familia monoparental y adopción

Hace un par de semanas, me llegó de dos personas distintas la noticia de la publicación del último libro de Jeanette Winterson, una autora a la que he leído, y disfrutado, desde hace 20 años sin saber que era adoptada (quizás porque cuando la leí yo no tenía un interés específico en la adopción).

No lo pude resistir… ni siquiera fui capaz de esperar a St. Jordi. Me lo compré, y me lo leí de un tirón, aunque con la expectativa de hacer relecturas más pausadas más adelante.

El libro trata dos temas que me interesan desde los dos lados de la maternidad: como hija, porque hace el retrato de su madre-monstruo, esta figura tan ausente del imaginario colectivo; como madre, porque es el punto de vista de una persona adoptada, que explica sus miedos, sus dificultades para querer… y la búsqueda de su madre biológica.

Algunas veces he oído a padres adoptivos presuponer que somos mejores padres que los biológicos, porque la nuestra es una parentalidad buscada. Este libro es demoledor contra este mito y saca a la luz algo que es importante recordar: una adopción no puede funcionar si con ella intentamos salvar a un niño… o salvarnos nosotros mismos.

La señora Winterson (así la llama la autora) maltrató a su hija, la hizo dormir muchas noches al raso, dijo a propios y extraños que “esta niña es una ofensa para el cielo, para los muertos, para la naturaleza”, le dijo cientos de veces  que se había equivocado de cuna al elegir bebé, la echó de casa a los 16 años cuando descubrió que era homosexual (y le dijo esto de “¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?”)…

…pero nunca dejó de considerarla su hija.

Ni siquiera cuando tuvo que pedir su primer libro (autobiográfico) con nombre falso para que nadie supiera que relación tenía con la autora.

En cambio, la madre biológica, a la que conoció de adulta, estaba orgullosa de ella, la aceptó como era, se arrepintió de haberla dado en adopción, vista la vida que tuvo que llevar… pero esto no la convirtió en su madre.

“La señora Winterson estaba allí. ¿Tú dónde estabas?”.

Es algo que suelen recordar los hijos adoptados a los padre adoptivos asustados por sus motivos para emprender la búsqueda de su familia biológica: no buscamos otros padres, buscamos respuestas; ya tenemos padres.

Incluso cuando los padres son monstruos: Era un monstruo, dice; pero era “mi monstruo”.

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Comentarios en: "¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?" (9)

  1. Quizás no era tu objetivo, pero me has convencido. Voy a leer el libro.

  2. ¡Joder, qué fuerte (con perdón)!

    La complejidad de nuestras motivaciones, de nuestros miedos, de nuestros propósitos, etc., es tal, que hay que hilar muy fino antes de establecer categorías (léase como sinónimos de tipos, sin matiz valorativo); y mucho más para (ahora sí) ponerles nota.
    Pero que el que esté libre de culpa, etc., etc.

    Un beso.

    • Yo creo que nos tenemos que juzgar no por nuestras motivaciones, sino por nuestra capacidad de reconvertirnos en alguien mejor. O de intentarlo, al menos…

  3. Hace unos años leí “oranges are not the only fruit” que creo que es su primera novela y me gustó. No sabía que era adoptada. A mi también me has convencido.

    • Sí, fue su primera novela, en español se llamó “Fruta prohibida”. Creo recordar (la leí hace tropocientos años) que en ella explicaba el descubrimiento de su (homo)sexualidad, es la novela que la consagró (se convirtió en serie de televisión, fue best-seller, recibió un montón de premios…) y es la que su madre (adoptiva) encargó dando un nombre falso para que no la relacionaran con la autora (pero la compró… y la leyó).

  4. Gracias por este post! Por supuesto, ya en mi lista de pendientes. Espero poder encontrarlo en la feria del libro aquí en Buenos Aires. Muy interesante su experiencia de vida… es algo que con frecuencia me planteo cuando pienso en mi propia búsqueda, ¿cómo será si algún día encuentro? ¿qué lugar ocupará quien me dio la vida en mi vida? No me parece nada fácil… besos!!

    • Seguro que lo encontrarás!! Es una escritora muy conocida y reconocida, y seguro que en Buenos Aires se venden sus libros (y si no, ahí está Amazon!).
      Ojalá algún día puedas relatarnos una historia parecida…

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