familia monoparental y adopción

Bullying

Venimos discutiendo estos días sobre el acoso en las escuelas, a raíz de noticias como el caso de Amanda Todd y el de otros adolescentes que se han suicidado después de padecer cyberacoso.

No hay duda de que la parte cibernética del acoso es un invento reciente, que las nuevas tecnologías que están revolucionando nuestra forma de relacionarnos, también afectan a este aspecto enfermizo de las relaciones.

Esto a lo que ahora se llama bullying y que cuando yo era pequeña no tenía nombre.

Pero me sorprende que gente que conozco diga que antes no había acoso…

…siempre desconfío de quiénes piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor y que la juventud de hoy es insoportable… porque no sé si la juventud ha cambiado mucho, pero frases como estas, yo las oía 30 años atrás… y ya entonces me contaban mis padres que también las decían de ellos sus mayores… y sin duda las dijeron los padres de mis abuelos y así hasta el fin de los tiempos (o al menos hasta Cicerón, que escribió aquello tan contemporáneo de “¡Qué tiempos estos!, todo el mundo escribe libros y los jóvenes no respetan a los mayores”).

…pero es que además, yo recuerdo el acoso en mi colegio. Recuerdo los insultos, la agresividad física, el aislamiento, las burlas, el desprecio…

…como los recuerda mi padre de su infancia…

…así que pienso que la gente que cree que no había acoso… o tiene mala memoria… o tuvo suerte en sus experiencias… o no detectó el acoso porque no les pasaba a ellos; porque cuando les pasa a los otros, son chiquilladas.

Yo no creo que ahora sea peor el acoso que décadas atrás: al revés, antes era peor porque era algo “normal”. Una forma de relación entre compañeros de clase que todo el mundo asumía, como se asumía que el maltrato era parte de muchos matrimonios o la violación, parte de la vida de muchas mujeres. Ahora tiene un nombre, hay unos protocolos para combatirlo, hay denuncias… y nos indignamos por ello.

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Comentarios en: "Bullying" (18)

  1. Totalmente de acuerdo, ya lo sabes.

  2. Yo también estoy totalmente de acuerdo. No sé si la juventud es diferente ahora que antes ni sé qué se quiere decir con “diferente”. Lo que es diferente es la sociedad, en general, y esto hace que existan diferencias… pero la juventud como tal no es muy distinta. El acoso existía, por supuesto, pero efectivamente no era tan fácil de detectar o, mejor dicho, de identificar como tal… ¿quizás precisamente porque no tenía nombre?

  3. Totalmente de acuerdo y además con experiencia propia, tanto mía como de mi hermano. A mi me pegaban dos compañeras de clase en los vestuarios del gimnasio los días que teniamos educación física. Yo estaba en séptimo y pensaba que denunciarlo era de cobardes y callaba. Por suerte, dos amigas no lo veían como yo, se lo contaron a la tutora y ésta lo paró en seco.
    En el caso de mi hermano fue peor, porque el acoso era psicológico: notitas, comentarios, llamadas telefónicas. Todo lo inició un niño de clase y el resto lo siguió. Lo peor de todo es que mis padres se enteraron y fueron a hablar con el tutor y éste le quitó importancia, al no haber acoso físico. Mi hermano lo pasó fatal y nunca olvidará esos meses. Mis padres también se arrepienten de no haber sido más contundentes, de no haber amenazado con denunciar al colegio.
    Todo eso ocurrió porque era un problema silenciado y los que lo sufrimos no éramos conscientes de que teníamos derecho a la máxima protección. Yo creo que, por suerte, eso ha cambiado mucho. Sigue siendo una experiencia muy dura y muy desagradable, difícil de resolver quizás, pero hoy sabemos que es intolerable.

    • Claro, es que entonces era algo asumido… “cosas de niños”… unos daban y otros recibían.

      Un compañero mío de trabajo, una persona aparentemente normal, integrado, padre de familia… me contó en una ocasión entre grandes risas que cuando él iba al cole, ellos (a los que no definió) y “los empollones” tenían un acuerdo: Los empollones les hacían los deberes y ellos no les pegaban… Me escandalizó el comentario, y le dije que esto no era un acuerdo, sino una coacción… Creo que todavía no lo ha entendido.

  4. Y además existía el bullying institucionalizado, de los profesores y el colegio. Ahora por contra, parece que hay veces que nos pasamos, que a una alumna le llaman “tonta” y te viene diciendo que le hacen bullying. Evidentemente los casos de bullying son muy serios, pero también siguen existiendo casos de rifirafes que no deberían ser tratados como bullying, sino como parte básica de la socialización… y negársela a un niño es tan malo como negarle protección… Por ejemplo, yo conozco a una alumna a la que supuestamente le hacen bullying que lo busca y lo provoca para conseguir la protección del profesorado. Lógicamente no la vas a dejar expuesta, pero lo cierto es que ha entrado en una dinámica muy malsana (y todavía le pasa poco, que tienen una tolerancia brutal con ella!). Igualmente tengo compañeros que han sido investigados por la policia porque un alumno haya dicho que “me empujó para no dejarme salir de clase” y francamente, una miradita al historial del alumno deja pocas dudas… (o decir “si me castigas, bajo al director y le digo que me has tocado ahí abajo”). Y esa sobreprotección institucionalizada francamente me preocupa, pienso que sí, es importante por un lado proteger a los que sufren el bulling y los abusos, pero la sobreprotección endémica tampoco habría que dejarla pasar por alto, porque aunque no mate, afecta a mayor parte del alumnado de formas muy peligrosas.

    Qué difícil encontrarle la medida a las cosas ¿verdad?

    • Sí, sí es difícil. Pero creo que en la mayor parte de los casos, el problema no es esta dificultad para discernir qué está pasando: si se investiga, generalmente es fácil llegar a conclusiones. El problema es que muchas veces se mira hacia otro lado…

      Me has hecho recordar a una niña del colegio que descubrió que la única forma de que sus padres le hicieran caso (acababa de tener una hermana pequeña) era acusar a un compañero de otra raza de meterse con ella (los padres eran bastante racistas)… hasta que se aclaró el asunto, hubo muchos malosentendidos…

      • Me haces recordar un episodio de mi vida, cuando tenía 12 años, en el que un compañero de mi clase me bajó lis pantalones en público, en la clase de fotografía… El profesor lo castigó, mi padre fue a hablar con el director (aunque yo me moría de la vergüenza y humillación) y expulsaron al capullo durante 1 semana. (Hoy en día aún lo veo y no le puedo ni mirar, ni hablar, aunque me consta que se acuerda y se arrepiente). Quizás serían otros tiempos, pero creo que también se lo tomaron en serio, por lo menos mi padre, y el director también.

      • Me alegro de que se resolviera bien, aunque el mal rato no te lo quitó nadie.

        Yo cuando pienso en bullying no pienso tanto en situaciones arriesgadas, por traumáticas que puedan ser, sino en esta presión constante y generalizada (es decir, dura en el tiempo, y viven de varios compañeros), que a menudo es de menor intensidad pero que va calando…

  5. Un ejemplo del antiguo bullying son las novatadas al pasar al instituto. Había alumnos que sin duda las pagaban más caras, incluso con miedo, y otros que eran “los temidos”…(me estoy imaginando en este grupo a tu compañero de trabajo). Pero era una costumbre, cosas de chicos…

  6. Yo también creo que es como dices.

    El único elemento nuevo, que no sé hasta qué punto influye (al pasar de ser una derivada de la conducta a convertirse casi en una causa de ella), es la difusión, vía internet, de muchos de esos episodios. Creo que puede suceder eso, que esas ganas de apuntarse un tanto en las redes sociales pueda llegar a ser un aliciente. Por supuesto que también antes el gallito quería que todo el mundo se enterase, pero ahora el eco es incomparablemente mayor.
    Si a eso le sumamos el ejemplo que da la tele (siempre la tele), frivolizando los problemas ajenos, normalizando las peleas y los insultos, fomentando una fama ganada por deméritos, todo queda bastante (mal) encarrilado.

    Eso creo, vamos.

    Un beso, Madre.

    • Efectivamente, es una derivada a tener en cuenta. No sólo por hasta dónde llega (la cantidad de gente, digamos), sino por la dificultad de borrar este tipo de cosas de la red, con lo cual estas te persiguen a pesar de que denuncies, ganes las denuncias, etc.

      Lo de la tele me ha recordado a algo que me dijo años atrás una amiga profesora (hoy jubilada). Decía que ella veía un antes y un después de programas como “Gran Hermano”: que los chicos seguían ese modelo (que reflejaba algo que ya existía en la sociedad pero era menos general) de gritarse, insultarse, faltarse al respeto… No sé si es verdad,, pero me parece un elemento para la reflexión.

  7. Totalmente de acuerdo contigo.
    Y ademas creo, que como en muchas cosas en este país, pasamos de 0 a 1000 en cuestión de nada, antes te podían dar de leches y ni te atrevías a contarlo y ahora cualquier pelea entre niños es un cisma en los colegios.( no me refiero al acoso puro y duro)

  8. Totalmente de acuerdo. Por ser gorda, por llevar gafas, porque tus padres estaban separados, porque te faltaban una mano… Siempre existió… Ojalá eduquemos a nuestros hijos a ser más tolerantes. Besotes

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