familia monoparental y adopción

Salir del armario

Muchas veces he oído decir, “¿por qué debe alguien salir del armario, decir que es homosexual?, nosotros no vamos por ahí diciendo que somos heterosexuales”…

Y sí, es cierto que en general la gente no dice: “Hola, me llamo fulano y soy hetero”… pero en nuestras conversaciones cotidianas, en el día a día, en la presencia pública de esa persona con quien compartes la vida… esta explícita esta heterosexualidad.

Cuando hablas de “mi novio”, “mi marido” o “este tipo al que le daría un revolcón”, está implícita la heterosexualidad.

Y esto es lo que, en muchos casos, no les sucede a las personas homosexuales.

T. es una mujer con quien trabajé unos 12 años atrás.

T. era tímida, muy introvertida… raramente hablaba de su vida privada. Se rumoreaba que era lesbiana (con sorpresa, en ocasiones, de que una chica tan guapa fuera lesbiana), pero ella no hablaba de sus afectos. Sí hablaba, a veces, de su compañera de piso, una chica que madrugaba todos los días para hacerle trenzas.

Un día, su compañera de piso se fue a vivir a otro país, al otro lado del Atlántico. Allí se casó (con un hombre) y tuvo una criatura de la que T. fue la madrina. T. se volvió aún más retraída, más p’adentro

Hacía tiempo ya que no trabajaba con ella cuando alguien me contó que finalmente tenía una relación estable, con otra chica igualmente guapa, con la que convivía.

Coincidí en el trabajo con S. hará unos 10 años. S. era habladora, echá p’alante, franca y divertida. Pero nunca hablaba de su vida sentimental.

Un día, S. perdió su alegría. Alguien nos dijo en voz baja, como algo que no tenía que salir de ahí, que su pareja, otra chica, había muerto en un accidente de moto. Que ella la había estado esperando todo el día en casa, cada vez más preocupada. Que como no eran nada “oficialmente”, habían llamado a los padres de su chica; y estos, que no aceptaban su relación, no habían considerado importante avisarla.

No estuvo en la zona de la familia en el funeral. No fue quien recibió los pésames. No pudo llorarla en público.

Recuerdo sus ojos el día que me dijo que estaba mal porque había muerto una amiga suya.

Nunca he vivido nada más triste.

E. es una compañera de mi trabajo actual. Es educada y discreta, tiene muchas aficiones en las que destaca: cocina bien, hace unas galletas y unas madalenas preciosas y deliciosas, canta en un coro de gospel, un grupo de amigos con los que organiza fiestas… y habla, cómo no, de su compañera de piso.

Durante muchos años he compartido espacio de trabajo con compañeros gays. Los de sexo masculino no han tenido problema en vivir de forma pública su orientación sexual y, en el caso de tenerlas, sus relaciones de pareja.

Esta diferencia, entre la naturalidad con la que lo viven (en mi entorno laboral, que es abierto) hombres y mujeres, ¿no es digna de reflexión?

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Comentarios en: "Salir del armario" (16)

  1. Por supuesto que lo es aunque yo ya he reflexionado bastante sobre eso a lo largo de mi vida… he tenido mucho tiempo.
    Entiendo perfectamente lo que muchas personas dicen sobre que no es necesario presentarse como homosexual constantemente; hay personas que incluso critican el día del orgullo gay esgrimiendo la ocurrente razón de que no hay un día del orgullo heterosexual. Entiendo cuál es el razonamiento que estas personas hacen pero se les escapa parte de la historia. De la misma manera que existe un día de celebración de la incorporación de la mujer al mundo laboral, estas son las reacciones del efecto acción-reacción, donde la acción es una absoluta invisibilidad o más aún, todas las injusticias y condenas sociales que se han sucedido a lo largo de la historia. Mientras no es necesario celebrar el orgullo de un heterosexual de serlo, porque nunca nadie le ha juzgado por serlo, porque nunca nadie le ha condenado o humillado o matado por serlo, sí entiendo que puede ser necesario, o al menos positivo, dar voz y legitimidad y, por qué no, orgullo a las personas que han sufrido la más absoluta discriminación por su condición sexual.
    Yo nunca quise ponerme una etiqueta, jamás. Me costó mucho llamarme de alguna manera pero ahora lo digo abiertamente y no me importa decirlo aquí. Soy bisexual y me costó mucho más definirme como tal que como homosexual, quizás es por eso que nunca lo hice… hasta hace relativamente poco cuando, fuera de toda planificación, me enamoré de un hombre que hoy es el padre de mi hijo (después de haber tenido varias parejas femeninas).
    Yo sí he reflexionado y he percibido que la homosexualidad femenina es mucho más invisible que la masculina. Quizás porque siempre ha sido mucho más fácil de disimular o de ocultar. Una mujer podía (y puede) tener una gran amiga con la que cogerse de la mano o a la que besar en la mejilla o incluso con la que dormir sin ninguna sospecha. Sin embargo dos hombres difícilmente podían (y pueden) hacerlo sin que “cantara” demasiado. Pero también puede ser el efecto de una sociedad machista en la que las mujeres directamente son menos importantes o voy más allá, incluso puede entrar en juego la extendida fantasía de muchos hombres de ver a dos mujeres en actitud sexual. Ocurre a menudo que mientras muchas personas miran para otro lado al ver a dos chicos besarse (o intentan comportarse de la manera más natural posible delante de esta escena), dos chicas pueden sentirse muy observadas por el mismo hecho… incómodo ¿no? (y esto también es el fruto de las sociedad machista que no asimila que una mujer no necesite un hombre para satisfacerse sexualmente).
    No creo que ninguna de estas teorías mías sean razones únicas por sí mismas pero quizás si un compendio de todas ellas.

