familia monoparental y adopción

En martes

En martes fueron varias de las fechas claves de la adopción de A. Fue un martes el día que nos marchamos a Marruecos, y llegamos, y le di a la abogada el visto bueno para empezar la adopción; fue un martes el día que me dieron la kafala; y fue otro martes, 2 semanas más tarde, cuando me entregaron a mi hijo.

Entre medio se sucedieron días festivos, ausencias de actores implicados en el proceso, burocracia y alguna huelga que fueron retrasando la fecha.

La abogada me había explicado como iría el trámite: tenía que estar a las 10 de la mañana en el juzgado, sin mi hijo mayor, y esperar a que alguien de la crèche trajera al niño. Allí, en presencia del juez y la asistente social, me harían la entrega, que yo imaginé como un momento solemne.

Me puse la mejor ropa que había llevado, zapatos negros, una falda larga, dejé a mi hijo con mi amiga H., que se ocuparía de él durante aquel día, y me fui al juzgado acompañada de mi otra amiga, S., que aquel día no trabajaba y se ofreció a hacerme compañía.

El Juzgado estaba en el edificio contiguo al de mi apartamento. Cuando llegábamos a casa, la calle, un callejón con suelo de tierra y con cubos de basura por todas partes, solía estar llena de mujeres y niños que esperaban en la puerta de atrás que sacaran a sus familiares detenidos. A menudo era la única manera que tenían de enterarse si iban a parar a la cárcel o quedaban libres, y allí esperaban, charlando y comiendo, hasta que se abría la puerta y tenían noticias.

Ese martes, conocí la otra puerta del juzgado y la primera sorpresa fue reconocer en el guardia al chico amabilísimo que el primer martes, 4 semanas atrás, nos había ayudado a encontrar el despacho de la abogada. La segunda sorpresa, que me dijeran que teníamos para rato y que me fuera a desayunar… la tercera, cuando volví de desayunar, que la abogada me echara la bronca por llegar tarde.

Pero no fui la que más tarde llegó ni la última sorpresa de la mañana.

Nos dijeron que la cuidadora que tenía que traer a A. no venía porque alguien le había dicho que no hacía falta. Tampoco se presentó la asistente social. Así que allí estábamos, de pie en los pasillos de aquel juzgado, sin poder hacer lo que habíamos ido a hacer. Yo oía a la abogada hablar con tono de enfado con unos y otros, y después de varias horas me dijo: Ha dicho el juez que vayamos a la crèche a buscar al niño.

Llegamos a la crèche, A. dormía, yo lo cogí en brazos, las cuidadoras me felicitaron… pero la asistente social seguía sin aparecer.

Y entonces, el juez se puso a gritar. Como un energúmeno. En árabe, pero se le entendía todo: que a él no le tomaban el pelo, que había ido hasta allí, que qué falta de respeto… Varias de las cuidadoras se pusieron a correr, y pocos minutos más tarde, aparecieron con el ayudante de la asistente social.

Afortunadamente, al juez ya le pareció bien.

El ayudante firmó los papeles y me felicitó.

Nos fuimos en el coche de la abogada, el juez en el asiento del copiloto, y yo detrás con una de las cuidadoras y A., que no paraba de llorar, como si quisiera despedirse de todo lo que conocía. Yo sólo pensaba que no me lo dejarían llevar, y le abrazaba y le decía bajito “safi, safi, safi”.

En el juzgado firmamos varios papeles, el juez me encargó muy serio que cuidara bien de A. y nos dejaron marchar.

Salimos a la calle, la cuidadora de A., A. y yo, dimos la vuelta a la manzana y subimos los dos pisos que había hasta el apartamento. Me dolía la espalda tremendamente y estaba agotada, pero no quise que ella lo llevara en brazos. Me parecía un gesto simbólico que tenía que hacer yo.

Se acababa de marchar la cuidadora cuando llamaron al interfono y era B., mi hijo mayor, borracho de coca-cola y cargado de regalos, y pasamos el resto de la tarde en casa. Por la noche vinieron mis amigas H. y S. a cenar y mucho más tarde, cuando los niños ya dormían, llegó mi padre desde España.

Aún nos quedaban por delante un par de semanas de trámites que parecieron interminables, legalizaciones, traducciones, el pasaporte, la revisión médica, el visado… hasta que por fin pudimos coger un avión e irnos a casa.

En martes, claro.

Anuncios

Comentarios en: "En martes" (4)

  1. Se podría entonces decir que además de ser una madre de marte,eres también una madre de martes…
    ¡Qué cierto! Hay días que no se borran.Seguro que el juez que te encargó cuidar bién a A,estaría hoy más que satisfecho.

  2. Vaya qué casualidad… este martes día 20 de marzo hizo 2 años que mi hijo pisó Barcelona y llegó su nueva casa. Lo recuerdo perfectamente… para no olvidar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: