familia monoparental y adopción

Le pedí a Emma, que ha pasado 3 meses en Bamako tramitando la adopción de su hija, si podía publicar algunas de sus reflexiones después de la experiencia vivida allí. Aquí están:

Cuando escribí Mi hija también viene en patera, publicado en este mismo blog, los comentarios al respecto sentenciaron que la comparativa entre adopción e inmigración era algo simple. Evidentemente, no pretendía escribir un estudio sobre el tema, sino mi percepción sobre él. Así pues, vaya por delante que mi siguiente y humilde aportación a este blog marciano y amigo no pretende ser un análisis en profundidad sobre las causas del abandono, sino una reflexión personal basada en mi experiencia y en mi contacto con la realidad de un país que es la suya, que no tiene porqué extrapolarse al resto de países de adopción internacional, (o sí) y que tan solo pretende aproximarse con cautela y cierta dosis de comprensión a las madres biológicas que, por determinadas circunstancias, abandonan a sus hijos en los países en vías de desarrollo. 

A las madres que no existen

Yo era de las que pensaban que nuestros hijos adoptados no tienen otra madre, sino que la tuvieron. Me gustaba pensar en la adopción como en una trayectoria vital en que la madre biológica cede el testigo a la adoptiva y ésta continúa con la labor que la primera tuvo algún día encomendada. Eso lo pensaba antes de ser madre y antes de conocer el país de origen de mi hija. Muchos padres y madres adoptivos no conciben que sus hijos tengan dos madres (¡y dos padres!). Y a veces las circunstancias de abandono son tan duras que se niega la condición de madre de la biológica, como si su papel fuera menos importante que el de la adoptiva en la historia del menor. Pero las madres biológicas existen, y tienen sus razones muy válidas para el abandono, incluso en aquellos países en que nos dicen que las madres de nuestros hijos son invisibles.

Adopté a mi hija en Malí, un país de África Occidental muy depauperado por las hambrunas y la sequía, a las que ahora se unen conflictos interétnicos y políticos de altura que dificultan aún más el día a día de su empobrecida población. Pasé allí tres meses y eso me permitió asomarme un poco, sólo un poco, a la realidad de las mujeres malís y a las causas del abandono. Cuando se informa los futuros adoptantes sobre los abandonos en Malí, se nos repite la historia-tipo  de una mujer joven llegada a la capital en busca de trabajo desde alguna población pobre; abusada por su patrón, abandona a su hijo para  evitar que la familia y entorno de su pueblo de origen la rechacen al regresar. Esta podría ser la explicación a algunos de los abandonos que se producen en la capital, Bamako, pero desde luego no es la única ni la más frecuente. No deja de ser una visión sesgada sobre la realidad del abandono en Malí para ofrecer a padres conformistas, a los que además les viene muy bien saber que nunca tendrán datos sobre la familia biológica, sobre la madre biológica.

El organigrama de la sociedad maliense es del todo menos sencillo, y más teniendo en cuenta el crisol de etnias que la conforman. El papel de la mujer es importante y muy variado. No existe ese perfil único de mujer africana fuerte y sufrida que lleva el peso del hogar. Hay mujeres que desempeñan los trabajos más duros (acarrear el agua, moler el mijo…) y además se encargan de la crianza de sus hijos; pero también mujeres en la zona urbana con trabajos bien remunerados y cada vez más independientes; mujeres dedicadas a la prostitución por voluntad propia y a la venta ambulante en los mercados. Mujeres modernas que visten a la occidental y mujeres más tradicionales que usan velo. Mujeres que dejan la casa familiar y abandonan a su marido e hijos para irse con un hombre más rico que le dará mejor vida; mujeres que quieren a sus hijos y luchan por darles una vida mejor, y mujeres que maltratan a sus hijos y los obligan a mendigar…hay tantas tipologías de mujer como mujeres hay en el país. En la adopción, no sólo existe esa mujer joven abusada que deja a su hijo en las calles de Bamako. Al principio, además de creer a pies juntillas esa versión, yo me permitía el lujo de juzgar. Me preguntaba como una madre que ha llevado a un niño en su vientre podía abandonarlo a suerte en la calle o peor aún, en la basura donde le esperaba una muerte segura. Pero ahora que he estado allí, que he tenido contacto diario con mujeres con realidades muy duras, creo que soy capaz de comprenderlas más y mejor. Madres que abandonan en la basura, madres que abandonan cerca de un hospicio, en la misma calle o en el bullicio de un mercado. Las hay, pero también hay madres que renuncian de forma expresa a sus hijos. De eso no se habla, bien por desconocimiento o por seguir fomentando la idea entre los adoptantes, esa idea tan cómoda y poco complicada, de que en Malí, como en otros países, como en China, por ejemplo, las madres biológicas no existen.

