familia monoparental y adopción

Hablar del abuso sexual

El abuso sexual no es un tema de conversación corriente. No se habla de él en las sobremesas, ni en los cafés, y cuando sale a partir de una noticia siempre se tiende a pensar que es algo que les pasa a otros, algo que sucede a manos de desconocidos, y algo de lo que podemos proteger a nuestros hijos. Blogs como Némesis en el Averno dejan meridianamente claro que no es ni de lejos tan fácil.

Estos días, el tema ha surgido en dos foros muy distintos. En uno, como preocupación por nuestros hijos… preocupación cuando se quedan a solas con hombres adultos (como si una mujer no pudiera ser abusadora), por los monitores, las colonias, los vestuarios de las piscinas… en el otro, se ha dado un paso más, y varias personas han confesado haber sufrido abusos en su infancia, ocasionales o más o menos continuados, a manos de personas cercanas. No han llegado a ser el 25% que estiman las estadísticas sobre el asunto, pero han puesto de manifiesto que los abusos están mucho más a la orden del día de lo que queremos creer.

En estos días me ha llegado este enlace, muy interesante incluso aunque no habla de abusos en la infancia, y creo que es un primer paso: no obligar a nuestros hijos a besar a quién no les apetezca, cuando no les apetezca. Porque obligarles a hacerlo, dice, les transmite el mensaje de que “no importa lo que tu quieras, o sientas. Debes satisfacer a los demás. Tu eres responsable de que estén felices. Debes demostrarles tu afecto de la manera en que ellos quieran”.

La educación sexual forma parte de la crianza, como dice el texto, pero yo añadiría que también la educación sobre los abusos sexuales también debe formar parte de la crianza.

Yo jamás obligo a mis hijos a besar a alguien; sí les digo que es de buena educación saludar al llegar y despedirse al salir, pero más allá de esto, no. Sin embargo, tengo muchas dudas sobre algo que sí intento enseñar a mis hijos, y que creo que puede tener consecuencias buenas pero también malas: siempre les digo que tienen que hacer caso del adulto que les tiene a su cargo, sea una canguro, una maestra, un monitor… incluso cuando no tiene razón. Que si no tiene razón lo hablamos y lo resolvemos, pero que hay que hacer caso de los adultos (mis hijos tienden a no hacerlo y esto a veces nos lleva a situaciones muy complicadas de resolver). Pero, ¿qué pasa cuando hacer caso a los adultos implica o puede implicar abuso sexual?

Vengo dándole vueltas estos días al asunto (es algo en lo que pienso de tanto en tanto: lo hice aquí, y lo recupero porque las aportaciones en los comentarios son más que interesantes) y cada día tengo más claro que no protegemos a nuestros hijos intentando apartarles de la gente que consideramos sospechosa; porque el pederasta no es necesariamente alguien sospechoso, sino al contrario: a menudo es alguien en quien confiamos, alguien que se gana la confianza de nuestros hijos, y la nuestra, antes de actuar… Alguien con quien nos sentimos tranquilos cuando les dejamos a nuestros hijos.

Creo que la única prevención válida (si lo es) es hablar con los niños de las situaciones que pueden encontrarse; de que tienen derecho a decir que no, a apartarse; que si alguien intenta tocarles, o que ellos le toquen, deben buscar a otro adulto para contárselo… la otra cara de la moneda, claro, es que los otros adultos debemos creerles, algo que tampoco siempre sucede.

Pero, ¿cómo hacer esto sin asustarles, sin volverles demasiado desconfiados, sin meterles el miedo en el cuerpo?… ¿o precisamente de lo que se trata es de meterles el miedo en el cuerpo?

Todos los padres y madres hablamos a nuestros hijos de riesgos: de que si cruzan con el semáforo en rojo les pueden atropellar, y matarles, y de que si tocan el fuego, pueden morir, o que si prueban las drogas se pueden quedar enganchados… pero muchos tememos hablar de los riesgos relacionados con la sexualidad. ¿Por qué? ¿Sigue siendo tabú el sexo en esta sociedad aparentemente hipersexualizada, en muchos aspectos?

Y no sólo hay que hablar del abuso, igual que hablamos de los semáforos, de las drogas o de irse con desconocidos… también es importante hablar, en general. Contarles a nuestros hijos cosas, lo que nos sucedió de pequeños, nuestros miedos, nuestras emociones. Crear un clima de confianza en el que, si sucede algo, sepan que les vamos a escuchar. Que les vamos a creer.

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Comentarios en: "Hablar del abuso sexual" (15)

  1. Yo igual soy un poco más burra, pero a mis hijos les explico que los adultos no siempre tienen razón, por lo que no siempre hay que hacer lo que un adulto dice…y que hay gente muy mala…y que no se puden fiar de todo el mundo…..
    Y que hay gente con cara de buena que en el fondo es muy mala….y que ponen cara de buenos para disimular…..
    Bueno…..esto explicado, dialogado y razonado y con ejemplos…pero, vamos…que el mensaje es ese.

    • No creo que seas más burras, es que tus hijos deben ser menos respondones. Mis hijos ya piensan de natural que los adultos no tienen la razón… y esto nos mete en no pocos conflictos cuando los dejo a cargo de otras personas. De ahí mi problema.

      Y yo también les digo que no siempre tienen razón… pero que, aunque no tengan razón, hay que hacerles caso si son los que se encargan de ellos, y ahí está mi problema, el elemento disturbante. En este “hacer caso”.

      • Yo no….
        Si mis hijos están con un adulto y lo que les está diciendo u ordenando es obvio, evidente y palpable que está mal o que no tiene razón o jusitfficación…mis hijos tienen mi permiso para no obedecer…..
        Por ejemplo, tienen mi permiso para desobedecer a la maestra de inglés que no les deja ir al baño “hasta que lo pidas en inglés”….y como mi hija a los 4 años bastante tenía con aprender a hablar español y bastante esfuerzo le costaba pedir permiso en español para ir al baño, pues le dimos permiso para no hacerle caso a la maestra y salir al baño cuando lo necesitara, porque como le explicamos, los maestros son maestros, pero eso no significa que siempre sean buenas personas…..
        (Es sólo un ejemplo)….

      • Insisto: tú puedes hacer esto porque tus hijos parecen distinguir cuando algo que les están ordenando es obvio evidente y palpable que está mal. Los míos no: están convencidos de que su criterio vale tanto como el de un adulto… por tanto, hay que enseñarles que los adultos son los que dicen lo que se hace, y los niños lo obedecen (así, a grandes rasgos), y que si hay alguna divergencia, me lo cuenten y lo hablamos y buscamos soluciones… porque la alternativa es no poderlos dejar nunca con nadie, y como madre monoparental, me veo obligada a hacerlo, para trabajar, ir al médico, etc. Y es imposible que nadie quiera hacerse cargo de dos niños trastos, movidos y que encima no hacen nada de lo que se les dice (incluídas las referidas a actividades que ponen en peligro su vida o la seguridad de otras personas).

        No sé si se entiende la diferencia.

  2. Ayer sacamos este libro de la biblioteca que viene muy a cuento de lo que hablas en tu post. Es vital la confianza en nosotros para que “nos cuenten” si hay algo que les extraña. La mejor herramienta “comunicación” http://www.claret.cat/ca/llibre/tens-un-secret

  3. Si tus hijos son así de independienes, es normal que les recalques el hacer caso al adulto que les cuida. . Quizás para este tema haya que buscar otro camino. El tema de la sexualidad me preocupa porque se el peso que tiene en la adolescencia y se que la baja autoestima y la necesidad de ser queridos y aceptados es muy peligroso. Me da miedo lo que he visto en algunas hijas de amigas, que pasan de chico en chico porque no saben decir que no y temen el rechazo. Pero me alejo del tema.
    Con mi hija enfoco el tema desde el respeto a su cuerpo y así misma, aprovechando que es una juguetona… jugamos. Cuando le beso o le abrazo, a veces se enfada…¡me has tocado la teta¡ me dice. Aprovecho la ocación y le pido disculpas y le repito y repito que no tiene que permitir a nadie que haga algo que ella no quiera. Y si alguien se pasa tiene derecho a defenderse como pueda: pegando, gritando… Hacemos teatro, hago que voy de chula y le quiero tocar o me hago la simpática o trato de enamorarla para besarle a la fuerza… etc.
    El tema es delicado, el otro día salió el tema de la violación por una película . Le expliqué lo que era y se asustó mucho. Me dijo que era demasiado pequeña para saber esas cosas tan horribles, pero hablamos.
    Creo que el tema está relacionado con la autoestima y el respeto a sí mismos. Y el juego y las historias (libros, películas) es un modo indirecto pero efectivo que tratar el tema

    • Yo creo que hay dos cosas distintas, igualmente importantes, en tu comentario.

      Por un lado, el riesgo de que la baja autoestima nos lleve a tener relaciones tóxicas (que a su vez nos bajan la autoestima… círculo vicioso del que es difícil salir). Aquello que decía Julio Cortázar y con lo que me identifiqué tanto tiempo “Besamos con tanta facilidad a los que no nos quieren, quizás porque nosotros tampoco nos querríamos”… Ahí encaja el discurso “no tienes que permitir que nadie te haga algo que no quieras”, “nunca un beso a la fuerza”, “tienes derecho a decir que no, frente a cualquiera, en cualquier momento”, etc… Y el trabajar la autoestima, el quererse a uno mismo, aceptarnos como somos, etc. (que tampoco es fácil).

      Y por otro lado, está el abuso sexual. El abuso a menores. En el que la baja autoestima puede ser un elemento… pero no el único, quizás tampoco el más importante. Hay otros elementos: la confianza, la posibilidad de que la gente a la que queremos y en la que confiamos nos haga daño, el hecho de que algo que nos puede gustar puede estar mal (que te toquen el sexo te puede gustar, pero si eres un niño y te lo toca un adulto, está mal y dejará secuelas cuando comprendas qué estaba pasando), el secreto, el chantaje que este adulto o niño mayor puede hacerles a nuestro hijo, la capacidad de escuchar a nuestros hijos y de creerles y apoyarles cuando nos cuentan algo difícil de creer respecto a otra persona a quien tal vez queremos y que tiene toda nuestra confianza…

    • Comparto al cien por cien tu manera de abordarlo, yo tambien lo he enfocado siempre así, su cuerpo es suyo y merece un respeto, del mismo modo que hay cosas intimas que no se hacen en público, me refiero por ejemplo a tocarse los genitales, que es algo que pueden hacer los niños con toda naturalidad, yo ahí nunca he dicho que eso no se hace, sino que se hace en privado, yo creo que en eso hay que ser cuidadosos para no dar a entender que todo lo relacionado con el sexo es algo sucio o está mal.

      Comparto la idea de que sobre todo en las niñas existe el riesgo de que la necesidad de ser aceptadas y queridas les lleve a cualquier cosa, por otra parte los chicos tampoco se libran, ya que a determinadas edades para ser “tio” hay que atacar a todo lo que se te pone por delante, de lo contrario puedes ser objeto de mofa por parte del grupo, (yo me tengo más trabajado el tema chicos, ya que los mios lo son los tres). Y no se me ocurre más estrategia que hablarles del respeto que ellos y su cuerpo merecen, que uno no debe hacer nunca nada que no desee hacer y mucho menos forzar a otros a hacerlo, respeto propio y ajeno.

      Nunca se me ocurriría dudar si un niño me hablase de algún tipo de abuso, no creo que un niño invente o fabule prácticamente nunca con ese tipo de cosas, en los casos en que eso se produce hay siempre detras un adulto manipulador intoxicando a ese niño para que de falso testimonio respecto de alguien.

      Y respecto a protegerles del abuso es complicado como dice Madre, sin asustarles, ni presentar un mundo de adultos amenazantes que buscan satisfacer en ellos sus oscuros deseos.

  4. Hay que tener muchíiisimo cuidado, hablar mucho con los niños y sobre todo estar pendientes a sus comportamientos. Cuando los niños cambian de forma brusca sin motivo aparente, el abuso puede ser la causa.

  5. Muchas gracias por la referencia.
    Es un tema muy importante y del que apenas hay información o la que hay es errónea.
    Espero haber aclarado algo con esa entrada. 🙂

    Escribí esa entrada ahora, que estoy aprendiendo a marchas forzadas de todo esto porque a pesar de ser una superviviente, he vivido hasta hace muy pocos años de espaldas a esa realidad. Si no se habla, si no se mira, es que no es real. Y es ahora cuando trabajo mi realidad.

    Pero aún así el instinto ha trabajado por mí, intentando no repetir los patrones que viví en mi infancia.

    Mi hijo es un universitario de veinte años,y mi forma de protegerlo ha sido la confianza. Nunca ha habido un tema tabú en casa. Tuve una amiga que me decía: si él pregunta, es porque ya está preparado para la respuesta.

    Y enseñarle el respeto a su propio cuerpo. En el momento en que se negó a que le viese desnudo, dejé de abrir la puerta sin llamar.

    Pero sin embargo reconozco que no supe darle pautas para prevenir el abuso si este se hubiese producido. Yo también le enseñé que hay que obedecer a los adultos. Tal vez me lo hubiese contado, por el terreno abonado de confianza que había, pero lo hubiese hecho tras el daño, y yo no hubiera sabido evitar la primera agresión. Afortunadamente no fue así. (O nunca me lo ha expresado, nunca digas nunca)

    Y esto me da mas motivos para seguir insistiendo en la necesidad de prevenir enseñando a las niñas y niños de hoy, a los padres y madres y a los abuelos que aún no se creen las estadísticas.

    Os agradezco la difusión, no sólo de mi blog, sino de otros que se centran mas en prevención y ayuda a víctimas como yo, y que os serán de gran utilidad.

    Gracias por leerme.

    • Gracias a tí por escribirlo. Lo poco que se habla de este tema es por personas como tú, que se despojan de sus miedos, vergüenzas y culpas para compartir esto que casi siempre sucede en secreto.

      Creo que la palabra clave es hablar. Hablar antes, para prevenir; hablar durante, para cortar / impedir / denunciar; y hablar después, para sanar.

  6. Hola, me llamo Andrea y aunque llevo un tiempo leyendote, es la primera vez que comento. Hace unas semanas estuve en un seminario sobre Prevención del Maltrato Infantil y una parte del seminario nos hablaban sobre la prevención del abuso sexual infantil que se desarrolla en una campaña a nivel nacional que se llama “1 de cada 5”, no sé si alguna vez has oido hablar de ella.
    Por si sirve de ayuda, tanto para ti como para otras madres de la blogosfera, os adjunto un cuento que se llama “La Mano de Kiko” que sirve para enseñarles a los niños a prevenir el abuso. No sé si me estoy explicando bien, pero bueno jaja! Ahí os dejo http://www.fapmi.es/imagenes/subsecciones1/1de5_Cuento_web.pdf
    Supongo que en la página de fapmi vendrá tb para descargarse una guía para los padres/educadores sobre como trabajar con el libro! Espero que te sirva de ayuda!
    Un saludo! 😉

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