familia monoparental y adopción

Discutimos un tiempo atrás sobre el uso de la palabra abandono en las familias adoptivas. Un artículo que acaba de publicar Beatriz San Roman, llamado “De los hijos del corazón a los niños abandonados: la construcción de los orígenes en la adopción en España”, da una nueva perspectiva al uso (y quizás abuso) de este concepto en los discursos de adopción.

En este artículo, San Roman analiza “cómo se ha construido la noción de “los orígenes” en la adopción en España, desde el silenciamiento hasta la penetración de un discurso que considera al “abandono” como insoslayable en la trayectoria vital de toda persona adoptada y cuáles han sido sus implicaciones”.

Podéis leerlo entero en el PDF enlazado más arriba, pero aquí pongo un extracto que me parece que da mucha materia de discusión:

Los integrantes de la Junta Directiva de esta asociación [La voz de los Adoptados] asumieron desde el inicio el discurso del “abandono” en las conferencias que impartían. En octubre de 2009, al coincidir en Gijón con su presidente y vicepresidenta en las jornadas La atención de la infancia en tiempos de crisis, cuando les pregunté de qué trataría su ponencia, la respuesta fue rotunda: “De abandono, abandono y abandono”. También las asociaciones de familias adoptivas fueron incorporando el “discurso del abandono”, junto a la reivindicación de su papel de “familias terapéuticas” y de la necesidad de servicios profesionalizados de apoyo postadoptivo.

No obstante, no siempre quienes fueron adoptados/as se perciben –o construyen– como “abandonados”. En Facebook, donde existe una intensa interacción entre personas adoptadas –muchas de las cuales están en proceso de búsqueda de sus “orígenes”–, se produjo un cierto debate sobre la cuestión. Mientras algunas veían el abandono como un hecho insoslayable de su biografía, otras señalaban que lo que sentían era más bien una acuciante curiosidad por tener información sobre su familia de nacimiento.

En España, la difusión del “discurso del abandono” coincidió en el tiempo con el “descubrimiento” de que buena parte de los niños y niñas procedentes de la adopción transnacional no eran huérfanos, como se había creído. La versión española del artículo de E. Graff (2009) “Hijos de la mentira” causó una gran conmoción en los foros de Internet sobre adopción. Frente a la idea ampliamente extendida de que existía una “crisis mundial de huérfanos” en los países pobres para los que la adopción era la última oportunidad de vivir en familia, su autora ponía sobre la mesa no solo la existencia de madres (y padres) de nacimiento, sino también el hecho de que muchas de ellas se habían visto –o habían sido– obligadas a renunciar a sus hijos.

La idea de que “todo niño adoptado es un niño abandonado” que arrastra la “herida del abandono” ha ido ganando espacio hasta casi convertirse en hegemónica –en el sentido gramsciano del término–.

Frente al silencio sobre lo ocurrido antes de la adopción que caracterizaba los relatos de las familias adoptivas hasta hace poco tiempo, la noción de “abandono” supone, cuando menos, el reconocimiento de la etapa preadoptiva en las trayectorias vitales de las personas adoptadas. Los relatos de vida y entrevistas a personas adultas que fueron adoptadas en su infancia confirman que el modo en que “los orígenes” han sido tratados (o soslayados) en los relatos familiares suele ser fuente de inquietud y malestar. De una parte, la escasa o nula información sobre las razones que llevaron a la separación de la familia de nacimiento es, con frecuencia, vivida con angustia; de otra, muchas personas adoptadas afirman haber sentido una fuerte presión de su entorno familiar y social que les demandaba un sentimiento de agradecimiento hacia sus familias adoptivas y la obligación de compensarlas por “todo lo que han hecho por ti”.

En este sentido, el “discurso del abandono” resulta liberador tanto para las personas adoptadas como para sus familias adoptivas. Para las primeras, porque las recoloca –o construye– como víctimas indefensas –por tanto, pasivas– que arrastran de por vida unas heridas emocionales de las que ni ellas ni sus familias adoptivas son responsables. Para las segundas, porque les permite enfrentarse a las preguntas y dudas sobre la adopción y/o a los posibles problemas de sus hijos e hijas como a algo de cuya génesis son totalmente ajenos –en tanto que consecuencia inevitable de “sus orígenes”– y ante los que pueden asumir el papel de rescatadoras o “familias terapéuticas”.

El lugar en el que este discurso coloca a las familias de nacimiento es, en cambio, muy distinto. El uso de un verbo transitivo en su forma pasiva (“el niño adoptado es un niño abandonado”), remite de inmediato a la existencia de un sujeto abandonador. Los progenitores, en particular las madres –que tradicionalmente han permanecido “silentes, invisibilizadas y desconocidas” tanto en la adopción nacional como en la transnacional–, cobran así protagonismo como “perpetradoras del abandono” y, por ello, causantes de los problemas adaptativos y emocionales – “manifestaciones de las secuelas emocionales del abandono” de las personas adoptadas. De este modo, se naturaliza una concepción patriarcal de la maternidad, según la cual el embarazo (incluso cuando no hubiera sido deseado ni se hubiera dispuesto de métodos de planificación familiar para evitarlo) implica la obligatoriedad para la mujer de cuidar y amar a la criatura que dará a luz. El uso generalizado del término “abandono” engloba, como un acto de desamparo consciente y voluntario, una variada casuística en la que las mujeres son muchas veces objeto de una violencia simbólica, que las lleva primero a parir con independencia de la existencia o no de un proyecto de maternidad, y después a separarse de sus hijos o hijas.

Sin entrar a analizar la diversidad de razones por los que un niño o una niña son dados en adopción, la renuncia a un hijo o una hija podría ser también una forma de proveerles de los cuidados que necesitan y que, por las razones que fuere, la familia de nacimiento no está en disposición de proporcionar. En el caso de la adopción transnacional, hoy se sabe que, con frecuencia, las familias de origen se ven empujadas o forzadas a entregar a sus descendientes en razón de su pobreza. Al declarar a estos últimos abandonados, “el acto de quitar y exportar a los hijos e hijas de los pobres se logra normalizar como algo moralmente apropiado y beneficioso”.

La construcción de “los orígenes” como “abandono” –y la asunción de que este causa un impacto psicológico cuyas consecuencias perduran mucho después de la adopción–, desde mi punto de vista, se inscribe en lo que se ha denominado la “tendencia cerebro-céntrica” que invade la psicología y la cultura popular. La idea de que la separación de la madre tras el nacimiento conlleva una serie de secuelas (que se suponen grabadas en los circuitos cerebrales) elude el papel crucial de las prácticas discursivas en la conformación de subjetividades –y en la (re)producción de estructuras de poder y opresión–, al tiempo que reduce los malestares y problemas emocionales de las personas a simples desequilibrios neuroquímicos o defectos en los circuitos cerebrales.

Desde otra perspectiva, sugiero que, para las personas adoptadas, asumirse como víctimas del abandono puede inducirlas a desresponsabilizarse de aquellos aspectos de sí mismas que desearían fueran de otro modo, diluyendo su capacidad de agencia. Así se trasluce tanto en los discursos de los miembros más activos de la asociación La Voz de los Adoptados como en dos de las entrevistas a personas adoptadas, que mencionaron espontáneamente el abandono como una clave no ya de su historia, sino de su manera de ser o de sus dificultades en las relaciones interpersonales.

La antropología ha demostrado desde sus inicios, a través de la descripción y análisis de otras culturas, que el parentesco en tanto que reconocimiento social de una relación biogenética es una construcción cultural –no natural–y, por tanto, contingente.

Si en lugar de definir a las personas adoptadas como “víctimas” y de hablar de su experiencia como “abandono”, se hablara de “separación” (de sus primeras familias), tal vez se podría facilitar la reconciliación con “los orígenes”, no solo por parte de las personas adoptadas, sino también de (y con) las madres –y padres– de nacimiento, a cuyo silenciamiento y estigmatización sigue contribuyendo el “nuevo” discurso de la adopción en España. “Separación”, en tanto término neutro que describe un hecho –también– neutro, permitiría a las personas adoptadas incorporarlo como tal, es decir, como un hecho, en su relato autobiográfico y gestionar los posibles malestares derivados del mismo sin el dolor del rechazo (“¿por qué me abandonaron?”) ni el determinismo que le atribuye capacidad para incidir en sus circuitos cerebrales.

Anuncios

Comentarios en: "El abandono en el discurso sobre adopción" (64)

  1. Chapeau a este último paragrafo.Genial post.

    • ¿Verdad? Me pareció superinteresante cuando lo leí. Y el último párrafo, efectivamente, es muy revelador. Yo no voy a dejar de usar la palabra abandono cuando sea conveniente (soy de las que creen que el lenguaje no sólo crea realidades, sino que también las reconoce, las revela; la ausencia de determinadas palabras puede tener más peso que su uso), pero sí es cierto que en muchos casos voy a preferir “separación”, que me parece que no tiene las mismas connotaciones negativas.

  2. No se si es que estoy de lunes, pero no acabo de entenderlo. Abandonar y separar son conceptos diferentes. Sin duda que habrá niños separados de sus padres por mil una razón, por ejemplo cuando lo hacen las autoridades por malos tratos, por tenerlos abandonados (ya hay un abandono que no separación) ,… porque son arrancados de sus madres por la familia por los motivos culturales o económicos que sean… porque son presionados o engañados…
    Pero hay niñós que son abandonados, así de sencillo… en un portal, en un contenedor de basura, en un camino… a no ser que se vea la pobreza material o espiritual como elemento separador y causante del abandono no veo hay como usar separación.
    La separación en mi mente va unida con el retorno, con la posibilidad de juntarse de nuevo, como algo transitorio.

    Cuando no sabemos los porqués de nuestros hijos, quizás podamos emplear separar. Aunque a mi me suena a un eufemismo. Mi hija dice me abandonaron. Así los siente. Si empiezo a usar separar creo que solo lograría confundirla.

    Creo que está en nuestro trabajo que nuestros hijos encajen en su psique y su vida estos hechos. Víctimas, si lo son. Pero asumir lo que les pasó no implica caer en victimismo y mira soy así por que me abandonaron. Lo pasado pasado está. Creo que volveré a leerlo otra vez, porque no acabo de entenderlo.

    • Yo creo que hay algunos casos en las que la palabra abandono es ineludible: un niño como tú dices, abandonado en un portal, en un contenedor de basura, en una calle… Es un niño que ha sido abandonado. Pero, ¿lo es un niño de renuncia hospitalaria, por ejemplo? ¿Hay casos en los que la decisión de entregar en adopción puede ser una forma de proveer unos cuidados que la familia biológica no sabe o no puede dar? ¿Es un abandono cuando alguien -abuelos, novio, autoridades- ha forzado esta separación?

      Para mí no se trata de volver a convertir en tabú la palabra abandono: nosotros la usamos, y creo que tiene que estar ahí porque lo que no se nombra puede pesar mucho más que lo que se nombra, por negativo que esto parezca; pero me parece interesante el añadir esta otra palabra, separación, al abandono y la pérdida. Sobretodo para determinados casos de adopción… Aunque sin perder de vista que una separación puede ser (y es en muchos casos, no solo de adopción), una pérdida y algo que produce dolor…

  3. A mi el artículo me parece interesante como una llamada de atención. Hace años se obiaba el hecho de la adopcion, se consideraba que los niños adoptados eran igual que los biológicos, se les escondía su origen y se pensaba que no ocurría nada. Ahora en cambio parece que la adopción tenga que marcar la vida para siempre, que el hecho del abandono explique cualquier comportamiento de los niños adoptados. Yo soy de las que piensa que la adopción marca.. pero también me da miedo y creo que eso el artículo lo apunta y muy bien el victimismo que eso puede generar. No quiero que mi hija se escude en su adopción como excusa para ser víctima, para justificar problemas de relaciones. Cuando leo cosas de adoptados adultos a veces me parece que utilizan su adopción como explicativo de todos sus problemas… La adopción (que muchas veces implica abandono, pero también puede suponer renuncia por parte de la madre biológica y un esfuerzo para ofrecer una vida supuestamente mejor…) hace a mi hija diferente sin duda. Ha sido y será dolorosa para ella en muchas ocasiones, pero no quiero que el ser una niña abandonada (si es que así se le puede llamar) marque su identidad. Ella es muchas otras cosas por encima e eso. Creo que Beatriz San Román nos da un toque de atención a padres adoptivos e hijos adoptados. Si centramos nuestra visión de nuestros hijos en su abandono corremos el riesgo de convertirlos en víctimas y nosotros aunque no queramos en salvadores… Y eso no es así. Nuestros hijos son mucho más que eso y debemos ayudarles a construir su personalidad, su identidad más allá de esa idea. Ese es nuestro reto, sin obviar el dolor de la separación o el abandono (en algunos casos) ayudarles a no sentirse víctimas sinó protagonistas de su vida.

    • Pues sí. Yo no lo comparto al 100%, pero sí me parece material que da para pensar mucho… Que entre el “que afortunado eres, sé agradecido” y el “regodearse en la desgracia” tiene que haber puntos intermedios… si no para todos, si para algunos, que no todos tienen que identificarse con los discursos imperantes (sean cuáles sean en cada momento).

    • Yo estoy de acuerdo con María. Sin obviar las consecuencias que pueda tener la adopción, al final creo que debemos enseñar a nuestros hijos a que su vida es como es, con lo bueno y con lo malo.
      Y sobre todo, que no son culpables de lo malo que les haya pasado, pero sí han de ser responsables de cómo se comportan como adultos, y ahí creo que entramos nosotros como padres adoptivos. Ayudarles a entender a qué se pueden deber determinados comportamientos – y también ayudarles a evitar caer en aquellos que les dañen.
      A mí el papel de víctima no me gusta nada. Me parece que convierte al individuo en objeto pasivo. Creo que saber de qué o cómo se ha sido víctima de algo es la herramienta para no quedarse anclado en ello – y para ser autor de las propias decisiones.
      Siempre estuve de acuerdo con esta interpretación de Beatriz sobre el abandono. Mientras que hay niños que son realmente abandonados, y no hay otra forma de llamarlo, otros son entregados porque es una forma de proveer y de cuidar. Y tan peligroso me parece mentir sobre el abandono como sobre el significado de una entrega como forma de asegurar un futuro.

      • A mí me gustó mucho una frase de la psicóloga Maryorie Dantagnam, una de las responsables de Exil, sobre cómo enfocar el resto de nuestras vidas, aplicable a los adoptados y a casi todo el mundo: “Esto es lo que hay, vamos a ver lo más inteligente que podemos hacer con ello”.

        Sólo esto, lo que esta frase implica (la usemos o no) nos permite pasar de víctima a superviviente.

        Todos tenemos o podemos tener vivencias duras, que nos marquen, que nos determinen; pero lo que cuenta es lo que podemos hacer con ello, con lo que somos (a raíz de estas vivencias, y de otras muchas cosas). Pero también pienso que para poder llegar ahí, hay que haber elaborado nuestra propia historia. Y para esto, las palabras, poder construir nuestro propio relato, es fundamental. Y hay que darles todas las herramientas, y esto incluye todas las palabras: también la palabra “abandono” (y también, claro que sí, “separación”).

      • Sí, yo creo que para poder pasar de víctima a autor, de objeto pasivo a individuo activo, hace falta saber qué pasó, y eso incluye ponerle el nombre justo y certero, por duro que sea a veces.
        A veces pienso que culpabilizar todo al “abandono” se encuadra en esta infantilización que estamos viviendo de la sociedad, en la que tomamos poca responsabilidad sobre lo que hacemos nosotros, y sobre nuestros actos, para encontrar siempre alguien – ajeno, claro – a quien echar la “culpa”.

      • Sí, desde luego es un signo de los tiempos que vivimos… esta incapacidad para asumir nuestras responsabilidades – y por tanto, evitar la culpa, pero tampoco ser capaces de tomar las riendas de nuestras vidas…

  4. Para mi estos niños no deben ser considerados victimas, sino supervivientes, y eso tiene mucho valor. Para mi el abandono implica no importarte que le pasa o deja de pasar a lo que abandonas, pero creo que incluso los niños que son dejados al lado de un container, o en un portal de una casa, es dejado con la intención de que sea encontrado y puedan hacerse cargo de él. Aunque a veces las formas de dejar sean duras de digerir.

    • Yo creo que, si nuestro discurso es importante, escuchar lo que ellos sienten, lo que tienen que decir… no lo es menos…

      No estoy de acuerdo en que todos los niños son abandonados con la intención de que sean encontrados y cuidados… un niño abandonado en una bolsa de basura, dentro de un container; un niño de horas dejado al aire libre en una estación fría, en un sitio que no es de paso; un niño del que hay pruebas que lo han intentado matar; un niño que se ha retirado de la custodia de sus padres porque le maltrataban… no son la mayoría, pero estos casos existen, y sí, son muy duros de digerir, pero es su historia, y tienen derecho a ella.

      Sin embargo, creo que es importante no perder de vista que NO SABEMOS qué pasó; quién le dejó (asumimos que es la madre, pero, ¿y si alguien le aseguró que se ocupaba, que le dejaría a salvo, y luego no lo hizo?), y creo que esto también es importante transmitírselo.

      • Para mi, esa es la clave, en el fondo NO SABEMOS (la mayoría) que pasó y ahí reside la dificultad para eleborar esa historia que creo necesaria para nuestros hijos. Una separación existe pero la palabra abandono tiene un significado que puede no ser del todo acorde a su historia.

        Cuando hablo con mis hijos (aún son pequeños, 3 y 5 años) de por qué están conmigo suelo utilizar la frase “tu mamá de etiopia te dejó porque ella no te podía cuidar”, pero cada vez pienso más en que puedo estar equivocada, en realidad no sé la razón por la cual están conmigo. Creo que debo empezar a decir “no sé”.

      • Yo les digo “no sé” muchas veces… aunque sí sé muchas cosas, y las que sé las saben ellos también, considero que es su historia y tienen derecho a conocerlas. Pero si no sabemos, creo que no debemos inventar, ni interpretar: ni imaginar una entrega amorosa, ni un abandono sin sentimientos, ni un robo desgarrador…

      • Estoy de acuerdo, y otra cuestión si lo que sabes es incomprensible para un niño de 3 años y doloroso en el momento de empezar a comprenderlo, cómo abordarías la situación. Esperar a que madure, introducirlo en su historia ya como algo “normal”, que a veces sucede, no mencionar nada al respecto si no es imprescindible…….qué dificil.
        Gracias

      • Yo he optado por la segunda opción: ir contando lo que sé, adaptado a la edad, respondiendo a sus preguntas, sin mentiras y omisiones, desde el principio… lo cierto es que con mis hijos hemos hablado de cosas muy duras, a veces incluso con cierta crudeza; incluso con el pequeño, que a remolque del mayor, probablemente se ha adelantado a lo que habría querido saber si no lo hbiera tenido…

  5. Yo creo que es muy importante reconocer los sentimientos de nuestros hijos; sean los que sean. Y súper importante que los padres seamos capaces de reconocer que los tienen, aunque no los comenten (y, como ya he dicho, sean los que sean). Gracias por el post y sus links; estoy segura que me ayudarán a encontrar caminos para ir más allá en conversaciones con mi hija.

    • Estoy totalmente de acuerdo: reconocerlos, identificarles, validarlos… pero creo que contra lo que alerta el artículo es sobre el riesgo de transmitírselos… de, según qué discurso utilicemos, condicionar estas emociones que quizás no sentirían, o con las que no se sentirán identificados…

      • Por eso te doy las gracias. Yo no sé cómo se sentirá mi hija, pero por lo que sé en el futuro se podría sentir más identificada con la separación que con el abandono. El artículo puede ayudarme a mi, como ya he dicho, a encontrar mis propios caminos en mis conversaciones con ella (como mínimo mientras las inicie yo, cuando ella empiece tendré que escucharla…). Es difícil encontrar el camino entre las voces de se la ve muy bien y las del abandono. No sé si me explico, pero yo me entiendo 😉

      • Sí, es difícil. Y claro, es importante escucharles… pero para que hablen tienen que tener las palabras, las herramientas… y el diálogo… ¿y cómo dárselas sin “contaminar” su futuro discurso?

  6. Yo creo que no es posible (aunque se empeñen) hacer un discurso único sobre la adopción.
    Entiendo que cada adopción es única y cada situación es diferente. Yo tenho 2 hijos y, probablemnte puede ocurrir, que el discurso que me sirva para uno no me sirva para el otro.
    Quizás uno de ellos fue abandonado en un portal, otro fue dejado en el hospital nada más nacer, de otro le hayan retirado la turela a sus padres pos malos tratos y otro sea huérfano y no tenga ninguna familia que se haga cargo de él.
    ¿Qué tiene malo de malo usar la apalabra “abandono” cuando realmente el niño fue abandonado?
    Está claro que adopción no implica siempre que haya habido un “abandono” previo.
    Pero….eso es algo quye ya sabíamos todos, no?

    • A mí tampoco me sirve el mismo discurso para mis dos hijos: la palabra abandono, por ejemplo, juega un papel distinto en cada una de sus historias… sin embargo, lo cierto es que cada sociedad y cada época tiene unos discursos hegemónicos sobre los temas que aborda… y este texto analiza cómo han ido cambiando a lo largo de los tiempos. Y es muy interesante verlo negro sobre blanco, tanto si lo sabíamos como si no lo teníamos tan claro…

  7. Y tras leer de nuevo el último párrafo: ¿Cree la autora que usando la palabra “separación” nuestros hijos no van a sentir dolor?
    Creo que en vez de decir “Por qué me abandonaron?
    dirán ¿”¿Por qué me separaron de mis padres?”…
    Igual de doloroso…. o más.

    • Yo creo que doler duele igual… pero pone en otra posición a los actores que participan en la historia. Una separación de pareja no deja ser dura, incluso cuando una misma ha tomado la decisión y le alivia perder de vista la otra persona… pero hay una diferencia importante entre “me he separado” y “mi marido me ha abandonado”, entre ser una persona separada o abandonada… Creo que es algo parecido.

      (Steffi lo ha explicado bastante mejor en otra respuesta).

  8. Pues mi hija, cuando llegó, se sentía “separada” de su familia. Pero en esta separación había unos culpables que éramos nosotros y el representante de la Ecai que nos acompañó en todos los trámites. “Vosotros me separasteis de mi madre”. Ahora después de dos años y medio y varias lágrimas y crisis de ansiedad, se siente abandonada por su madre.

    Nosotros hemos intentado no influir en sus opiniones pero sí explicarle todo lo que buenamente podemos. Os puedo decir que las dos situaciones, la separación y el abandono, le producen un dolor brutal. Así que para mí la palabra separación también es negativa, quizás cambian los actores responsables, influencia de las ideas de mi niña, pero me produce el mismo dolor que el abandono.

    Yo sí creo que el abandono o la separación que vivieron nuestros hijos va a condicionar el resto de su vida y, aunque tampoco me gusta el victimismo, también su carácter y personalidad.

    • Bueno, es que yo creo que cuando a un niño se le saca de absolutamente ¡todo! lo que conoce para llevarlo a otra familia, otra lengua, otro país, otros olores, sonidos, paisajes… su sentimiento de separación es absolutamente real, porque es que se les separa de todo lo que les es familiar, sea bueno, malo, o regular. Esa separación es un hecho.

      Yo creo que absolutamente todas las circunstancias que llevan a una adopción, sea un abandono cruel, una retirada de custodia, un engaño, un maltrato o la extrema pobreza, todas, todas las circunstancias son duras, difíciles y dolorosas. ¡Jamás un niño llega a la adopción por una historia “bonita”!

      El artículo no va tanto de negar el abandono, o de negar la separación, como de convertir la palabra “abandono” en el único discurso adoptivo, en el único motivo que existe para que los niños lleguen al circuito adoptivo. Yo creo que sí es uno de ellos, pero no el único. Y claro que la separación también es dolorosa, ¡cómo no lo va a ser!

      Lo que pasa es que entre los padres adoptivos, el concepto de “madre abandonadora” es mucho más cómodo que el de “adoptantes separadores”. En el primero, ponemos la carga sobre la madre que deja, que no cuida, esa madre invisible, sin voz ni rostro, que “deja” y “abandona”. Ella es “la mala”, frente a los adoptantes que acogen y cuidan, los “buenos”.

