familia monoparental y adopción

Diferencias y semejanzas

I., un niño de 4 años nacido en Etiopía, le preguntó el otro día a su madre si siempre iba a ser del mismo color, es decir, negro. La madre le contestó que sí (claro) y le explicó que es un color bonito… pero la explicación no convenció al pequeño, que se echó a llorar porque , decía, “quiero ser como tú” . Esta situación seguro que les suena a muchos padres con hijos adoptados transracialmente: niños que quieren ser del color de la gente de su entorno, o que tienen la esperanza (y el deseo) de que con el paso del tiempo se aclare su piel o se redondeen sus ojos.

A mí no me ha pasado esto con mis hijos, sin embargo B. si me dijo una vez que él quería que yo fuera negra como él…

El desconsuelo de I., o el deseo de B. de que mi piel cambiara de color, posiblemente tenía menos que ver con el racismo, que con la necesidad de identificarse con sus padres.

Ante estas situaciones, a menudo los padres optamos por minimizar las diferencias y maximizar las cosas que nos acercan: no tienes mi color de piel pero a los dos nos gustan los plátanos (por ejemplo). Yo misma le he dicho alguna vez estas cosas a mis hijos…

…y sin embargo…

…creo que no es esto lo que necesitan oír. O no sólo esto. Creo que sí, que es importante hacerles ver que hay cosas, más allá de la genética, que compartimos…

… pero que también es importante que reconozcamos su dolor por la diferencia. Que permitamos este dolor.

A veces no queda otra que acompañarles en sus dolores… Que no son pocos. A veces es lo único que podemos hacer, estar ahí.

Y no es poco tampoco.

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Comentarios en: "Diferencias y semejanzas" (22)

  1. Esto me recuerda que, cuando era chica, yo tenía la esperanza de que mis ojos se volvieran azules y mi cabello, rubio, para ser igual que mi hermano… Ya ves, no sólo se da en las adopciones transraciales. En mi caso, me parezco mucho físicamente a mis padres adoptivos, y la mosca blanca, en cambio, era mi hermano, pero igual… Ahora, es notable lo que llegan a parecerse hijos y padres adoptivos entre sí por los gestos y la manera de hablar que incluso se imita. Yo a veces me veo en fotos tan parecida a mi mamá que no lo puedo creer…

    • Que bueno… En el caso de nuestra familia, el pequeño se parece a mí (en moreno y en guapísimo)… y el mayor, con otro color de piel, ¡¡tiene un aire a mi hermana!! Lo más curioso sin embargo es que a medida que crecen… cada vez se parecen más entre ellos!!

    • Mi hija me imita, incluso en la manera de vestir. Al principio me descolocó mucho constatarlo; incluso le dije en algún momento que fuese ella. Ahora no le digo nada. He asumido que ella quiere acercarse a mi como sea. También que ya llegará un momento en el que se quiera alejar. De todas maneras me impresiona mucho.

      • Esto de todas formas creo que es algo general de las niñas (y también de los niños)… como tú dices, ya llegará el momento en que se alejarán…

  2. Creo que es un error muy común tratar de ayudar a superar un problema a base de minimizarlo, y hasta negarlo. Y que, como dices, efecticamente hay que saber contextualizarlo, hay que ayudar a que no lo ocupe todo e impida ver lo demás, debemos ayudar a darle la importancia que tiene y no más, ayudar a que no nos “coma”; pero lo que no se puede hacer es lo contrario: ocultarlo, negarle su importancia, negar sus consecuencias, o incluso negar su existencia.

    Vamos, lo que tú ya habías dicho… 🙂

    Un beso, y buenos días.

    • Buenos días!

      Creo que sólo hablando las cosas conseguimos encontrar su verdadera dimensión. Si hacemos ver que no existen se convierten en el famoso elefante en la habitación…

  3. Creo que por lo general tendemos a minimizar las cuestiones que se nos plantean por no enfrentarnos a ellas, es más cómodo o sencillo quitar importancia que profundizar en ello, yo estoy convencida de que hablarlo y enfrentarlo es mucho más consolador para nuestros hijos, hemos de hacer un esfuerzo. Pero esas cuestiones aparecen a todos los niveles, ejemplo, mi hijo de 4 años no quiere ir al cole el día que le toca pasar lista, yo trato de convencerlo de que no pasa nada, que eso es una tontería, que lo hará fenomenal, pero…..¿estoy haciendo bien o debería profundizar en el por qué le sucede eso? no sé, pero me temo que nos queda mucho trabajo por delante.