Hay muchas otras causas de abandono en Malí, un país profundamente tocado por la magia y el animismo. Muchas mujeres que abandonan ya tienen otros hijos; son madres de familia que llevan una vida cotidiana y normal y que al parir un hijo aprecian algo raro en él, alguna deformidad que probablemente no lo es, pero que despierta en la madre la idea de que ese hijo va a traer mala suerte. También un niño prematuro, un niño albino, un niño con la cabeza más alargada de lo normal, es susceptible de ser abandonado al nacer por su madre.

 Desde el punto de vista de una mujer malí que abandona en la basura a un niño albino, por ejemplo, es mejor que éste muera, porque el albinismo es una tara genética que trae mala suerte al resto de la familia; porque el niño va a sufrir rechazo, difícilmente va a poder integrarse en la sociedad y tarde o temprano se quedará ciego o morirá de cáncer de piel causado por el sol abrasador. Lo que para un occidental es un acto abominable, allí cobra sentido; aunque parezca un tópico, la vida tiene un valor diferente, no mejor ni peor, sino diferente. Me he encontrado con muchos padres adoptivos que no pueden, ya no perdonar, sino al menos intentar entender, los motivos que llevaron a la madre biológica a abandonar al menor. Especialmente duro es el caso de aquellos niños que fueron dejados en plena calle, ateridos de frío; o en la basura, a merced de ratas y alimañas, niños que pudieron haber muerto fácilmente. Se tiende a pensar que las madres biológicas podrían haber buscado otra solución, como dejarlos en algún lugar resguardado para que fueran encontrados, se las culpa, son duramente juzgadas. Lo cierto es que esas muchas de esas madres querían que sus hijos muriesen, probablemente no tenían la menor intención de que fueran rescatados. Ellas tienen razones que nosotros, tanto padres como hijos adoptivos, desde nuestra percepción de las cosas, no podemos entender. Están sometidas a una vida dura y a una sociedad que también juzga, que curiosamente las juzgaría y las rechazaría como a parias, no tanto por abandonar en la calle a un niño indefenso, sino por haber tenido un hijo fuera del matrimonio, o un hijo fruto de un abuso, o de relaciones sexuales consentidas con un amante casual.

Cómo desprendernos de los propios preceptos éticos para entender otras culturas…no lo sé. Sólo sé que nuestra sociedad peca de etnocentrismo, tendemos a tomar como referencia nuestra cultura para medir al resto y esto no nos lleva al entendimiento, sino al juicio. El sentido de la ética y de la moral es distinto en otras sociedades, es distinto en Malí. Muchas mujeres malís seguirán probablemente abandonando a sus hijos en la calle, sufriendo a escondidas el miedo al rechazo social, a ser descubiertas y encarceladas, sufriendo también la incomprensión que muchas familias adoptivas transmitirán después a sus hijos.

Desde aquí, encarguémonos de que además no pese sobre ellas nuestro juicio. Para que nuestros hijos, que también son suyos, puedan llegar a comprender, a respetar las decisiones de sus otras madres y quizá, lograremos entre todos que algo cambie, que estas mujeres invisibles para su sociedad y para la nuestra algún día dejen de serlo.