      Pero si en vez de tan sólo de madres abandonadoras hablamos de adoptantes separadores… ayyyyy, ahí la cosa cambia, ahí los padres adoptivos ya no son rescatadores, sino causantes, y eso es mucho más difícil de gestionar a todos los niveles para los adoptantes.

      • Steffi como siempre poniendo el dedo en la llaga. Gracias

      • ¿Qué malos somos entonces los adoiptantes que “separamos” a nuestos hijos de su orfanato, de su vida sin familia, de su vida sin afecto y los separamos de una vida de malos tratos….?
        No lo comparto. No somos ángeles, ni los salvadores de la patria….pero no somos los causantes qde que nuestros hijos hayan sido adoptados (al menos en mi caso, no).

      • Muchos niños no llegan a la adopción desde el orfanato, desde los malos tratos, ni siquiera desde la carencia de familia… llegan porque la demanda que generamos las familias adoptantes crea estas siniestras figuras llamadas buscadores de niños que presionan a familias para sacar de ellas a niños que podrían seguir allí. Pasa ahora en países del Tercer Mundo, y ha pasado hasta hace relativamente poco en nacional. SIn duda, a estos niños se refería Steffi en su comentario.

    • Es que una separación también es dolorosa. Esto creo que no lo niega nadie. No es un intento de evitar el dolor (que es inevitable), es un intento de explicar la historia desde otro punto de vista… donde no sean siempre los “abandonadores” los culpables…

      • La verdad es que la respuesta de Steffi me ha hecho pensar. Entiendo que el dolor subsiste cambian un poco los “responsables” de ese sufrimiento. Lo que yo quería explicar es que mi hija ya “culpabilizó” a todas las partes, y yo creo que cambiando los responsables no sintió ningún alivio ni las cosas fueron diferentes para ella.

      • Es que al final, siendo los culpables quiénes sean, lo que está claro es que la única que no tuvo ningún poder de decisión es la criatura: es un sujeto pasivo, tanto si ha sido abandonado, como entregado, como robado (y las otras posibilidades que se nos ocurran). Desde este punto de vista, hablar de separación puede chirriar un poco: no tomó parte activa en ella, fueron otros los que se o le separaron…

        Aún así, pienso que está bien ofrecerles y manejar todas las palabras posibles, para darles un abanico donde escoger la que mejor les encaje.

  9. A mi me gustaría hacer también mi aportación a este tema que me toca muy de cerca, un familiar mio muy cercano y he vivido todo el proceso en primera línea, adoptó un niño, en su casa nunca se habló del tema de la adopción excepto en contadas ocasiones y solo le dijeron a su hijo adoptivo lo mínimo, si salía alguna vez el tema rápidamente se dejaba porque a mi tía no soportaba que se hablase de ello, lógicamente el niño veía las claras diferencias que había entre él y los que creía en principio sus padres, eso cuando era pequeño, mas adelante cuando estaba en la pubertad preguntó y solo le dijeron que su madre era una universitaria que lo dio en adopción, nunca supe si esto era verdad o mentira, solo se que a lo largo de la vida solo se habló de adopción en menos de media docena de veces en mas de 30 años y pico.

    Tengo que decir también que no se completó el proceso de adopción que mas bien es una pre-adopción hasta que el niño ya tenía cuatro o cinco años.

    Un día este niño ya hombre se entera de la verdadera historia de su adopción, y el shock fue tremendo, nada de lo que había pensado, por inducción mas bien, nada tenía que ver con la realidad, su madre era menor de edad y otros decidieron, cuando se supo de esta madre biológica y que lo estaba buscando es cuando hicieron la adopción plena, no fue abandonado, ni separado, fue otra cosa mucho peor, se lo quitaron por la fuerza, muchísimos años después se pudieron reunir y es cuando se supo la verdad, de pensar toda su vida que había sido abandonado, hacer mil cábalas, desde pensar que sería una prostituta o drogadicta o que no lo quiso por otros motivos a saber la realidad va un abismo.

    El considera a sus padres adoptivos como los verdaderos, sin embargo tiene verdadero pavor a que se enteren tanto en su familia como en su entorno de que su madre lo encontró, que también conoció a su padre biológico y a sus hermanos, tiene contacto fluido con su verdadera madre que por lo visto sufrió un calvario.

    Pesa mas en el ánimo de este chico el que dirán, el desconcierto, el no tener asentados sus sentimientos y sensaciones que otra cosa.

    No se si será capaz algún día ver con claridad la terrible historia que está detrás de su adopción, pero no es él solo, también hay muchos mas adoptados que están en el mismo caso, es tremendo sacar por la fuerza a un bebé de los brazos de su madre para que otras personas sean “felices” y lo entrecomillo por la sencilla razón que el velo del tabú, del que dirán, de los convencionalismos, etc….. hace que mucha gente cargue con un peso desde pequeño que no debería ser.

    Me viene a la memoria María Luisa Torres a la que le quitaron a su hija y pusieron que murió y también a Purificación Betegón que le quitaron unas gemelas, me viene al corazón lo que tuvo que pasar también Pilar, la hija de María Luis al saber que su madre no estaba muerta y que la buscaba, el shock tendrá que ser tremendo, muerta en el papel y resucitada a conveniencia para otra familia.

    No digo que todos los casos sean iguales, pero hay demasiados, eso solo hablando de España, por curiosidad he estado mirando en internet y he visto con un escalofrío la cantidad de historias, sobre todo descubiertas por los periodistas de casos parecidos en el extranjero.

    Yo no tengo hijos de momento, pero en caso que adoptara alguna vez, creo que primero investigaría a fondo la historia de mi futuro hijo, también he pensado que para querer a un niño, criarlo, darle todo mi amor y mi tiempo, darle los pilares básicos para su sostenimiento físico, moral, espiritual, no necesariamente se tiene que adoptar, también se puede ser madre de acogida, y no romper los lazos que le unan a un niño ni con su país, ni con su entorno, ni con su familia, se de muchos casos que han optado por el acogimiento en vez de la adopción y existen lazos afectivos y de trato con las familias biológicas, tienen dos madre y dos padres, para mi creo que sería lo correcto, a veces me pongo en la piel de las madre que por un motivo u otro no tienen a sus hijos y terminan siendo hijos de otros, me pongo en esa piel……….. y pienso ¿y si me hubiera pasado a mi? como estaría? que sentiría? y no me gusta sentir eso, la madre adoptiva no necesariamente tiene que ser la protagonista absoluta, la madre biológica no tiene que ser la antagonista y es el papel que se le ha dado siempre.

    Puede parecer por mis palabras y al no tener hijos que no le doy toda la razón de todo a las madres adoptivas, pero he vivido una situación tremenda y después de mucho esfuerzo y tiempo he llegado a entender y comprender que ambas madres y familias pueden coexistir en la vida de un adoptado, sobre todo si tiene madre biológica y el añadido de la familia biológica extensa que me consta que nunca jamas dejaron de pensar y buscar al miembro que le faltaba.

    El amor hacia los hijos no es patrimonio de nadie en exclusiva, el amor en resumidas cuentas es difícil de definir, que puede ser interpretado de manera altruista con muchas dosis de colaboración y compasión, de emociones positivas y otra egoísta basada en el interés individual y la rivalidad, donde se busca la propia satisfacción, vemos todos los días que muchas personas disfrazan su egoísmo con altruismo, es la hipocresía en la que solemos vivir sumergidos y en donde buscamos explicaciones que justifiquen nuestros hechos, actitudes y actos.

    Gracias por este blog en donde muchas veces he leído cosas muy interesantes y opiniones realmente impactantes tanto en un sentido como en otro. Espero que no malinterpreten mis palabras, son mis sentimientos que los comparto con ustedes.

    • Estás contando algo que ocurrió, lamentablemente, en hace más de 30 años, en los años ¨70. Hoy en día, al menos en España, en adocpión nacional, eso no ocurre.
      Para mí, eso que cuentas, no es una adopción, es una robo de un bebé y su posterior venta. No es adopción.

