familia monoparental y adopción

Mis miedos

Hablar del miedo a la oscuridad me hizo recordar mis propios miedos en mi infancia.

Yo fui insomne de niña. Me recuerdo sin dormir, durante horas. Estirada en la cama. Deseando dormir y sin saber qué hacer para conseguirlo. Preocupada por si era malo no poder dormir.

Me recuerdo mirando a mi hermana, que dormía en la cama nido a mi lado, y que roncaba (“respiraba fuerte”, diría mi hijo A., que ahora duerme a pierna suelta en la cama nido al lado de su hermano mayor) y me moría de envidia.

Recuerdo despertarme muerta de miedo. Convencida de que un malo, un asesino, entraría en casa y me cortaría el cuello. A mi hermana no, porque ella sí dormía: sólo a mí, así que la única solución era hacerme la dormida.

Recuerdo tener la teoría de que los adultos organizaban las casas de tal manera que el cuarto de los niños quedara siempre más cerca de la puerta de entrada que el suyo (era así en mi casa y en las de mis abuelos); así, el asesino en serie, cuando entrara, nos cortaría la cabeza a nosotros en vez de a ellos.

(No ayudaron nada las historias truculentas que mi abuela adoraba contar: historias de ladrones que entraban en las casas cuando la gente dormía, les ataban en las camas, les apuñalaban…)

Recuerdo levantarme por la noche e ir a la cama de mis padres: allí mis pesadillas se convertían en sueños dulces… o lo habrían hecho si me hubieran dejado quedar: siempre me echaban. A veces me tumbaba en el suelo, encima de un edredón, rezando porque no se dieran cuenta.

Pronto aprendí que el cuarto de mis padres era territorio vedado. Pero esto no hizo mis noches más tranquilas: sólo más solitarias.

¿De dónde venían mis miedos?

Por un lado, soñaba (y me aterrorizaba este sueño) que me despeñaba por un precipicio: esto se debía a que con mis padres, nos despeñamos por un precipicio con el coche, la sillita de mi hermana salió volando por la capota abierta del Dyane 6 (afortunadamente este día ella se había quedado con mis abuelos) y yo no salí volando porque tuve el instinto de agarrarme al cuello de mi madre, que casualmente llevaba cinturón de seguridad (eran los 70: no llevábamos cinturones y las sillitas eran sólo para los bebés, y estaban tan poco sujetas que salían volando a la mínima). Recuerdo las vueltas de campana, el golpe en mi cabeza contra los hierros del techo, que no pudimos abrir la puerta y salimos por el maletero… como yo gritaba “¡yo primero, yo primero!”, tenía clarísimo que tenía que salir de allí… recuerdo salir a gatas y ver varios coches parados en la carretera, la gente que había bajado y miraba hacia donde estábamos, cómo nos ayudaron a salir y subir por la pared de precipicio; cómo fuimos a una casa cercana y mis padres llamaron a unos amigos para no alarmar a los abuelos. Recuerdo a los amigos que vinieron a buscarnos y cómo esperé en el coche de ellos mientras recogían todo lo que había salido volando… estaba asustadísima pensando que ese coche en el que estaba sentada volvería a deslizarse para abajo. Recuerdo cuando un tío mío que era ginecólogo me examinó el chichón de la cabeza y las raspaduras que me había hecho y concluyó que estaba bien.

Y sí, estaba bien físicamente, pero tuve secuelas emocionales mucho tiempo: esto que llamamos estrés postraumático. Cuando iba en coche siempre pedía que no corrieran tanto, y soñaba con caídas por precipicios… pero si mi abuela no hubiera comentado “pobre, aún se acuerda del accidente”, jamás lo habría conectado.

Mi otro gran miedo era el miedo a la muerte, y también tiene un origen muy claro: cuando tenía 3 años murió mi prima de 4, que además era muy amiga mía (murió en un accidente de coche, arrollada por un camión cuando viajaba con su abuelo. ¿Os sorprende que no haya conducido nunca a pesar de tener carné?). Decidieron no decírmelo, pero me enteré… Tengo presente el momento en el que se lo pregunté a mi abuela: “G. está muerta, ¿verdad?”, y ella me dijo que sí, y me contó que estaba en el cielo, y mi gran preocupación era cómo se llegaba al cielo si no sabemos volar y cómo se entiende la gente cuando llega allí, con la de idiomas que hay en el mundo… y luego mis padres me dijeron que cuando te mueres no hay nada más y yo me desesperé (y por esto he inventado cuentos para hablar a mis hijos de la muerte, aunque estoy bastante convencida de que no hay nada).

