familia monoparental y adopción

Centro de atención

Leo en La morada de Iruene, uno de los blogs más lúcidos que sigo, esta historia sobre el comportamiento de la hija de la protagonista cuando no es centro de atención:

Ante cada pregunta o comentario no dirigido a ella, una interrupción brusca, fuera de lugar. Ante dos o tres minutos de charla que no la incluyera, una demanda de atención directa; por las buenas (haciendo un comentario a cuento gracioso) por las malas (me pongo la tartera en la cabeza porque parece un gorro). Comienza la tensión (la mía y la de ella)…

Cuanta dificultad para no ser el centro de atención, para aceptar que ahora le toca el turno a los otros, para entender que ahora toca escuchar, o salir a jugar solita, o ponerse a pintar o a explorar. No, ella no puede. Si algo ha de pasar, comienza y termina en ella. Y entonces, su magia, se me desdibuja. Y la fiesta se estropea.

Estos párrafos me hicieron pensar inmediatamente en B., mi hijo mayor. B. necesita ser siempre el centro de atención. Lo necesita de una forma enfermiza: como si le fuera la vida en ello. Y lo necesita especialmente cuando hay una situación de emergencia en la que hace falta que esté tranquilo y colabore. Entonces es cuando peor se porta, cuánto más boicotea, cuánto más exige que dejes lo que sea que estés haciendo (aunque sea llamar una ambulancia) para atenderle.

Hace algún tiempo, una buena amiga que nos conoce bien, me dijo: “Cómo necesita B. llamar la atención… es tremendo. Sin duda, en algún momento, su supervivencia dependió de su capacidad de llamar la atención”.

Esto me hizo pensar mucho.

Probablemente es así. Probablemente, mi hijo está vivo precisamente por su capacidad de convertirse en el centro de atención. Y esta estrategia que le permitió sobrevivir en la adversidad, ahora se le gira en contra. Pero no es capaz de desecharla.

Y a mí, entender esto, me hizo enfocar de una manera muy distinta la manera de relacionarme con él en estas circunstancias. Aprender a leer sus demandas no como un capricho, como una pulsión egoista, sino como una llamada de auxilio que hay que tomarse el tiempo de atender (a veces a posteriori) para que poco a poco vaya necesitando menos que le veamos; que cada vez tenga menos la sensación de que su vida, como posiblemente sucedió algún día, depende de ello.

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Comentarios en: "Centro de atención" (24)

  1. Le he cogido un cariño….

  2. Muy interesante, voy a reflexionar sobre ello, por qué mi hijo pasa por una época de demanda de atención muy bestia y cuando le hacemos cortar esa demanda, aunque sea con buenas palabras… se enfada, e incluso teatraliza demasiado (a mi modo de ver) este enfado… de hecho mañana que tenemos el seguimiento con la icif pensaba comentarle esto a la psicóloga.

    • A mí lo que me va bien (no siempre atino, o tengo la posibilidad) es pararme un momento a darle esta atención: agacharme, contarle por qué no puedo atenderle, qué pasa, qué pasará… y luego hablarlo con calma, preguntarle por sus miedos, por lo que creía que podría pasar después…

      • Yo también paro un momento, le digo que en cuanto termine estoy por él y siempre siempre siempre cuando termino estoy por él y le digo “ahora estoy por tí, dime, qué querías?”
        Quizá deberé añadirle lo de que aunque en ese momento esté al teléfono o hablando con papá, él siempre será nuestra prioridad, etc etc… no sé… la verdad es que no siempre es fácil no pegar un grito cuando te interrumpe una llamada tres o cuatro veces… aixxx

      • No, no es nada fácil. Yo me refería no tanto a momentos normales como a momentos de emergencia, donde la temperatura sube a todos los niveles… por ejemplo, una vez que estábamos de viaje con 2 amigas, y una de ellas enfermó y se desmayó… Éramos dos adultas que teníamos que encargarnos de la que estaba mal, de 4 niños estresados, incluído uno asustado porque no sabía qué le pasaba a su madre, llamar a un médico en un país extranjero y en otro idioma… Y B., que era el mayor de los niños, que podría haberse ocupado de los demás… fue el que más guerra dio. Y en ese momento, no puedes pararte y explicarle que no va a pasar nada, no va a morir nadie, no sucederá ninguna catástrofe… Este tipo de cosas.

