familia monoparental y adopción

Historia de E. en su estrella

Conocí a E. en la primera reunión de padres del colegio, cuando mi hijo mayor (¡qué pequeño era entonces!), iba a empezar P3 (primero de infantil para los de fuera de Catalunya).

E. me llamó la atención enseguida. En primer lugar, porque era el único otro niño negro de la clase… pero también porque era un torbellino vivaracho que no paraba quieto.

Cuando salimos de la reunión, E. estaba en la entrada, jugando con la puerta. Colgándose en ella. Su padre estaba en consergería, pagando algo que tenía pendiente.

Salimos juntos a la calle: E., su hermano mayor (debía tener entonces 5 años), su padre, M., y B. y yo. Nos metimos en la heladería y cuando fui a pagar me di cuenta de que no llevaba bastante dinero. M. nos invitó y quedamos que otro día les devolveríamos la invitación.

Han pasado 5 años, y nunca le devolví a E. aquel helado.

Aquel día, M. y yo estuvimos hablando de adopciones. De dónde eran los niños, y que raro es adoptar en Guinea, y que raro que sea raro, cuando es de los pocos países africanos con los que hay relación histórica, y cuánto tiempo llevaban en casa, y… Yo le hablé en plural todo el rato, dando por hecho que era la mitad de una pareja convencional, y él no me corrigió.

No fue hasta más tarde que supe que, como yo, M. era monoparental, y, antes que yo, padre de dos hijos africanos. Aunque no por mucho tiempo.

El primer día de las vacaciones de Navidad, sonó el teléfono de casa y era una de las maestras de P3. Había un caso de meningitis en el curso, y los niños tenían que ir al día siguiente a tomar el antibiótico, por prevención, a un centro de salud.

No nos dijeron el nombre del niño, aseguraron que por respeto a la intimidad de la familia.

A la mañana siguiente, nos plantamos en el centro de salud. Coincidimos con varios niños conocidos, y con cada uno, respiré aliviada: no es este, no es el otro… pero me volví a casa sin saber qué niño estaba enfermo, cómo evolucionaba, si había sobrevivido.

Lo supe dos o tres días más tarde: me encontré con una madre del colegio que me contó que era E. el niño que había contraído meningitis, y que había muerto el día antes de Navidad. Que no se había podido hacer nada, aunque el padre era médico.

Abracé a M. cuando volvimos al colegio, le dije que lo sentía mucho, mucho. No hablamos mucho más del tema: no éramos amigos, no nos teníamos esa confianza.

Le expliqué a B. la muerte de E. Y me sentí incapaz de decirle que cuando nos morimos desaparecemos, que no hay nada más… así que le dije que podíamos imaginarnos que E. estaba en una estrella. No podíamos verle ni oírle, pero sí hablarle.

Y durante mucho tiempo, B. habló cada noche con E., en su estrella. Le decía Buenas Noches y le contaba cosas de aquí abajo.

Nunca se lo dije a M.; pero alguien se lo contó, y él lloró. Y vino a hablarlo conmigo, y entonces fui yo quien lloré.

Han pasado los años, y M. y yo hemos seguido sin ser amigos, aunque nos caemos bien. Nos vemos en el cole, nos saludamos, a veces charlamos unos minutos.

Me lo encontré la semana pasada, una noche, de casualidad en la plaza. Lo saludé, y me dijo:

Acabamos de volver de Brasil y este es L.

L. tiene 8 años, la misma edad que habría tenido E. Es un niño guapo, aún con esa cara de orfanato que los que hemos estado ahí reconocemos al instante; como la cara de alucinado, de shock, de M.

Hoy empieza el colegio, en la clase de B., que se ha levantado deseoso de llegar y enseñarle a L. la clase, sus amigos, el patio.

Me alegré mucho de ver a M. de la mano de L., de imaginar los celos del hermano mayor, las dificultades del padre para lidiar con esos dos mocetones, la integración lenta pero inexorable de L. en su nueva familia.

Y tuve la sensación de que desde una estrella, E. sonreía.

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Comentarios en: "Historia de E. en su estrella" (40)

  1. Nosotras tuvimos nuestra estrella; un niño, tambien africano, hijo de la señora que hacía trencitas a mi hija antes de aprender yo. Murió de leucemia, y durante un tiempo a mi hija le gustaba descubrirla en el cielo y mandarle besos.

  2. :’) Mi sobrina (sobrina d emi pareja, en realidad), todas las navidades le manda mensajes a su padre en un globo de helio… son esas cosas que ellos hacen que nosotros no podríamos hacer… al menos yo, no.

  3. Ostras… que post más duro.

  4. Bufff…qué duro.
    Toda la suerte para esa familia (el papá y sus 2 hijos), que se la merecen.
    Qué duro debió de ser para el papá y para el hermano mayor.

    En cuanto puedas, acuérdate de invitarlos ( a los 3), al helado que quedó pendiente 😉

  5. busco.una.llum dijo:

    Una historia que demuestra la valentía y la fuerza de mucha gente que nos rodea, que hacen su vida como personas normales pero en realidad son super-héroes. Ante la adversidad, se levantan y consiguen construir un nuevo futuro. Bravo por todos los super-héroes de este mundo (que estoy segura que no son pocos y en este blog hay más de uno/a por lo que he ido leyendo!). Por otra parte, que duro ser médico y ver morir a tu hijo de meningitis! Es algo terrible…

  6. Me duele especialmente esta entrada…. Yo tuve meningitis a los dos años. estuve al borde de la muerte y todo mi entorno guarderia…familia…tuvo que vacunarse tambien….
    E desde la estrella seguro que sonríe de ver a su familia sonreir de nuevo.

    • Me alegro de que sobrevivieras.

      En la clase de mi hermana hubo un caso también, recuerdo haber ido en sábado al colegio para que se tomaran la medicación (luego hicieron el pipi rojo). La niña sobrevivió también, sin secuelas.

      Para mí, lo de la muerte de meningitis era algo del pasado, de mi infancia… pero lo cierto es que en mi entorno ha habido en pocos años dos muertes por esta causa (la otra la conté aquí: https://madredemarte.wordpress.com/2010/11/24/un-cuento-para-valentina/).

      Ahora se me ha pasado, pero durante años fui muy paranoica con la fiebre… me plantaba en Urgencias con los niños a 38.

  7. Hoy he llorado yo. Y me he acordado de un chico que coincidió conmigo en una reunión de una ECAI. No sé cual era su historia ni la de su (o sus) hijos; si sé que había perdido un hijo. Toda la suerte del mundo para M y su familia. También para la familia del monoparental que coincidió conmigo en una reunión de una ECAI. ¿Quizás la misma familia? Ojalá; con la estrella de E hay suficiente.

  8. Qué emotivo post…Qué fortaleza la de ese padre, afrontar un nuevo proceso de adopción tras una pérdida tan dolorosa. Y qué vida tan malograda la de E. Yo también tengo dos estrellas a las que no conocí,dos niñas asignadas que fallecieron. Una de ellas ya era legalmente mi hija pero no llegué a tiempo a buscarla. Pienso en ellas a menudo. Me gusta creer que corren, ríen y juegan, felices y libres, en el cielo de los niños.

    • Eso espero. Al cuidado de E.

    • Qué dolor!
      Me quedo sin palabras….
      De verdad que…no sé qué decir.
      Seguro que tus 2 niñas viven en tu corazón y cada vez que las recuerdas algo de ellas permanece.
      Qué bonito cómo te las imaginas, jugando, riendo felices….
      No sé que más decirte.
      Te deseo mucha suerte y sobre toda mucha fortaleza.

  9. Yo creo en algo más, ya se que no es racional y probablemente imposible, pero es lo que tiene creer,que te consuela en la adversidad. Espero que pase mucho tiempo antes de tener que explicar a mi hijo la muerte de un ser querido, pero es algo que forma parte de la vida como decía alguien en un comentario. Admiro a ese padre que se sobrepone a la adversidad y sigue caminando y de verdad creo que E. está con su familia desde el cielo, en esa estrella.

    • Yo no sé si creo… creo en nuestro derecho a imaginarlo en una estrella. Creo a nuestro derecho a seguir hablando con nuestros muertos.

    • Hace 2 años se murió mi abuela. Tenía 93 años, estaba muy viejita y se murió de eso: de viejita. no estaba enferma, sólo se acabó.
      Mi hija tenia entonces 6 años (mi hijo todavía no había llegado a casa)…y le explicamos que la abuelita se había uerto. Y cuando nos preguntó que ahora donde estaba, nuestra respuesta fue: “En tu corazón. Cada vez que te acuerdes de ella, ella estará contigo y siempre va a estar en nuestro corazón y en nuestro recuerdo.”
      Explicar la muerte de una persona mayor es “más fácil”…pero, ¿Cómo explicar la muerte de un niño si es algo a lo que nosotors nos negamos y no entendemos?

      Yo no creo en Dios ni creo en la resurrección ni creo que el algún sitio nos volvamos a encontar…pero creo en los sentimientos y en el recuerdo.
      Y también creo que a la hora de la muerte creer en todo eso en lo que yo no creo es un alivio y un consuelo y que ayuda a llevar mejor el dolor de una muerte de un familiar o de un amigo.

  10. Me ha emocionado muchísimo tú relato, las lágrimas todavía me ruedan sobre las mejillas. Enhorabuena al papá y a tí por haber gestionado tan bien la muerte de un compañero de clase a una edad tan temprana. Gracias por compartir.

  11. en un cierto momento de la historia pensé que nos ibas a contar que tu y M ibais a formar una pareja de las para toda la vida…..;-) que historia preciosa y pues aqui estoy conociendo tu blog a poco a poco, gracias por compartir

  12. plofffff así se queda uno con estas historias…
    reconforta la fortaleza de M…da miedo hasta imaginarte algo parecido.Yo siempre he pensado que es algo que yo no podría superar …

    • Yo no creo que se supere: se aprende a vivir con ello, y poco más. Pero está bien descubrir que con el tiempo, eso que en un momento dado lo ocupó todo, deja espacio para otras cosas… incluso, como en este caso, para otros hijos.

