familia monoparental y adopción

Sacado de la Página de Facebook Estrategias Educativas

En los últimos años, cuando un niño presenta dificultades se tiende a catalogarlo en lugar de interrogarse por lo que le pasa. Se utiliza el DSM IV (manual de trastornos mentales) como un catálogo en el que todo niño puede ser ubicado.

Y en lugar de pensar por qué se porta mal en clase, se lo clasifica como ADHD (trastorno de comportamiento) o como ODD (trastorno oposicionista desafiante); o bien si un niño llora permanentemente se dice que es un trastorno bipolar. Pero nadie se pregunta qué le pasa a ese niño, en ese momento y por qué se porta mal o por qué llora; qué pasa en esa familia y en esa escuela y qué cuestiones de época están jugando.

Un niño es alguien muy diferente a un síndrome. Y debe ser pensado como lo que es: un sujeto en estructuración, en crecimiento y cuya estructuración y crecimiento se dan en relación con un contexto familiar y social.

En ese sentido, todo niño merece ser pensado desde la complejidad: desde su historia, desde los vínculos familiares y desde la sociedad de la que forma parte. Así, que algunas patologías se repitan en este momento no es casual ni implica una especie de epidemia de trastornos neurológicos, sino que vivimos en un mundo que promueve ciertos funcionamientos.
Considero que los adultos estamos “desbordados” por el ritmo de vida que llevamos, por las exigencias de un mundo acelerado y que, por consiguiente, hay menos espacio para tolerar las demandas infantiles.

A la vez, me parece que se les suele otorgar a los niños un lugar de mucho poder. Hay una idealización de la infancia y la adolescencia que lleva a que se suponga que los niños son los que lo pueden todo, mientras que la adultez es una etapa difícil. En lugar de prometerles un futuro en el que van a poder lo que ahora no pueden, se les transmite que pueden ahora aquello que después no podrán. Esto los lleva a un funcionamiento de poco respeto de las diferencias, a estados de angustia que se manifiestan a través de un exceso de movimiento, a dificultades con las normas. E insisto: a los adultos nos cuesta sostenernos como tales.

Beatriz Janín

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Comentarios en: "No a los niños catalogados" (16)

  1. me tranquiliza el último párrafo…no soy la única que piensa así! jajaja
    A veces me acomplejo de ser demasiado autoritaria y veo que otros padres evitan tantas peleas con “si el niño no quiere…”.

  2. es que me he quedado a medias porque iba con prisa…
    “se les suele otorgar a los niños un lugar de mucho poder….” y como tantos padres “delegan” en sus hij@s cosas que a mi no me parecen…como elegir la ropa q se ponen y compran con 3-4 años, retrasae la hora de acostarlos porque el niño dice que no tiene sueño, que elijan el menú de cada día, que no se abrochen en el coche porque les incomoda…y yo con tantísimas cosas soy tan intransigent jajaja

    • Yo entiendo que se refiere en lo simbólico, no al poder real: que se les dice que son capaces de hacerlo todo (no que tienen permiso para hacerlo todo).

      Aunque estoy de acuerdo en que en muchas familias se les otorga este poder real, que son los niños los que marcan los ritmos y toman muchas decisiones… y esto sin duda, no es sólo perjudicial para la familia, para los adultos, sino también para los niños: no están preparados para asumir una responsabilidad como esta, ¿cómo no van a estar trastornados?

      Yo soy flexible en muchas cosas, e inflexible en otras: sobretodo las que se refieren a la seguridad suya y de los demás, y a las que se refieren a su encaje en el mundo, a no molestar. Soy inflexible en que se levanten en el autobús si hay una persona mayor, en que vayan correctamente atados en el coche (¡faltaría más!), en que no peguen o insulten, en que no jueguen con fuego o con un cuchillo… en cambio, no me importa que escojan su ropa (dentro de la que hay en el armario) siempre y cuando sea limpia, adecuada al tiempo que hace y a la actividad a realizar, y lo hagan en un tiempo razonable. No escogen el menú, pero a veces se puede negociar (ensalada en vez de verdura… y la verdura al día siguiente).