    • Está claro que tu visión de la adopción bebe en la dramática historia de tu familiar. Hay otras personas que han vivido cosas parecidas… pero no todas las adopciones son iguales, la realidad es mucho más compleja: no todos los niños adoptados son niños robados, muchos de ellos son niños a los que sus padres biológicos han renunciado o abandonado, o a los que las autoridades les han retirado la custodia porque no tenían suficiente capacidad parental…

      Cuando adoptas, raramente tienes tiempo de investigar nada a fondo antes de aceptar la asignación. Es importante hacerlo, por supuesto… pero no siempre lo puedes hacer antes. Porque no tienes tiempo, porque no tienes los datos suficientes, porque no tienes el acceso… Muchas personas que han rastreado su historia, o la de sus hijos, han tardado meses o años en ir tirando del hilo hasta encontrar la información cierta y contrastada…

      Efectivamente, no es necesario adoptar para querer a un hijo: se puede querer igualmente a un hijo “hecho en casa” 😉 o a un niño de acogida… pero la acogida y la adopción son procesos distintos que responden a necesidades distintas. El hecho de que un niño adoptado obtenga los apellidos de sus padres no es algo que se pensó, a priori, para fastidiarle, o para separarle de su familia de origen: se pensó para darle el mismo lugar en la familia que un hijo biológico, los mismos derechos (que hasta hace pocos años, no tenían). Lo que sí creo yo es que en una adopción debería tener lugar la familia biológica, toda la información posible, que no debería haber datos que no estuvieran al alcance de los adoptados, que incluso cuando no hay o no puede haber ninguna relación, la familia biológica tiene que tener un lugar “emocional”.

    • Yo, por desgracia, opino lo mismo que Itziar.
      Luz y la Madre de Marte hablan de que eso ocurrió en España en los años 70… pero yo apunto que exactamente eso es lo que está pasando hoy mismo en multitud de países en los que adoptamos. Aunque no haya estadísticas, yo creo que casi todos los niños que llegan a España a través de la adopción internacional tienen madres que hubieran querido mantenerlos a su lado pero no han podido hacerlo. Diría que en muchísimos casos (conozco unos cuantos), la persona “abandonadora” (en el contenedor, en el orfanato, el que entrega al “buscador”, el que decide la adoptabilidad cuando el niño ha sido dejado temporalmente en un albergue…) no es la madre natural, sino su entorno o las personas que tienen poder tanto sobre ella como sobre los niños (padres, maridos, servicios sociales…).
      Coincido con Beatriz San Román en recoger la absoluta injusticia que implica el uso de la palabra abandono para con las madres naturales de nuestros hijos. Ellas, muchas de ellas, son las primeras víctimas, antes de nuestros hijos. Y son de nuevo violentadas con el lenguaje que utiliza la adopción.
      El abandono no es una realidad en todos los casos, yo diría que es una realidad en los menos casos. Porque usualmente las madres maltratadoras, que negligen y abandonan, mantienen junto a sí a sus hijos, no renuncian a tener poder sobre ellos.
      La separación sí es una realidad en todos los casos. Esa es la palabra correcta. Luego, con la información que se tenga, se puede completar y detallar la idea. Pero si no se tiene información, es de una injusticia tremenda decirles a sus hijos que ellas los abandonaron.

      • Bueno, yo he dicho que sucedía en España en los 70 (y en los 80, y en los 90…)… y también que sucede ahora mismo en la AI en muchos lugares del mundo… en varias de las respuestas a esta entrada y en muchas otras entradas escritas antes… 😉

        Yo entiendo las dos posturas: entiendo lo que expone Beatriz San Román, pero entiendo también lo que exponen desde La Voz de los Adoptados… y quiero pensar, de hecho, que no son posiciones incompatibles… qeu se puede hablar de abandono y matizar, de pérdidas y matizar, de separación, y matizar… que todas estas palabras, todos estos conceptos, pueden y deben tener cabida en nuestros discursos. Y que en cualquier caso, no tenemos que negar jamás las emociones de nuestros hijos; ni si se sienten abandonados incluso aunque nosotros pensemos que no lo fueron, ni que se sientan a gusto con sus historias aunque nosotros creamos que deberían sentirse abandonados.

  10. Hay muchas formas de abandonar a un hijo. Unas pueden denotar falta de interés en su supervivencia como por ejemplo meterlo en un contenedor de basura o dejarlo en un almacén poco transitado. Otras sí pueden hacer ver que se busca que reciba cuidados o atención básica: dejarlo en el torno de la inclusa como antes, dejarlo en la puerta de una casa habitada o firmar una renuncia hospitalaria entre otras. Aquí estamos discutiendo sí el adoptado ha sido abandonado y para mi no cabe duda. Independientemente de como se haga, la voluntad de no seguir al lado de tu hijo existe. Incluso las retiradas de patria potestad implican un abandono (negligencias en el cuidado, maltrato). A mi no me parece que cuando los profesionales te hablan de abandono o los adoptados hablando de abandono, lo hagan desde la rabia. Los que se atreven a hacerlo han dado el paso de reconocer una historia y de no disfrazarla o edulcorarla que por lo que he visto es algo muy común, ya que el ser humano ante un problema tiende a quitarle importancia en lugar de a dársela y esto se extrapola a todos los ámbitos. Cuando nos cuenta alguien un problema cuantas veces pensando en que le animamos no le respondemos con frases que no le ayudan a entrar en elaborar su dolor y sus circunstancias, sino a evadirse de ellas?? Con los niños adoptados se ha hecho eso toda la vida. Es ahora cuando los profesionales nos lo señalan y nos aconsejan como hay que tratar este tema. Claro que para sentirnos cómodos usando esa palabra, antes hay que revisar nuestros prejuicios en torno a ella y por lo visto aún hay muchos…..

    • Bueno, además de los casos que tú expones, hay casos en los que no hay voluntad de separación por parte de la madre. Hablo, por ejemplo, de madres jóvenes y solteras en países donde no es bien visto que se tengan hijos fuera del matrimonio, y que aunque quieran “conservar” a su hijo, pueden encontrarse con unos padres, un hermano, un novio… que decide por ellos. Incluso aunque teóricamente tomen la decisión, pueden tomarla presionadas por su entorno… Lo cuál no quita que los hijos de estas mujeres puedan sentirse igual de abandonados que si ellas hubieran tenido intención de separarse…

      Yo creo que es importante reconocer las emociones y validarlas, sean cuáles sean. Pero creo que lo que dice el artículo no es esto; habla de cuando, con nuestro discurso unidireccional, inducimos unas emociones concretas… Cuando no dejamos espacio para que nuestros hijos se sientan de una manera distinta a la “oficial”. Durante años, se les ha dicho a los adoptados que tenían que ser felices, y agradecidos, que tenían que sentirse afortunados… no se les permitía sentirse abandonados, rabiosos, rencorosos, tristes, rotos… ahora, parece que sucede lo contrario, y si un adoptado no siente todo esto “está negando la realidad”… tan malo es un extremo como el otro.

      • Eso que tú dices lo pienso yo cada vez que salgo de una conferencia sobre adopción. El resumen de todas a las que voy y de la mayoría de los libros que leo (incluido el brutal “La herida primaria”), es vuestros hijos van a sufrir toda la vida, la carga emocional que llevan es imposible de superar, van a tener una pubertad difícilisima, van a ser adultos atormentados… Por favor, una tregua!!!

        Pues mi hija tendrá muchas dificultades, pero aspiro a que sea una mujer feliz, y no creo que eso sea negar la realidad.

      • Mira, yo no soy adoptada, así que no puedo ponerme exactamente en la piel de una persona adoptada. Pero sí tuve en mi infancia unas vivencias desgraciadas que me marcaron en muchos sentidos, han marcado decisiones que he tomado, formas de reaccionar que tengo, … parte de mi carácter… Puedo decirte que es algo que está ahí, que no desaparece por mucho tiempo que pase; pero que con tiempo, esfuerzo, trabajo… puedes colocar las cosas y tener una vida feliz, “normalizada” (si existe algo parecido), … colocarlo en un lugar donde no es que deje de doler, pero sí se convierte en algo manejable. Y eso espero que harán nuestros hijos y todas las personas que han tenido vivencias traumáticas en su infancia.

