familia monoparental y adopción

San Nicolás

Cuando yo era pequeña, el 6 de diciembre no era el Día de la Constitución, ni siquiera era festivo… pero era una fiesta en casa de mis abuelos.

Haber estudiado en las monjas alemanas hacía que mi abuela y su hermana observaran algunas tradiciones germánicas: las más populares en casa eran el Kartoffelsalat (ensalada de patatas y frankfurts), el Chucrut (un guiso a base de col fermentada, patatas hervidas y carne ahumada que solíamos comer por Reyes y que no me entusiasmaba) y la celebración de San Nicolás.

Recuerdo la primera vez que San Nicolás vino a la casa de mis abuelos. Mi tío, que estaba trabajando en el otro extremo de la casa (era una casa enorme, con un pasillo larguísimo, lóbrego y tétrico), nos vino a avisar de que alguien estaba llamando a los balcones, desde fuera.

– ¡¡No abras!!, gritamos varios de los niños, ¡¡será un ladrón!!, ¡¡llama a la policía!!

Mi abuela nos intentó tranquilizar (sin demasiado éxito), y fuimos todos a abrir el balcón… y allí entró un tipo altísimo, con barba blanca, vestido de Obispo, con su mitra y su báculo, con voz atronadora, que se presentó como San Nicolás y se sentó en el salón para repartirnos mandarinas, nueces y juguetes baratos de los que hoy compramos en los bazares de los chinos (que entonces no existían… ni siquiera existían los Todo a 100 que se pondrían de moda años más tarde…)

– ¿Por qué llevas deportivas?, preguntó uno de mis primos.

– Porque tengo que recorrer muchas casas y necesito ir cómodo.

Este mismo día, más tarde, alguien, igual este mismo primo, nos dijo que el San Nicolás en cuestión era otro primo, mayor, disfrazado.

Pero esto no le quito la magia a la celebración, que se repitió todos los años, con la cantera de niños renovada (los más pequeños lloraban de miedo).

Mi abuela, que adoraba las historias truculentas, solía contarnos la historia de San Nicolás, un obispo que paró a comer en una posada, y el posadero le sirvió para cenar tres niños que se habían perdido y que él había matado y asado; el obispo le preguntó qué carne era esta, el posadero aseguró que era de un animal, pero el obispo descubrió la verdad y resucitó a los niños.

Recuerdo el primero y los últimos versos de una canción que cantaba mi abuela y que narraba esta historia: empezaba con “Si n’eren tres petits infants” (Eso eran tres niños pequeños), y terminaba con “el primer diu: he dormit bé, el segon diu: i jo també, i diu per últim el tercer: jo dalt del cel em creia ser” (el primero dice: he dormido bien; el segundo dice: y yo también; y dice por último el tercero: yo creía estar en el cielo).

Desde que tengo hijos, recuerdos de mi infancia que creía olvidados vuelven a mi memoria en los momentos más inesperados: canciones enteras, imágenes, momentos compartidos con mis abuelos, cosas que aprendí en la escuela… Tengo la sensación de que mi niñez, agazapada, espera que algo, en el momento más inesperado, le dé voz para volver en todo su esplendor.

¿Verdad que nada nos conecta más con los niños que fuimos que convertirnos en padres?

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Comentarios en: "San Nicolás" (6)

  1. A mi el año pasado San Nicolás me regalo una llamada de teléfono informándome de k el juicio había sido positivo y TENÍA UNA HIJA 😃así k me cae fenomenal.

    Y es verdad lo de los recuerdos. Yo esta mañana estaba en la cama con ella cantando lo de la familia telerin y me acordaba de los nombres de todos los niños jejejejejejejeje

  2. Qué bonita entrada!! Coincido contigo, con los hijos se reviven los momentos más entrañables de nuestra infancia, las tradiciones familiares cobran todo el sentido. Para mí esta época de Navidad es super especial y me encanta compartir todas mis tradiciones de pequeña con mis chiquitines. Te mando un abrazote.

    • Yo no soy muy fan de la Navidad… pero con los niños, la estoy empezando a vivir de otra forma (y más a medida que crecen, y entienden, y responden…)

  3. Qué lúgubre el Nikolaus de tu casa… En la mía no entraba por la ventana; le dejábamos las botas en la puerta y él metía algunas chuches, cosas para pintar, nueces y mandarinas… Lo mismo que le deja a mi hija. Y en Nochebuena llegaba el Christkind, el Niño Jesús, que muy alemán él, no sólo le basta con nacer esa noche sino que, además, él solito se pone a repartir regalos a todos los niños, ¡casi ná! Y a mí me gustó siempre la Navidad: ahora, me chifla.

    • Bueno, es que tienes que pasar la educación de las monjas alemanas por la España negra de la posguerra… en mi casa (como en tantas) muchas cosas eran lúgubres, incluído todo lo relacionado con la religión.

      Este niño Jesús me recuerda a Kirikú, que sólo nacer derrota a la bruja él solito…

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