familia monoparental y adopción

Frágiles

Hablábamos hace unos días sobre modelos de crianza y Raquel planteó una reflexión que me parece muy interesante compartir:

Muchas veces se nombra la confianza (o falta de ella) en las capacidades intrínsecas de los padres, eso del instinto que se pierde, etc. ¿Pero dónde queda la discusión sobre las capacidades de los niños? De alguna manera siento que muchas veces la postura “apegada”, que tanto pone en valor a los niños como personas independientes, minusvalora a los pequeños, a su capacidad de resiliencia, de enfrentarse o manejarse con la injusticia y a las decisiones arbitrarias de los adultos, de enfrentarse a sus propias frustraciones, aburrimientos y dolores (muchas veces provocados por los adultos), también en solitario. Los niños son mucho más capaces de “aguantar” muchas cosas de las que creemos, y esa capacidad es “natural” y positiva.

¿Tiene razón Raquel? ¿Tratamos a los niños como si fueran objetos frágiles, que se van a romper al mínimo inconveniente? Como si cualquier cosa que hagamos, o dejemos de hacer, incluso las más nimias, pudieran traumatizarles para siempre, en vez de fortalecerles… incluso estas adversidades que reconocemos que a nosotros nos hicieron más fuertes…

Dicen en México que para criar bien a un niño se le debe hacer pasar un poco de hambre y un poco de frío. No lo comparto exactamente, pero sí me pregunto cómo serán de adultos esos niños a los que sus padres se empeñan en protegerles de todas las adversidades de la vida.

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Comentarios en: "Frágiles" (28)

  1. Al respecto leí ayer noche esta entrada de este blog que me está gustando mucho http://disparefuturo.wordpress.com/2012/02/17/por-favor-no-le-ayudes-tanto/
    He ido pensando más en estos días, pero no encuentro el ratito de juntar y ordenar los razonamientos deslabazados que van surgiendo 😦
    Un beso!

    • Sé lo que es tener sólo un 10% del cerebro en marcha 😉
      Interesante artículo: “Por tanto, si una vacuna inocula una porción de virus para que nuestro cuerpo genere anticuerpos, un reto puede actuar como “generador de resiliencia”. “A los niños hay que tratarlos como si fueran mayores de lo que son… pero sabiendo que no lo son”. Es decir exigirles un poco más cada vez pero entendiendo, si no lo consiguen, que no pasa nada grave. Si no les exijo, quizá no crezca. Si solamente les exijo, los machacaré”.

  2. Miro a mi alrededor y veo niños que son dejados con meses en la guardería y cuando pasan al ciclo escolar son dejados en la puerta del colegio a las 8 y media o a las nueve y vuelven a casa a las siete u ocho de la tarde. Comen en el colegio o solos en casa con sus hermanos. Algunos van con fiebre al colegio y un buen chute de apiretal… En verano colonias de 15 días a un mes. En el tiempo que pasan fuera de casa….¿qué viven esos niños? ¡Vete a saber¡ Sin duda tienen que desarrollar su resilencia y varias cosas más para sobrevivir… los padres… estamos de todo los superprotectores que nos metemos en todo y se nos desdibujan las fronteras entre la vida del niño y la nuestra… los padres que piensan que la vida es dura y que aprendan desde pequeños a buscarse la vida… los ideales que saben medir hasta donde llegar. Es un tema apasionante… complicado y muy personal. Es evidente que los retos si se superan fortaleza… algunos se quedan en el camino… Observo a mi hija, es una superviviente … ¿ahora la trato como si fuera de cristal?… quizás sí… en algunas cosas… en otras… No se.
    Solo veo que si busco me equilibrio personal, soluciono mis temas pendiente, mis miedos logro mayor equilibrio en el trato y educación con mi hija.

    • Bueno, quizás ambas cosas no son incompatibles… quizás porque tantas veces no podemos ocuparnos de nuestros hijos como sentimos que deberíamos, cuando lo hacemos intentamos que no les suceda nada que pueda dañarles…

      Yo estoy en una postura intermedia, y me explico: creo que mis hijos, a diferencia de lo que sucede con otros niños, no tienen que aprender a buscarse la vida… de esto ya saben, porque durante años nadie atendió a sus necesidades; lo que necesitan, es aprender que hay alguien ahí, un adulto, en quien descargar la responsabilidad… otra cosa es que les intente proteger de todo lo que les pasa, que no, ni puedo ni quiero.