  11. Pues a mi me ha parecido un articulo muy interesante y que además me reconcilia conmigo misma que a veces casi me he visto obligada a tener que encajar utilizar la palabra “abandono” en nuestra historia cuando ni yo misma me la creo… Yo nunca he querido evitarla, ni mucho menos, pero tengo interiorizado un concepto de “abandono” que no reconozco en la historia de mi hijo… quizás esté equivocada.
    Es más que probable que tanto la palabra “abandono” como la palabra “separación” les causen dolor pero… ¿realmente es el mismo? Sí, puede ser de la misma intensidad pero ¿el MISMO?
    La cuestión está en el significado que cada uno le damos a la palabra “abandono” y las connotaciones que le atribuimos. Y no sólo eso, también hay que pensar en el significado y connotaciones que tenga para cualquier persona que se la “escupa” a la cara a nuestros hijos. Por eso creo que lo más importante es saber transmitirles su historia de la manera más fiel a la realidad que podamos o a lo que nosotros creemos que es la realidad.

    Es más, he ido al diccionario y he aquí lo que he leído:

    -Abandonar: Dejar, desamparar a alguien o algo.
    -Desamparar: Abandonar, dejar sin amparo ni favor a alguien o algo que lo pide o necesita.
    -Amparo: Acción y efecto de amparar o ampararse.
    -Amparar: Favorecer, proteger.

    Por lo tanto pregunto ¿un niño que es dejado directamente en una casa de acogida o es renunciado en el hospital a sabiendas de que se le encontrará una familia es un abandono? No se les deja sin protección, se les deja al cuidado de entidades competentes que a bien seguro los van a proteger ¿no?

    ¿Qué opináis?

    • Pues esto es lo que dice el artículo: que dar en adopción puede ser (en ocasiones; en otras no), una forma de dar amparo. No sé cuál es la historia de tu hijo, pero sí sé que en muchas historias de adopción, el abandono tal y como lo entendemos no se corresponde exactamente a lo que sucedió (otra cosa es si ellos pueden sentirse igualmente abandonados, que entiendo que sí); igual que en otros casos, por mucho que evitemos esta palabra, nos encontramos delante de abandonos en toda regla…

  12. Ah! Por cierto, yo no creo que no utilizar la palabra abandono como eje sobre el que gire la historia de nuestros hijos sea edulcorar la realidad. Yo no siento que edulcore nada, simplemente hablamos de la historia de mi hijo tal y como es, le explico lo que recuerdo y él lo que recuerda o lo que siente. También es cierto que mi hijo llegó con 6 años y sabe y recuerda perfectamente lo que pasó. Quizás pueda ponerle nombre él mismo cuando aprenda el significado de todas las palabras del diccionario.

    • Poer eso yo decía que en unos caso sí hay que usar la palabra “abandono”, aunque duela y sea duro…pero en otros casos no, simplemente porque no hubo abandono.
      Pero sí lo hubo, lo hubo….¿por qué evitar la palabra?
      ¿Por qué llamarlo “separación” cuando hubo un “abandono”?
      Cómo decia la peli”por qué lo llamas amor cuando quieres decir sexo? 😉

  13. La voz de los adoptados dijo:

    Hablar de abandono no evita que podamos reconciliarnos con nuestros orígenes. Nos reconciliamos precisamente cuando elaboramos el duelo por el abandono, y para poder hacerlo, debe ser reconocido por nosotros y por nuestro entorno. Una vez reconocido, podemos desmitificarlo.
    No culpamos a nuestra madre por ello ni asumimos un papel víctimista, simplemente reconocemos un hecho que ha ocurrido y empleamos para ello la palabra indicada. Hablar de abandono implica que existe un discurso y una historia previa a nuestra adopción, algo de lo que antes no se hablaba o si se hacía, se usaban eufemismos cuando nosotros si entendíamos de forma inconsciente que dar en adopción, firmar una renuncia a un hijo porque no quieres o no puedes cuidarle, es una forma de abandonarlo. Como consecuencia de ello, el niño queda desamparado, símil de abandonado. Decir esto no implica buscar culpables a nuestras “desgracias”, ni sentir o provocar odio o rencor hacia la familia de origen. Llamar a las cosas por su nombre y reconocer esta pérdida lleva a reconocerle al niño algo que él sabe que ha ocurrido y esto es lo que le permite la reconciliación de la que se habla en este texto.

    Con respecto a la herida que provoca, cierta y demostrada. Haber perdido (tu) toda conexión con la persona con la que estabas vinculado y sin la cual no podrías sobrevivir, marca. Crea un trauma que en ocasiones si interfiere en aspectos ordinarios de nuestra vida y que en nuestra asociación, de hecho, se está demostrando mediante nuestra participación en una investigación con técnica EMDR (una terapia orientada a tratar síntomas de estrés postraumático)
    Sentir abandono o usar la palabra, alude no como mucha gente cree, a dejar a un niño en la puerta de una iglesia y marcharse después, las connotaciones negativas que alguien quiera darle a esa palabra depende en gran medida de su educación y su experiencia. En esta asociación no se ha empleado nunca con un trasfondo de rabia, sino de paso previo necesario para que un niño necesite de otros nuevos padres. Implica voluntad o incapacidad de seguir ejerciendo o comenzar a ejercer una maternidad o paternidad y efectivamente en esa decisión nosotros como niños no estábamos implicados.
    Las irregularidades en la adopción no son un problema actual ni único de la adopción internacional. Ha existido siempre y en España también. En nuestra asociación hay adultos que fueron dados en adopción sin consentimiento de sus familias o sin voluntad por parte de ellas. Curiosamente hemos comprobado que estas personas presentan los mismos sentimientos que los niños que fueron entregados voluntariamente, así como ciertos comportamientos derivados de haber sufrido un abandono. Preferimos llamarlo separación? Parece ser prácticamente lo mismo, pero una separación puede ocurrir muchas veces por decisiones bilaterales, la toman ambas partes. Un abandono no.

    Nos resulta grato explicar en las charlas nuestras experiencias porque los padres que asisten a ellas encuentran siempre alguna similitud con algunas actitudes que tienen sus hijos y entendiendo de dónde vienen, pueden ayudarles mejor. Esto se nos ha manifestado así muchas veces y de hecho se nos sigue solicitando acudir a seminarios y conferencias, así como integrarnos en CORA (la coordinadora de asociaciones en defensa de la adopción y el acogimiento) propuesta que hace un tiempo ya aceptamos.
    Para no extendernos más, nos gustaría dejar este link donde precisamente se trata el tema del abandono en nuestro blog. Explica qué es y cómo se siente.

    [Esta entrada ha sido editada porque contenía un enlace que tenía virus. Cuando los integrantes de La Voz de los Adoptados consigan arreglarlo, volveremos a colgarlo para que todos los que estén interesados puedan leer el texto al que hace referencia]

    • Muchas gracias a La Voz de los Adoptados por darnos vuestro punto de vista. No sabéis qué importante es conocerlo para nosotros, los padres adoptantes.

    • Gracias por el enlace y por tu aportación. Yo creo que todos los padres adoptantes hemos aprendido mucho de los adultos adoptados que os habéis decidido a compartir experiencias, vivencias y emociones, por empezar a “oír” lo que tal vez sientan nuestros hijos y aún no saben expresar – o no quieren/pueden/saben compartirlo con nosotros, por miedo a hacernos daño, a que no les comprendamos…

      En cualquier caso, ni el artículo ni los comentarios posteriores (ni la entrada anterior del blog en la que hablamos de abandono) abogan por dejar de hablar de abandono. Sólo se habla de la posibilidad de que no sea el único discurso sobre el asunto: que pueda coexistir con otros discursos, y que, en conjunto, den una explicación más rica de la realidad.

      • Por cierto, no sé si es casualidad, pero al abrir el enlace se me ha cargado un virus que me ha dejado bien jodido el ordenador… revisadlo, por si acaso!!

  14. Quizá no se ha entendido que la palabra abandono hace referencia al sentimiento del niño, y como todos los sentimientos no son juzgables, este tampoco lo es. El hecho puede ser separación, pero el niño lo puede vivir perfectamente como abandono por la incapacidad de entender muchas situaciones sociales, y destacando sobretodo que los niños se responsabilizan en la mayoría de los casos de las experiencias que ocurren en su entorno, como una separación, así que lo que vive y siente de esa separación es perfectamente un abandono.