      • No se supera. Mi prima perdió a su hijo con 14 años. Estaba parado en un semáforo y vino un coche y se lo llevo.

        Muchas veces no pensamos k el destino esta ahí y no sabemos cuando nos puede tocar. Desde k tengo a mi hija voy con mas cuidado porque yo no se como podría superar k le pasara algo pero, y ella? Podría superar k me pasara algo a mi?

      • Esta es la otra parte… y creo que la respuesta también es NO.

      • ya…me refería a superar a volver a vivir,reir…respirar!! mi miedo es no poder volver a seguir viviendo…

      • Yo creo que sí puedes… siempre recuerdo lo que decía María Jiménez, años después de la muerte de su hija: “Está ahí, pero me deja caminar”. O como dice aquella canción: “Puedo hablar, puedo reír… y hasta me pongo a cantar… pero mis ojos no pueden tanta lágrima guardar”…

  13. Que entrada tan dura de leer! En primero de parvulitos (infantil en mi época) mi mejor amiga y casi, única amiga de clase, pasó dos o tres días sin venir y al cuarto día la profe nos dice que vamos a rezar un padrenuestro por Elena porque aquella noche se había ido al cielo. Toma ya!!!
    Recuerdo aquello perfectamente, recuerdo la sensación de vacío que me inundó…
    Ya en casa y hablando sobre lo ocurrido me empeñé en querer ir a verla y mis padres así hicieron. Con cuatro años entré en aquella casa en la que nunca había estado y me dirigí a mirar a la que era mi amiga…

    • Tremendo… no se olvida, ¿verdad? Yo no la vi, pero recuerdo cómo me marcó la muerte de la única prima de mi edad, sobre los 3 o 4 años, de un accidente de coche…

  14. No te lo comenté en su momento en la plaza, pero yo tuve meningitis a los siete años. Estuve dos semanas en un hospital aislada: sólo podía ver a mis padres por la ventana media hora por la tarde, sin tocarles. Estaba sola todo el día, y aún puedo recordar perfectamente cada rincón de la habitación, el olor, la vista del jardín (era lo único que veía), cómo lloraba por irme a casa… Y ahora pienso en mi hija, que tiene seis, y pienso qué pasaría si temiera por su vida sin poder estar a su lado y… no lo imagino… De hecho, cuando empecé a darme cuenta del amor que sentía por mi hija, le pregunté a mi madre, “¿y cómo estabais cuando yo estaba en el hospital y no podíais estar allí?”. Y aún hoy, 40 años más tarde, se le llenaron los ojos de lágrimas.

    Me ha encantado la definición de super héroes, es realmente preciosa – y muy real.

    • Jo… espero que hayan cambiado los protocolos, y hoy te dejaran entrar (espero más que no pases, no pasemos nunca por ello, claro). Ahora, en principio, a los que están alrededor de una persona que sufre de meningitis, les dan antibiótico y no corren riesgo…

      Mis hijos han estado los dos ingresados en el hospital, y en riesgo (ambos con pneumonía, que puede tener consecuencias parecidas a una meningitis), pero yo estuve con ellos, a su lado, todo el tiempo… no se me ocurre cómo podría haber soportado quedarme fuera.

      Tuvo que ser muy duro, no me extraña que ni tú ni tu madre lo hayáis olvidado.

  15. Sólo intentar ponerse en el lugar de M., pensar en su dolor, ya duele demasiado…

    • Yo creo que no es posible. Cuando murió, también de meningitis, la hija de una compañera de trabajo (y amiga), yo estuve a su lado todo el tiempo. Recuerdo que la gente que tenía hijos decían imaginarse lo que sería… yo tengo hijos ahora, y soy incapaz de imaginar lo que representaría perderlos. Es algo inaprehensible…

  16. perder un hijo… la peor de las pesadillas, pero aunque un inmenso dolor te atraviese con solo pensarlo creo que es innimaginable el dolor real que debe sentirse. Pues si me gusta lo de super-heroe.
    Yo estuve en aislamiento hospitalario con 4 años y me acuerdo a la perfección, la habitación era un cubículo de cristal y mis padre me hablaban y contaban cuentos por un interfono, habia un pequeño agujero con un guante de plástico por donde metían la mano y me tocaban. Puedo recordarlo todo como si estuviera alli, la cara de las enfermeras, el olor, los otros niños que si podían salir de sus habitaciones (los veia por el cristal) y como los niños mayores movían una tele grande que había en el pasillo para que yo pudiera ver (que no oir) barrio sesamo…. y recuerdo a Kety que tenía meningitis y su pared de cristal daba con la mia y nos sonreiamos…. uf se me saltan las lagrimas…
    Invita a M a ese helado.

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