Ahora observo a mis hijos, observo sus miedos… y siento que sería más fácil si pudiera conectarlos con lo que los provoca. Sí, tienen miedo a que les abandone, a que deje de quererles, a que su vida tal y como la conocen, desaparezca… pero, ¿qué sucedió? no puedo conectarlo con la escena fundacional… y ellos tampoco. Y esto hace, sin duda, que todo sea mucho más difícil de gestionar.

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Comentarios en: "Mis miedos" (17)

  1. Sí, son temas difíciles de gestionar. Pero llegar a ciertos niveles de racionalización también es complejo. Se necesita un proceso a veces muy largo. Además, el hecho de saber la escena fundacional que nombras, no siempre te facilita la incorporación rápida de ese nexo. Y yo creo que la relación entre un miedo y una escena fundacional no siempre es el que nosotros establecemos. Lo que sí creo es que si establecer ese nexo nos sirve para gestionar un miedo, bienvenido sea. No se si me explico muy bien, lo intento…

    • Sí, sí que te explicas. Yo lo que veo es que con B., del que conozco detalles clave de su vida, podérselos explicar (“es posible que te sientas así porque te pasó esto”), le ha ayudado. Le ayuda a colocarlo, a entender por qué a él le pasan determinadas cosas y a otros niños no…

      Yo fui durante muchos años incapaz de conectar mis emociones con los actos que las habían causado, desde las más nimias a las más grandes… estaba convencida de que era bipolar. Hice terapia, una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, y una de las cosas que aprendí precisamente fue a conectar mis emociones con lo que las había causado… y nunca más me sentí bipolar (aunque tengo momentos de bajón, claro).

  2. Vaya historia! Tenías unas cuantas razones para tener miedo.Qué brutos somos los adultos y cómo ninguneamos los miedos de los niños…
    Uno de mis hijos tiene miedo a la oscuridad,a que venga un monstruo,un ladrón.A veces aun de día necesita compañía para ir al baño o a otra habitación.
    Y sobre todo durante la noche quiere estar muy cerca de mí.Afortunadamente con el colecho creo que resolvemos parte de la angustia,pero me pregunto por qué esos miedos…hablo con él de que estamos seguros de que no existen ni los monstruos ni los fantasmas y le cuento que yo también pasaba miedo.La diferencia es que estaba sola en mi cuarto tapada por las sábanas,hubiera sido mejor estar con mis padres…
    Cuando hablas de tus hijos,de sus miedos a los que no pueden conectar con la causa,he pensado en algunas terapias que se hacen y que consisten en una especie de hipnosis con la que consigues hacer regresiones incluso hasta el útero materno y entender algunas de tus angustias actuales.Quizá sea una posibilidad futura para entender algunos de sus miedos,no sé…
    Una amiga mía acude a esta terapias y relata cómo vive de nuevo su propio nacimiento y cómo revive todo,con mucha claridad.Se supone que sacar eso a un estrato más consciente te puede ayudar.
    Un abrazo y una vez más,gracias por sacar temas tan interesantes.
    Mariluz

    • Eran otros tiempos… los 70 fueron muy duros para la crianza, porque se abandonó la crianza natural transmitida por tradición de madres a hijas (con las cosas buenas y las malas) por una crianza racional muy fría… no en todas las casas, claro, pero en la mía sí (mi madre les prohibía a mis abuelos que nos cogieran en brazos “para que no nos acostumbráramos”… su idea de criar un niño era dejarlo en la cuna, en la galería, al sol… por suerte, mis abuelos cuando mis padres no estaban nos cogían lo que podían y más… seguramente esto nos salvó de estar peor todavía).

      Sé que existen estas terapias, pero creo que ya va a ser decisión suya, como adultos, recurrir a ellas… Es muy interesante saber que están estas opciones.

      • Jo…pues no sabía que en los años 70 había pasado eso…
        De verdad que, mis padres tuvieron a sus 4 hijos entre finales de los 60 y mediados de los 70….y nuunca dejaron de practicar (sin leerlo en ningún libro, de aquella no había internet, ni foros, ni blogs….) la crianza natural, pero eso….de forma natural: eso que ahora se llama colecho, lactancia materna, recuerdo a mi padre llevándonos al cole cuando eso “no se llevaba” …en fin ..creo que les salía de forma natural.
        De ahí que mis miedos nocturnos y mi terror al despertartme por las noches fue menos terrible gracias a que mis padres me “acogían” en su cama…hasta muy mayor.

      • Bueno, seguramente no fue general… pero llegó esta corriente y algunos padres la adoptaron. Los míos son bastante analfabetos emocionales, así que la adoptaron a fondo… Así nos ha ido.

  3. Un tema complejo. Soy mayor y me da miedo ir a dormir por culpa de mis pesadillas. Quizás por eso soy muy transigente con los miedos de mi hija. Pienso igual que Lola, sobre el conocer o recordar lo que llamais una escena fundacional. A veces el miedo no nace de un instante de terror, sino de una situación difícil que se alarga en el tiempo, de la repetición de algo que se convierte en destructivo por su constancia e incapacidad para defendernos… incluso recuerdo que me explicaron que se pueden adquirir miedos en nuestros sueños porque el inconsciente no distingue realidad y sueño.

    • Pero conocer esta situación difícil, ¿no crees que ayuda? Y dices que se pueden adquirir miedos de nuestros sueños, pero es que nuestros sueños, nuestro incosciente, también bebe de nuestras viviencias diarias… un mal sueño no deja de ser síntoma de algo que sucede en tu vida diurna, ¿no?

      • Si, claro que ayuda, sin duda que ayuda. . Pero los miedos nacidos de la indefesion, de la soledad… los miedos que tres años de orfanado de mi hija, ¿cómo se recuerdan? Me referiero a eso, a los miedos nacidos no de algo puntual sino de la suma de muchos instantes…

        y es verdad una pesadilla es un síntoma de que algo anda mal en tu vida diurna o en tu mundo interior. Y el miedo puede ser un buen hilo del que tirar para acercarnos a eso que anda mal. Tanto en el caso de nuestros hijos como en el nuestro. El miedo es uno de mis caballos de batalla. Tiene mil caras, mil raices y condiciona desde formas de reaccionar hasta decisiones o formas de ver las cosas… sin que te des cuenta… que es lo peor

      • Sí, yo me refiero a lo mismo: sabemos, a grandes rasgos, qué fue de su vida antes de llegar a nosotros… ¿pero podemos imaginar la soledad, el miedo, la desesperación, la rendición… de un niño tumbado en una cuna durante meses, años, en una habitación en penumbra, sin estímulos, sin apenas sonidos, sin caricias…? Nosotros no estuvimos, y ellos no lo recuerdan…

        Hace poco estuve en una charla en la que nos decían que la rabia es un regalo, porque es un síntoma de que algo anda mal, porque nos obliga a reaccionar… Bienvenido el miedo si hace lo mismo, ¿no?

      • Hace poco, una amiga me contó una historia que me pareció que sirve para explica mejor lo que quiero decir.

        Era un hombre que tenía tremendas pesadillas… en ellas sólo veía una pared amarilla. Estuvo años de psiquiatra en psicólogo, pero nadie supo darle explicaciones, ni remedios…

        Ya era un hombre mayor cuando decidió volver, con sus hermanos, a su pueblo natal, del que había salido cuando era un bebé, porque había una guerra (la Segunda Guerra Mundial, esto sucedió en un país del Este). Pasearon por las calles, buscaron el lugar donde habían vivido, entraron en la Iglesia…

        El hombre gritó:

        “¡La pared amarilla!”

        En la Iglesia había una pared amarilla. Y sus hermanos, mayores que él, le contaron que la Iglesia era el lugar en el que se refugiaban durante los bombardeos… él solía estar tumbado en una manta, de cara a esa pared amarilla, mientras las bombas caían. No se acordaba de esto… pero se acordaba del miedo.

        A esto me refiero cuando hablo de conectar.

      • Madre de Marte, se entiende muy bien lo que quieres decir porque te explicas perfectamente. Pero gracias por la historia.

      • Gracias.

        No sé, a mí cuando me contaron esta historia pensé que este hombre tenía que haber sentido un gran alivio al entender de dónde venía esa pesadilla recurrente.

      • ¡Ojala encontrara mi pared amarilla¡

  4. Yo creo que identificar la causa de los miedos sirve cuando eres adulto, a mi al menos, no es que te libere completamente pero les da sentido y te ayuda al menos a controlarlos. En los niños siento que es distinto, sobre todo en nuestros hijos, sería casi antinatural que no tuviesen miedo, no creo que desde este lado alcancemos siquiera a imaginarnos lo destructivo que puede llegar a ser una experiencia de perdida semejante.

  5. Quizá esto de algunas pistas con respecto a las noches infantiles… 😉
    http://www.suenoinfantil.net/

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