familia monoparental y adopción

CUENTO PARA D.

Hace años, pensé en escribir un cuento sobre D.

El cuento tenía varias escenas.

En la primera, D. era un adolescente rebelde, de pelo largo, que hacía pellas en el instituto y jugaba al futbolín en los bares. Un chico guapo, ¿qué digo?, guapísimo. Con cara de cherokee, esta mirada intensa, estas ganas de comerse el mundo.

Y cuando llegaba a casa, se encontraba con una realidad que pocos conocían: un hermano con una gran discapacidad, y una madre, tan joven que parecía la hermana de su hijo adolescente, que cuidaba con mimo y paciencia a aquel crío incapaz de comer solo o controlar esfínteres.

Esta era la única escena que tenía clara. Bueno, esta y la última.

Luego, el hermano murió, y D. creció. Y se convirtió en un joven interesante e intenso.

Y heroinómano. Era el principio de los 90, ¿recuerdan?

D. trabajaba en lo que podía, mayormente de mensajero. Tenía una gran habilidad para caer de pie: era un chico al que todos querían, que siempre conseguía hacerse perdonar los errores, que siempre conseguía segundas oportunidades. Y terceras.

D. trapicheaba a ratos. Compraba heroína, se tomaba una parte, revendía la otra cortada con bicarbonato o aspirina.

D. era un buen amigo. Tenía una pandilla que le aceptaba como era, y le respaldaba, pero tenía un mejor amigo.

Al amigo le llamaban “el Rizos”. También era heroinómano, pero a diferencia de D., era un tipo de los bajos fondos, con una familia dudosa, una reputación peor que dudosa.

Se fueron a vivir juntos, y lo compartían todo: las drogas, las chicas, el dinero, la comida, cuando se acordaban de comer.

Seguían viniendo por los bares.

Un día supimos que habían atracado a un tipo… con tan mala suerte que el tipo era un policía de la secreta. El Rizos huyó y D. fue a parar a la cárcel. Allí se desintoxicó, no recuerda cómo. Sólo sabe que tuvo muy claro que pincharse en la cárcel era un billete directo al SIDA. Hizo mucha gimnasia, se puso fuerte… y como no podía ser de otra manera, se ganó a una de las trabajadoras sociales, que le ayudó todo lo que pudo. Le ayudó a recomponerse, a estudiar, a buscar trabajo, a replantearse las cosas.

Hasta que salió.

Y volvió a ir con el Rizos, y la noche, y las drogas, y los bares.

Aquella amistad terminó fatal, en un bar, donde D. se quedó dormido – o desmayado- en día de cobro… y cuando amaneció, tirado en la calle, le faltaba la mitad del dinero.

Se lo comentó a su amigo del alma, el Rizos, el que le había dejado tirado en aquel bar, y el otro le dijo:

Que fuerte, ¿quién puede ser tan mala gente de atracar a un tipo que está desmayado?

Y D. le contestó: ¿qué atracador sería tan gilipollas de llevarse sólo la mitad del dinero?

Y unos días más tarde, la casa donde vivía el Rizos ardía.

Así habría terminado aquel cuento, con un gran fuego purificador, al filo del cambio de siglo.

Si me hubiera decidido a escribirlo.

VIAJE EN EL TIEMPO

Hoy me aparece en el FB un chico al que conocí hace 25 años.

Por pura casualidad, porque tenemos 2 amigos en común, que no eran amigos de ninguno de los dos en esa época. Una época muy intensa, allá en los 90, que terminó cuando me separé y decidí hacer un corte limpio no sólo con mi ex, sino con todo lo que había alrededor suyo. 
 
Le envío una solicitud de amistad… me acepta… y lo primero que veo en su muro es que pocos días atrás ha muerto D. 

Le encontraron en su cama, llevaba 3 días muerto. Le hicieron una autopsia, pero no fue concluyente.

Le enterraron, y ya está.

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Comentarios en: "Cuento para D. / Viaje en el tiempo" (6)

  1. Cuantas cosas se remueven cuando encontramos de repente cosas fuertes que no esperabamos y que en algún momento de nuestra vida tuvimos mucha relación con ellos y podiamos haber seguido en ella. Escribir ayuda a liberar y a descargar. Tienes la suerte de poder hacerlo muy bien. Gracias por compartir.

  2. Lo siento, Madre.
    (Era un buen cuento)

    Un beso.

  3. …y si estaba muerto ¿quién te aceptó en su facebook?

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