    • Yo no me siento especialmente orgullosa de mi homosexualidad, como no me siento orgullosa de mi heterosexualidad. Sin embargo, sí reivindico mi derecho a mostrar en público mi afecto y mi relación con N. igual que lo he hecho con mis parejas de sexo masculino cuando las he tenido. Mi derecho a vivir fuera de un armario. Y a que mis hijos tampoco tengan que vivir en él.

      A pesar de esto, aún estoy intentando encajarme en la etiqueta que me corresponda.

      Estoy de acuerdo con que la idea de la bisexualidad es quizás la más difícil, la más transgresora,, porque transgrede dos normas: la hetero-patriarcal, y una vez transgredida esta, la pertenencia al colectivo gay; y creo que a menudo son (somos) vistos como cobardes, que no acaban de definirse, que no aceptan su homosexualidad; y a mí en cambio, me parecen sumamente valientes. Gracias por compartirlo aquí.

      Yo también creo en la invisibilidad de la homosexualidad femenina, para lo malo y para lo bueno. Bueno, porque permite una vida paralela con menos dificultades que en el caso de los hombres. Pienso muchas veces en unas tías de mi abuelo, solteras las dos, maestras de la misma escuela, que vivieron juntas toda la vida muy cerca de donde ahora vivo yo. Siempre las llamamos “las tías”, aunque claro, tía era solo una de ellas; la otra, nadie nombraba que relación tenía ni con “la tía” ni con el resto de la familia, aunque se la trataba en igualdad de condiciones a cualquier otra pareja. Quizás el no nombrarla (hablamos de una relación que empezó en los años 30) fue lo que permitió que estuviera integrada a la familia sin ninguna diferencia.

      • qué guai tus tías…y qué difícil vivir así, siendo pero no siendo…

      • Difícil, pero a la vez… que suerte poder hacerlo. Otro tío de mi padre (sobrino por tanto de esas tías) también era gay, y vivió toda la vida su condición en secreto, como solterón en casa de su hermana, eso sí: con la honestidad suficiente para negarse a casarse con las pretendientas que tuvo, y hacer infeliz a una mujer (y serlo él).
        Es curioso, porque estoy pensando que en todas las generaciones de mi familia ha habido gays, y que sería interesante contar la distinta manera de vivirlo de cada uno de ellos…

  2. Una persona muy querida mía tiene que quedar con su “amiga”, porque en el país donde vive ahora la pueden linchar. Tal cual.

    • Esto es durísimo. Y también lo es que en países donde nadie te va a linchar literalmente, haya gente que siga viviendo en armarios. Sin duda indica el miedo a ser linchados de maneras menos literales.

  3. Mientras en un sólo país o lugar del mundo se insulte, pegue, mate o encarcele a alguien por ser homosexual ha de haber día del orgullo, el orgullo de ser valiente y vivir según sientes, cuando puedes, y el orgullo de sobrevivir y no dejar de sentir, cuando no puedes vivir como eres.

  4. Ay, justo he leído (hace cinco minutos) este artículo que tiene mucho que aportar a lo que tú has escrito: http://haikita.blogspot.com/2013/05/que-es-lo-normal-normalidad.html

    La idea de “salir del armario” es en sí misma un constructo opresivo… Hay que declararse fuera de la norma porque, si no, se nos incrusta en ella, sin consultarnos, tenemos las expectativas sobre nosotros como espada de Damocles diciéndonos cómo debemos actuar, a quién debemos querer, qué aspecto debemos tener. Es más grave en el caso de las mujeres, porque lo femenino se ha construido, tradicionalmente, como una desviación de lo masculino (lo neutro). Desde el momento en que una mujer vive ajena a lo masculino, resulta más difícil de encasillar, rompe los esquemas, no sabemos relacionarnos con ella… Es anormal.

    • Me ha gustado mucho el artículo, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice, muchas gracias.

      “Desde el momento en que una mujer vive ajena a lo masculino, resulta más difícil de encasillar, rompe los esquemas, no sabemos relacionarnos con ella… Es anormal”. ¿De Marte?

  5. Pilar C dijo:

    Claro que es digno de reflexión!! Es quizá otra “revolución” pendiente??

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