familia monoparental y adopción

Base segura

Cuando B. era pequeño, yo tenía mucho miedo a perderle de vista. A que ese niño diminuto y rápido como el rayo desapareciera entre la multitud… y no volverle a ver. Hasta que un día me di cuenta de que lo importante no era que yo no le perdiera de vista… sino que él no me perdiera de vista a mí.

Recuerdo que una vez, en la plaza, un lugar en el que normalmente todos nos sentimos seguros, porque los límites son precisos y angostos y es difícil que nos perdamos, había un escenario y un espectáculo con música. Yo estaba sentada en una mesa, con una amiga, y A. y B., parados delante del escenario, escuchaban la música.

Cuando decidimos levantarnos, nos quedamos de pie a pocos metros de dónde estaban mis hijos. Les veía de espaldas, así que seguí charlando despreocupadamente con mi amiga… hasta que B. se me acercó para reñirme. ¿Por qué te has ido? ¡¡No te encontraba!!, ¡¡Pensaba que te habías marchado!!

Y de hecho, me resulta muy curioso que ninguno de los dos suela jugar en su habitación: lo hacen siempre en un lugar donde me tengan a la vista, a medio camino entre el comedor, la cocina y mi habitación.

A pesar del paso de los años, de la consolidación del vínculo, de la madurez y las crecientes cuotas de autonomía que reclaman (y reciben), sigue estando esta necesidad de vigilarme, de no perderme de vista, de saber siempre donde estoy.

De que yo sea una base segura a la que volver.

Anuncios

Comentarios en: "Base segura" (18)

  1. Identifico completamente el comportamiento de tu hijo con el mío. Su miedo al abandono es brutal. Mi hijo, que va a hacer tres años en septiembre y lleva dos años conmigo, es un niño que nunca me pierde de vista. De hecho, creo que es el objetivo último de casi todas sus conductas, tanto de las “aceptables” como de las “no aceptables”. Un día, en el parque, él estaba jugando tranquilamente en el tobogán, sin prestarme atención porque, supuestamente para él, me tenía perfectamente localizada. El caso es que me daba el sol y me cambié de sitio sin que el me viera aunque sin alejarme ni medio metro. Cuando se dio cuenta de que no estaba donde esperaba encontrarme su cara de pánico me lo dijo todo… Hago completamente oídos sordos cuando alguien me comenta con cierto matiz negativo lo dependiende que es mi hijo de mi porque estoy convencida de que la clave de su autonomía futura depende de cuando de cerca de él este yo en el presente. Mi hijo me necesita cerca y ahí me tiene.

    • No quiero desmoralizarte, pero el mío lleva (casi) 7 años en casa, tiene 9… y sigue pasándole lo mismo. Y estoy de acuerdo, todos sus comportamientos beben en el miedo a no ser querido, ser abandonado, ser robado, perderme, separarse de mí…

      A mí me da igual lo que piense la gente, le dejo que sea él quien decida su grado de autonomía. Y lo cierto es que cuando es él quien controla no tiene ningún problema en ser independiente: va solo a comprar, a veces al colegio, se queda a dormir en casa de amigos, va de colonias, etc etc etc.

      • Si, si cuando digo futuro estoy pensando en cuando sea adulto, no en dentro de un par de años… Es verdad que muchos niños pasan por etapas de este tipo, en el que sufren angustia por la separación de la madre, es algo que me dicen muchas veces, y es verdad. La diferencia para mi no reside tanto en la reacción en sí sino que en el caso de nuestros hijos es algo mucho más profundo que una etapa de su desarrollo, es una huella emocional que les acompañará de por vida.

      • Muchos niños sufren cuando se separan, pero la mayoría no piensan que les están abandonando… esta diferencia no es menor.

        Y por lo que dicen muchos adoptados adultos, el miedo al abandono no desaparece… sigue en otras relaciones, en las parejas, con los amigos… supongo que la clave para gestionarlo es aprender a reconocerlo como “carencia” propia y aprender a distinguir cuándo lo que hacen los otros es personal (hacia tí) y cuando no tiene nada que ver…

  2. Pues el mío, pobre, no tiene ningún control en la actualidad sobre esto… y así tiene las regresiones tan grandes que está viviendo.

    Con dos hermanas pequeñas muy demandantes ya era complicado el asunto, pero además, desde que su padre y yo nos separamos y decidimos que sería mejor la custodia compartida de los niños de cara al largo plazo, el enano ya ha perdido todo control sobre su vida.