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Comentarios en: "A las madres que no existen" (21)

  1. Me ha gustado mucho lo que has escrito. Solo tengo un pero, en esta frase: “Lo cierto es que esas muchas de esas madres querían que sus hijos muriesen, probablemente no tenían la menor intención de que fueran rescatados. Ellas tienen razones que nosotros, tanto padres como hijos adoptivos, desde nuestra percepción de las cosas, no podemos entender”.
    El pero de la frase se refiere a que los hijos adoptados no lo entenderán, más que nada porque le iba la vida en ello. Está bien intentar comprender a las madres bio, pero no debemos exigir a nuestros hijos que entiendan que les preferían muertos. Creo que eso no debemos pedírselo.
    Juanjo

  2. A mi tambien me ha gustado, ¡y mucho!, lo que has escrito.

    Yo con el tiempo me he dado cuenta de que no juzgo (y no me cuesta nada no hacerlo) a la madre biológica, a la otra madre, de mi hija. No sé muy bien cómo lo hice, pero desde el principio asumí que mi hija tenía una madre biológica y que yo no era nadie para juzgarla. No sé si conseguiré que mi hija tampoco la juzgue, pero lo intentaré no juzgándola yo.

    • Yo creo que nuestros hijos tienen derecho a juzgar a sus padres biológicos: nosotros no. Otra cosa es que nuestra obligación sea darles todos los elementos de juicio posibles, es decir, el conocimiento de la realidad de sus países, de sus familias… para que tengan herramientas suficientes para hacerlo si es que así lo deciden.

  3. Juanjo, yo no pretendo exigir tal cosa a mi hija ni que nadie se la exija a los suyos. Simplemente intentaré que sepa que hay otros culturas, otras realidades muy duras y distintas a la nuestra con las que hay que intentar tener un mínimo de empatía. Después ella misma sacará sus conclusiones, pero no seré yo quien crucifique a la parte biológica(ni quien la idealice) por un acto de abandono que desde nuestro cómodo mundo no somos capaces ni de imaginar qué situación puede llegar a provocarlo.
    Un saludo

    • Si. Ya te decía que estaba de acuerdo con lo que habías escrito. Que mi opinión era “un pero” por esta zona la expresión “un pero” no es una disconformidad, es un pequeño punto de desacuerdo. Al final, creo que estamos completamente de acuerdo.
      juanjo

    • Hola Emma he leido tu comentario sobre los niños de 5 años de Malí creo que yo soy madre de uno de estos niños que jugaban a la pelota y que dormian con los niños con deficiencias , me gustaría poder contactar

  4. Pues aunque estoy muy de acuerdo en que las cosas no son simples ni sencillas, y que no se puede zanjar un tema así en dos palabras, el recurso al relativismo cultural extremo tampoco me convence.
    Quizás pareceré un cura, pero una cosa son las acciones, y otra las personas. Y hay acciones que no están bien, como dejar un niño en la basura para que muera. Puedo entender las debilidades de las personas y las presiones que sufren, puedo no juzgar una persona como “mala” por una acción, pero por justificar acciones injustificables, pues no paso.
    Por otra parte, en mi humilde experiencia, siempre que me he podido acercar a las personas de otras culturas distantes (y a algunas me he acercado mucho) no me he encontrado nunca con estas “razones que no podemos comprender como occidentales”. Como mucho, sociedades, personas, creencias que (nos) presionan mucho y gente a quien le cuesta soportar la presión. Y gente mala, egoista y tramposa también, claro.

    Y es que creo que justificar ciertas acciones no beneficia a nadie, en este caso, ni a los padres adoptivos, ni a los adoptados ni siquiera a los padres biológicos.

    Pero el texto me ha gustado!

  5. R., no he pretendido justificar ni excusar nada, sino aproximarme a una realidad vital muy distinta. Yo sí creo que según el contexto las acciones cambian y determinados actos adquieren otro cariz; la presión cultural y de la costumbre no es la misma en una sociedad relativamente libre como la nuestra (y aún así hay mujeres que aquí no pueden decidir)que en una sociedad donde la mujer, y mucho más si es pobre, carece de posibilidad de elección. Cuando dices que un acto por sí mismo es deleznable,(como abandonar un niño en la basura) hablas precisamente desde la moral de nuestra sociedad, y ese agravio comparativo es precisamente es lo que no trataba de fomentar este post…pero igualmente gracias por dar tu opinión, que me parece interesante.