    • Claro, hay que distinguir entre el hecho (objetivo) y el sentimiento (subjetivo). Yo entiendo que lo que piensa la autora del texto (habría que preguntarle a ella) es que las palabras que usamos para definir el hecho objetivo pueden condicionar el sentimiento subjetivo.

  15. Sí….a mi también….se me llenó de “troyanos”.

    • La voz de los adoptados dijo:

      Sí, nos hemos dado cuenta pero no sabemos por qué. Cuando resolvamos el problema os avisaremos para que podáis consultar la entrada del blog. Gracias por vuestro interés. Un saludo.
      La voz de los adoptados.

  16. Gracias a tu comentario no abrí el enlace. Ya en FB pusieron una nota diciendo que el sitio estará fuera de servicio unos días.

  17. Hola a todos, discrepo en algunas de las cosas que comentan y también del artículo, yo soy adoptado, en mi experiencia y de primera mano diré que muchos adoptados crecemos en el convencimiento que nos abandonaron porque así nos lo han hecho creer desde pequeños, hay comentarios entre adultos que parece que los niños no oyen pero si que se enteran, posiblemente como me pasó a mi y a otros no entendamos del todo lo que se está diciendo, pero nos queda ese pozo que nos induce a pensar que fuimos abandonados, después cuando crecemos un poco preguntamos o investigamos a ver que era eso que oímos.

    No soy tan mayor y me tocaron unos estupendos padres adoptivos bastante modernos, el cariño es reciproco entre nosotros, pero por mas que se hayan esforzado en suavizar, comprender, entender, incluso por que no, modelar a un niño que no es suyo propio, con tanto pasteleo al final optamos por fingir que todo va bien para que no nos den mas la vara, parece ser que ya ni derecho tenemos los adoptados a estar tristes a veces, a pensar en nuestra biología, o mirarnos al espejo a ver que vemos, saltan todas las alarmas y a ver como solucionamos este problemas y lo erradicamos, pues no, también necesitamos tener nuestras gripes sin que nos estén agobiando todo el día con el mismo rollo.

    No es necesario hacer una tesis muy sesuda para saber que tenemos inestabilidades, accesos de ansiedad, a veces nos miramos en el espejo queriendo ver a nuestros verdaderos padres…………… hay un sin fin de cosas que les podría contar.

    No hablar de ello es tan malo como hablar en exceso, a veces y lo digo por una pareja amiga que adoptó, que la “obsesión” es que no se sientan abandonados, por mucho que hagan los padres, los psicoterapeutas y todos los discursos del mundo, nunca jamás vamos a dejar de sentirnos algo extraños con las personas que queremos que son los padres adoptivos, a veces se puede agobiar tanto a un adoptado con la buena intensión que se puede obtener el efecto contrario.

    Pienso que hemos pasado de no hablar nada del asunto a estar todo el tiempo dale que te pego con el abandono, los sentimientos, etc……….., en el fuero interno del adoptado y a no ser que sea una persona fría y rencorosa y haga objeto a sus biológicos del centro de sus frustraciones, como decía en el fuero interno del adoptado siempre tiene y tendrá ese hueco y siempre pensara que hubiera sido si……., si me hubiera criado con mi madre, si me hubieran tocado otros padres, también está la familia extensa como los tíos, primos, abuelos, etc………. por mucho que nos quieran siempre somos el invitado queramos verlo o no, parece que se ha puesto de moda dorar la píldora a los adoptados en todo, pues no señores, como adoptado que soy me canso de oír lo mismo una y otra vez, a propios y extraños, quizá con toda la buena voluntad del mundo pero no nos dejan olvidar un poco ni el abandono o ahora la nueva palabrita y concepto de separación, que al fin y a la postres parece que estamos en la era de disfrazar las cosas.

    Una vez leí en un escrito de una madre biológica, ahora no me viene a la cabeza el nombre de la mujer, que decía “ningún adoptado sabrá nunca la verdad hasta que no encuentre su biología sea la madre, el padre o el abuelo, mientras todo son cábalas y desazones y por mas explicaciones que se quieran dar sobre el asunto de la adopción de cada uno, no se estará seguro de que fue y como fue” yo estoy de acuerdo con eso, los afortunados que encuentran descansan, retoman su vida y la enriquecen los que se atreven metiendo en ellas también a la familia biológica, que de ninguna manera es una traición para la madre adoptiva, es el complemento, lo que pasa es que la mayoría de los adoptados entre los que no, repito, no me incluyo, piensan que traicionan a los padres adoptivos si se muestra interés por los biológicos, no es una traición, es simplemente acercarse y conocer, a veces sale bien y otras no, pero muchas veces no sale bien precisamente por eso, por el sentimiento de deslealtad que muchos padres adoptivos de manera subliminal insertan en nuestras cabezas, hay muchas maneras de hacerlo sin palabras, pueden ser suspiros, preocupación, exceso de ánimo, preguntas y mas preguntas de como fue, que sentiste……… déjennos un poquito en paz para que procesemos nuestras cosas que tenemos el derecho de experimentar nuestros sentimientos sin tener que dar cuenta y triturar cada uno de ellos, unos encuentran tremendas historias como la que contó Itziar mas arriba, otros encuentran que realmente cedieron a la adopción por diversos motivos y raramente, pongamos que de cada 1000 uno apareció en la puerta de una iglesia o en un contenedor, y digo pongamos uno de cada 1000 porque no tengo las cifras exactas, aunque hice hace un tiempo una recopilación de todas las noticias que han salido en los últimos 40 años hasta nuestros días y en los periódicos de tirada nacional mas importantes que siempre se hacen eco de estas cosas, en total si acaso encontré unos 25 o 30 casos ¡¡en cuarenta años!!, hacer esto me llevó muchísimos meses.

    Como me he desviado del tema, hay de todo, pero la mayoría son niños o bien sustraídos a sus madres o bien depositados en las casas cunas o maternidades por problemática diversa que necesitan provisionalmente un techo, comida y los cuidados mas elementales hasta que su familia salga adelante y pueda recuperaros, sin olvidar que existe la familia extensa y que parece que son invisibles, lamentablemente las instituciones, que no olvidemos que están compuestas de personas, son las que han pasado a sustraer a muchos menores de sus familias sin motivos reales, hemos pasado a la caza y captura de niños cuanto mas pequeños mejor, eso si, cumpliendo la reglamentación y la ley, que no digo que sean todos, pero si una gran mayoría, en esta vida hay motivos para todos y cuando se carecen de ellos se buscan, aquí, en las Antípodas y en Alaska, pongo estos sitios para no nombrar los mas famosos por las adopciones y que nadie se sienta ofendido o aludido.

    Yo solo tengo 26 años y soy trabajador social de un centro relacionado con menores, creo que elegí esta carrera porque ya iba abocado a ella desde prácticamente mi nacimiento, trabajo en una provincia del centro del país y no les voy a contar cosas, pero si les digo que hay múltiples excusas para que un niño, ya tenga un día o un año o cinco años, para que las instituciones lo separen de su familia biológica, cuando digo múltiples excusas incluyo que aunque no hayan motivos o sean leves, depende de como trates a tus interlocutores, puedes inducir unas u otras actitudes, sabemos todos que cuando nos tocan la fibra podemos hasta perder los nervios, espero haberme explicado lo suficiente sin entrar en mas detalles. A buen entendedor con pocas palabras basta.

    También se ha creado un negocio muy rentable con los adoptados, terapias, asesoramiento, emociones……….. una larga lista de “problemas” que aunque no digo que sean leves, han dado pie a crear cientos y cientos de “ong” para adoptados y con ong me refiero a entendidos en la materia miles, grupos, grupitos y grupúsculos, que todos tienen la verdad y que todos quieren aconsejar, todos saben de que hablan y la mayoría de las veces es palabrería y rizar el rizo.a fin de seguir abundando, ahondando y por cerrar y cicatrizar una herida a veces la hacemos supurar mas de la cuenta y no se normaliza lo que de por si debería ser normal.

    Animo y cuando adopten asegúrense bien que ese niño o niña no tiene familia, leí mas arriba que a veces llevan años investigar los datos de los hijos que tienen, labor de ustedes es exigir a las entidades que les proveen de sus hijos las máximas garantías y documentación, no se conformen con lo que les dicen, exijan, cuando encuentren anomalías depuren responsabilidades, y si tardan mas tiempo mala suerte, lo importante es que un niño no sea separado de su familia de origen, que solo los que realmente lo necesiten sean adoptados, muchas veces adoptan niños salidos de la pobreza…….. ni tiene la culpa de haber nacido en un país pobre ese niño, ni tiene culpa la madre por ser pobre, un acto altruista sería ayudar a esas madres a conservar a sus hijos si nosotros no fuésemos tan egoístas que aún sabiendo que una madre se tuvo que desprender de ese hijo para que viviera mejor. entramos en la rueda.

    • “Déjennos un poquito en paz!” Qué interesante! Me encantó leerte, Azcona, y también me desasosiega.

    • Gracias por este punto de vista, como adoptado y como trabajador social. Aporta muchas cosas. Queda claro algo que hemos dicho en más de una ocasión: muchas veces, a nuestros hijos, no podemos hacer más que acompañarlos… que no es poco.

      REspecto al último párrafo, creo que no se ha entendido bien, cuando digo que se tarda años (o meses, aunque sea) en descubrir la verdad, no quiero decir que vayamos a tardar más en adoptar (creo que todos estaremos de acuerdo en que este es un mal menor). Quiero decir que esta búsqueda, que puede ser exitosa o no, casi nunca se puede hacer más que a posteriori, cuando ya has adoptado al niño; negarte a aceptar una asignación hasta descubrir si su historia es real, no permitiría a la criatura quedarse con su familia biológica, sino que le condenaría a una temporada aún más larga en un orfanato… Con esto no quiero decir que no haya que averiguar, que no haya que pararse si se tienen las más mínimas dudas de estar frente a una situación irregular: quiero decir que no es tan fácil.

      • Perdona que te haga esta pregunta y por ende al resto, ¿que pasaría si averiguando que pasó con tu hijo o hija al cabo de cuatro o cinco años o diez años encuentras que realmente fue sustraído, secuestrado a su madre que lo busca y lo reclama? ¿lo devolverían a su familia? ¿se negarían a ello? ¿como le explicarían a ese hijo adoptivo que su madre lo busca y quiere que vuelva con ella? ¿como le explicarían que no lo devuelven si este es el caso y viceversa? ¿Se han echo alguna vez esta pregunta?

      • Pues yo sí me la he hecho… y no tengo la respuesta nada clara. Sólo sé que no le negaría la verdad ni la posibilidad de relacionarse con su familia (tampoco si su historia fuera cualquier otro caso, claro).

        Yo soy de las que rastreé las historias de mis hijos y sé seguro que no estoy ante este caso, pero tampoco se me escapa que podría haber sido así.

    • Hola, Azcona: llevo días queriendo contestar la durísima pregunta que lanzaste al aire pero parece que han tenido qeu llegar las vacaciones para poder hacerlo.Sinceramente, yo no sé qué haría. Es más: cuando busqué a la madre de mi hija, creo que no me paré a pensar de verdad qué pasaría si la historia hubiera resultado ser falsa. En cualquier caso, sé qué no le habría negado su historia, ni la relación con su familia. De hecho, estoy intentando que esta relación exista, aunque sólo son ellas – mi hiija y su madre – quienes marcarán cuál será.
      Conozco el caso de una madre adoptiva que se encontró con que su hija etíope había sido entregada en adopción con engaños cuando contactó con la madre. Le ofreció que su hija volviera con ella, y enviarles dinero cada mes, pero la madre prefirió que esa chica siguiera viviendo en Occidente. Desde entonces, han ido de vuelta al país en una o dos ocasiones.
      Supongo que no hay solucion buena en estos casos. Como mucho, una que sea la menos mala, o una de consenso. Pero no hay salida buena…

  18. Alejandra dijo:

    He leído por casualidad esta entrada y me gustaría compartir una información relativa a mi historia como adoptada y como adulta que ahora soy. Actualmente y por diversas razones acudo a una psicóloga, una de las cosas que trabajo con ella es precisamente el sentimiento de abandono. Ella me contó que muchos padres que llevan a sus hijos pequeños a hacer terapia con ella, les inhiben el uso de la palabra abandono para expresar sus emociones y cuando ella se queda sola con el niño, éste lo primero que le pregunta es: ¿¿por que me abandonaron???

    Pensando en este resumen del artículo, vuestros comentarios y tras hablarlo con mi psicóloga, considero que ese pensamiento nos sale solo porque es innato… es lo que sentimos aunque no nos lo hayan explicado nunca así en nuestras casas…

    A mi jamás me dijeron que me habían abandonado ni que mi madre no había podido cuidarme pero estaba dentro de mí y lo descubrí con esta psicóloga siendo ya adulta… Fue mucho, mucho pero mucho dolor y hoy al hablar de este tema con ella empecé a llorar y me dolía el pecho… Sentí que mi yo de pequeña sufría porque le negué durante mucho tiempo a esa niña que la habían abandonado. Yo me decía a mi misma que no me habían abandonado y era mentira… Lo estaba tapando…

    A mí no me dejaron tirada en la calle. Después de incapacitar a mi madre judicialmente para cuidarme, buscaron familiares míos que quisieran tenerme y mi tío firmó los papeles para que me dieran en adopción, él no podía cuidarme y el resto de familia no quiso…

    Entonces según este blog ¿ahora significa que me separaron de mi familia? por favor, eso es un abandono aquí y en todo el mundo…

    Voy leyendo los comentarios que hace la gente y en uno pone que cuando te dejan en una institución no es abandono porque al niño le cuidarían, le darían de comer y le buscarían otra familia… ¿Quiere decir que a mí, que me dejaron en un orfanato, no me abandonaron porque me dejaron con alguien que se haría cargo de mi? Lo leo y no me lo puedo creer!!

    • Desde luego, mis hijos usan espontáneamente la palabra “abandono” (abandonado, ¿me abandonaron?, etc), igual que usan espontáneamente expresiones como “madre de verdad” (refiriéndose a la madre biológica). Yo también creo que es algo que “sale”… Jamás les he dicho que no fueron abandonados, lo que hago es explicarles lo que sé de su historia. Creo que las conclusiones tienen que sacarlas ellos (y yo les dejo espacio para hacerlo, o lo procuro).

    • Bueno, no se si te refieres a mí en tu comentario respecto a lo que es o no un abandono. Yo me limito a leer el significado estricto de la palabra “abandono” pues mi concepto de abandono ha sido siempre algo distinto de lo que desde que tengo a mi hijo y leo y me informo, he tenido. Por eso expongo la pregunta y veo cómo se siente un hijo adoptado (mediante los comentarios que aquí hacéis). Yo nunca evito ninguna palabra, jamás edulcoro ninguna realidad e intento escuchar a mi hijo, acompañarle, darle las respuestas que me pide y dejar que él también tome parte activa en la comprensión de su historia.
      Hace pocas semanas mi hijo me preguntó “Mamá, ¿a mi me abandonaron?” Me quedé un poco parada pero intenté contestarle sin negarlo, intenté hacerle pensar y entender lo que pasó en su caso. Tampoco le di respuestas que no sé, sólo lo que sé. Pero en ese momento me vi en la obligación de explicarle lo máximo que pudiera (y hacerlo siempre) para que él pueda asimilar y comprender su historia de la mejor manera posible y sobretodo para que cuando alguien le diga “A ti te abandonaron” (fue eso lo que le dijo un compañero del cole) pueda responder construyendo él mismo su respuesta y su sentimiento al respecto… yo no puedo decirle cómo se tiene que sentir ni qué tiene que contestar pero está claro que quizás en algún momento, cuando eso vuelva a ocurrir, quiera hacerlo. Pero ni siquiera una madre con la mejor intención y con todo el amor tiene todas las respuestas ni todas las herramientas para que no sufran. Sufrirán por esa cuestión, lo harán sin remedio, y yo intentaré hacer el mejor papel de madre adoptiva que pueda… pero no puedo hacer más porque “sólo” soy su madre adoptiva.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: