familia monoparental y adopción

Archivo para abril, 2013

Reflexiones de una adolescente adoptada

En una polémica entrada publicada unos días atrás, intervino Isabela, una adolescente adoptada transracial, que hizo una de las intervenciones más interesantes que he leído en mucho tiempo.

Ningún punto del texto tiene desperdicio, pero reconozco que me tocó especialmente esta llamada a que dejemos de analizarlos, de tratarlos como bichos en un microscopio… seguramente porque yo soy muy dada a desmenuzarlo todo, y esto incluye a mis hijos hasta donde se dejan. Tendré que aprender a respetar que haya partes de su vida que no quieran compartir conmigo, como me sucedió a mí respecto a mis padres.

Soy adoptada, no soy blanca, he venido de otro país, tengo 16 años, me adoptaron con pocos meses, no digo que país porque eso da igual, soy española por adopción, mi verdadera nacionalidad es otra.

Tengo unos buenos padres adoptivos, los quiero, pero también quiero en mi mente y en mi corazón a mis padres biológicos aunque no sepa quienes son, en mi casa se habla con toda naturalidad, la misma que dicen ustedes que hacen en las suyas, de mi adopción, de mi país y de todo, sin embargo hay muchas cosas que quedan silenciadas. No sé cómo reaccionarían mis padres adoptivos si supieran que quiero a mis padres y deseo con toda mi alma encontrarlos, eso no quiere decir que no quiera a mis padres adoptivos que también los quiero mucho, no me gusta que me analicen todo, hasta mis sentimientos que parece ser puedan ser irracionales, lo digo por todo lo que he leído en este blog, mucha gente está mas despistada que un pulpo en un garage, todos hasta los que no lo dicen tienen siempre en la mente a sus padres pero nos callamos porque siempre parece que estamos debajo del microscopio de la clase de química.

Los silencios y las cosas de las que no se hablan están en mi interior, igual que están en el interior de otros adoptados con los que me relaciono, No son ocultaciones, es mi privacidad desde pequeña, no todo lo tengo que compartir por obligación con mis padres adoptivos y además aunque se lo explicara no lo entenderían y lo mas probable es que se devanaran los sesos intentando buscar una respuesta o darme ese tipo de abrazos que deben de ser algo así como dar consuelo y que muchas veces no tengo ganas de recibir pero hay que acceder para que no empiecen a buscar motivos inexistentes y me mareen mas.

Parezco mas adulta de lo que soy, no en mi físico pero sí en mi interior, me he hecho mas adulta que mis amigos y compañeros de colegio a la fuerza, tengo dos amigos adoptados y les pasa igual.

Toda la información que no me han dado mis padres adoptivos al igual que toda la información que ustedes mismos no les dan a sus hijos adoptivos por motivos de edad por ejemplo o porque consideran que no están preparados para recibir, la he buscado y la buscan otros por Internet, o hablando con colegas………., pero nos enteramos, yo empecé a buscar con diez años.

Sé de los  raptos de niños, de los  orfanatos, de las adopciones interraciales…….. sé muchas cosas, cuando cumpla 18 años iré a buscar a mis padres, sé que mis padres adoptivos querrán involucrarse, ayudarme……… dejaré que lo hagan pero hasta un límite, porque entonces pienso que si están presente en todo no voy a poder hacer, decir y conocer siendo yo misma, porque sé que les haría daño y no quiero, así que después de mucho pensarlo y lo he  hablado con mis amigos, uno tiene 15 años y el otro la misma edad que yo, creemos que es mejor hacer una parte del camino sola para no tener que estar.

No me importa que sean muy pobres, ellos no eligieron serlo y yo tampoco pude elegir nacer pobre, cuando voy al colegio miro a la gente que parece que no tiene casa, pienso siempre en los hijos de esas personas, cuando veo a una mujer que parece enferma o lo que sea, pienso en sus hijos, en mi país podría ser yo, parece ser que siempre es mejor criarse en una familia que tenga dinero para llenar la nevera todos los días pero eso no es importante, un compañero mío dice que hubiera preferido seguir viviendo en el orfanato de su país estando mas  cerca de su familia que sí lo iba a ver, se acuerda mucho de su abuelita y de su hermano mayor, yo no tengo esos  recuerdos y me da mucha rabia ¿por qué siempre el dinero es mas importante? Envidio mucho a los hijos biológicos porque ellos saben que sus padres no son lo único que tienen.

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Rehacer tu vida

Al hilo de lo que comentábamos en una entrada sobre mujeres solas, unos días atrás, me dio por pensar que vivimos en una sociedad que ha cambiado mucho en pocos años… pero que buena parte de estos cambios están sólo en la superficie, son cosméticos: las corrientes profundas siguen siendo las de siempre.

Y que una demostración de ello es una frase que oí algunas veces al cabo de un tiempo de prudencial de separarme.

¿Ya has rehecho tu vida?

Me la dijeron poco, es cierto, porque la gente me conoce, y lo agradecí, porque me parece horrible como frase y como concepto: la vida sin pareja es una vida deshecha, sólo tienes una vida completa (hecha) cuando vuelves a estar en pareja… como si la soledad, la soltería mejor dicho, porque puedes vivir en pareja y estar muy solo, y vivir solo y estar muy acompañado, fuera una “vida a medias”…

…o cuánto menos, un “estado transitorio”…

Yo sí tuve que rehacer mi vida, después de separarme, pero rehacer mi vida no tuvo nada que ver con emparejarme de nuevo. Tuvo que ver con recuperar mis espacios; con recuperar mis amigos, olvidados en favor de los amigos de mi ex; con recuperar mi agenda, y perder el miedo a llamar a alguien para preguntarle si le apetecía hacer algo esa noche; con perder la pereza a maquillarme y arreglarme para salir por la noche en vez de tirarme al sofá con una película y un bol de palomitas (y agradecer más tarde haberlo hecho); con saber disfrutar de tirarme a ver la tele con un bol de palomitas; con volver a aprender a hacer amigos nuevos; con volver a aprender a vivir conmigo misma; con parar y mirar hacia adentro, y preguntarme por qué había estado tantos años en un lugar donde no era feliz, por qué había renunciado a tanto sin que ni siquiera me lo pidieran.

Con hacer un duelo por los años malgastados.

Con decidir que no iba a renunciar a nada de todo lo ganado, palmo a palmo, con esfuerzo, que no iba a volver a dejar el timón de mi vida en las manos de otra persona, que no iba a volver a dejar entrar en mi vida alguien que me hiciera pequeña.

Esto que tan bien retrata esta canción que N. me ha hecho llegar:

Y lo conseguí. Tras años, lágrimas, dudas, miedos, decisiones, conseguí rehacer mi vida, una vida que me gustaba, con mis hijos, mis amigos, mis libros, mis viajes, mis planes, mis expectativas…

…una vida en la que no había lugar para el amor, precisamente por miedo a no saber cuál era el paso que había que medir si volvía a encontrar a alguien, como cantaba Pedro Guerra.

Hasta que llegó N., que había hecho el mismo camino que yo, y me di cuenta de que podíamos tenerlo todo.

Que no necesitaba a nadie que llenara mi vida, que la completara. Pero que me encantaba haber encontrado a alguien con quién pudiera compartirla.

¿Increíble, verdad?

Una madre nunca lo haría

B. y A. vuelven del colegio con V., 7 años, adoptado a los pocos meses de nacer en nacional.

V.: ¿Sabes que encontraron a un bebé tirado en la basura? Tenía el hilo este del ombligo…

Yo: ¿El cordón umbilical?

V. Sí, este… y le habían dado un golpe en la cabeza y estaba muerto.

Yo: Tremendo. ¿Qué crees que pasó?

V.: No lo sé… pero seguro que no fue su madre: una madre nunca haría algo así después de haberle tenido 9 meses en la barriga.

A.: Igual la madre ya no lo quería…

V.: ¡No lo habría matado!, lo habría llevado a un hospital, o a un centro…

B.: Igual fue un malo que se lo robó a la madre y lo mató y lo tiró a la basura…

Entonces, ven un perro y se acercan a acariciarlo, y el tema se extingue.

Leemos

Leemos para saber que no estamos solos.

Escribimos para esto, igualmente. También este blog.

Feliz Día del Libro.

(La foto, que robé  de M. en FB, es de una pequeña librería en Addis Abeba. También allí hoy celebran Sant Jordi).

Lo que ganamos

Hace 2 años y medio escribí sobre las pérdidas que representó la maternidad (volví sobre ello hace unos días). Sin embargo, quedó pendiente una entrada sobre lo que había ganado… curioso que fuera más fácil ver las pérdidas que las ganancias, que las hay y muchas.

Quizás ha hecho falta algo más de perspectiva – y esto sólo lo da el tiempo – para ser capaz de verlas.

Poder compartir con ellos las películas, los libros, las historias… que te marcaron de pequeña

Recuperar las canciones de tu infancia desde el primer acorde al último, como por arte de magia…

Las mañanas de los domingos amontonados en mi cama.

Volver a jugar como una criatura en la playa: rebozarse en arena, saltar olas, hacer castillos, buscar conchas.

Volver a ver el mundo con ojos de niño… la inocencia, la fascinación por todo lo nuevo.

Las risas sin fin.

Las frases brillantes, las conversaciones delirantes.

Su particular manera de ver las cosas.

El contacto físico, la ternura, las cosquillas.

Cómo los hijos te anclan más al lugar donde vives: participas en la comunidad, conoces a más vecinos, saludas a la gente por la calle porque los conoces del parque, tejes redes de apoyo…

Cómo te obliga a predicar con el ejemplo en todos y cada uno de los momentos de tu vida.

La sacudida que le da a todo lo que eres, a tus valores, a tus creencias.

Cómo te permite crecer y convertirte en mejor persona (porque saca lo mejor de ti, y lo peor… y te da opción a cambiarlo).

Cómo aprendes sin esfuerzo a distinguir lo importante de lo accesorio.

Cómo aprendes / empiezas a cuidarte más, en lo físico y lo psicológico, para poder responder, para estar muchos años, para estar a la altura.

Perder la vergüenza de bailar delante de gente (aunque se quede en el petit-comité de la familia).

Que te conecten con la niña que fuiste (y que puedas consolarla de lo que le dolió).

¿Es pedir demasiado?

Antton Zabala, adoptado adulto, ha escrito este texto sobre la diferente manera en la que tratamos los lazos familiares en caso de adopción que en ausencia de esta. Me pareció muy interesante y le pedí permiso para publicarlo aquí.

Cuando una pareja con hijos se rompe todos estamos de acuerdo al decir que lo más importante para que el sufrimiento de los niños sea mínimo es que se siga trabajando una cordial armonía entre los padres. Una madre nunca debería hablar mal de un padre y viceversa. Se crean espacios compartidos para que los niños disfruten de ambas compañías de manera plena, incluso cuando los padres rehacen lazos afectivos creando nuevas familias con diferentes compañer@s nadie pone ni esta máxima en duda ni el grito en el cielo. Nadie.Resulta chocante comprobar lo fácil que esta sociedad moderna en la que vivimos ha aprendido a asimilar la existencia de parejas que viven con hijos de distintos matrimonios. Resulta chocante comprobar la naturalidad con la que estos matrimonios hablan de la procedencia de sus hijos no biológicos y de sus verdaderos padres o madres… Chocante si, chocante…

… Y es chocante porque si nos ponemos a comparar con hijos adoptados la máxima de proteger el sufrimiento de los pequeños debería ser igual y no lo es. ¿Acaso no necesitarían los hijos adoptados el mismo contacto entre su familia biológica y su familia adoptiva?, ¿acaso no sería bueno que existiera la misma naturalidad al hablarlo?, ¿acaso no necesitarían mantener su identidad?… A ningún padre divorciado le he visto cambiar el nombre de origen de su hijo porque a su nueva pareja no le guste o le resulte de pronunciación complicada… ¿Sienten miedo de perder a sus hijos los padres que saben que viven con otras figuras paternas? Tal vez sí pero tienen que aprender a gestionarlo por el bienestar de sus hijos…

Me gustaría que esta sociedad supiera aceptar ciertas cosas con la misma naturalidad que ha aceptado muchas otras. ¿Es pedir demasiado?…

Recuperando terreno

Hace 2 años y medio escribí una entrada sobre las cosas que había perdido con la maternidad. No eran pocas, y muchas me dolían más de lo que es políticamente correcto reconocer.

Ahora, B. está a punto de cumplir 9 años y A. tiene 5 y medio, y aunque aún hay cosas que echo de menos de mi vida sin hijos, sí me doy cuenta de que hemos ido recuperando terreno.

Sigue siendo difícil trasnochar, cambiar los horarios de comida y de dormir (o hacerlo sin pagar precios que todavía son altos), pero ya podemos improvisar, tomar decisiones sobre la marcha y cambiar de planes sin que sea una tragedia.

Los niños duermen de vez en cuando en casa de amigos, y esto da a las noches libres una dimensión que antes no tenían: sin el agobio de estar pagando canguro o de ir a ser despertada a primera hora de la madrugada.

Tienen vida social propia y esto me regala, de vez en cuando, una tarde libre, un día con uno solo de ellos y hasta un fin de semana entero de vida de persona adulta.

Las caminatas siguen sin ser tan largas como me pide el cuerpo… pero en bici se llega bastante lejos, que tampoco está tan mal.

He vuelto a hacer siestas. Cuando estoy en casa no tengo que estar pendiente todo el rato de ellos, y puedo echarme en el sofá, leer o hablar por teléfono.

Empezamos a ver exposiciones, siendo conscientes de los límites que marcan sus edades; el cine ya no se limita a las sesiones de dibujos animados.

Tenemos conversaciones cada día más interesantes. Más que las que tengo con algunos adultos.

Siempre supe que esa intensidad de los primeros años de maternidad era una fase, y esto me consolaba; pero a la vez, me resultaba muy difícil entender desde lo emocional que iba a terminarse…

…y hasta iba a echarlo de menos.

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