    • Yo creo que en este caso, además de decirle que lo hará fenomenal, yo intentaría comprender – y hacerle ver que intentas comprender – sus razones. ¿Tiene miedo de equivocarse? ¿Vergüenza? ¿Le asusta hablar en público? ¿Por qué no decirle: Entiendo que estés asustado, es una responsabilidad muy grande, pero seguro que te saldrá bien, ¿quieres que practiquemos un poco?

  4. Yo veo que una parte del proceso de madurar es aprender a aceptar lo inevitable. Todos hemos querido ser diferentes a como éramos en nuestra infancia y adolescencia, y algunos incluso en la edad adulta. Todos (o casi todos) hemos tenido complejos y nos hemos sentido agobiadísimos. Pero aquellas cosas que nos parecían terribles en la adolescencia, se acaban superando.
    Mi hija también me dice que quiere ser blanca, igual que sus amigos y yo, aunque no demuestra estar muy agobiada por ello, por ahora, que sólo tiene 4 años. Yo le replico que hay cosas que no se eligen, como el color de la piel. Soy consciente que ser negra será una causa de agobio para ella y que muy probablemente la haga sufrir. Yo quiero acompañarla en sus penas, pero siempre con un mensaje de esperanza de que lo que hoy duele, mañana sanará y sólo será una cicatriz.
    Y para estos dolores y otros mayores, siempre me gusta recordar a José Agustín Goytisolo en Palabras para Julia:
    La vida es bella, ya verás
    como a pesar de los pesares
    tendrás amigos, tendrás amor.

    • Yo también recuerdo esta canción a menudo. Porque es absolutamente cierta. Y, de alguna manera, se lo intento transmitir a mis hijos. Que a pesar de los pesares, merece la pena.

  5. Creo que lo primero que hay que intentar hacer es empatizar con su dolor, y luego desdramatizar la situación e intentarles consolar. Pero sí me parece importante que ‘suelten’ eso, su pena, su dolor, su agustia. Recuerdo que cuando era pequeña (y no tan pequeña) me esforzaba por parecerme a mi madre, estaba súper acomplejada porque ella era más guapa y más delgada que yo… Cosas de la vida, con los años me he esforzado en no parecerme en nada a ella, pero eso lo he tenido que aprender yo sola.

  6. En mi hija veo todo un proceso ante esto y la verdad es que voy, siempre, detrás de ella y casi nunca se que hacer.porque me pilla desprevenida La he visto mirarse en el espejo y gritar: ¿pero cuándo se me van a poner los ojos redondos de una vez?… y tenía cuatro años. Tuvo que aceptar que nunca serían redondos, que nunca se parecería a nosotros y trató de que yo me volviera como ella (me alargaba los ojos, quería que me tiñera de morena). Luego empezó su fase de reivindicar lo chino… y por cualquier cosa decía “es que nosotros los chinos…” Ahora estamos en otra fase más… no se como decirlo, más compleja… no la entiendo muy bien… le duele, la desconcierta, buscar entender… aceptarse diferente a nosotros y al resto es todo un proceso.

    • Cómo les duele este proceso… y cómo nos duele a nosotros. Yo me quedo con la esperanza de que sea un dolor enriquecedor, como la mayoría de cosas difíciles en la vida.

      • ¡ahh¡ Ojala. La vida nos muestra que no todo esfuerzo tiene recompensa, ni todo dolor sirve para mejorarnos… Pero en muchas ocasiones si lo es y nuestra actitud tiene muho que decir en esto. Mi mayor deseo es encontrar cómo ayudarla a integrar de forma positiva, enriquecedora lo que vive… ¡Casi nada¡