      Creo que cada familia tiene su derecho a decidir qué límites marca, en qué cosas se pelea y cuáles no… pero me resulta muy difícil entender que haya padres y madres que dicen, con tono resignado, que su hijo “no comparte las patatas porque no quiere” (esto tampoco se contempla en mi casa), o “que suerte que el tuyo va sentado en el carrito, el mío no quiere” (al mío no le pregunto)… o que digan “no se juega con un vaso de cristal”, pero no hagan nada cuando el niño lo coge, juega con él… y termina rompiéndolo.

  3. Lo más difícil, creo yo, es que cuando el ninyo es consciente de su poder ante sus padres, resulta casi imposible negarle nada.
    En china a los hijOs únicos les llaman “pequenyos emperadores”, son obesos, déspotas e insoportables.

    Los padres seguimos queriendo a nuestros hijos, pero ?les estamos educando?

    Creo que es más fácil cuando hay hermanos. Cuando se tiene un solo hijo me parece mucho más difícil negar. Cuando se tienen dos o tres, es imposible ceder a todo lo que quieren todos y de manera natural se impone un “te aguantas”.

    • Supongo que es inegable el hecho de que tener hermanos, en principio, invita a compartir en muchos aspectos. Pero el tema de negar es otro, creo. Si una persona tiene claro que no se puede conceder todo, intentará educar a su(s) hijo(s) en consecuencia. No sé… yo hay momentos en que le daría todo en relación a algo que me parece adecuado (y siempre dentro de lo que puedo, por supuesto) a mi hija, però si en algún momento sucumbo enseguida se me vuelve en contra porqué quiere más si es de su agrado o lo rechaza si no le mola. Y las dos cosas las hace sin prestar atención a lo que tiene delante. Creo que lo mejor es dosifiar tanto para disfrutar como para no rechazar. Quizás lo presento de manera muy simplista, pero lo veo así.

      • Sí, pero esto que en un hijo único hay que pensar, y medir, cuando hay varios “sale” de forma natural, no hay que planificarlo. Simplemente, no suele haber de todo para todos todo el tiempo. Y no me refiero sólo a cosas materiales, que también; desde adaptarse al plan de otro, ceder el turno en el baño, colaborar de una manera más activa en las tareas de casa… ocuparse de los hermanos pequeños, hacer caso de los mayores… son una serie de aprendizajes que en esta sociedad de hijos únicos se están perdiendo.

        Tuvimos una discusión muy interesante el respecto aquí: https://madredemarte.wordpress.com/2011/08/27/su-unico-hijo-2/

    • Estoy de acuerdo, el hijo único tiene mucho que ver (aquí y en China) con el hecho de que los niños se conviertan en pequeños emperadores. Incluso en las familias donde no se les da todo, que las hay, y muchas, un hijo único recibe todo lo que se da: no tiene que compartir, esperar, renunciar, … en favor de sus iguales.

  4. A mi me cuesta entender que se hable de un manual de transtornos mentales en una página de estrategias educativas. Sé que es un manual muy controvertido; al fin y al cabo la psiquiatria debe ser la especialización médica más controvertida. Però creo que un manual médico, por controvertido que sea, no debería ser tan popular como parece en un entorno educativo, y menos para catalogar a los niños. Un diagnóstico médico debe realizarlo un médico. Suficientes errores hay (en medicina y en todas partes, somos humanos) como para ponernos todos en un terreno para el que no estamos formados.

    • Estos días hablaba con una madre cuyo hijo parece que tiene comportamientos que no le hacen “cómodo” para sus maestros (no sé los detalles). No me atrevería a decir que no se adapta a la escuela… creo que son las escuelas las que no se adaptan a los niños… Bueno, el caso, es que el pediatra recomienda que repita curso… y la escuela recomienda uqe le mediquen. ¿No es una barbaridad? Pero lo cierto es que muchos niños con o sin diagnóstico de TDAH, acertado o incorrecto, son medicados… porque las familias no soportan la presión del colegio. Y me resulta difícil de entender.

