familia monoparental y adopción

The heart of Saturday night

Este fin de semana, unos amigos se llevaron a los niños a la playa, y yo tuve (casi) 48 horas libres de maternidad. Algo que sólo me ha sucedido en otra ocasión desde que, hace algo más de 6 años atrás, llegó B. a mi vida.

Fui a ver una exposición, a comprarme unos vaqueros, me tomé el aperitivo con una amiga, hice siestas, leí tirada en el sofá sin horarios ni restricciones, desempolvé mis discos de antes de tener niños, y por la noche quedé con una de mis amigas del instituto (la única que no tiene hijos y todavía sale) y fuimos al cine, y después a tomarnos unas copas.

Volví a las 2 de la madrugada como si fueran las 6.

Sentí que recuperaba mi “yo-de-antes-de-la-maternidad” sin demasiado esfuerzo, como si fuera un traje que había quedado arrinconado en una esquina del armario y que todavía me entra (y hasta me sienta bien).

Recuperé con naturalidad los gestos de estas actividades que ¡tanto! he echado de menos estos años, el tiempo en mis manos, la posibilidad de improvisar, el escuchar mis propios pasos en la calle, el silencio, el caminar buscando un bar, la pereza, el remolonear en la cama, el comer a deshoras, el escuchar mi propio cuerpo.

Pero también sensaciones menos placenteras: una leve angustia, una urgencia de no sé qué, el ¿y ahora a quién llamo? ¿y qué hago?

Esta jodida sensación-de-para-qué que no había vuelto a sentir desde que los niños llenan cada una de las grietas de mi vida.

(Le dije a C., una tarde que estábamos en la plaza viendo a los niños de ambos jugar, “¿te acuerdas de cuando las tardes de sábado podíamos dormir hasta que el cuerpo decía basta?”, y él me respondió: “Sí… ¿y te acuerdas de cuándo te levantabas y te preguntas, ¿y ahora a quién llamo??”)

En mi vida-antes-de-los-niños, cuando todavía escuchaba mis propios discos, solía escuchar un elepé de Tom Waits que se llama “The heart of Saturday night”.

Oía una y otra vez, incansablemente, tal vez de una forma un punto maníaca, una canción que se llama “San Diego Serenade“, que dice:

I never saw the morning ‘til I stayed up all night
I never saw the sunshine ‘til you turned out the light
I never saw my hometown until I stayed away too long
I never heard the melody, until I needed a song.

Nunca vi la mañana hasta que me quedé levantado toda la noche / Nunca vi la luz del sol, hasta que apagaste la luz, / Nunca vi mi pueblo natal hasta que estuve lejos demasiado tiempo / Nunca oí la melodía, hasta que necesité la canción.

Hay cosas que sólo las puedes ver si estás a la distancia adecuada.

Yo no fui capaz de ver, de apreciar, de añorar, mi vida-antes-de-los-niños hasta que fue demasiado tarde. Sólo cuando todas esas cosas, ese tiempo de sobras, mi vida-tal-y-como-la-conocía, desapareció, me di cuenta de que había estado allí.

Pero este fin de semana me he dado cuenta de que también me sucede lo contrario: que los niños hayan estado fuera me ha servido para ver lo magnífica, completa, hermosa… que es mi vida con ellos. Lo mucho que me han cambiado.

El domingo a mediodía, mis amigos dejaron en casa a B. y A. Lo primero que hizo A. fue sacar uno de mis discos del DVD para poner uno de los suyos.

Macarrones,  deberes, paseo, ducha, desenredado, algo de tele… una tarde de domingo anodina, menos anodina después de dos días de distancia.

B. me dijo: Te he añorado mucho.

Creo que ellos también han sido capaces de verme, de vernos, después de dos días de separación.

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Comentarios en: "The heart of Saturday night" (20)

  1. Es así, la vida.

    Un saludo

  2. Preciosa canción. Yo, monoparental con dos hijos adoptados de dos y cuatro años, también recuerdo esas largas siestas de sábado y ese despertar de ¿y ahora a quién lamo?. Sin duda, mi vida ahora es infinitamente mejor, lo cual no quiere decir que no me apetezca infinitamente dos días sin niños para ociar, ir de compras, leer un libro hasta quedarme dormida, en definitiva dedicarme a mi.

    Por cierto, no sé que me pasa pero las pocas veces que no tengo niños, alguna tarde o alguna mañana de sábado (nunca un día entero) me pongo a limpiar, planchar, ordenar papeles, no sé, no me doy respiro.

    Gracias por tu blog, invita a reflexión y siempre se aprende algo nuevo: un libro que recomiendas, un artículo, una canción.

    Un saludo

    • Yo tengo que confesar que el gen de la limpieza y el orden lo desactivé años atrás (bastante antes de que llegaran los niños): casi nunca se me ocurre ponerme a hacer estas cosas cuando no están. Aunque este finde libre dio también para poner un poco de orden (no mucho).

  3. Perdón donde digo lamo, quiero decir llamo.

  4. Me ha encantado la entrada, me resulta familiar. Me recuerda mi pasado y también mi presente.
    Las tardes de domingo, los planes por hacer, lo de a quien llamo, las siestas, el levantarse a las 11, el no cocinar y asaltar la nevera…y es verdad que se añora. Yo lo añoro. Pero para un ratito, 48 horas es perfecto.

    Algunas veces mi madre se ha llevado a los niños lunes, martes y miércoles de Semana Santa…y yo me he quedado trabajando y haciendo planes por la tarde y noche. Lo llamo “mi semana cultural”.

  5. con estos “respiros” recuperas tu vida anterior y tu intimidad ! estos pequeños bajitos, llenan cada minuto del día y cada rincón de la casa… una no puede ni ir al baño sin que le abran la puerta! jejeje.
    Me alegro de que hayas disfrutado de esas 48 horas.

  6. y que peli fuiste a ver? por curiosidad. Yo que era una cinéfila empedernida,de dos días a la semana al cine mínimo cuando no eran tres, tengo que repensarme que peli es imprescindible para darme un respiro y dejar al niño(ahora con dos en estos momentos es más complicado, pero ya llegará). Yo tengo que reconocer que tengo algunos saturday nights, el que la familia viva muy cerca y al peque le encante ir a dormir a casa de la abuela ayuda mucho, pero tampoco lo añoro demasiado, ha sido una buena etapa,a piñón fijo cine y salir viernes y sábado hasta el amanecer, pero cada cosa tiene su tiempo y hay que disfrutar el momento, en unos años, cuando nuestros hijos empiecen a salir y abandonar el nido, estaremos hablando en este blog de la cantidad de tiempo que tendremos para nosotras mismas otra vez, puede que nos quejemos de que demasiado 😉

    • Pues puede ser, sí… Es una de las cosas que me dio tiempo a pensar este finde, en que cuando empiecen a volar solos habrá que pensar cosas para llenar las horas (todas estas cosas que ahora echo tanto de menos y que cuando tengo un rato… no se me ocurren!!)

      Yo no echo de menos salir de fiesta, ni las cenas con los amigos (las hacemos igual en casa, o a la hora de comer), echo más de menos esta ligereza, este no tener horarios ni prisas ni planes… y el cine: yo también era de las que iba 2, 3 veces por semana, a ver cualquier cosa, sin pensármelo mucho, y ahora selecciono todo lo bien que puedo las películas porque no tengo muchas ocasiones.

      Ese sábado fui a ver “El Chef”, una comedia francesa simpática aunque sin demasiada chicha, pero de lo que he visto últimamente recomiendo “En la casa”, “El Capital” y “Una pistola en cada mano” (las dos últimas, por trabajo), las tres me han gustado mucho. Hoy iré a ver (por trabajo, en horario de trabajo) “Operación E.” y también he visto (por trabajo) “Las Constituyentes”, un documental sobre las 27 mujeres que estuvieron en el primer Parlamento posfranquista, que se estrena el próximo viernes y que me parece un ejercicio de memoria interesantísimo.

  7. Lo que me gustaba a mi de cuando no tenía niña, era la “no programación”.
    Hacer y deshacer sin tener que contar con nadie

  8. Qué alegría el comentario de B, ¿no?

    Un beso.

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