      Yo no soy nada protectora en lo físico (asumo que alguna vez se romperán un brazo o se abrirán la cabeza), pero sí lo soy más en lo relacional… si estoy cerca (no siempre estoy) estoy atenta a sus conversaciones, a la manera en la que se relacionan, e intervengo si creo que es necesario… pero a la vez les doy mucha cuerda para que se alejen de mí y tengan cierta dosis de autonomía, adecuada (creo) a su edad y a sus capacidades…

      Un ejemplo que me venía a la cabez ahora mismo: hace un año murió una niña en la clase de B. La niña no empezó ya el curso y murió unos meses más tarde. La maestra se lo contó a los niños… algunas madres se quejaron, ¿qué necesidad hay de contárselo? Pues yo no les quiero proteger de la idea de la muerte, quiero que vayan asumiendo lo que significa y lo que duele… Y estar allí, para ellos, con ellos, mientras les duela…

      • Coincido contigo. Solo quería añadir la idea de que los niños pasan muchas horas solos y que viven de todo. Y este tiempo es como un parentesis que los padres parece no tengamos en cuenta y lo ignoremos. Aunque no dudo que es en casa donde aprenden actitudes, a interpretar la realidad… a través de lo que nos ven hacer y de cómo les tratemos.

      • Sí, es cierto que pasan muchas horas lejos de nosotros, pero, ¿solos? Siempre están con algún adulto responsable que se hace cargo de ellos… y les exigimos (aunque no siempre conseguimos) que tengan el mismo grado de protección que nosotros hacia nuestros hijos…

      • Hace unos años estudiaba en una ikastola en el último piso y veíamos a los pequeñines de infantil despues de comer en el patio… también veíamos a los cuidadores, y no veíamos pero sin duda estaban los ángeles de la guardia… 🙂
        Todo depende, son muchos espacios… autobús, patios, comedores, pasillos… claro que hay adultos… y también pasan muchas cosas… quiero decir que por mucho que les protejamos opensemos que estén protegidos no viven en una burbuja, el colegio bien sabemos que no es el paraiso… unos niños cuentan lo que viven, otros callan y algunos se les olvida…. sin duda aprender a que gestionar todo lo que viven es nuestra misión, al menos mi objetivo…

  3. PD. Dicen en México lo del hambre y el frío, y en relación a eso hace tres días estuvieron unas amigas mexicanas en mi casa. Una había vivido ya en España, la otra (su novia) era la primera vez que pisaba nuestro país. Nos pusimos al día, les conté que mi situación era bastante precaria ahora mismo, pero también compartí con ellas mis planes y proyectos para salir adelante. La amiga que vino por primera vez me felicitó, me contó que después de dos semanas conociendo a gente española, yo era la primera que le hablaba con confianza en el futuro y con confianza en mi capacidad de sacar adelante a mi familia, que todo el mundo con el que había coincidido se refería a la crisis y sus situaciones como si de un callejón sin salida se tratara. Pensó que mi actitud era más valiosa para mis hijos que la actitud que había visto en otros.

    Contó que ella ya lo había vivido de pequeña (crisis México 83-84), que hubo muchos días que en su casa, de clase media, ya no hubo leche, por ejemplo. Y sin embargo el mundo no se acabó, y ella valoraba muy positivamente la experiencia, porque ahora de adulta podía mirarnos a los españoles con distancia sabiendo lo que había, con más confianza.

    Nadie se muere por tener que tomar “leche en polvo” durante una época, y sin embargo, como niño, saber que quieres leche y no puedes tenerla, hace que te las ingenies para conseguirla en el futuro según construyes tu vida.

    No sé si me explico. Como madre, yo quiero que mis hijos puedan beber leche cada mañana, y si considero que no tenerla les va a crear un trauma irresoluble y no se la puedo dar, seré infeliz y es más fácil que quede “atorada” y me sea más complicado conseguirla. Si confío en la capacidad de su cuerpo para pasar sin leche, tendré más energía para buscar sustitutos, y lo podré hacer con alegría. Yo debo ser una figura de resiliencia para mis hijos. Lo seré mejor con confianza en su capacidad.

    Extrapolando, por ahí es por donde creo que tanta literatura sobre crianza, con sus “must” y sus “don’ts”, son perjudiciales para padres que no pueden poner en práctica sus consejos. Generan inseguridad, les hacen creer que están haciendo un mal a sus hijos. Desde esa base, sin contemplar la posibilidad de que incluso para sus hijos sus fallos puedan ser oportunidades, retos sobre los que pasarán y les serán útiles, la sensación de fracaso se hace un sentimiento recurrente que no le puede hacer bien a nadie de la familia.

    Sigo sin explicarme bien y lío las cosas, pero ando pillada de tiempo y no puedo desarrollarlo mejor. Espero que la idea general se entienda. Un beso!

    • Te explicas muy bien. Yo esta sensación la tuve años atrás, antes de tener hijos, cuando una amiga que sí tenía una hija me explicaba todas las cosas que le proporcionaba (materiales y emocionales) y todo aquello de lo que la protegía… esta amiga, a quien conocía bien, no había tenido una infancia “fácil” (sí buena): Muchos hermanos, padres trabajadores, poco dinero, la mayor de las chicas, empezó a trabajar joven… Y estaba muy orgullosa de haberse hecho a si misma a partir de todas esas dificultades y responsabilidades. Y yo me preguntaba (y le preguntaba) si no era una contradicción que lo que consideraba que la había hecho fuerte, y mejor, ahora se lo evitara a su hija…

      Esto es a lo que me refería yo. Que les daré a mis hijos toda la leche que pueda, por supuesto… que intentaré abrigarles y protegerles… pero con la duda de si el poquito de frío y el poquito de hambre no les estarían haciendo mejores.

    • Aquí México presente, yo escribí aquí alguna vez esa frase. Y estoy convencida de ello, no que haga pasar frío ni hambre a mis hijos, aclaro!! Pero sí creo que no hay que darles todo. Si no les damos las armas para fortalecerse, ¿en qué momento madurarán? No soy protectora en lo físico, en lo emocional y en lo relacional soy más bien vigilante. Pero trato de no interceder a menos que sea muy grave la situación.

      Mi hija tiene serias dificultades de aprendizaje, hace poco una tarde era un mar de llanto porque sus dos mejores amigas le habían dicho que era tonta porque no podía leer. Conozco a las mamás de esas nenas, podía haber hablado con ellas, o podía haber intervenido con la maestra. Lo que hice fue hablar con mi hija y dejarle muy claro que tonta no es, que solo necesita más tiempo que otros niños. Ella lo entendió y lo ha aplicado las veces que después ha sido necesario. Si yo hubiera resuelto el problema, la dejo sin armas para defenderse. Con la maestra sí lo hablé, pero sólo para que esté atenta por si esta situación se repite y se agrava. Incluso cuando yo, que suelo ser bastante acelerada, la presiono en algo, ella calmadamente me responde que tengo que recordar que ella va a su ritmo y necesita más tiempo.

      Yo también soy de las que el mundo no se acaba tan fácilmente, siempre trato de encontrarle la vuelta a cualquier situación. Todos los retos, las situaciones dificiles, las faltas de algo, son oportunidades para crecer, para madurar, para salir fortalecido. Así es como quiero que mis hijos crezcan, sabiendo que en la vida hay que luchar por las cosas, sintiendo confianza en ellos mismos y evitando que el mundo se les derrumbe ante cualquier adversidad. Con mi grande (20 años) creo haberlo hecho bien, modestia aparte, es un chico responsable, muy independiente, que sabe luchar por lo que quiere. Con mi nena, voy con más mimitos, más despacio, es lo que ella necesita, pero no por eso la sobreprotejo, creo que eso le hace más daño que bien.

    • coincido contigo Raquel!!! no sé si fue en este blog donde hicieron referencia a otro blog de una chica que describía su trastorno ansioso depresivo, según ella, debido al método Stivill.
      La de veces q me acuerdo de esa entrada…mi hija mayor tiene serios problemas para pasar alguna nocje separada se nosotro, desde los 5 años(ahora va a hacer 10). Este curso tuvo salida con el cole y después de hablar con la profesora tuvimos q obligarla a ir diciéndole q era una actividad obligada!! al final lo pasó bien y ella se da cuenta q no es para tanto pero es un cometarros el pensar que todas nuestras decisiones relacionadas con ellos les van a condicionar hasta su salud mental!

      • Desarrollando ahora que tengo media hora más o menos libre.