      • Eso espero yo tambien, porque a mi duele mucho verla sufrir en algunos momentos, tambien le pasa que, ahora que ya es mas mayorcita, no le molesta tanto el ser negra y yo hasta creo que no le gustaría ser blanca, aunque cambiaría su pelo por el de la Nancy.
        Lo que le pasa a mi hija ahora es que quiere complacer a todo el mundo, a todos los niños del colegio, quiere ser la más amiga de todos y quiere sentirse el centro de atención. En el fondo, yo creo que es un mecanismo de defensa, ante los ataques que sufre y que unas veces me cuenta y otras, no.
        Tambien quiere que yo sea la mejor madre del mundo, y no quiere que la riña ni le dé voces cuando hay personal delante, porque si no los otros niños le dicen que vaya madre tiene, que la suya es mejor y cosas del estilo.
        Me da la impresión de que en esos ambientes ella se chulea de la madre guay que tiene, asi que ya véis, me tiene comprometida.

      • Dicen que es un tipo “típico” entre los adoptados, el que quiere complacer a todo el mundo… yo creo que en cierta manera es más peligroso que los adoptados que reaccionan de forma disruptiva, porque, ¿quién busca ayuda para un niño que siempre se porta bien, que se esfuerza para gustar a todo el mundo?

  7. Nosotros también estamos reflejados en este post, y totalmente de acuerdo con lo que opinas, madredemarte. Yo intento abrirle los ojos al resto del mundo, lo que habíamos hablado de las referencias, otros paises cuando viajamos, para que vea que el mundo no se reduce a la ciudad en la que vivimos, pero le duele igualmente y solo me queda estar a su lado.

  8. Yo también pienso que aquí el racismo no tiene tanto peso,creo que es más el sentirse diferente.Mi hijo tambien ha pasado por temporadas en las que ha dicho que no quiere ser negro o tener el pelo que tiene.No creo que el ser negro le parezca algo negativo,creo que el problema para él es que nosotros no lo somos.Lo del color lo va asimilando,lo cual no quiere decir que no le duela,quiere decir que ya se ha dado cuenta que nada se puede hacer para que su color y el nuestro sean iguales,le guste o no es así y sabe que siempre será así.Pero de vez en cuando me dice que quiere tener el pelo liso y me pregunta cuándo le voy a dejar alisarselo,le digo que a mí me encanta su pelo,pero que si quiere cuando sea más mayor podemos hacerlo en alguna peluqueria,pero que al igual que me pasaría a mí,sería temporal,porque su pelo y el mio son rizados y los alisados no duran para siempre.
    Creo que es muy importante acompañarles y reconocerles ese dolor,y creo que muchas veces no lo sabemos ver,lo veo en esas personas que dicen que es normal,que es lo mismo que los niños que tienen gafas,son bajitos,etc…Para mí no tiene nada ver.Mi hijo es negro y usa gafas.Llevar gafas no le causa ningún dolor,por supuesto que le molestan,le sobran,y preferiría no tener que usarlas,(nosotros también por cierto,menuda pelea diaria con las gafitas)pero eso no es algo que le haga sentirse mal ni diferente.
    Estoy 100% segura que si le dan a elegir entre olvidarse de las gafas para siempre o ser del mismo color que sus padres y hermana,se quedaría lo segundo.
    Creo que ponerles este tipo de ejemplos a los niños puede hacerles creer que no les entendemos.Tienen derecho a que reconozcamos su dolor,y a que les acompañemos sin minimizar ese sufrimiento.Por lo menos nosotros,que somos sus padres.

  9. Mi hijo por ahora no muestra ninguna preocupación por ser diferente(negro) y ojalá siga así…en cambio sus hermanas(son hijas biológicas) han sido de lo menos habitual por lo que leo aquí: la mayor ha estado años diciendo que quería ser china, tener los ojos rasgados y haber nacido en China! y la mediana siempre ha querido tener gafas, aparato en la boca…jajaja
    Ahora parece que los tres quieren ser como son, veremos en el futuro…ya que ahora tienen 9, 7 y 5 años y medio.

  10. Nolwenn dijo:

    Hace tiempo ya, mi hija nos dijo que no le gustaba su color negro, y que quería ser de nuestro color. Estabamos en el jardín y mi madre (su abuela) le contestó entonces que en un ramo hay flores de todos los colores, y es por eso que nos parece bonito.
    A mi hija, esta respuesta le fue más que suficiente, y nos suele recordar la comparación entre la gente y las flores.

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