    • Emma, no estoy de acuerdo, no hablo desde la moral de nuestra sociedad. Creo (y es una creencia, claro, al igual que lo que dices tu) que si que hay algunos valores comunes en todas las sociedades.
      Porque si no fuera así, también podríamos justificar desde su cultura que maten a las mujeres que tienen relaciones pre-matrimoniales, la esclavitud, etc.
      Cuando alguien pasa por encima de la vida de otra persona, siempre puedes anular el argumento cultural preguntando la opinión de la persona afectada, que es de la misma cultura. Así, una lapidación puede “ser aceptable” en un sitio, pero casi seguro que para la víctima no lo es.
      Seguro que cualquier niño rescatado de una muerte segura y que lleve después una vida normalizada está en contra de su intento de asesinato. Y lo hará aún compartiendo la cultura de la gente que crea lo contrario.

      Un placer poder debatir.

  6. R., parece que vamos acercando posturas. Insisto en que no pretendo justificar, sino intentar entender. El abandono en sí, y mucho más si supone un riesgo para la vida del menor, es un acto tremendo, aquí, en Malí y en la China Popular. Pero las razones que llevan a que una madre abandone a su hijo no son las mismas en todas partes. Para una mujer sola en situación límite, sin apoyo y en una sociedad que coarta su libertad y en la que tiene pocas o ninguna opción de decidir sobre sí misma y sobre su hijo, un niño es no solo una pesada carga, sino una condena total y absoluta. ¿Que el acto en sí está mal? No voy a justificarlo, pero tampoco voy a juzgar a una mujer que toma esa dura decisión en un mundo que no es el mío, en un contexto en que la vida es tan distinta y tan dura. Tampoco justifico la ablación del clítoris, por ejemplo, que se practica en Malí (y en otros países africanos) al 95% de las niñas mayores de 8 años. Es una costumbre horrible, pero muy arraigada en un país que es muy distinto al nuestro. La sociedad maliense carece de “valores cristianos” (entiéndanse como los valores que a través de nuestra Historia, basada en el cristianismo, han ido cuajando en la moral occidental), a pesar que gran parte de la población son musulmanes practicantes, sus valores tradicionales están basados en el animismo, en la magia, en los rituales mágicos. La ablación la justifican ellos con sus razones y desde luego es un acto deleznable, pero ellos lo tienen perfectamente razonado y son las propias madres quienes desean que sus hijas sean mutiladas como ellas lo fueron. Es otro ejemplo que describe bastante bien como algo que no tiene para nosotros ningún tipo de justificación, para ellos tienen un sentido cuasi sagrado y ceremonial.
    Siguiendo con los abandonos, mientras las madres biológicas tienen que tomar ese tipo de decisiones tan duras nosotras estamos comodamente sentadas ante nuestro portátil debatiendo sobre ello…no deja de ser paradójico.
    Un saludo y también un placer debatir!

  7. No creo que tengan razones, sino ignorancia. Es cierto que es muy fácil juzgar otras culturas desde la nuestra, pero con la excusa de que “es su cultura” se cometen aberraciones como la ablación ó la lapidación. Es la falta de información y de recursos lo que les hace actuar así. Si fuesen informadas sobre hospicios ú hospitales donde entregar a los niños que no quieran criar, seguro que muchos menos niños terminarían en las calles, en la basura y pasando sufrimiento.
    De todas formas, es irónico que haya quien critique el aborto y justifique (no lo digo por tí, que conste ;)) que echen a los niños a morir porque es su cultura.
    Un saludo.

  8. Yo mismo dijo:

    La ignorancia la estás definiendo también por comparación,midiendo con el rasero de nuestra “cultura” los actos de otros y calificándolos de ignorancia, Opiniones Incorrectas.

