familia monoparental y adopción

Fiesta

Tendría 8 años, cuando en la verbena del pueblo d e mis abuelos, mi madre decidió que teníamos que aprender a tirar piulas.

Nos pusimos todos en fila a una distancia prudencial de la hoguera, y ella nos iba encendiendo las piulas, que arrojábamos lejos cuando empezaban a chispear.

Teníamos 12 años.

Ahorrábamos durante semanas para comprar petardos, habíamos perdido el miedo, y nos atrevíamos a dejarlos junto a los pies (nos protegíamos con el zapato), y los más osados, incluso a sujetarlos con las manos (una leyenda urbana decía que J. se atrevía a sujetarlos con la boca; pero yo nunca lo vi). No sólo comprábamos piulas, entonces… también chinos, tracas, cohetes de los que te dan un tirón cuando los sujetas, y los que no estallaban, los pisábamos y los partíamos por la mitad para verlos girar en el suelo.

Llevábamos mechas, como los mayores, y nos encantaba tirarlos por sorpresa a los adultos que bailaban la música de la Orquestra Platería bajo los farolillos que pacientemente habíamos colgado aquella tarde.

Probábamos el cava, y esa noche, nos íbamos a dormir casi cuando salía el sol.

Teníamos 17 años.

La noche de San Juan era una de las que menos me gustaban para salir. Porque salía todo el mundo, incluso los que no salían nunca, y parecía obligatorio trasnochar más, emborracharte más y divertirte más que cualquier otra noche.

Pero, ¿cómo quedarse en casa?

Quien por San Juan sanjuanea, por marzo marcea, que dice el refranero… pero no recuerdo haber ligado nunca en la noche más corta del año.

Cuando llegaron los niños, dejé de celebrar San Juan. Quizás subíamos un rato a casa de los vecinos, pero trasnochar, cambiar hábitos y horarios… nos pasaban una factura demasiado grande. A dormir a la hora de siempre y a oír los petardos desde la ventana.

Anoche volvimos a celebrar un San Juan como el de mi infancia.

En una verbena de barrio, con hogueras y carne a la brasa, diablos, tambores, música en directo y muchos petardos.

Pensé que los mayores tenían ya edad para empezar a tirar petardos, y que más valía que fuera yo quién les enseñara a hacerlo. Así que B., C. y A. se pusieron en fila a distancia prudencial de la hoguera, para que les encendiera las piulas con la mecha.

También hubo bengalas, cohetes de los que te golpean el dedo cuando dan el tirón, y hasta un par de fuentes de colores. Y cebolletas para el pequeño. P.

Volvimos bastante pasada la medianoche, cansados y algo borrachos del olor a pólvora, y hasta conseguimos ver la luna llena, que dicen que es la más grande de este año que está siendo tan mágico.

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Comentarios en: "Fiesta" (6)

  1. Una fiesta, definitivamente. Da gusto leerte, también definitivamente :-)…

  2. Y qué continúe la magia!

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