        Una anécdota que seguramente ya habré contado: Nosotros somos cuatro hermanos, con una diferencia de edad de cuatro años de media. Mi hermana menor tuvo muchos y graves problemas de salud cuando era pequeña, lo que retrasó sensiblemente su desarrollo. Aprendió a caminar pasados largamente los dos años. Cuando mi madre iba con ella desconocidos decían “Qué bebé más mono ¿qué edad tiene?” si contestaba “dos años”, se encontraba muchas veces con miradas de conmiseración y consejos bienintencionados sobre la “pobrecita niña”. Su opción, sin darle muchas vueltas, fue restarle un año en sus respuestas, entonces la continuación de la conversación cambiaba favorablemente “fíjate, qué espabilada y qué grande está”, decían admirados.

        Mi hermana creció normalmente, siempre fue más lenta que la media, y ahora es una mujer valiosísima y una de las personas más felices y con más capacidad para hacer felices a los demás que conozco.

        Creo que mi madre pudo hacer eso, relativizar, porque tenía confianza en las capacidades de mi hermana, a pesar de las circunstancias. Tenía la experiencia de tres hijos anteriores que, con sus más y sus menos, crecían normalmente a ritmos diferentes. Si la salud ya condicionaba para mal el crecimiento de mi hermana, no iba a ser ella ni el entorno quien reforzaran ese condicionamiento negativo. ¿Hubiera cambiado su actitud si fuera la primera hija y la tuviera con treinta y tantos largos? Yo creo que seguramente sí.

        La edad de los padres importa mucho a la hora de criar a los hijos. Con veinte años, que es la edad natural para empezar a gestar, toda la vida está por delante, y todo tiene solución. Con treintaytantos o cuarenta, muchas cartas ya están echadas y pareciera que todo movimiento reviste mucha más trascendentalidad. Se nos olvida que para nuestros hijos toda la vida está por delante, y todo tiene solución. Eso es algo que sería más fácilmente tenerlo en cuenta si tuviéramos otros niños referentes (hermanos mayores) en el entorno. Pero resulta que no, que en España se tiene el primer hijo con treintaymuchos, y entre los niños que fuimos y los niños que tenemos apenas hay un par de niños primos o niños sobrinos a los que tratamos con distancia, con los que no convivimos cercanamente.

        Yo creo que se juntan esas dos cosas: que somos padres mayores, de pocos hijos, y que en lo que nos hacemos mayores no convivimos con niños que también vayan creciendo. Sentimos que cada detalle es un mundo y estamos acojonados de hacerlo mal. No nos damos cuenta de que, hagamos lo que hagamos, nuestros hijos se abrirán camino por sí solos. Es ley de vida. No somos tan importantes…

      • Totalmente de acuerdo con el diagnóstico. A los 30 y tantos, incluso los 40 y tantos, tienes ventajas: estás más asentado, eres más maduro, tienes más paciencia, has quemado etapas que no echas de menos… pero también tienes desventajas. Y esta misma madurez puede ser una de ella. Ser un punto inconsciente seguramente es un plus a la hora de criar…

        Me has hecho pensar en algo que decía mi madre, que lo fue (madre) con 19 años, y que durante una década compaginó hijas, estudios, trabajo, deporte, buscarse un lugar en el mundo… Cuando a los 40 algunos de sus amigos empezaron a tener hijos (o tuvieron una segunda remesa), ella siempre decía que era incapaz de entender cómo podían hacerlo sin la energía de los 20… Y lo hacían, claro, y seguro que lo hacían bien; pero está energía que les faltaba también es un plus.

      • Yo creo que lo difícil es encontrar un equilibrio entre escucharles, respetar sus ritmos y necesidades, y sobreprotegerles… A veces, algunos de sus miedos no son suyos: se los proyectamos nosotros…

      • Raquel, lo que escribiste me dejó pensando mucho. Yo tengo un hijo de 20 (bio) y una nena de 8 (adoptiva), al grande lo tuve a los 30, la nena llegó cuando tenía 44. Al tener un referente, que creció a su ritmo, con normalidad, sin mayores problemas, la llegada de mi hija entró dentro de esa normalidad. Y ella ha crecido casi igual, libre, sin sobreprotección.

        Claro que la edad es importante, ya lo viví, para bien y para mal. A los 30 por un lado estaba muy relajada, no tenía miedos, no pensaba que lo iba a hacer mal. Por otro, era muy exigente con mi pobre hijo mayor, al pasar el tiempo y ver que iba siendo hijo único no quería que fuera uno de esos niños egocéntricos, que se siente el centro del mundo. Fui muy consentidora en términos de que siempre había amigos en casa, los llevaba a todos lados, hacíamos mil cosas juntos. Pero muy exigente con la escuela, con la disciplina. El siempre decía que le tocaba todo, si había enojo, todo era para él y si había mimos todos eran para él.

