familia monoparental y adopción

Calor

Esto a lo que ahora le llamamos ola de calor – y que en mi infancia se llamaba verano – trae, a la mayoría de las oficinas, la Guerra del Aire Acondicionado.

Se da la paradoja de que, cuánto más calor pasamos en la calle, más abrigados tenemos que ir al trabajo (y a las tiendas; y al metro; y al cine). Y mucha gente considera “insoportable” aguantar temperaturas superiores a los 20 y pocos grados.

Y si te quejas te dicen: “¡Pues ponte una chaqueta!”

Y me ha dado por pensar en nuestra infancia… cuando teníamos asumido que verano equivalía a calor, cuando nos refrescábamos y remojábamos cada tanto, viajábamos con las ventanillas bajadas, andábamos por la sombra y usábamos abanico.

Cuando, como cuenta hoy Almudena grandes en su columna, “todos aprendimos de nuestras madres a abrir las ventanas de par en par al atardecer, a crear corrientes que duren toda la noche y a bajar las persianas para cerrar la casa a cal y canto en el momento en que el sol empieza a pegar fuerte”.

No es que los avances estén mal… pero tengo la sensación de que esto de lo que acusamos a la generación de nuestros hijos, tener poca tolerancia a la frustración, les sucede también a muchos adultos.

Que nos hemos acostumbrado a la comodidad. A tenerlo todo. A no tener que esperar. A no tener que renunciar.

A controlarlo todo. A los derechos. A las garantías.

Cuando empecé mi proceso de adopción me di cuenta de que, quizás por primera vez en mi vida adulta, me metía en un proceso largo, complicado, emocionalmente costoso, de resultados inciertos. En algo que no tenía garantías de ningún tipo.

¿Y saben? Esa espera interminable, insoportable, esta vivencia de la incertidumbre, ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida…

…hasta que llegó la maternidad, claro, y acabé de enterarme que las garantías y la capacidad de controlarlo todo había desaparecido del todo de mi vida.

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Comentarios en: "Calor" (14)

  1. Bingo! Ahí estoy yo, aprendiendo a no controlarlo todo. Mi hijo me lo está enseñando. Pero sí es cierto, cierta “culpa” de que las últimas generaciones tengan poca tolerancia a la frustración proviene, posiblemente, de las facilidades con las que conviven a todos los niveles. Es difícil abstraerse de eso…

    • Como dice Laura un poco más arriba (o más abajo, ahora no sé), el volver a aceptar que la vida es difícil, que no se puede tener todo, que los planes no siempre se cumplen, que a veces hay que ahorrar, o posponer, o renunciar… será una de las enseñanzas que vamos a sacar de esta crisis.

  2. a mi parecer es que cada vez vivimos en una sociedad más SALVAJE. Lo del aire acondicionado es un ejemplo…..a mi lo que me asusta de verdad es la carretera, que es una auténtica selva…cada conductor muestra su peor cara como persona, dentro de su coche.
    Lo de cumplir las normas cívicas y de convivencia….es misión imposible porque el sentido común ha dejado de ser COMUN para cualquier pequeñez.

    • Nosotros lo de la carretera nos lo ahorramos, vamos en transporte público… pero tampoco ahí nos evitamos el ver cómo hay gente que no ha aprendido civismo y convivencia.

      Este fin de semana hemos estado fuera, y hemnos ido (y regresado) en tren. A la ida ya tuvimos que pedir por favor que alguna de las personas que estaban solas en un grupo de dos asientos se sentara en un asiento que ya tuviera a alguien al lado para podernos sentar los tres juntos (como los niños son chicos, cabemos 3 en dos asientos); a la vuelta, le pedimos a un tipo que ocupaba él sólo un grupo de 4 asientos que a) dejara la maleta en el sitio de las maletas, que no pagaba billete y por tanto no tenía derecho a asiento; y b), bajara los pies del asiento de delante. Pero lo más alucinante fue cuando el tipo se bajó, ¡¡y dejó encima de la mesa los papeles de las chocolatinas que se había comido, la botella del cacaolat!!

      En fin…

  3. Me ha hecho gracia lo de la columna de almudena grandes , porqué mi marido y yo seguimos ventilando la casa durante la noche y cerrando a cal y canto durante el día y la verdad es que en nuestra casa es como si hubiese aire acondicionado sin haber. Soy anti aire acondicionado en casa, me parece una necesidad frívola.
    Yo creo que cada vez hay menos tolerancia a la frustración porqué siempre se ha vivido un poco mejor que nuestros antecesores… nosotros vivimos mejor que nuestros padres, ellos vivieron mejor que nuestros abuelos y así seguiría… eso ha llevado a que se diga lo típico de “si puedo evitárselo por qué tengo que hacerle pasar por esto?” y así vamos intensificando esta intolerancia a la frustración, porque hay una sobreprotección… pero según se dice, esto cambiará y nuestros hijos ya no vivirán mejor que nosotros (a la vista de todo lo que ocurre, me lo creo…) entonces, quizá nuestros hijos, aprendan a tolerar mejor sus frustraciones.