    • Mi hijo es un niño muy enégico, muy vital…Cuando está feliz no para quieto y lo considero normal, porque es muy pequeño y está aprendiendo a controlarse. Controlar las emociones, nuestras primeras reacciones casi automáticas, no es tarea fácil, si no siempre lo consiguen los adultos, ¿cómo podemos esperar que lo haga un niño que no ha cumplido los tres años?.
      Sin embargo, mi niño, es un niño obediente, bastante fácil de convencer con otra cosa, un niño que incluso a veces me asombra con su capacidad de esperar. También se que mi hijo tiene la capacidad de atención propia de la edad así que no tengo ninguna duda al respecto: mi hijo no es hiperactivo. Por eso en el parque, cuando no para de subir y bajar, ir y venir, o cuando corre como un cohete calle abajo, siempre hay alguien que -con supuesta complicidad- me dice cosas del tipo “menuda pieza” “vaya bicho” o esa palabra “hiperactivo” que tanto se escucha en colegios y parques. No os podéis imaginar la rabia que me da eso… Sobre todo porque mi hijo lo escucha. Yo siempre replico en voz muy alta, que están equivocados, que mi niño es SUPER bueno. Y esa es la verdad.
      En cuanto a la educación, al menos con niños pequeños, yo creo que hay que fijar unas cuantas cosas, pocas, en las que no se puede ceder y otras en las que se puede ser más tolerante. Si a todo les decimos que NO…al final es inevitable que se salten normas justamente como si les dijesemos que SI a todo lo que piden. Quiero decir que no hay que evitarles la frustración a toda costa pero tampoco someterles a una excesiva. NO se si me explico…
      Por ejemplo, con mi hijo, una cosa que me da rabia es que me pida algo de mala manera, aunque sea algo que no me cuesta nada darle, como un vaso de zumo o un juguete de la estantería. Entonces le he enseñado que las cosas se piden sonriendo, le dijo “así no se piden las cosas” y el inmediatamente saca la sonrisa. El consigue lo que quiere y yo le enseño algo, intento encontrar un punto medio entre el SI y el NO.
      Otras veces ese punto medio no existe y esas veces el NO es NO “y punto”, como dice mi sobrina.

      • A mí me lo han dicho más de una vez de mis hijos, “son hiperactivos”, y yo siempre respondo que no, que son activos, o sea niños. Niños normales.

        Una amiga, cuando le preguntan si su hijo es un trasto, dice siempre: pues a veces. Y otras veces es tranquilo, y otras veces, obediente, y otras veces respondón… los niños no son solo una cosa, ¿no?

      • Más de 40 anyos después, mi madre recuerda con mucho dolor cuando, subiendo en el ascensor, un vecino le preguntó a mi hermano “?y tú qué eres bueno o malo?” y mi hermano le respondió “malo”.
        Mis hijos son niynos, los mayores bastante dóciles, el pequenyo terrible porque ha “nacido para el drama” y además tiene un GRAN carácter. Pero siempre a los tres les insisto en que son buenos y en que todos nos equivocamos.
        Yo también creo que les afecta muchísimo lo que escuchan sobre sí mismos. Lo malo es que no sabemos lo que escuchan cuando no estamos delante. Por mi hija, se comentarios que su profesora hace sobre un ninyo de clase y me dan ganas de ir y despellejar a la profesora! (resulta que yo era “buena” pero también tenía un gran carácter )

      • Sí, hay muchas cosas que reciben, de adultos (profesores, monitores, incluso gente de la calle), de otros niños… que van haciéndoles mella… ¡Que difícil sustraerte a lo que te dicen que eres, a los mandatos de los que te educan!

  5. Yo no lo veo esto. Vamos, será que somos muchos y todo va por turnos de forma reglada y aburrida, el que se desviste antes se baña antes, al que está sentado con su plato y sus cubiertos antes, se le sirve la comida un momento antes, etc. Desde luego en mi casa eso no es así, es una democracia peeeeero yo soy el presidente de gobierno. Ni siquiera considero que mis hijos tengan “demandas”, tienen necesidades de jugar, de actividad física, pero ¿demandas? ¿Hablan de hijos únicos siempre o qué? Sinceramente no lo entiendo.

    • Bueno, sí, es posible que no piensen en familias con más de un hijo (o incluso dos, pero “razonablemente” espaciados, y con dos adultos atendiéndolos).

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