        Entonces llegó la nena, con un diagnóstico terrible, sin hablar, ni caminar a los casi 2 años. Muerta de miedo y angustia mi chiquita vivía prendida a mi cuello, sólo dormía si la ponía sobre mi pecho, Papás bastante más grandes (mi marido 52 y yo 44)y un hermano de 14,, los tres nos volcamos en ella. Durmió sobre mi pecho por varias semanas, hasta que aceptó que la pusiera a mi lado y le diera la mano. Durmió en nuestra cama por muchos años. Los límites que uno había tenido no eran aplicables a una nena que venía con una mochila muy pesada. La energía por supuesto que no era la misma, pero no sólo eso, con los años había visto que había cosas que no eran tan importantes, que mis hijos no se iban a echar a perder si no era tan exigente. Además, todo lo que nunca leí en mi maternidad biológica lo he leído en mi maternidad adoptiva, estoy mucho más preparada, comparto experiencias, tengo la calma para detenerme a ver cómo va nuestro camino, si hay que hacer cambios o seguimos por el mismo sendero. Sé que mi hija necesita empatía, tolerancia, flexibilidad.

        Tenerlos más joven o más grande, todo tiene sus pros y sus contras. Como dice Madre, la falta de energía también puede ser un plus. Mi hijo mayor suele bromear diciendo: ¡pero si esta niña crece sin límites!! y es que el pobre creció con una madre medio dictadora!!

        Yo no creo que los hijos sean frágiles, los hacemos frágiles con nuestra sobreprotección. Para que crezcan sanos, felices, seguros de si mismos, necesitan vivir rodeados de amor, de seguridad, de mucha comunicación, libres, abriéndose camino por ellos mismos, claro siempre con nuestro apoyo detrás.

      • Lo hermoso es poder ver las ventajas de todas las edades (y las desventajas, para tenerlas en cuenta y minimizarlas).

      • Nota aclaratoria: Hablando de adopción y Alejandra (o sea yo) es lo mismo, no sé porque cuando escribo desde mi oficina aparezco como Hablando y desde casa aparezco como Alejandra!!

      • Misterios de la informática…

      • Alejandra, ¡qué envidia me das! Yo llevo un tiempo pensando que mi hijo mayor debería ser el pequeño, para que yo tuviera la experiencia de haber criado a sus hermanas; y además debería crecer en México, arropados ambos por la familia de allá, llena de primos mayores y cuñadas expertas.
        Él ahí va, con su mochila más o menos, con sus carencias más o menos, abriendo camino en la familia y yo inventándomelo a trompicones medio dictadora medio mimosa.
        Pero ni modo, lo que hay es lo que hay y con eso nos manejamos. Se hace lo que se puede. Una madre imperfecta, para un niño perfecto. C’est la vie!
        Si no confiara en él y su capacidad para sobrevivirme mal augurio tendríamos 😉
        Un beso desde este lado del charco, a tí y a tus dos chamacos.

      • Si fuera al revés, seguro que también le verías alguna pega… nunca podremos ser madres perfectas, ni tener familias perfectas: no tenemos más que manejarnos con lo que hay.

        Y yo sé que lo estás haciendo muy bien.

      • Raquel, por tu comentario deduzco que tienes familia en México, cuando vengas por aquí no dejes de avisar!!

        Soy parte de una familia mexicana de esas de antaño, llenos de primos y tìos, todos muy cercanos. Mis hijos así crecieron, rodeados de muchísimo amor, risas y unión.

        Te mando un abrazote, me alegra sentirte medio paisana!!

        Yo también estoy segura que lo estás haciendo muy bien!!

  4. Pues espero que a tu amiga no le pase como a una amiga mía, de infancia difícil por las mismas circunstancias ( 9 hermanos, familia humilde, padre ausente) luchadora como ella sola y que les quiso dar a sus hijos todo lo que ella no había podido tener ( no solo a nivel emocional) y ahora se arrepiente de haberles dado tanto…
    A mi los campamentos me parecen muy bien , todos mis hijos han ido a partir de los 6 años, y quince días, incluso 3 semanas una vez. Lo han pasado superbien.
    E Incluso me parece muy bien que vayan a estudiar fuera el bachillerato si pueden. Y que se hagan su merienda, cojonudo. Que se ordenen su ropa, se preparen sus cosas para el cole etc etc . Que aprendan a tolerar y a manejar la frustración. No se , miles de cosas Fomentar su independencia es una de las mejores cosas que podemos hacer por ellos. Que sean capaces de ir donde sea , sin paegos a terruños y pudiendo sobrevivir fuera de la familia…demasiados adultescentes hay a nuestro alrededor.
    Los niños no son tan frágiles, a veces somos nosotros que los queremos hacer frágiles para que no crezcan.

    • Pues no lo sé, porque a pesar de que éramos muy amigas, se perdió la relación y hace tiempo que no las veo. Pero entiendo que es fácil que pase algo así…

  5. Hola madre de Marte,
    Hoy he vuelto por aquí después de un par de meses de ausencia, ( y seguramente no volveré en un tiempo, duele leer de tratos a los hijos cuando no se tienen) pero la entrada de hoy me ha recordado un comentario de mi madre en el momento más difícil de mi vida; cuando estaba en el hospital despidiéndome de mi hijo enfermo, los médicos le alabaron a mi madre mi actitud, como me lo había tomado, etc. ( aunque creo q había pocas opciones de tomárselo, la verdad) y ella les dijo ” hemos estado preparándola para esto 29 años”
    Evidentemente nunca esperó que m pasara algo así, pero sí es de las que creen que hay q ” pasar gana de las cosas”, y aunque no nos haya dejado pasar hambre o frío, sí nos ha negado muchísimas cosas más o menos importantes solo porque había que ” educar la voluntad”
    Realmente no sé si ese tipo de educación me está ayudando, pero ella está convencida de q así es, y puede tener razón.

    • Marta, deduzco de tu mensaje que has perdido a tu hijo. Lo siento mucho. No soy capaz de imaginar dolor más grande, y de hecho, es tan grande, que no soy capaz de imaginarlo, ni siquiera después de haber estado muy cerca de un dolor parecido en una ocasión de mi vida… Unos buenos amigos míos perdieron a su hija hace ahora 10 años, lo he narrado en el blog en más de una ocasión, fue uno de los momentos más duro de mi vida (qué decir de la de ellos). Mis amigos dicen que el dolor no se olvida nunca, que lloran todos los días; pero que el paso de los años hace que vaya habiendo espacio para otras cosas, cosas buenas que no hacen olvidar la pérdida pero sí que la van poniendo en un lugar algo más manejable. No sé si esto te ayuda (si es reciente, es posible que no), pero es todo lo que puedo ofrecerte.

      Un abrazo virtual, y espero verte por aquí cuando quieras y puedas.

  6. Te he descubierto hace poco Madre de Marte y me encanta pasarme por aqui para leerte.
    Tengo una amiga que tiene una hija 15 dias mayor que mi hijo de 6 años. Y cada vez que quedamos los niños juegan como niños, por tanto corren, saltan, se persiguen y se cogen y se caen. Y su hija siempre acaba diciendo a su madre que Y. le ha tirado. Mi amiga le dice a mi hijo: No pegues y no puedo callarme y la corrigo diciendo que estando corriendo y cogiendose de la ropa, al final ella se cae unas veces y otras se cae Y. Es mas, la he visto como pisa a mi hijo intencionadamente pero con disimulo para que mi hijo reaccione y luego decir a su madre otra vez que la pisa. Esta niña esta solo con niñas en su clase, es la unica sobrina, nieta, hija, y saca muy buenas notas pero la profesora le ha dicho que tiene problemas de socializacion. En su dia le dije a mi amiga que la sobreprotegia, como se lo ha dicho su hermana mas cercana, Pero es su opcion. Y por supuesto, si ella no me pregunta no saco el tema.
    Ahora que tengo a mi hija de 6 meses no se si actuare con ella como con mi hijo. Son las niñas mas delicadas y por tanto las protegemos mas?.

    • Yo he vivido situaciones parecidas a las que narras: dos niños se pelean, por ejemplo, pero es uno (siempre el mismo) “el que se pelea”… Tengo una buena amiga que cuando su hija se queja de que otros niños le pegan (por ejemplo), suele decir “esto no sale de la nada”… no es muy normal que un niño vaya pegando a otros porque sí, si no ha sucedido algo antes, antes en lo que han tomado parte los dos….

      Es complicado, porque si no lo puedes hablar con tu amiga, es la típica situación que un día reventará…

      Y no tengo ni idea de si protegemos más a las niñas… no lo sé. Quiero pensar que yo no lo haría, pero solo tengo niños…

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