    Sólo podemos darle su tiempo y respetar sus sentimientos, intentar ayudarle a identificar lo que le pasa, procurar estar físicamente cerca la mayor parte del tiempo posible y que el resto de las personas que estén con él cuando no estamos (sus abuelos, la señora que lo cuida…) sean muy afectuosas y estén en la línea de entenderle y apoyarle incondicionalmetne.

    Creemos que finalmente la de la separación y la de la custodia compartida es la mejor opción posible para nuestra familia, que nos puede ayudar a mantener una vinculación más sana y cercana entre todos. Pero lo creemos los adultos, que somos capaces de alargar la vista al largo plazo, los enanos simplemente van donde nosotros los llevamos.

    Confío en que, con el tiempo, mi hijo podrá adaptarse a la nueva situación, como se ha adaptado ya a tantas cosas tantas veces, y podrá confiar en nuestra incondicionalidad absoluta, de su padre y mía, aunque estemos más o menos cerca físicamente, porque le demostramos, día a día, que es inquebrantable.

    ¿Quien dijo que ser hijo era fácil? Desde luego es complicado, pero sé que saldrá adelante enriquecido.

    Para mí es cuestión de esperar un poco, dejarlo todo de lado si lo necesita, y hacerme presente siempre contándole hasta la saciedad que no hay nadie más importante y maravilloso que él, y que no es posible suerte mayor que la de ser su madre, que le quiero y le querré siempre más que a nada en el mundo, infinito y más allá… Aunque haya que decirlo por teléfono, como estos días. 😉

    • Difícil situación… para cualquier niño lo es una separación (yo lo recuerdo bien, recuerdo la sensación de perder pie, de que todas mis certezas se desmoronaban…), pero más aún un niño que ya ha sufrido pérdidas, y no pocas, para quien la separación puede ser, en muchos sentidos, similar a un segundo abandono. Nosotros sabemos que no lo es, como no lo es la entrada en el colegio o un fin de semana fuera, pero aunque se lo expliquemos y racionalmente lo entiendan… sus emociones les dicen otra cosa.

      Por esto yo creo que aunque pueda parece sobreprotegerles, hay que minimizar estos descalabros en la medida de lo posible: cuidar los cambios de colegio, las mudanzas, las rutinas, las transiciones… primar la permanencia siempre que sea posible.

      Pero cuando no queda otra, no queda otra. No queda más que esperar que estas adaptaciones y adversidades les hagan más fuertes. Lo que sin duda sucederá.

  3. Qué difícil es para nuestros niños gestionar este miedo, por suerte, muchas de nosotras hemos reconocido lo que pasa, al hablarlo nos hemos dado cuenta que pasa con muchos otros hijos adoptivos y actuamos en consecuencia. A mi hija tampoco le gusta perderme de vista, así que a la vista me tiene siempre.

    Yo también con frecuencia tengo que oír comentarios con tono de crítica. Tan difícil es entender que a nuestros hijos no les pasa lo mismo que a otros niños, que si bien sienten miedos, nunca pasarán por este miedo al abandono, Por eso trato de ser yo su presencia permanente. Papá siempre está de viaje, el hermano se fue a estudiar a otra ciudad (aunque ahora lo tenemos de vuelta en casa y estamos felices!!).

    En unos días nos separaremos por primera vez. Mi hermana y mis sobrinas la han invitado a pasar dos semanas con ellas en la ciudad en la que viven. Mi hijo mayor está recién operado, la recuperación será larga, son vacaciones y la actividad se reduce a estar en la casa. Le angustia enormemente ver a su hermano mal, así que la invitación de mi hermana nos vino re bien. Está contenta de ir, pero por ratos le veo que está nerviosa. Adora a sus primas que ya son todas grandes, las primas a ella, así que sé que estará en muy buenas manos. Y yo podré tomar un pequeño descanso, recargar pilas, y lo más importante, podré dedicarle todo mi tiempo a mi hijo recién operado, sin que ella sienta que le estamos quitando espacio..

    • Espero que esta primera experiencia de separación sea un éxito… y el reencuentro, ¡mejor aún! Mis hijos sí pasan a veces días fuera (el mayor ha llegado a pasar hasta una semana en casa del abuelo, el peque las colonias de 2 noches, algún finde con amigos…) y lo pasan bien y yo descanso y desconecto mucho, pero… la vuelta suele ser complicada, con varios días de inestabilidad que me hacen decir siempre (aunque luego no lo cumplo) que será la última vez que se vayan… pero creo que va bien que vayan probando, en pequeñas dosis, y siempre porque ellos quieren…

      ¡Ay! Que la recuperación de tu hijo sea fácil y rápida, que aunque no sea grave, siempre se pasa mal…

  4. Mi hijo adoptivo tiene 16 años y está muy adolescente, como debe ser. Al leer la entrada del blog reconozco totalmente lo que contáis. Pero a esta edad ese afán choca con su necesidad natural de despegarse. Cuando sale tenemos que insistir en que lleve un llave, porque él espera que nosotros siempre estemos en casa esperándole y a su disposición, o si hay que recogerle …
    Y cuando nosotros salimos, nos interroga: donde váis, con quien, cuanto váis a tardar, llamadme al salir del cine, …
    El mundo al revés. Paciencia.

    • No tengo ninguna duda de que B. será exactamente igual. Independencia, sí, pero suya: yo, a la vista…

      • Quizá haya que aceptar que ese miedo les acompañará siempre. La gran pregunta para mi es ¿cómo gestionar esa angustia/miedo y que sean adultos felices?

      • Supongo que es algo que tendrán que aprender a gestionar ellos… y que nosotros solo podemos acompañarles.

      • Nuria, los que tienen que gestionar sus angustias y sus miedos son ellos. Nosotros estamos ahí acompañando, a mano, respondiendo a sus necesidades, pero no más. No podemos echarnos encima más responsabilidad de la que ya tenemos porque no podemos vivir su vida.
        Me temo además que ese es un problema común a todos los padres, la impotencia de ver que tu hijo sufre por algo y no poder arreglarlo. Nos falta la varita mágica.
        Yo pienso en mi infancia y mi adolescencia, que como todos sufrí más o menos en silencio o gritando según tocaba, y mis padres que para mi eran de otro planeta y yo pensaba que no se enteraban de nada. Y ahora aquí estoy, queriendo mucho a mis padres y sintiendo y sabiendo todo lo que han hecho por mi.
        Creo que a veces nos preocupamos de más. Las dificultades son parte del aprendizaje, y una parte muy importante. Nosotros solo podemos aliviar el dolor, y eso con suerte.

      • Totalmente de acuerdo. Creo que lo importante es ser capaces de acompañalres. Incluso cuando a veces esto implica quitarse del camino.

      • Yo también estoy de acuerdo con vosotras en que ellos tendrán que gestionar porque los miedos son intransferibles. Pero además de acompañarles quisiera poner a su alcance las herramientas que les puedan ayudar, ahora y en el futuro, a controlar esas emociones.

      • Yo creo que la mejor manera de enseñarles a gestionar las emociones es el ejemplo. Aprender a gestionar las nuestras, y hacerlo delante de ellos. Yo veo a menudo padres que se quejan de que sus hijos no hablan de lo que les pasa cuando ellos mismos no lo hacen, que se quejan de que no saben expresar las emociones cuando ellos las contienen…

        Yo muchas veces buceo en mi infancia, mis vivencias, mis miedos… para intentar ponerme en su lugar, y para transmitirles, que he estado en su lugar, igual de perdida, igual de asustada, igual de falta de recursos.

  5. Yo creo que para ayudarles a gestionar las emociones nuestro ejemplo (como dice madre) es primordial. Pero yo cada vez estoy más por esos de la consciencia plena que dicen los psicólogos. Yo utilizo técnicas adaptadas de un libro (o de varios, ya no sé) que me ayudan a que mi hija etiquete emociones que siente. La verdad es que puedo babear pq estoy hablando de mi hija que es muy especial (como no lo va a ser para mi si es mi hija ;)), pero a parte de mi orgullo -o babeo- de madre yo veo que cuando doy en el punto adecuado ella cambia de actitud y hace un paso adelante. Estos procesos requieren mucha atención por mi parte (y fallar a veces, claro), pero yo creo que si ella consigue aprender a hacerlo -y por el momento creo que lo hace- de más mayor se le notarà. O eso espero!!

    • Pero incluso para esas técnicas, el ejemplo es primordial. Les enseñamos a identificar sus emociones, pero, ¿sirve de algo si nosotros no hacemos lo propio con las nuestras, si no les decimos cuando estamos tristes, o enfadados, o felices, o asustados?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: