puedo no responder al teléfono no lo hago, agarro tres o cuatro libros, si tengo hambre me hago un sandwich… y el summum de la felicidad está en no abrir la boca ni para hablar por teléfono durante al menos un día (quitando la llamada matutina y la vespertina a los niños).

    Vamos, que a mí para extrañarlos me hacen falta, yo creo, algo más de cuatro días sin verlos. 🙂

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