    • Yo tampoco tengo aire acondicionado, aunque mi casa es calurosa en verano. Pero vamos con poca ropa, nos refrescamos, cerramos las persianas, … y si sudamos, pues tampoco se acaba el mundo, ¿no?

      Efectivamente, nuestros hijos tendrán que aprender que no se puede tener todo. Pero a mí no me sorprende tanto que ellos no lo sepan, como que tanta gente de nuestra generación lo haya olvidado. Que piensen, y afirmen, y hasta se peleen, que no se puede vivir sin aire acondicionado… cuando así fueron los 30 primeros veranos de su vida.

  4. ¿Calor? ¿Qué calor? Aquí el aire acondicionado es un norte que te echa de la piscina, del parque… Personalmente no aprendí nada de la espera, mi aprendizaje empezó cuando llegó mi hija y tiró con una sola mirada todos mis castillos en el aire. Tuve que empezar desde cero. Y con ella desubrí que mi capacidad de fustracion y mi intolerancia era muy muy superior a lo que me imaginaba. Pero parece que muchas de las cosas que he vivido me han preparado para aceptarlo y tratar de mejorar.

    Tenemos demasiado, y desde hace veinte años sabemos que nuestra forma de vida era insostenible… aún así hemos seguido viviendo como si nada, hemos educado cómo si todo fuera fácil, accesible y el SI a todo fuera un derecho personal inalienable.

    • Tienes razón, hemos vivido, en muchos sentidos, como sociedad, por encima de nuestras posibilidades. Y no me refiero tanto a lo económico como a lo ecológico… y a lo que se refiere a la justicia social.

      Yo aún me descubro ahora rígida e intolerante con mis hijos. Aprender a flexibilizarme es una lucha de cada día.

  5. Estoy contigo en lo del verano no ola de calor (que es extrapolable a lo de invierno no ola de frío siberiano).

    En relación a la espera, yo aprendí que las malas personas realmente existen. Y claro depués de enfrontarme no sólo a la incertidumbre… del proceso sino que también a esas personas, la adaptación a la realidad de la maternidad ha sido bastante llevadera. A todo hay que intentar darle la vuela y, por eso, acostumbro a decir que ella y yo hemos ganado: después de habérmelas con esas personas y con el proceso, la maternidad la llevo más o menos bien (creo!!). Y que siga así “por muchos años”, como decimos por aquí.

    Por cierto, me ha gustado mucho la columna de A. Grandes. Con todo no coincido con que “todos” aprendimos esos hábitos. Algunos los aprendimos y otros no los aprenderan nunca (esos y otros hábitos). El porqué no lo sé. Y que conste que soy de las que piensan que todos podemos hacer aportaciones positivas. 😉

  6. Es la cultura de la inmediatez, en la que todo se tiene que dar rápido, la cultura del consumismo, en la que las cosas pierden su valor, la cultura de la cero tolerancia a la frustración. Es un gran reto tratar de educar hijos cuando casi todos a su alrededor viven inmersos en esta cultura, pero es tan importante que vean que las cosas que valen la pena requieren esfuerzo para conseguirlas, que los sueños se trabajan y se andan paso a paso. Me da un ataque cuando veo niños que han crecido con todo solucionado, que no pueden tolerar la más mínima frustración, siempre me preguntó qué va a pasar el día que sean adultos….

    • Yo creo que ya está pasando: hay chicos y chicas que ahora se incorporan al mundo laboral y han sido criados así. Mi hermana me explicó que tuvo un becario al que tuvo que despedir al cabo de dos días por hacer cosas tan alucinantes como mirar un ordenador que no era el suyo… Cuando le llamó la atención, le explicó por qué le despedían y le recomendó que cambiara de actitud si quería encajar en algún sitio, el chico, altivo, le dijo “No conseguirás bajarme la autoestima”.
      No sé si la realidad habrá conseguido bajársela después…

  7. Pues yo en el trabajo lo tengo todo controlado, una profesional de los pies a la cabeza. Pero llego a casa y me siento de lo mas torpe, precisamente porque nada esta controlado. Si el mayor quiere cenar la pequena quiere brazos, o vicecersa, se monta el caos, los dos a grito pelado, y ahi me quedo en medio pensando que esto de la maternidad es MUY dificil! La espera de la adopcion fue un camino de rosas, lo gordo es lo de ahora.

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