  9. Gracias por ilustrarnos. Yo soy de la opinión de que todo nos enseña y que las diferentes culturas, perspectivas, posturas, etc., no hacen otra cosa sino enriquecernos.
    Gracias por compartir.
    Un abrazo.

  10. Me parece una magnífica reflexión, Emma, muy sensata y comprensiva. Has tenido los ojos bien abiertos, allí.

    Un saludo. Y para ti, Madre.

  11. Me ha encantado el post y estoy de acuerdo en casi todo. Pero me cuesta pensar que el abandonar a un ser indefenso para una muerte segura se pueda justificar, no hablo ya de las razones de otras culturas en concreto, sino del ser humano en general y de la crueldad del mismo. Sin duda, en diferentes países la vida tiene otro valor que como bien dices no es ni mejor ni peor. Pero también durante siglos nos hemos amparado en la religión, la cultura y las supersticiones para cometer verdaderas atrocidades. No entiendo ni quiero justificar ‘en general’ que una madre abandone a su hijo a merced de alimañas o de lo que sea, cuando existen otras opciones menos crueles (que igual sea por falta de información… no lo sé). Y lo siento, pero no me cabe en la cabeza. Y tampoco me sentiría mejor si ese fuera el caso de mi hijo. No me serviría como excusa, desde luego, para posicionarme como ‘más madre’ frente a mi hijo. Seguramente tendría que vivirlo en primera persona como tú para poder comprender.

    • Yo no sé si se puede justificar, es muy difícil, sobretodo si te toca en propia carne; pero sí creo que es necesario hacer un esfuerzo para entender, entender qué papel tienen las mujeres en la cultura de nuestros hijos, que valor tienen los hijos, y los hijos ilegítimos (o albinos, o malformados), qué estigma representa una violación… etc. Creo que es imposible juzgarlos desde nuestros valores, nuestra cultura y nuestros privilegios… ni siquiera podemos aspirar a despojarnos de estos privilegios y valores (y prejuicios), pero sí es importante saber y reconocer que están y que afectan a nuestra manera de mirar las cosas.

      • Totalmente de acuerdo. Lo miro no como madre, sino como ser humano, así en general. Un acto cruel, me parecerá cruel en cualquier parte del mundo y en cualquier cultura. Si es la historia de mi hijo intentaré no juzgar, sino aceptar… Para poderle explicar lo mejor posible a mi hijo, sin herir, sin trasmitir rencor.

  12. Buenos días,
    Este testimonio de Malí es muy interesante. En cuanto al debate posterior, sinceramente creo que tendeis a confundir y/o mezclar diferencias “culturales” con una realidad de desigualdad y condiciones socioeconómicas atroces. En el fondo y por omisión de ayuda somos el “primer mundo” el que diariamente tiramos a la basura a miles y miles de bebés, para los que habría manutención con lo que nosotros invertimos en tomar unas cañas o cambiar el televisor, la tableta, el móvil, etc. Y por otra parte, sin negar los conceptos de responsabilidad y culpabilidad individual (ya sabeis, evitando el manido cliché de “la sociedad me ha hecho así y bla bla bla…”), ojito con la potencial deriva de culpabilizar SOLO a las mujeres. En cuanto a los bebés, ya digo, que se pudran o les disparamos a matar según se acerquen a la frontera, que yo me quiero ir de vacaciones…. Estos son en la práctica nuestros “valores cristianos” que antaño dieron lugar a la Inquisición y tantos otros horrores que la Ilustración aún no ha conseguido desterrar. Lo que quiero decir, provocaciones aparte, es que si no contextualizamos lo local en lo global es imposible interpretarlo. Saludos. Jorge.

  13. belen ayora dijo:

    INCREÍBLE!!!!!!,es lo único que puedo decir…Cómo madre adoptiva estas palabras me llegan al ALMA!!!!!

  14. itziar Antxon dijo:

    Hola Emma, gracias por tu texto de la adopción de los llamados niños mayores..yo ya tengo hijos propios y mi intención es adoptar un niño/a de esos “mayores”, y me encanta pensar que ellos lo están deseando como mencionabas.. me has convencido aún más de lo que ya estaba.. gracias!!

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