  3. Ja veig b el teu blogg, van ser uns dos dies que el text es barrejaba amb el fons i no es podia llegir. misteris d’internet…. ara ja esta correcte. petons Roser

    ________________________________

  4. Yo no te digo que no, eh, pero creo que no tiene porqué ser por eso. Quizá es que es más egoísta… Conozco muchos niños así. Y la mayoría, no son adoptados. No han pasado experiencias traumáticas, no han tenido que gritar para conseguir ser el centro de atención.
    Aunque ya ves que hoy no se me puede hacer mucho caso, que ando algo pallá! jajajajaja

    • Yo creo que en su caso sí es esto. Porque cuando actúas como si fuera esto, se calma… Ya sé que en general, los padres adoptantes tenemos a menudo la duda sobre si el comportamiento de nuestros hijos se debe a la adopción o a otras cosas (carácter, edad, etc)… Yo con B. casi siempre me doy cuenta de que acierto (y resuelvo) cuando apunto al abandono y a los asuntos relacionados con la adopción.

      No me sucede lo mismo con mi otro hijo, A….

    • a mi me pasa con los tres ! pero quizás más con las biológicas…por más que los “empujamos” a que se suelten,son muy dependientes.Tiemoo al tiempo…

      • Dicen que se vuelven independientes precisamente cuando NO les empujas a ello… cuando antes, les permites apegarse y depender tanto como necesiten… No sé si es verdad.

      • Yo tengo comprobado que cuando doy atención plena a mi hija porqué tengo el tiempo o la calma (p.e. en fin de semana, en vacaciones, o incluso una tarde que tengamos un poco de calma) es cuando se comporta de manera más independiente. No sé si muchos periodos de estos van a facilitar que con el tiempo no pida ser el centro de mi atención en el momento que aparezca otra persona…

  5. “Si algo ha de pasar, comienza y termina en ella. Y entonces, su magia, se me desdibuja. Y la fiesta se estropea.” Esta frase me ha puesto los pelos de punta, es lo que me pasa a mí exactamente. Yo creo que lo de mi hija no es instinto de supervivencia, por lo que conozco de su historia creo que todo lo contrario, más bien tuvo muchas veces que pasar desapercibida para “sobrevivir”. Pero sí que creo que es uno de los efectos de la inseguridad brutal que tiene (el abandono al fin y al cabo).

    A esos momentos de mi hija, llamadas constantes de atención, enfados injustificados, interrupción de conversaciones, incapacidad de soledad, los llamo yo momentos “carrachiño” (en gallego es garrapata, pero es mucho más cariñoso), chupa tu energía, acabas agotada (y ella también).

  6. Yo tambien me identifico con la frase. Mi hijo tiene una necesidad brutal de llamar la atención, da igual, si considera que no está participando en la conversación lo que no sabe se lo inventa, si suena el teléfono y atiendes la llamada pone en marcha el repertorio de todas aquellas cosas inadecuadas para molestarme, y podría citar muchos más ejemplos hasta el infinito.

    • ¿Por qué les molestará tanto que hablemos por teléfono? Los míos es de las situaciones que más malestar les ocasiona (y les hace ocasionar) y por lo que hablo con otros padres y madres, es algo bastante común…

      • Eso mismo me pregunté durante años! Afortunadamente ya no me ocurre, pero cuantas llamadas de teléfono he atendido, con mi hijo literalmente encima de mi cabeza !!! Empezaba trepando hasta que llegaba a la “cima”

  7. Interesante…yo no noto en ninguno de mis hijos ese comportamiento.
    Lo normal, de vez en cuando, mientras hablas con alguien, se meten en medio y “pretenden” que dejes lo que estás haciendo y les hagas caso …pero nada especial. “Un momentín, que estoy hablando, espera tu turno”….y listo.
    Lo entienden…o se resignan, pero nada especial que llame la atención.

  8. Bueno y eso por no mencionar situaciones en la que hay que hacer algo con urgencia, o que no me encuentre físicamente bien y le pida colaboración, ahí ya te has caído con todo el equipo. Eso sí ya despues, se deshace en perdones y disculpas.

  9. Es que es muy triste tener horarios que cumplir. eso de “apúrate, que llegamos tarde”, “apúrate que seguro que ya están todos en la fila”…”apúuuuurate”….me desquicia….
    Y tener que cortarlos cuando están contanto algo porque se tienen que lavar los dientes, o ponerse los zapatos o coger sus mochilas…y decirles “ya me lo cuentas luego, pero ahora APÚRATE que llegamos tarde”…
    QUÉ TRISTE!!!!
    Buffff…
    En mi mundo feliz eso lo eliminaría!

    • Totalmente de acuerdo.

      Aún recuerdo un sábado que fuimos a una charla interesantísima en el Cosmocaixa, de los responsables de Exil (Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan), con presentación incluída del libro “Indómito y entrañable”… empezaba a las 9 de la mañana, así que a pesar de ser sábado seguimos el ritmo de un día de diario (o peor, porque está más lejos que el colegio). B. me dijo: “Esto no me lo vuelvas a hacer nunca”. Y he procurado cumplir…

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