familia monoparental y adopción

Le robo a R. este texto, autobiográfico, que ella oyó leer a su autora en un congreso de adopción de hace algunos años. Explica muy bien lo que es crecer sin familia, tutelado por el estado.

Como vivió A. durante los dos primeros años de su vida.

Estar internado es:

Acceder al desmembramiento familiar, a la ceguera social, al despojo de derechos personalísimos.

A la segregación familiar y social, a la exclusión, a la crueldad y al sadismo adulto.

A la discriminación, a la indiferencia, a la anomia.

A la desesperanza parental, al abandono agravado por la injusticia.

A la mortalidad infantil por sustracción de amor maternal.

A las desavenencias afectivas, a la victimización.

Ser blanco de maltrato físico y psicológico por pares y representantes institucionales.

Tener acceso a la violencia contra los demás, a la ansiedad paranoide, a la culpa.

A la depresión, a la enfermedad, a la locura, a la ignorancia, a la desprotección, a la violación física y psíquica, al hospitalismo.

Tener frío, quedarse con hambre, orinarse de miedo, enfermar el corazón de pena.

Desear abrazos, caricias, ternura, amor, juguetes.

Desear ropa de particular y calzado como los chicos en libertad.

Llenarse de vergüenza y resquemor ante la mirada ajena. Resentirse, odiar, gritar por dentro y enmudecer por fuera.

Esperar el golpe, la oscuridad, el encierro patológico, la muerte.

Desear tener un hogar como los de los chicos que se ven jugando a través de las rejas.

Desear caminar libremente de la mano de mamá y papá.

Estar internado es compartir promiscuidad, soledad, incertidumbre e impotencia.

Enfermarse, sentirse diferente y no querido.

Apenarse, arrebujarse, ovillarse, bloquear la mirada, la mente y los sentidos.

Perder el rancho, la casa, el barrio, la escuela, los amigos, los hermanos, los primos, los vecinos, los tíos, los abuelos, lo que queda de los papás.

Esperar los fines de semana una visita o una salida. Extrañar, apagarse.

Anhelar el paquete de galletitas, el alfajor, las naranjas o las figuritas.

Esperar minuto a minuto un llamado telefónico que justifique las ausencias familiares.

Desgarrarse por dentro.

Buscar en cada cara, en cada sonrisa, en cada mirada a alguien querido y a quien querer.

A quien no temer.

En quien reposar.

Un hombro para llorar sin ser humillado.

Convivir con el temor de no salir nunca más, con purgar en el infierno quien sabe qué pecados.
Con el temor a la fuga, a sus consecuencias y al vacío detrás de ésta..

Estar internado es sentirse rechazado, señalado y agredido por la estatura, el color de piel y posición social por parte de los “grandes”. O ni siquiera es ser mirado, ni existir.

Es odiar a los chicos que tienen.

Es odiarse por no tener.

Es convencerse de estar encerrado para recibir y por siempre obtener el justo merecido por la maldad interior.

Desear morir por lo que se vive, por lo que se ve, por lo que se escucha; porque las noches y los días se alargan y se sufre, y se llora.

Saber en lo profundo del alma, que nunca fue deseado, amado, y que nadie lo hará jamás.

Desear no haber nacido, renunciar a la vida, al amor, al futuro.

Desear volver a la panza de mamá.

Del libro “La Internación de Menores como privación de libertad”, escrito por la psicóloga Ana María Dubaniewicz.

 

P.D: Después de darle a publicar a esta entrada, leo la escalofriante noticia de que unos padres han entregado a sus hijos al Ayuntamiento de Talavera de la Reina por no poder mantenerlos. Los niños, dos bebés de 11 y 22 meses, estaban bien cuidados, bien nutridos, y aparentemente felices.

No puedo evitar preguntarme si con el dinero que cuesta mantener a estos niños en un centro de menores, no se les podría haber ayudado a quedarse con sus padres; y también si es sintomático, el inicio de un gigante retroceso que nos devolverá a los tiempos de las inclusas y el auxilio social que tan bien retrató Carlos Giménez en los álbumes gráficos “Paracuellos”, cuyas imágenes ilustran esa entrada y que recomiendo a cualquiera que quiera sentir en propia piel lo que es ser un menor institucionalizado.

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Comentarios en: "¿Cómo es ser un menor institucionalizado?" (26)

  1. Qué brutal! Mi hija puede hablar de los meses que pasó en la casa de acogida. Tenía 5 años, es consciente y es exactamente así como se sintió.

    • Mi hijo no tiene recuerdos conscientes, ni tenía lenguaje para hablar de ello cuando ocurrió. Sin embargo, yo estuve allí, le fui a visitar mañana y tarde durante 4 semanas, todos los días, vi cómo vivían, cómo les trataban, cómo se relacionaban entre ellos… y me hago una idea bastante precisa.

  2. Horroroso. Cruel. Eso no es vida…

  3. Duele! Mi hijo hace cinco meses que está conmigo. Ha estado institucionalizado 7 años. Es alegre y muy muy positivo, pero empieza a contarme cosas …

    • Es una buena noticia que os cuente cosas… igual ya lo hacéis, pero por si acaso: no olvidéis apuntarlas, con el tiempo las olvidará o difuminará, y vosotros también; plasmarlas en papel (o en vídeo, lo que sea), servirá para crearle una memoria externa que le puede venir muy bien en el futuro.

  4. Escalofriante noticia. No sabía absolutamente nada (llevo desconectada muchos días de la red). El otro día reflexionábamos sobre las secuelas en aquellos niños que sus padres sí quieren, sí saben, pero no pueden cuidarles… muy diferentes de las de aquellos cuyos padres no saben, no quieren y no pueden cuidarles. Ufff, qué noticia más dolorosa por favor.

    • Niños cuyos padres quieren, saben, pero no pueden cuidarles (o incluso sí pueden, pero creen, o les convencen, de que el futuro de sus hijos será mejor en familias y países con más posibles), son muchos de los niños que llegan desde Etiopía. Y a mí me parece un auténtico drama (sí, y también pensar que con mucho menos dinero de lo que nos cuesta la adopción, estos niños podrían haberse quedado con su familia, y tener estudios, alimentación, … un futuro tan digno como el que pueden tener aquí).

    • Acabo de oír en la radio más detalles de la historia: el padre ha perdido la ayuda de 400 euros; la madre está enferma del corazón. Fueron pidiendo ayuda a varias ONGs, sin éxito, y finalmente, llegaron a la comandancia de la Guardia Civil de Talavera de la Reina. Les mandaron al Ayuntamiento, donde les dijeron que tenían que dejar a sus hijos.

      Se fueron a Madrid, para seguir buscando ayuda, y allí recibieron una llamada diciendo que se tenían que personar en un juzgado de Talavera por el delito de abandono. Inmediatamente fueron a una Comisaría, donde contaron su historia y les dieron algo de comer (llevaban días sin hacerlo), les dejaron ir en libertad condicional. Su abogado de oficio les ha dejado dormir en su casa esta noche. A ver si el hecho de que se haya hecho pública la historia sirve para que les ayuden a conservar a sus hijos…

  5. Es impresionante las consecuencias que puede tener la institucionalizacion en el desarrollo de un menor, y a pesar de que los educadores pueden hacer algo al respecto al ofrecerles una relacion afectiva significativa a los niños, se oponen rotundamente, desconfian de ellos, tienen pocas expectativas, debido al comportamiento (normalmente problematico) de los niños, mismo que se genera precisamente por esto, no tener “para quien” portarse bien.. Me toco trabajar en una Casa Hogar y a pesar de que el trato hacia los niños era bueno y respetuoso, nunca se puede sustituir a la familia.

    • Yo lo que recuerdo de mi estancia en la crèche de A. es que las cuidadoras eran competentes, cariñosas y buenas, pero a) tenían demasiados niños a su cargo; y b) la mayoría de esos niños pasaba poco tiempo en la crèche (afortunadamente) y vincularse a ellos para perderlos después era tan doloroso que a menudo ponían ciertas barreras.

      En ese sentido, creo que fue una suerte que mi hijo tuviera un problema físico que seguramente les hizo pensar que no sería dado en adopción, y esto les permitió bajar estas barreras y darse permiso para quererlo. Si eso, seguramente estaría mucho peor de lo que está.

      • Si, el establecer ese lazo afectivo con alguna persona significativa los puede “salvar” de muchas cosas, lo importante seria instruir a estos educadores para propicien esta relación de una manera sana tanto para ellos como para los niños.

      • Desde luego… aunque creo que a menudo se propicia todo lo contrario, hay orfanatos donde se aparta a los niños de sus cuidadores de referencia si se decide que están demasiado vinculados…

  6. Sigo creyendo que la adopción es la menos mala de todas las soluciones para niños que sufren abandono, negligencia, malos tratos… con o sin contacto con la familia biológica… según cada caso o cada niño. David es amigo de mi hija. y desde que nació, junto a sus cuatro hermanos, ha entredado y salido de centros de acogida infinidad de veces… su mdre está bien a casa, su madre está con brote psicótico al piso de acogida… NO ES VIDA, no se la merece. Su hermano mayor, 19 años, ya no entra en el programa así que anda perdido, buscandose la vida… ¿cuántos casos hay así? Pero el peso de la sangre es muy grande, según parece a legisladores y sociedad en general.

    • Por supuesto. La adopción o un acogimiento lo más definitivo posible, en cualquier caso, CRECER EN UNA FAMILIA. Quizás si la madre del amigo de tu hija hubiera podido ver crecer a sus hijos en otra familia, sin perder el contacto, le habría sido más fácil renunciar a ellos…

      • No. La madre los quiere con ella. Los manipula. Los necesita para muuuchas cosas. HA recibido todo tipo de apoyo, ayudas pero No los suelta. Su familia acoge cuando puede acoge a alguno de ellos. Pero al pequeño de diez años, nadie. La madre JAMAS permitirá que sus hijos se alejen de ella. Y los niños son los que llaman a la institución pidiendo ayuda. pero su madre es su madre…

      • Que situación tan complicada… Claro, los niños se sienten leales a su madre… pero algún adulto capaz debería tomar las decisiones ahí…

    • Creo, además, que esta idea (ningún niño debería crecer en un centro, ni siquiera vivir temporalmente en él), debería aplicarse a algunos de los países de origen de nuestros hijos (pienso en el país de mi hijo mayor, Etiopía), donde muchos niños son sacados de las familias (que sí pueden y quieren cuidarles) para entrar en el circuito de la adopción internacional…

  7. Gaby Andrade dijo:

    Hola!! Te leo desde México, me encanta tu blog y no sabes como me has inspirado….no vivo la historia de una adopción, sin embargo, siempre he cuestionado porque no en México los trámites para las familias que quieren adoptar a un niño/a son tan engorrosos o tan difíciles….lei el articulo y termine llorando, porque no puedo dejar de pensar en lo mucho que sufren, en todo lo que viven y en todo lo que eso les afecta….pero mas me duele que quien tiene en sus manos (la autoridad) el poder de hacer un cambio, no lo haga. Te felicito por la forma en la que escribes y por todo lo que transmites. Gaby Andrade

    • A mí no me parece mal que los trámites sean complejos siempre y cuando seamos los padres los que esperamos y no los niños. Hay que asegurarse que los padres seremos capaces de ahijarnos a niños que llevan una mochila por sus vivencias que no siempre es fácil de llevar, que podemos ser padres terapéuticos, y sobretodo, que estos niños no están en riesgo de ser reabandonados.

    • El problema, para mí, no es que los trámites para las familias sean lentos, engorrosos y difíciles. Sino que lo son en extremo para los menores antes de ser “adoptables”, y nadie repara en ello. Con el agravante de que los niños desamparados están en una situación de vulnerabilidad tremenda y no tienen dinero para pagar abogados, para acelerar los paseos de expedientes, no pueden defenderse ante el abuso o la negligencia, no tienen voz ni voto en su futuro, etc.

      En la adopción hay dos cosas horribles:

      Una, que son principalmente las familias que no pueden tener hijos biológicos por “vías normales” las que se ofrecen como adoptantes. Y estas familias “traumatizadas” quieren tener una experiencia de paternidad lo más parecida posible a la paternidad biológica con la que soñaban (es decir, de niños pequeños y sanos, quizá incluso físicamente similares).

      Y la segunda es que la capacidad de resolver la situación jurídica de los niños abandonados está en manos de la burocracia más mezquina, lenta y negligente que imaginarse pueda (a veces, yo creo, con un tinte muy patológico de sadismo). Esa burocracia, que además tiene pocos recursos de todo tipo, suele dejar crecer institucionalizados a los niños, de forma que muy pocos menores finalmente son adoptables cumpliendo aún el perfil deseado por los adoptantes.

      Una Mierda, vamos.

      • Si a eso le unimos que las familias “no traumatizadas” que no desean especialmente hijos pequeños son vistas, a priori, como sospechosas de algo (nunca he entendido de qué), podemos tener un procedimiento perverso servido.

        Con todo, y como bien decís, los que siempre se llevan la peor parte son los niños en desamparo.

      • Creo que asumir que los niños que salen en adopción son pequeños, sanos y muchas veces físicamente parecidos a los padres se debe a la infertilidad de los adoptantes, me parece que es coger la parte por el todo. Yo conozco muchas parejas fértiles que han llegado a la adopción después de tener hijos biológicos, o pudiéndolos tener (y quizás teniéndolos después), y también han optado por adoptar niños pequeñísimos y sanísimos… Creo que el problema radica más bien en la falta de información / realismo de los adoptantes que en el “trauma”.

        Añadiría que, al menos tal y como se dan las idoneidades en España, la Administración, técnicos, expertos… también son un elemento que “empujan” a los adoptantes a adoptar al niño más pequeño y más sano posible. En mi caso particular, por ejemplo, transformaron una solicitud para adoptar a uno o dos niños de 0 a 6 años en una solicitud para adoptar a un niño de 0 a 3 (y si no me hubiera puesto pesada, habría sido 0-24 meses)… Ahora que sé mucho más sobre adopción no me habría dejado convencer, pero entonces iba “virgen” y sus argumentos me parecieron de lo más razonables.

        Igualmente, lo que tuve que oír de todo mi entorno (incluídos expertos), cuando adopté en segunda instancia a un niño con un “problema de salud”, también es digno de mención…

  8. Yo estaba presente el día que Ana María leyó esto, todos los que estábamos en esa sala, relacionados de un modo u otro con la adopción, quedamos estremecidos. Enseguida de ella, un chico mexicano que también pasó su infancia institucionalizado presentó otro testimonio.

    Tuve oportunidad de hablar largamente con ella, su historia no es una historia de abandono, maltratos, negligencia. Papá inestable, inmigrante en Argentina luego de haber participado en la Segunda Guerra, que aparece y desaparece, mamá frágil que se ve rebasada con el cuidado de sus tres hijos cuando está sola y tiene que trabajar, Estado e iglesia que deciden que esos niños estarán mejor institucionalizados, una infancia totalmente robada dentro del instituto. Deberían leer testimonios así los que deciden que lo mejor para los niños es institucionalizarlos. Coincido que en casos de maltratos, abusos, etc, los niños deben ser separados de sus padres, pero no para crecer internados. De hecho Ana María ha escrito varias cartas al presidente en turno en Argentina pidiendo que la institucionalización de menores sea considerada como un crimen de lesa humanidad.

    Mi hija pasó casi dos años institucionalizada, y las consecuencias y estragos de esa internación las vivimos día a día. Por suerte para ella, al igual que pasó con A., al considerar que no era adoptable, hubo una enfermera que se encariñó mucho con ella y fue su ángel. El día que salió del orfanato para convertirse en nuestra hija, venía con unos aretes regalados por esta enfermera especialmente para la ocasión, y la despidió con los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa llena de orgullo. Alguna vez la vimos y nos reunimos a comer con ella, pero mi nena no lo pasó nada bien, todo el rato lo pasó con carita de miedo y su corazoncito a mil. Después le perdimos la pista. Ojalá algún día nos reencontremos, cómo me gustaría que viera lo feliz que es mi niña!!

    • Ayer precisamente vi las fotos de uno de mis niños (trabajé en una casa hogar y así llamo a los que me toco conocer), este niño escapó de la casa hogar, se fue con sus papas, quienes no pueden y no tienen interés en atenderlo; la procuraduria no fue a buscarlo a pesar de saber en donde estaba. En las fotos se veia mal, descuidado, con malas compañias, drogandose, me dio mucha tristeza, despues lei este post, y es aqui cuando me pregunto ¿Que será lo mejor?

      • Seguramente, lo mejor sería que tuviera otra familia, una familia de acogida, donde pudiera crecer sin maltratos, sin miedos. Si un niño escapa de una casa hogar para ir a una familia donde está tan mal, ¿no lo dice todo esto de lo que significa crecer institucionalizado?

    • Gracias por la aportación, yo creo que salvo casos muy extremos, la institucionalización no mejora la situación de niños que crecen en familias que no son todo lo equilibradas que deberían ser. Deberíamos tomar ejemplo de los países (incluso algunas comunidades dentro de España) donde los niños que no pueden seguir con sus familias pasan directamente a familias de acogida, sin duda la diferencia para ellos es fundamental.

      Ojalá encontréis a esta enfermera, nosotros volvimos hace dos años a la crèche de A. y la cara de las personas que le habían querido (a él y a su amigo, el otro A. que también fue con nosotros) no tiene precio.

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