familia monoparental y adopción

La pared amarilla

Cuando hablábamos de miedos unos días atrás, me vino a la cabeza una historia que me contó una amiga y que creo que ilustra muy bien de qué hablo cuando hablo de la necesidad de conectar:

Era un hombre que tenía tremendas pesadillas… en ellas sólo veía una pared amarilla. No sucedía nada más… aparte de que le invadía un miedo cerval, que a menudo le mantenía en vela el resto de la noche.

Estuvo años yendo de psiquiatra en psicólogo, pero nadie supo darle explicaciones, ni remedios…

Ya era un hombre mayor cuando decidió volver, con sus hermanos, a su pueblo natal, del que había salido cuando era un bebé, porque había una guerra (la Segunda Guerra Mundial, esto sucedió en un país del Este de Europa). Pasearon por las calles, buscaron el lugar donde habían vivido, entraron en la Iglesia…

El hombre gritó:

“¡La pared amarilla!”

En la Iglesia había una pared amarilla. Y sus hermanos, mayores que él, le contaron que la Iglesia era el lugar en el que se refugiaban durante los bombardeos… él solía estar tumbado en una manta, de cara a esa pared amarilla, mientras las bombas caían. No se acordaba de esto… pero se acordaba del miedo.

A esto me refiero cuando hablo de conectar.

Ojalá nuestros hijos consigan encontrar algún día sus paredes amarillas.

Anuncios

Comentarios en: "La pared amarilla" (34)

  1. Me gusta mucho esta historia. Me ayuda a entender un poco más los miedos y , además, a ver la fuerza hay en nosotros para sanarnos.

  2. El domingo mi hija empezó acordándose de sus amigos de allí (es su primera Navidad aquí) y de su madre biológica y acabo con un verdadero ataque de ansiedad k me asusto un montón. Supongo k los regalos de reyes avivaron su memoria.

    • Entiendo la angustia (tuya)… pero creo que que recuerden es bueno, y que puedan compartirlo con nosotros, más todavía. El primer año (primeras navidades, comienzo de curso, final de curso, vacaciones, cumpleaños, etc) siempre es complicado… después, al empezar a repetirse las cosas, se suelen tranquilizar.

      ¡¡Espero que hayáis disfrutado de esta primera Navidad!!, ataque de angustia aparte…

      • Imagínate. El olentzero vaya, hace las veces de papa Noel k lo conocía pero… tres reyes magos? Eso k es? Les pregunto por donde entraban, k comían, si sabían hacer magia… al k pillo por banda lo achicharro a preguntas. Menos mal k era majo.
        Y regalos dos veces, y primer cine, primera cabalgata, comer de pintxos, trasnochar, tirolinas y monte… montar a caballo… Un montón de cosas nuevas estas vacaciones sin contar la comida.
        Entiendo k este muy nerviosa y ya le dije k es bueno llorar cuando se siente así y k es normal k eche de menos a sus amigos.

      • La Navidad es muy estresante para cualquier niño. Nosotros celebramos de forma bastante light (una comida familiar donde somos 9 y otra donde somos 5), somos pocos de familia, racionamos los regalos, evitamos la cabalgata grande, procuramos mantener rutinas y horarios… y aún así, el 24-25 y el 5-6 son un infierno.

      • En nuestro caso hasta ahora no había causado estrés la Navidad. Debo reconocer que yo no soy mucho de rutinas, y mi hija no tiene problemas en desvelarse en vacaciones, cambiar horarios de comida, etc. Somos familia muy numerosa, en Nochebuena fuimos 28 para cenar. Lo que este año le dio un ataque de miedo fue que al poner los regalos de los reyes, a mi hijo mayor se le hizo simpático montar un escenario como si los reyes hubieran tomado leche y comido rosca en nuestra casa, como muchas veces lo hicimos con él. Eso verdaderamente la aterrorizó. No paraba de decir que si había muchas otras casas porque precisamente habían elegido la nuestra para entrar!!

        Estuve hablando con ella un rato, le pedí que me contara que sentía y me dijo que era miedo, pero que lo escribiríamos en el “Diario de emociones” que estamos llevando a partir de una entrada de cuadernoderetazos que me pareció muy útil. Este diario nos está resultando de mucha utilidad para definir sentimientos que de otra manera le cuesta trabajo compartir.

      • Es una idea estupenda, gracias por traerla aquí.

        Yo con mis hijos también me doy cuenta de que cosas que para otros niños son fantasías (que Papá Noel entre por la ventana porque es mágico) ellos lo relacionan con una intrusión, allanamiento, secuestro… Hay que andarse con ojo con estos asuntos.

      • Magnífica la idea del diario de emociones:
        http://cuadernoderetazos.wordpress.com/2012/11/18/diario-de-emociones/#comments
        Gracias por nombrarlo!!

        En casa empezamos con unas caras impresas y plastificadas: señalábamos la cara que expresaba nuestras emociones del momento. Ahora estamos con un libro (creo que bastante completo) que al final tiene una cara sin rasgos: con un rotulador podemos dibujar y borrar la expresión de los sentimientos/emociones. El diario de emociones me parece una muy buena manera de continuar. Gracias otra vez.

    • Yo también entiendo tu angustia o, quizás, impotencia. Por si te sirve en otras ocasiones. En una situación comparable no sabía como ayudar a mi hija y se me ocurrió darle un papel sugiriendo que lo dibujase. Lo hizo; me contó qué había dibujado, i ya se quedó tranquila (tengo que añadir que en esos momentos ella no tenía ninguna afición al dibujo; también que guardo el dibujo como un tesoro).

      • Me lo apunto 😃

      • Es una muy buena idea. A mí también me funciona el sistema “cuento” (Inventar una historia donde el argumento sea lo que le pasa) y el juego de rol… Pero los dibujos tienen la ventaja de permitirles expresarse…

    • Anuska, leerte es como recordar nuestra primera Navidad. A mi hija entender la navidad le ha costado varios años. No exagero. Y la figura del Olentzero, la sigue sin entender. Y las cosas como son muy amigable no es el carbonero barbudo.

      • Yo lo que he descubierto es que a veces es mejor rebajar la intensidad de las actividades que hacemos. Quiero decir que a los padres nos hace (en general) mucha ilusión la Navidad, hacer cosas con ellos, verlo todo… pero al menos en el caso de mis hijos, las emociones fuertes les trastocan mucho. A nosotros nos funciona mejor una rutina sólida, no tan distinta de la del resto del año (mismos horarios, mismos escenarios), con “pequeños toques navideños” (el árbol, el belén, un par de comidas con la familia cercana, regalos el día que toca…), pero sin demasiados extras.

        Y esto se puede aplicar al resto del año. Este verano fue bastante duro, y creo que una de las razones es que cometí el error de dejarles descontrolarse con los horarios… eran vacaciones, y a mí me apetecía más manga ancha, acostarnos más tarde, hacer “cosas especiales”… pero el precio a pagar no merece la pena.

      • Los primeros años cuidé mucho lo que dices. Por ejemplo, evitamos los centro comerciales. Aunque es fácil decirlo pero no es tan fácil hacerlo. En mi caso es fundamental más que la hora de dormir, mantener las horas de las comidas.

      • En nuestro caso, los horarios de comida son importantes, los de dormir más todavía… también las aglomeraciones y la cantidad de “salidas de la rutina”. O sea, si hacemos algo extra el sábado, tenemos que procurar tener un domingo tranquilo, por ejemplo…

      • Madre, coincido un poco contigo. Creo que la tranquilidad y la rutina son muy importantes. Pero un poco de manga ancha de vez en cuando es saludable. En nuestro caso reconozco que quizás más para ella que para mi. Despues de un descontrol de un par o tres de días y en campañia de alguien que le imprima confianza (yo, o alguien de la familia; no amiguitos), mi hija hace un paso para adelante. A mi, en principio, me cuesta más recomponerme: creo que sufro por ella, por si se descontrola/desconencta más de lo aconsejable… Me recompongo cuando suelta un comentario que da fe del avance.

      • En nuestro caso, los avances palpalbes suelen llegar cuando pasan varios días seguidos conmigo. Tras unas vacaciones, o un fin de semana largo, por ejemplo… ves cambios de comportamiento, avances en el lenguaje, incluso mejoras académicas. Pero estos días juntos tienen que mantener las rutinas hasta cierto punto… el descontrol en las horas de dormir, por ejemplo, es casi mortal… Esto ha hecho que durante mucho tiempo no hayamos celebrado el fin de año, porque volverlos a meter en cintura después requiere varios días (días de malos rollos, mal humor, rabietas, llantinas… bastante permanentes).

      • Sí; yo también tengo que estar con ella o a disposición para que haya avances palpables. Y coincido contigo en lo de las horas de dormir; no dejo que la manga ancha afecte demasiado las horas de dormir.

  3. Pues yo soy de las que les dejan descontrolarse totalmente y sufro las consecuencias. Mi marido es un descontrol de tío y su familia es igual (de los que duermen cada uno en la cama que pillen, nadie tiene intimidad y no se respeta el sueño de nadie). Yo no soy así pero estoy más horas fuera de casa que él y me cuesta mucho en fiestas y demás “domar y dominar” a los tres.

    El resultado es que mi hija es plenamente feliz en esos días, a veces creo que añora la libertad. Pero los días siguientes son un infierno, pesadillas, descontrol, malhumor, cabreos constantes… incluso se llegó alguna vez a hacer pis en cama (jamás lo hizo sólo en una ocasión que habíamos pasado un fin de semana en una casa rural con amigos).

    Ojalá mi hija algún día encuentre su pared amarilla… y la derribemos juntas.

  4. Madre, al principio de las Navidades te he mandado un mail. Lo has recibido?

  5. Creo que mi hijo miró a muchas paredes amarillas a la vez, y hoy día, creo que no estoy sabiendo quitar de su mente tanto amarillo, hoy no me siento una buena madre…no…quizás su próxima pared amarilla sea yo…y mi falta de paciencia…Gracias por este post…para reflexionar sobre lo que fue y lo que es…

    • No creo que haya que quitarle el amarillo de la mente… hay que ayudarle (o aspirar a que consiga) encontrar un sitio para estas paredes de su pasado.
      Todas nos sentimos malas madres más de un día. Creo que esto está bien si nos ayuda a serlo mejores al día siguiente.

  6. Mi hijo tiene absoluto terror a los cohetes (fuegos artificiales, tracas, etc) Es un miedo irracional, no puedes hablar con él, no lo puedes tranquilizar, solo dice: “a casa, a casa”.
    Cuando tenía 8 meses en la zona de su orfanato hubo un terremoto, y yo estoy convencida que que el miedo a los cohetes le viene de ahí, todo el mundo me dice que no se puede acordar, seguro que del terremoto no se acuerda, pero de las emociones sí.

    • ¡Que vivencia más tremenda! ¿Y lo habéis hablado con él? Quizás saberlo le ayudaría a entenderlo y llevarlo mejor…

      • No, de momento es pequeño todavía, no es muy consciente aún de todo lo vivido

      • En nuestro caso, quizás la que es algo inconsciente soy yo, pero yo siempre les he ido poniendo encima de la mesa todas las cosas que han ido saliendo, incluído asuntos delicados de este tipo… y en general he visto que por duro que sea, les ayuda a recolocar cosas y sentirse más tranquilos. ¿Te imaginas si el hombre de la pared amarilla hubiera podido saber años antes de qué le venía este pánico?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: